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Vicaría      de Pastoral

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LECTIO DIVINA

GUÍA 1

Shema, Israel (Dt 6, 4-10)

Iniciamos con la invocación al Espíritu Santo [Puede ser con un canto].

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Deuteronomio 6, 4-9.

Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé-único. Y tú amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estás de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes. Grábalos en tu mano como una señal y póntelos en la frente como tu distintivo; escríbelos en los pastes de tu puerta y a la entrada de tus ciudades.

Orientaciones para la lectura:

Preguntemos: ¿A qué es invitado el pueblo de Israel? ¿Cuáles son las órdenes aquí dadas al pueblo de Israel?

Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé. Es la oración llamada Shema, en su forma fundamental.  Esta es la oración más importante para los judíos. La recitan en todas sus fiestas, y momentos importantes de su vida; por la mañana y por la tarde.

La escucha, que lleva a la obediencia es la primera actitud con que se puede rendir homenaje a Dios que nos dirige su Palabra (Véase: Dt 4, 1; 5, 1; 9, 1; 11, 13; 20, 3…).

En ella destaca el monoteísmo, tan firmemente afirmado por el pueblo de Israel.

Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. A diferencia de otros textos en los que la motivación al cumplimiento de los mandamientos es el temor de Dios, aquí el acento está en el amor. Corazón, alma y fuerzas expresan que el fiel ha de amar a Dios con todo su ser.

Queden en tu corazón estas palabras. ¿A cuáles palabras se refiere? A los mandamientos; basta que leamos con atención Dt 5, 1.22.31; 6, 1 para caer en la cuenta que se trata de los mandamientos, las normas, los preceptos que Dios ha dado al pueblo de Israel.

Las repetirás, les hablarás, las atarás, serán como una insignia, las escribirás. Se trata de un aprendizaje, en constante crecimiento; por eso, la insistencia en “se las repetirás a tus hijos”, “les hablarás de ellas” en todo momento. Aunque el verbo recordar no es usado en este texto; sin embargo, no basta con hablar de estas palabras, es necesario escribirlas para recordarlas siempre. Y a lo largo del Deuteronomio se invitará al fiel a recordar las palabras de Yahvé.

En el Deuteronomio hay una invitación constante a la obediencia a Dios. Quien escucha y obedece a Dios, tendrá la bendición de Dios y, será feliz; pero quien no obedece a Dios, tendrá la maldición de Dios y, será infeliz.

MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros hoy este texto?

¿Escuchamos a Dios que nos sigue hablando? ¿Amamos a Dios con todo nuestro ser? ¿Conocemos a profundidad el designio amoroso de Dios? ¿Les enseñamos a nuestros hijos (a los pequeños) a amar a Dios y a cumplir sus mandamientos? Todo esto, ¿cómo y en qué medida?

Recordemos que cuando Jesús fue interrogado acerca del mandamiento más importante, contestó con el Shemá (Mc 12, 28-34).

Cristiano, escucha: eso es lo primero y lo que está a la base de toda nuestra fe y, de nuestra vida cristiana: Jesús es nuestro único Señor. San Pablo también dirá que Jesús es el único Mediador y Cristo.

ORACIÓN: ¿Qué le decimos a Dios, una vez que Él nos ha dirigido su palabra?

Señor, quiero escucharte; estar siempre atento a tu Palabra…

Aunque hay en oferta muchas palabras que pretenden dar razón a mi vida, tu Palabra Señor, es la única que le da sentido a mi existencia…

Concédeme, Señor, que te ame con todo mí ser: mi corazón, mi alma, mis fuerzas…

Recitar:

Escucha, tú, la Palabra de Dios; no sólo con tus oídos, también con tu corazón.

Escucha, tú, la Palabra de Dios y estate siempre atento a su voz.

Déjala entrar dentro de tu corazón, da tu pan al pobre, préstale tu voz.

Ama a Dios, ama a Dios; con tu caridad, haz que su Palabra llegue a los demás”.

CONTEMPLACIÓN: ¿A qué me comprometo (nos comprometemos) a partir del mensaje que el Señor nos ha comunicado en su Palabra?

Dejamos un momento de silencio para que cada quien piense en la tarea que va a realizar o el compromiso que va a asumir…

Podemos ponernos de acuerdo en una tarea común y expresarla en una breve frase.

Un compromiso podría ser: le vamos a dedicar 30 minutos diarios a la lectura orante de la Biblia.

Recitemos juntos un salmo que nos anima a la escucha de la Palabra: Sal 118, 1-8 [y en cada Lectio Divina que practiquemos podemos terminar con una parte de este Salmo con el que Israel expresa su piedad hacia la revelación divina].

Podemos cantar: “Escucha, Israel”, o “Escuchar tu Palabra”.