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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

COMISIÓN ARQUIDIOCESANA PASTORAL DE SALUD
ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO

FORMACIÓN CONTINUA 2006 de los MECE y Agentes de Pastoral de Salud

I UNIDAD PASTORAL: AÑO JUBILAR GUADALUPANO — ENERO, 2006

La Pastoral de la Caridad en tiempos de Misión Evangelizadora
en la Arquidiócesis de México

+Norberto Cardenal Rivera
Arzobispo Primado de México


A) LAS OBRAS DE LA CARIDAD Y EL ANUNCIO DEL EVANGELIO

La Iglesia, consciente de que la caridad es el don de Dios por excelencia en Cristo Jesús, anuncia el Evangelio no sólo con la palabra de la predicación sino también con la comunión fraternal y con las obras buenas de todos sus discípulos; ya que éstas son motivo de que los hombres rindan gloria a Dios (cfr. Mt 5, 16).

A través de las obras de caridad el discípulo, por una parte, imita fielmente la obra del mismo Jesús que ha dicho: "Les he dado en efecto un ejemplo, para que como yo lo he hecho lo hagan también ustedes" (Jn 13, 15) y, por otra, el mismo discípulo participa del modo más auténtico en la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio de Jesús: "Por esto todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros" (Jn 13, 35).

B) LA CARIDAD COMO UNIÓN FRATERNA

La expresión más inmediata y clara de la caridad que se actúa en obras es la unión fraterna (Koinonía) de cada uno de los creyentes con todos aquellos que profesan la fe en el único Evangelio de Jesús. Esta vivencia de comunión es recordada en el libro de los Hechos de los Apóstoles; entre las notas que le dan identidad a la comunidad de Jerusalén se nos dice: "Eran asiduos a escuchar la enseñanza de los apóstoles y a la unión fraterna, en la fracción del pan y en la oración" (Hch 2, 42).

La unión fraterna o "Koinonía" que se nutre de la Eucaristía se manifiesta de manera más expresiva en la comunión de los bienes materiales: "Todos los que habían aceptado la fe estaban unidos y tenían todas las cosas en común, quien tenía propiedades y bienes los vendían y ponían a disposición de todos, según la necesidad de cada uno" (Hch 2,42-45).

Sin embargo, la obra de caridad que se expresa en la unión fraterna no implica necesariamente el compartir los bienes materiales en el modo que lo practicaba la comunidad de Jerusalén, sino que exige manifestarse en la vida eclesial de alguna manera, que sea propia de las circunstancias de cada época, lugar y cultura. Lo importante para cada cristiano y para cada comunidad cristiana es buscar la unión fraterna: "Con nadie tengan otra deuda, sólo aquella del amor mutuo" (Rm 13, 8).

C) LA CARIDAD COMO SERVICIO Y PARTICIPACIÓN CON LOS MAS NECESITADOS

Entre las muy diversas obras de caridad, asume una especial importancia la actitud y obra caritativa con los pobres, los enfermos, los más necesitados. Según la enseñanza de Jesús en la parábola del buen samaritano (cfr. Lc 10, 29-37), la condición del pobre lo hace de modo especial prójimo de cada uno de nosotros y, más aún, hace de él una presencia del mismo Señor: "Cada vez que han hecho estas cosas a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo han hecho conmigo" (Mt 25, 40).

La caridad hacia el hermano más necesitado debe llevar a los cristianos a organizar obras a favor de los pobres. Tal ministerio, ampliamente asentado en la tradición cristiana de todos los siglos, encuentra su inicio y fundamento en la práctica organizada y específica del ministerio de la caridad de la comunidad apostólica; pensemos en particular en la institución de "siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu y de sabiduría", a los cuales se les confía "el servicio de las mesas" (Hch 6, 1-6) o también el relieve que asume "la colecta a favor de los hermanos" en el ministerio de San Pablo (cfr. 1 Co 16, 1-4; 2 Co 8, 9; Gál 2, 10; Rm 15, 26-28).

Más allá de la ayuda material y espiritual organizada por la comunidad cristiana para servir a Cristo en los pobres, en los enfermos, en los mas necesitados, la caridad exige también y sobretodo recibirlos y verlos como personas, insertándolos en una comunión de vida y de afecto. La obra de la caridad debe crear vínculos personales y comunitarios con los pobres. Vínculos de inclusión en la propia vida de aquellos que están excluidos. Hacerse prójimo del pobre, del enfermo, del extranjero, del encarcelado y darle espacio en el propio tiempo, en la propia casa, entre las propias amistades, en la propia ciudad y en las propias leyes y estructuras sociales, es darle vida, en la Iglesia, al ministerio de la caridad. Es crear un rostro de Iglesia que sea misionera en la Ciudad a través de obras y gestos concretos. Es decir, la Iglesia que sirve a los necesitados, la Iglesia que actúa con ellos y es de ellos, hace posible la superación de la simple beneficencia ocasional, da nueva vigencia y actualidad y fuerza evangelizadora y misionera a la caridad, rehabilitándola y haciendo de esta hora, la hora de la caridad (cfr. Ecclesiam Suam 52).

D) LA EDUCACIÓN A LA CARIDAD

Para que la comunidad cristiana viva eficazmente la caridad y, a través de todo esto la Iglesia evangelice, sea a través de las buenas obras especialmente hechas entre los pobres, sea a través de la unión fraterna de las comunidades parroquiales, es necesaria una eficaz formación en el campo de la pastoral de la caridad. En cada cristiano debe, por tanto, ser cultivada la conciencia del fundamental empeño de edificar una comunidad de amor fraterno y de traducir esto en obras de amor preferencial hacia los pobres. En la formación ordinaria de los cristianos, sea en los contenidos sea en las metodologías de la catequesis o en la pastoral sacramental, especialmente a partir de la Eucaristía, deberán promoverse itinerarios permanentes de educación a la caridad, que ilustren la riqueza espiritual y vivencial de la caridad evangélica y valoricen las experiencias de "diaconía" o servicio.

Los fundamentos de la Pastoral Social
recopilados por Monseñor Jorge Palencia

En la pasada XI ASAMBLEA DIOCESANA se abordó el gran tema de la Pastoral Social de la Iglesia y sus ramificaciones hacia la Pastoral Catequética y la Pastoral Litúrgica. Durante este año abordaremos diversos aspectos de la Pastoral Social aplicándola a los ministerios laicales y al gran campo de la Pastoral de la Salud.

Es muy necesario y urgente que como MECE y Agentes de Pastoral de Salud tengamos los fundamentos de la Pastoral Social que no es sólo intelectual o cognitivo, sino eminentemente práctico y personal y aplicable a nuestro trabajo apostólico. Debería cambiar nuestras vidas y ayudarnos a asumir nuestras propias responsabilidades con respecto al bien común, a la persona humana, tanto como individuo, y como sociedad, especialmente por lo que tiene que ver con los enfermos, los ancianos, especialmente los que están en necesidad.

Los fundamentos de la Pastoral Social, los encontramos en la Doctrina Social de la Iglesia, recientemente presentado de forma orgánica y sistemática en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado en Vaticano por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz.

1.- ¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?

"La Doctrina Social es de la Iglesia porque la Iglesia es el sujeto que la elabora, la difunde y la enseña. No es una prerrogativa de un componente del cuerpo eclesial, sino de toda la comunidad: es expresión de la manera en que la Iglesia comprende la sociedad y se relaciona con sus estructuras y cambios. Toda la comunidad eclesial sacerdotes, religiosos y laicos contribuye a constituir la doctrina social, según la diversidad de sus tareas, carismas y ministerios en su seno. Las múltiples y multiformes contribuciones son expresiones del sobrenatural sentido de la fe de todo el Pueblo son asumidas, interpretadas y unificadas por el Magisterio, que promulga la enseñanza social como doctrina de la Iglesia" (Cfr. Compendio Doctrina Social de la Iglesia No. 79).

La Doctrina Social Católica se enfrenta seriamente con las realidades y estructuras existentes, y los desafíos de la humanidad para buscar soluciones a las situaciones sociales, políticas y económicas, que atentan en contra de la dignidad humana, de manera que se cree un sano grado de tensión entre las realidades temporales que encontramos y el ideal del Evangelio.

La Doctrina Social Católica pertenece al marco de la teología y especialmente de la teología moral y tiene mucha importancia para el apostolado con los enfermos y ancianos. Según las palabras del Magisterio, es la formulación exacta de los resultados de la cuidadosa meditación de las complejas realidades de la existencia humana en sociedad, y en un contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición viva de la Iglesia. Es un conjunto de principios, criterios y directrices de acción, con el objeto de interpretar las realidades sociales, culturales, económicas y políticas, determinando su conformidad o inconformidad con las enseñanzas del Evangelio sobre la persona humana y su vocación terrenal y trascendente. La Doctrina Social Católica no es una utopía, en el sentido de un proyecto social imposible de alcanzar.

2.- Naturaleza y contenido de la Doctrina Social de la Iglesia

"Con su enseñanza social, la Iglesia quiere anunciar y actualizar el Evangelio en la compleja red de las relaciones sociales. No se trata simplemente de alcanzar al hombre en la sociedad el hombre como destinatario del anuncio evangélico, sino de fecundar y fermentar la sociedad misma con el Evangelio. La sociedad, y con ella la política, la economía, el trabajo, el derecho, la cultura no constituyen un ámbito meramente secular y mundano, y por ello marginal y extraño al mensaje y a la economía de la salvación. La sociedad, en efecto, con todo lo que en ella se realiza, atañe al hombre. Es esa la sociedad de los hombres, que son el camino primero y fundamental de la Iglesia" (Compendio Doctrina Social de la Iglesia No. 62).

El contenido de la Doctrina Social de la Iglesia se expresa en tres niveles:

a) Principios y valores fundamentales. La Doctrina Social de la Iglesia adquiere sus principios básicos de la teología y la filosofía, con ayuda de las ciencias humanas y sociales que la complementan. Estos principios incluyen la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, la participación, la propiedad privada, y el destino universal de los bienes. Los valores fundamentales incluyen la verdad, la libertad, la justicia, la caridad y la paz.

b) Criterios de juicio: para valorar los sistemas económicos, instituciones, organizaciones, etc., utilizando para ello el análisis de la realidad. Ejemplos: valoración de la Iglesia acerca del liberalismo, el racismo, la globalización, los salarios justos, etc…

c) Líneas de acción: brinda opiniones contingentes sobre acontecimientos históricos. Esto no es una deducción lógica y necesaria que surja de los principios, sino el resultado de la experiencia pastoral de la Iglesia y de la percepción de la realidad; la opción preferencial por el pobre, la defensa de la vida humana, el diálogo, y el respeto por la autonomía legítima de las realidades políticas, económicas y sociales.

3.- Fundamentos de la Pastoral Social

El primer fundamento de la enseñanza social católica es el mandamiento proclamado por Jesús de amar: Ama a Dios sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. Éste es el fundamento de toda la moral cristiana y, por lo mismo, de la doctrina social de la Iglesia que es parte de esta moral. Jesús decía que el doble mandamiento del amor no es sólo el primero y más importante de todos los mandamientos, sino también el resumen o compendio de todas las leyes de Dios y del mensaje de los profetas. La doctrina social de la Iglesia proporciona por tanto una respuesta a la pregunta: ¿Cómo debo amar a Dios y a mi prójimo dentro de mi contexto político, económico y social? Debe impregnar nuestra vida entera y conformar nuestras acciones y nuestro ambiente según el Evangelio. Éste es un principio muy importante para superar la tendencia a ver la economía y la política como algo totalmente separado de la moral, cuando de hecho es precisamente allí donde un cristiano hace que su fe influya en los asuntos temporales.

Unidos a este primer fundamento existen los cuatro principios específicos sobre los que se apoya el edificio entero de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

1.- La dignidad de la persona humana: El primer principio especifico es el de la dignidad de la persona humana, que proporciona el fundamento para los derechos humanos. Para pensar correctamente sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura uno debe primero entender qué es el ser humano y cuál es su verdadero bien. Cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una dignidad inalienable y, por tanto, debe ser tratada siempre como un fin y no sólo como un medio. Cuando Jesús, usando la imagen del buen pastor, hablaba de la oveja perdida, nos enseñaba lo que Dios piensa del valor de la persona humana individual. El pastor deja a las 99 en el aprisco para buscar a la perdida. Dios no piensa en los seres humanos en masa, o en porcentajes, sino como individuos. Cada uno es precioso para él, irreemplazable.

En su carta encíclica Centessimus Annus, el Papa Juan Pablo II subrayaba la centralidad de este principio: "... toda la doctrina social de la Iglesia, es la correcta concepción de la persona humana y de su valor único, porque el hombre… en la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma. En él ha impreso su imagen y semejanza, confiriéndole una dignidad incomparable" (Centessimus Annus, No. 11).

De ahí que la Iglesia no piense primero en términos de naciones, partidos políticos, tribus o grupos étnicos, sino más bien en la persona individual. La Iglesia, como Cristo, defiende la dignidad de cada individuo. Comprende la importancia del estado y de la sociedad en términos de servicio a las personas y a las familias, en vez de en sentido contrario. El estado, en particular, tiene el deber de proteger los derechos de las personas, derechos que no son concedidos por el estado mismo sino por el Creador.

2.- El bien común. El segundo principio específico de la doctrina social de la Iglesia es el principio del bien común. El Concilio Vaticano II lo define como "el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección" (Gaudium et Spes 26 y 74; y el Catecismo de la Iglesia Católica, 1906).

El hombre, creado a imagen de Dios que es comunión trinitaria de Personas, alcanza su perfección no en el aislamiento de los demás, sino dentro de comunidades y a través del don de sí mismo que hace posible la comunión. El egoísmo que nos impulsa a buscar nuestro propio bien en detrimento de los demás se supera por un compromiso con el bien común.

El bien común no es exclusivamente mío o tuyo, y no es la suma de los bienes de los individuos, sino que crea más bien un nuevo sujeto "nosotros" en el que cada uno descubre su propio bien en comunión con los demás. Por ello, el bien común no pertenece a una entidad abstracta como el estado, sino a las personas como individuos llamados a la comunión.

3.- Principio de Subsidiariedad. El tercer principio específico de la Doctrina Social es el principio de subsidiariedad. Fue formulado por primera vez bajo este nombre por el Papa Pío XI en su carta encíclica de 1931 "Quadragesimo Anno". Este principio nos enseña que las decisiones de la sociedad se deben tomar en el nivel más bajo posible, por tanto al nivel más cercano a los afectados por la decisión. Este principio se formuló cuando el mundo estaba amenazado por los sistemas totalitarios con sus doctrinas basadas en la subordinación del individuo a la colectividad. Nos invita a buscar soluciones para los problemas sociales en el sector privado antes que pedir al estado que interfiera. Incluso antes de la encíclica de Pío XI, el Papa León XIII mismo insistía "sobre los necesarios límites de la intervención del Estado y sobre su carácter instrumental, ya que el individuo, la familia y la sociedad son anteriores a él y el Estado mismo existe para tutelar los derechos de aquél y de éstas, y no para sofocarlos" (Centessimus Annus, 11).

4.- Principio de Solidaridad: el cuarto principio especifico en que fundamenta la Doctrina Social de la Iglesia fue formulado recientemente por Juan Pablo II en su carta encíclica "Sollicitudo Rei Socialis" (1987). Este principio es el llamado principio de la solidaridad. Al hacer frente a la globalización, a la creciente interdependencia de las personas y los pueblos, debemos tener en mente que la familia humana es una. La solidaridad nos invita a incrementar nuestra sensibilidad hacia los demás, especialmente hacia quienes sufren.

Pero el Santo Padre añade que la solidaridad no es simplemente un sentimiento, sino una virtud real, que nos permite asumir nuestras responsabilidades de unos con otros: "no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas, al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos" (Sollicitudo Rei Socialis 38).

4.- Líneas de Acción

"La doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la Iglesia. Todo lo que atañe a la comunidad de los hombres situaciones y problemas relacionados con la justicia, la libertad, el desarrollo, las relaciones entre los pueblos, la paz, no es ajeno a la evangelización; ésta no sería completa si no tuviese en cuenta la mutua conexión que se presenta constantemente entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre. Entre evangelización y promoción humana existen vínculos profundos: vínculos de orden antropológico, lazos de orden teológico, y vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?" (Compendio Doctrina Social de la Iglesia No. 66).

La Iglesia Diocesana debe aplicar la Enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente en las siguientes áreas del trabajo ministerial y apostólico con enfermos y ancianos:

1.- Leer y tener un conocimiento bueno y preciso de las enseñanzas sociales de la Iglesia, para ser capaces de exponerlas con seguridad y claridad, y cerciorarnos de que enseñamos en nombre de la Iglesia lo que efectivamente enseña la Iglesia, no nuestras propias opiniones personales.

2.- Humildad, para no tener que saltar de principios generales a juicios concretos definitivos, especialmente cuando se expresan de manera categórica y absoluta. No debemos ir más allá de los límites de nuestro propio conocimiento y competencia específica.

3.- Realismo en la determinación de la condición humana, reconociendo el pecado pero dejando sitio para la acción de la gracia de Dios. En medio de nuestro compromiso por el desarrollo humano, nunca perder de vista que la vocación del hombre es sobre todo la de ser santo y gozar de Dios eternamente.

4.- Concentrarnos primero en nuestras propias vidas y en nuestras responsabilidades personales, sociales, económicas y políticas, evitando la tentación de usar la Doctrina Social de la Iglesia como un medio para juzgar.

5.- Los laicos son evangelizadores del mundo, son los verdaderos expertos en sus campos de competencia y tienen la vocación específica de transformar las realidades temporales según el Evangelio, respondiendo siempre y por encima de todo a su llamado a la santidad.

"Con su Doctrina Social la Iglesia se propone ayudar al hombre en el camino de la salvación: se trata de su fin primordial y único. Esta misión configura el derecho y el deber de la Iglesia a elaborar una doctrina social propia y a renovar con ella la sociedad y sus estructuras, mediante las responsabilidades y las tareas que esta doctrina suscita. Al don de la salvación, el hombre debe corresponder no sólo con una adhesión parcial, abstracta o de palabra, sino con toda su vida, según todas las relaciones que la connotan, en modo de no abandonar nada a un ámbito profano y mundano, irrelevante o extraño a la salvación.

Por esto la doctrina social no es para la Iglesia un privilegio, una digresión, una ventaja o una injerencia: es su derecho a evangelizar el ámbito social, es decir, a hacer resonar la palabra liberadora del Evangelio en el complejo mundo de la producción, del trabajo, de la empresa, de las finanzas, del comercio, de la política, de la jurisprudencia, de la cultura, de las comunicaciones sociales, en el que el hombre vive" (Compendio Doctrina Social de la Iglesia No. 69 y 70).

Trabajo grupal de reflexión: 30 minutos en grupos de 5 personas.

1.- El Señor Cardenal Don Norberto Rivera Carrera nos ha propuesto: "La Pastoral de la Caridad en Tiempos de Misión Evangelizador" ¿Desde nuestro ministerio eucarístico qué obras de la Caridad son el Anuncio auténtico del Evangelio?

2.- ¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Qué aplicación le podemos dar al trabajo apostólico y ministerial con los enfermos y ancianos que visitamos y servimos en el nombre de Cristo?

3.- La doctrina social de la Iglesia proporciona por tanto una respuesta a la pregunta: ¿Cómo debo amar a Dios y a mi prójimo dentro de mi contexto político, económico y social?

TAREA PARA REALIZAR EN CASA: TRABAJO DEL EQUIPO PARROQUIAL DE MECE´s

El grupo parroquial de MECE´s, unido a otros grupos parroquiales, realizará un periódico mural con el tema:

EL FUNDAMENTO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

El primer fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es el mandamiento proclamado por Jesús de amar:

Ama a Dios sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como te amas a ti mismo.

Unidos a este primer fundamento existen los cuatro principios específicos:

a).- la dignidad de la persona humana,
b).- el bien común,
c).- la subsidiariedad
d).- la solidaridad.

PRÓXIMA REUNIÓN 25 de FEBRERO de 2006 a las 10:00 horas.

AVISOS
DOMINGO 12 de FEBRERO de 2006
XIV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
MISA de Enfermos en CATEDRAL 12:00 horas
Informes: TELÉFONOS EN ARZOBISPADO: 5208-5805 / 5208-3200 / ext. 1902 - 1955.

Comisión Pastoral de Salud