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LECTIO DIVINA

Guía 3

Obediencia o desobediencia la Palabra
Jer 22, 1-9

ACOGIDA: Hoy  nos reunimos en torno a la Palabra de Dios para ESCUCHARLO y favorecer un encuentro personal y comunitario con Él. Dejemos que nos hable, que ilumine nuestra vida, que actúe y se manifieste en y por su Palabra.

ORACIÓN INICIAL:

Ven, Espíritu Santo, anímanos para que con entera disposición abramos nuestra mente y nuestro corazón a Dios que nos habla en su Palabra, y para que la escucha atenta de Dios transforme nuestra vida, y seamos capaces de vivir según la voluntad de Dios a favor de nuestros hermanos: hoy, aquí y ahora. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

  1. Una persona proclama con calma, por primera vez el texto:

1 Yavé me dijo: “Baja al palacio del rey de Judá, y allí entregarás esta palabra: 2 Escucha la palabra de Yavé, rey de Judá que reinas sentado en el trono de David. Así te dice Yavé a ti y a tus servidores y a todo tu pueblo que entra por estas puertas: 3 Practiquen la justicia y hagan el bien, libren de la mano del opresor al que fue despojado; no maltraten al forastero ni al huérfano ni a la viuda; no les hagan violencia, ni derramen sangre inocente en este lugar. 4 Si cumplen esto, entonces los reyes sucesores de David seguirán entrando por estas puertas, pasarán con sus carros y sus caballos, con su gente y con su pueblo. 5 Pero si no escuchan estas palabras, les juro por mí mismo, Yavé es quien habla, este palacio será destruido.” 6 Pues así se expresa Yavé respecto a este palacio de Judá: Me gustaría verle ensalzado como el país de Galaad, como un cumbre del Libano, mas te voy a dejar hecho un desierto o una ciudad sin habitantes. 7 Estoy preparando a los que te van a asaltar con hacha en mano, echarán abajo tus cedros más hermosos para tirarlos al fuego. 8 Y cuando la gente de cualquier nación pase frente a esta ciudad se preguntarán uno a otros: “¿Por qué Yavé habrá tratado así a esta gran ciudad?”, 9 les contestarán: “Es porque faltaron a su palabra con Yavé, su Dios, y se arrodillaron delante de otros dioses para servirlos.”

  1.  Se guarda silencio para que la Palabra vaya inundando nuestro corazón, resuene y penetre en nosotros.

  2. Jeremías hace un llamado: “Escucha la Palabra del Señor…” y le recuerda al rey que debe cumplir lo que dice el Señor: practicar el derecho y la justicia, que se  liberen a los explotados y que no se maltrate a los extranjeros, huérfanos y viudas. Aparece una advertencia muy severa: “si desobedecen: el palacio se convertirá en escombros y esto sucederá por abandonar la alianza del Señor su Dios para adorar y dar culto a otros dioses”.

  3. Ahora leamos de manera personal el texto, gustando y saboreando la Palabra de Dios. Fijémonos, sobre todo, en el v. 3 en que se expresa lo que el Señor manda al rey.

  4. Preguntas para orientar nuestra lectura: ¿Qué debe decir Jeremías al rey de parte de Dios? ¿Cuál es la tarea encomendada a un rey (gobernante)? ¿Qué pasará si el rey practica lo que Dios le manda? ¿Qué pasará si el gobernante no obedece los mandamientos de Dios? ¿Por qué la ciudad de Jerusalén habrá sido destruida?

El libro de Jeremías fue compuesto paulatinamente y no de corrido. Se trata de palabras pertenecientes a diversos decenios, propios de una historia larga y muy movida. Su característica es que usa un estilo predicatorio y usa un lenguaje que posee un claro parentesco con el empleado en el libro del Deuteronomio. Jeremías utiliza los círculos usados en Deuteronomio durante el exilio que abarca del libro de Josué hasta el 2° libro de Reyes; se percibe que lo estudio y volvió a hacerlo hablar para el Israel que se iba reuniendo después de la catástrofe. Originándose, así, el capítulo 22,1-5; entre otros capítulos y versículos.

El libro de Jeremías se estructura de la siguiente manera:

Introducción (Jr 1, 1-3)

  1. Oráculos contra Judá y Jerusalén (Jr 1, 4-24, 10)
  2. Oráculos del tiempo de Josías (Jr 1 ,4-6, 30)
  3. Oráculos del tiempo de Joaquín (Jr 7, 1-20, 18)
  4. Oráculos contra los reyes y los profetas (Jr 21, 1-24, 10)
  5. Oráculos de salvación sobre Israel y sobre Judá (Jr 25, 1-45, 5)
  6. Judá y las naciones (Jr 25, 1-38)
  7. La posible esperanza (Jr 26, 1-35, 19)
  8. La caída de Jerusalén (Jr 36, 1-45, 5)
  9. Oráculos contra las naciones (Jr 46, 1-51, 64)

Apéndice histórico (Jr 52, 1-34)

Vemos que los capítulos 21-23 contienen oráculos contra los reyes y profetas. Allí está ubicado nuestro texto.

El capítulo 22 inicia con palabras significativas, sino es que la más significativa de las confesiones de la fe de Israel: “Shemá” [= ESCUCHA], “Escucha la palabra del Señor…”  e inmediatamente nos remite a Dt 6, 4-8: “Escucha Israel, Yahvé Nuestro Dios es un Dios único. Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda el alma con todas tus fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado…” Jeremías al iniciar el capítulo 22 de esta manera esta dejando claro que no se  nos olvide en quien se tiene puesta la confianza y que tal confesión es una confesión afectiva, pues todavía no alude a un mandato concreto, sino a la raíz que lo sustenta y unifica, vinculando al pueblo con Dios en el amor y fidelidad.

Yahvé habla y se guarda silencio, no solo por respeto y adoración sino por acatamiento libre, voluntario; quien ESCUCHA graba en su corazón el amor de Yahvé y eso lleva a actuar de manera justa, leal, con  acercamiento y servicio a los hermanos sea cual sea su situación.  Esta confesión judía es una palabra de alianza [Shema], pues  Israel es  pueblo de Dios, elegido de entre todos los pueblos para testimoniar su amor a Dios y responderle en gesto generoso.

El Shema ha acabado siendo el credo central de la identidad judía pues destaca la escucha primera (Dios fundamenta en amor a los creyentes) y la exigencia gozosa de responderle en amor, un amor que es fidelidad integral, no sentimiento intimista, separado de la vida. Éste es un credo de gracia, que se vincula a la experiencia de Moisés ante la zarza cuando acoge el nombre indecible  y salvador de Yahvé (Ex 3, 14). El Shema es un credo de amor, pues diciendo a los judíos que amen a Dios se está indicando que deben amarse unos a otros, formando un pueblo de afecto compartido en el que no quepa la injusticia sino el puro derecho de respetar a todos sin importar condición política, económica o social. 

Los judíos perdieron su libertad política y su tierra, pero no su diferencia, ni la memoria de su origen, porque han podido recordar el SHEMÄ y confesarse pueblo de la alianza, elegido para ofrecer el testimonio del amor de Dios.

Esto es lo que Jeremías le esta recordando al rey de Judá, que como heredero del trono Davídico tiene que Escuchar y practicar el derecho y la justicia sobre cualquier otra situación prevaleciente.

El mismo Jesús asume expresamente el Shema israelita (cf. Mc 12, 29-31), sabiendo así que antes de toda acción está la exigencia de ESCUCHAR o acoger la voz de Dios, de manera que el hombre empieza siendo oyente de la Palabra.

En el pasaje que nos ocupa destaca que antes de que el hombre piensa o haga, ha de tener presente a Dios que se revela, abrirse a su voz, estar atento y receptivo ante el misterio de Dios, que le da sentido a la vida humana.

Jesús añade al Shema, en Mc 12, 31 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Jesús invita a amar a la persona concreta que vive a nuestro lado. Conforme al texto base de Lv 19, 10, ese prójimo es el hermano o miembro del propio pueblo israelita; pero, en un sentido más extenso, es también  el pobre y extranjero, es decir, el que rompe las fronteras resguardadas de la propia comunidad. Esta es la confesión de fe en Dios, el verdadero amor divino: abrirse en amor hacia los otros.

En resumen: la escucha de la palabra se manifestará en una vida en que se practique el derecho y la justicia, como Dios la quiere.

MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros hoy el texto?

¿Qué es lo que oprime a las personas? ¿Cuáles son los sufrimientos que se padecen? ¿Quiénes son los más débiles y desprotegidos? ¿Existe en la actualidad derramamiento de sangre? ¿Por qué?

¿Hay abandono de la alianza del Señor para adorar a otros dioses? ¿Cuáles? 

¿Qué nos sucederá a nosotros si practicamos el derecho y la justicia? ¿Qué nos sucederá si no obedecemos los mandamientos de Dios?
         
De manera personal: ¿Cuál ha sido mi  actitud ante su Palabra? ¿La he sabido escuchar  y por lo tanto obedezco sus mandatos  o sigo creyendo que eso se escribió hace muchos años y no tiene nada que ver conmigo? ¿Me considero una persona recta y justa en mí actuar de cada día?

Traigamos  a nuestra vida esta invitación: “ESCUCHA la Palabra del Señor…”, como vamos a practicar la justicia con los que nos rodean en el trabajo, en la comunidad o en la familia si no escuchamos a Dios que nos habla; ¿cómo vamos dar testimonio de que seguimos a Jesús si no nos acercamos a la Palabra de Dios y oramos con ella?

Si cerramos nuestros oídos a la voz amorosa del Padre seguiremos siendo egoístas; pero si queremos abrirnos a la práctica de la justicia, de la misericordia con nuestros hermanos, hemos de abrir nuestros oídos y nuestros corazones a Dios para que podamos vivir de manera plena.

Sólo si escuchamos a Dios que nos invita a ser justos podremos acercarnos a los alejados, a quienes viven confundidos en esta gran ciudad, que aturde nuestros sentidos.

¿Qué es lo que Dios nos comunica hoy a nosotros? Que desbordemos las fronteras que hemos puesto a nuestro corazón, y que seamos capaces de amar, servir, y atender a nuestros prójimos. Es lo que pretende comunicarnos el libro de Jeremías (22, 1-9).

ORACIÓN: ¿Qué suscita en mí el texto para decirle a Dios?

Es momento de dejar que el texto nos lleve a responder a nuestro Dios que ha hablado, desde el corazón que ha sido tocado por el infinito amor del Señor dejemos que agradezca sus muchas bendiciones y que sea nuestro cuerpo quien lo alabe y lo bendiga en expresión de entrega total.

Señor, te queremos pedir nos des la capacidad de ESCUCHA, calla los ruidos exteriores que nos distraen de tu voz, principalmente de nuestros ruidos interiores que no nos dejan escucharte con todo el corazón, la mente y las fuerza.
Dame, Señor, el vivir sin explotar a nadie, sin maltratar a nadie, sin derramar la sangre de nadie.
Ven, Señor, y dame el silencio de encontrarme con tu Palabra siempre.

CONTEMPLACIÓN: ¿Qué respuesta doy a Dios que me ha hablado?

¿Escuchaste al Señor que habló? ¿Cuál fue tu experiencia al escuchar a Dios? ¿Has descubierto que quiere de ti? ¿A qué te compromete esta Palabra que hoy has escuchado?

Acércate más a la Palabra de Dios y deja que te hable para que cada día mejore tu relación con los demás. Práctica la justicia y defiende al que es débil, sobre todo acoge en tu vida a esas personas que en su pobreza han perdido la esperanza de vivir o aquellos que estando solos necesitan de tu ayuda para seguir adelante.

Recitamos juntos el Salmo  101 (100): Voy a cantar al amor y a la justicia.

1 Quiero cantar lo que es bueno y justo; para ti, Señor, será mi salmo.
2 Me entrenará en el camino perfecto; pero tú, ¿vendrás a mí?
No tendrá más que rectas intenciones para actuar en mi casa.
3 Nada tendré en vista que pueda ser malvado.
Odio el proceder de los extraviados, no permitiré que se me pegue.
4 Lejos de mí el corazón perverso, desconozco al malvado.
5 Al que denigra en secreto a  su prójimo yo lo haré callar;
Al de ojos altaneros y corazón engreído no lo soportaré.
6 Buscaré a los leales del país para que vivan conmigo;
Al que sigue el camino perfecto lo pondré a mi servicio.
7 No morará en mi casa el que trama el engaño;
El que anda con mentiras no comparezca en mi presencia.
8 Cada mañana acabaré con todos los malvados del país,
Para suprimir de la ciudad del Señor a todos los que hacen el mal.

Otros elementos que pueden ayudarnos a profundizar en el texto:

Personajes: El profeta Jeremías, el rey de Judá, servidores, pueblo, otros pueblos.
Jeremías es un profeta que habla en nombre del Señor, dando a conocer sus mandatos y las consecuencias de seguirlos o no seguirlos.

Rey de Judá a él se dirige el profeta para que escuche la Palabra del Señor. No interviene solo tiene conocimiento de los mandatos del Señor Servidores y pueblo: también a ellos es dirigida la Palabra del Señor.

Otros pueblos, se darán cuenta de lo que pasará con el reino.

Ideas principales: Escuchar la Palabra del Señor (y ponerla en práctica) que dice. En una lectura atenta descubrimos que el v. 3 es el más importante. Allí está lo que quiere Dios del Rey y del pueblo.

Textos afines

Dt 28 Bendiciones y maldiciones. Todo el capítulo, pero puede leerse sólo del v. 1 al 20.
1 Re 9,1-9 Caminar en la presencia de Dios o no.
Jer 17,19-27  La santificación del sábado.

Acciones

Practicar el derecho y la justicia, librar al explotado del poder del opresor, no maltratar ni hacer violencia al extranjero, al huérfano y a la viuda, no derramar sangre inocente en ese lugar. Abandonar la alianza del Señor su Dios para adorar y dar culto a otros dioses.

Actitudes (modos, maneras de reaccionar): De escucha, obediencia, o  desobediencia.

Comentario ligero. Tal como ha llegado hasta nosotros, el libro de Jeremías es el resultado de un complejo proceso redaccional, en cuyo origen hay que situar la actividad del profeta y su deseo de poner por escrito el contenido de su predicación. En su estado actual reúne material muy variado entre los que se encuentran discursos en estilo cercano a la escuela deuteronomista como el capítulo 22 que nos ocupa. Al leer 1 Re.9, 1-9 paralelo a este capítulo, vemos que a través del oráculo divino, el redactor deuteronomista da una interpretación teológica de la caída de Jerusalén. Dios había elegido a esta ciudad para morada de su nombre; Dios había prometido perennidad a la dinastía de David. Pero esta promesa obligaba a la fidelidad. Como esta condición falló, Dios trajo la catástrofe sobre la ciudad y el pueblo. El libro de Jeremías es mucho más que una amplia colección de oráculos. Es ante todo una biografía profética que nos habla de la esencia de la vocación profética, nos pone en contacto vivo con la persona concreta de un profeta y nos hace ver su grandeza y su tragedia. La persona de Jeremías se perfila en su libro con todos sus miedos, dudas y debilidades a cuestas; pero también con la firme confianza de que sólo Dios puede sostener y dar sentido a una existencia como la suya, aparentemente marcada por la incomprensión y el fracaso. Jeremías, nos acerca como ningún otro profeta, a la verdadera dimensión de la vocación profética, a sus abismos de soledad y abandono, a sus riesgos y desafios y a esa fidelidad última a una palabra encendida en sus entrañas que luchará por salir, venciendo todas la decepciones y resistencias.