Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Comisiones Secretariados

Mapa del Sitio


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

LECTIO DIVINA

Guía 5

María conservaba todo esto en su corazón

LECTURA. ¿Qué dice el texto?

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (2, 41-52)

41 Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42 Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. 43 Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. 44 Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. 45 Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. 46 Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. 48 Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.” 49 El les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?” 50 Pero ellos no comprendieron esta respuesta. 51 Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndolos. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. 52 Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

Un momento de silencio: Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Comentario al texto:

Lucas escribe: "María, por su parte guardaba estas palabras y las confrontaba en su corazón".

Lucas la presenta como primera creyente después de pascua. Ella inaugura esa comunidad de fe, nacida también del Espíritu, que se llamará la Iglesia. Es algo que Lucas no dejará de recordar al comienzo de los hechos de la Iglesia.

Y Lucas nos repite, para terminar, que María "guardaba todas estas palabras en su corazón". La última palabra misteriosa de Jesús (2, 50), pero también todas las demás que habían precedido y todos los acontecimientos que habían surgido de ella.

"El corazón es símbolo de amor e interioridad". Lucas ante el cuadro del quinto misterio de gozo concluye con una nota sobre el corazón de María: "conservaba en su interior todo aquello". María es la mujer toda corazón. Esto significa que aunque en su mente no entendía muchas cosas, ama, espera y cree. Jesús le cambia los planes desde su concepción hasta su muerte. De niño le hizo retornar a Jerusalén, y ni siquiera entendía sus palabras. Pero al final calla y confía. María siempre aparece en el evangelio revelando su "fiat", su "hágase", su total confianza y obediencia a los planes divinos. Otro aspecto mariano de este evangelio es la prontitud de María, en busca de Jesús. A donde quiera que tenga que ir Jesús allí va María, a Egipto, a Jerusalén, al Calvario. María sigue con prontitud a Jesús, se sacrifica y lo sigue hasta el final, hasta las últimas consecuencias, siempre y a lo largo de toda la vida. También María es la mujer que se deja sorprender por Jesús. Se sorprende ante sus hechos y palabras. Esto demuestra su fina sensibilidad. María invita a recuperar esa capacidad de sorpresa y de admiración. El Dios de María es un Dios sorprendente, admirable, desconcertante. Finalmente María revela esa dimensión profética de la pregunta: ¿Por qué? No permanece callada ante el misterio, ante los acontecimientos difíciles. Le preguntó al Ángel y le pregunta a su Hijo, y con su hijo se identificó cuando en la cruz Jesús también preguntó: ¿por qué? No se trata de mantener un silencio estéril, se trata de la inteligencia que limitada ante el misterio de la vida solicita una respuesta. De la pregunta humilde hecha oración viene la respuesta elocuente de un Dios que habla y se revela hasta en sus silencios

¿Qué dice de Jesús?

Pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 

Que Él decidió quedarse en el templo. Siempre me ha impresionado que Jesús adolescente toma su primera decisión personal, al margen de sus padres. Pero decide quedarse para escuchar y dialogar con los doctores de la ley.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. 

Jesús, a pesar de que ya había comprendido que debía estar en la casa de su Padre – Dios, aceptó vivir bajo la autoridad de María y de José. De ellos aprendió a obedecer al Padre – Dios.

MEDITACIÓN. ¿Qué nos dice el texto?

La familiaridad de María y José con Jesús, el Dios encarnado, no les ahorró incomprensiones y dolores, al parecer gratuitos.

Como María, que vivió la experiencia de su hijo que se le pierde; un Dios que se nos puede extraviar, aun yendo con nosotros, es un Dios al que no nos podemos acostumbrar, que siempre nos puede sorprender, que el creyente no puede dejar de contemplar. Darlo por conocido, saberse familiar, es la mejor manera de perderlo. María nos lo enseña.

Como María, con frecuencia, somos los primeros en sorprendernos ante un Jesús que parece extrañarnos con su comportamiento, cuanto más nos esforzamos por entenderlo; creemos que por haberlo aceptado un día, lo conocemos suficientemente; pensamos que somos ya familiares, por habernos familiarizado un poco con su voluntad.

María perdió a su hijo y encontró al Hijo de Dios. El caso es que ella no paró hasta recuperarlo y se atrevió a pedirle una explicación a su comportamiento. Fue ansiosa su búsqueda y grande su anhelo por reencontrarlo.

En realidad, y como María tuvo que aceptar al final, Jesús no se le había perdido: él sabía muy bien donde estaba y la razón; fueron sus padres quienes perdieron al hijo; renunciando a considerarlo como su auténtica familia, Jesús proclamaba Padre sólo a Dios.

La respuesta que Jesús dio a su madre no aclaró su comportamiento: la paternidad de Dios no había sido obstáculo para su maternidad; no lo pudo entender muy bien, pero tuvo que convivir con él. Y hubo que irse acostumbrando a no comprender a quien habría dado a luz. Se puede amar a Dios y cuidarse de El, como María hizo con Jesús, sin llegar a entender sus razones; pero sin dejar de custodiarlo, mientras vivamos en su compañía. Y de hecho, a medida que crecía Jesús, crecía ante su madre como Hijo de Dios.

La forma de conservar a Dios, respetando sus decisiones y aceptando sus opciones, por extrañas que nos parezcan, es, como lo hizo María; conservar cuanto con él vivía entrañablemente en el corazón: guardar en silencio cuanto veía, y guardarse de preguntar mientras con Él convivía.

El misterio de Dios no cupo en la mente de María, pero tuvo cabida en su corazón. Es la única manera garantizada que existe de no perder a Dios. Guardar cada instante que con Él vivimos en nuestra memoria, aprovechar toda ocasión, mientras esté con nosotros, para atenderlo, y renunciar a entenderlo con la mente para comprenderlo con el corazón.

ORACIÓN. ¿Qué le digo al Señor movido por su Palabra?

Gracias, Padre, Bueno, porque en tu Hijo Jesús, nos has manifestado que eres un Dios que precisa de cuidados, dado que puede perdérsenos tu Hijo en cualquier momento y lugar.

Hoy, tu Palabra, me invita a dialogar contigo sobre lo que me lleva a perder de vista a tu Hijo o sobre lo que le lleva a Él a esconderse de mi vida y huir de ella.

Me descubro compañero de María en la búsqueda afanosa de Dios y en la angustia por haberlo perdido. Es una sorpresa agradable, y como tal la siento. Y por lo mismo, agradezco a María el haber pasado por esta situación y ser la Maestra en la búsqueda y en el hallazgo de Dios.

Caigo en la cuenta de que quien pierde a Dios no lo recupera idéntico a como lo tenía antes. Doy gracias a Dios por ello: bien valió la pena tu extravío, Señor, tras encontrarte, te recupero más divino. Me quedo admirado y agradecido con los métodos y las formas de proceder del Padre. No siempre comprensibles pero siempre estupendos y hechos por amor a sus creaturas.

CONTEMPLACIÓN – ACCIÓN. ¿Qué me lleva a hacer el texto?

Que nuestra mirada vuelva a María para que nos acompañe en la escucha atenta de la Palabra, y que al pasar por la experiencia de perder a Jesús, descubramos al Hijo de Dios y la voluntad del Padre. Aprendamos a respetar los caminos de Dios y contemplar su acción misericordiosa y amorosa en cada momento de nuestra vida.