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Vicaría      de Pastoral

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COMISIÓN ARQUIDIOCESANA PASTORAL DE SALUD
ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO

FORMACIÓN CONTINUA 2006 de los MECE y Agentes de Pastoral de Salud

II UNIDAD PASTORAL: AÑO JUBILAR GUADALUPANO — FEBRERO, 2006

Los fundamentos de la Pastoral Social:
LA PERSONA HUMANA CREADA A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS

En esta Unidad II de nuestro estudio de la Doctrina social de la Iglesia debemos colocar el fundamento de fe y de la Revelación en la Sagrada escritura de que: hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, con lo cual entenderemos que nuestro fin último es Dios por medio de la Santidad. Esta realidad de nuestra fe, muchas veces la olvidamos o la damos por conocido, pero pocas veces insistimos en nuestro ministerio y apostolado con los enfermos y los anciano, pero debemos ser más cuidadoso para saber redescubrir el valor de único de los fundamentos de nuestra fe. Cuantas veces el enfermo en medio de su enfermedad, sufrimiento y soledad, olvida este FIN ÚLTIMO que es DIOS MISMO y que el modo de llegar a Él es por medio de Santidad en nuestras vidas.

1. La vida del hombre: conocer y amar a Dios

Tal como lo mencionan los primeros párrafos del Catecismo de la Iglesia Católica

CEC 1. Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En él y por él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.

CEC 3. Quienes con la ayuda de Dios han acogido el llamamiento de Cristo y han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena Nueva. Este tesoro recibido de los apóstoles ha sido guardado fielmente por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración (cf. Hch 2, 42).

Reflexionemos seriamente estos elementos que nos brinda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en los números 105 al 112, sobre la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Al contemplar la creación del hombre y la mujer nos damos cuenta de que hay algo que lo que nos hace únicos es que hemos sido hechos a imagen de Dios y que Dios nos ama y que, nos ha dado toda la creación para que vivamos de ella. Al mismo tiempo descubrimos que Dios tiene un plan para nosotros pues, no nos dejó olvidados en el jardín del Edén, sino que nos dio unas instrucciones para vivir y para que, por medio de la contemplación de las criaturas podamos descubrirlo a Él.

La Iglesia ve en el hombre, en cada hombre, la imagen viva de Dios mismo; imagen que encuentra, y está llamada a descubrir cada vez más profundamente, su plena razón de ser en el misterio de Cristo, Imagen perfecta de Dios, Revelador de Dios al hombre y del hombre a sí mismo. A este hombre, que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad, es a quien la Iglesia se dirige y le presta el servicio más alto y singular recordándole constantemente su altísima vocación, para que sea cada vez más consciente y digno de ella. Cristo, Hijo de Dios, con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre; por ello, la Iglesia reconoce como su tarea principal hacer que esta unión pueda actuarse y renovarse continuamente. En Cristo Señor, la Iglesia señala y desea recorrer ella misma el camino del hombre, e invita a reconocer en todos, cercanos o lejanos, conocidos o desconocidos, y sobre todo en el pobre y en el que sufre, un hermano por quien murió Cristo (1 Co 8, 11; Rm 14, 15; Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia No. 105).

El hombre, comprendido en su realidad histórica concreta, representa el corazón y el alma de la enseñanza social católica. Toda la doctrina social se desarrolla a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana. Mediante las múltiples expresiones de esta conciencia, la Iglesia ha buscado, ante todo, tutelar la dignidad humana frente a todo intento de proponer imágenes reductivas y distorsionadas; y además, ha denunciado repetidamente sus muchas violaciones (CDSI No. 107).

2.- La Persona humana criatura e IMAGEN DE DIOS

El mensaje fundamental de la Sagrada Escritura anuncia que la persona humana es criatura de Dios y especifica el elemento que la caracteriza y la distingue en su ser a imagen de Dios. "Creó, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó" (Gn 1,27). Dios coloca la criatura humana en el centro y en la cumbre de la creación: al hombre (en hebreo adam), plasmado con la tierra (adamah), Dios insufla en la nariz el aliento de la vida (cf. Gn 2, 7). De ahí que, por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia No. 108).

"Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra" (Gn 1, 26-28).

Este es el primer lugar donde se menciona al hombre en la Biblia, y se dice que es creado a imagen y semejanza de Dios. El hombre aparece al final de la obra creadora de Dios, esta situación, pone al hombre como parte de la creación, establece una diferencia respecto al resto de lo creado, el hombre no sólo es el final de la creación sino también su fin, la criatura en la que lo creado alcanza su máxima expresión.

Dios, cuya palabra ha dado origen a cuanto existe, antes de crear al hombre, se habla a sí mismo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Llama la atención el plural de la voz divina, para algunos intérpretes es un anticipo de la revelación de la Trinidad, también es una suerte de diálogo interior de Dios que se vuelve hacia sí mismo para proyectar su propia imagen hacia fuera en la culminación de la creación, así lo explica el Papa Juan Pablo II: "Es significativo que la creación del hombre vaya precedida por esta especie de declaración con la que Dios expresa la intención de crear al hombre a su imagen, más aún "a nuestra imagen", en plural indicaría el "Nosotros" divino del único Creador. Este sería, por tanto, de algún modo, un primer y lejano signo trinitario. En cualquier caso la creación del hombre, según la descripción de Génesis 1, va precedida de un particular "volverse" a sí mismo, "ad intra", de Dios que crea (Juan Pablo II, El hombre creado a imagen de Dios. Catequesis sobre el Credo, 9-4-1986).

La semejanza con Dios revela que la esencia y la existencia del ser humano están constitutivamente relacionadas con Él del modo más profundo. Es una relación que existe por sí misma y no llega, por tanto, en un segundo momento, ni se añade desde fuera. Toda la vida del hombre es una pregunta y una búsqueda de Dios. Esta relación con Dios puede ser ignorada, olvidada o removida, pero jamás puede ser eliminada. Entre todas las criaturas del mundo visible, en efecto, sólo el hombre es "capaz" de Dios. La persona humana es un ser personal creado por Dios para la relación con Él, que sólo en esta relación puede vivir y expresarse, y que tiende naturalmente hacia Él. (CDSI No. 109).

El hombre es imagen y semejanza de Dios porque refleja la intimidad divina. ¿Qué implicaciones tiene el ser imagen de Dios para el hombre? El texto nos orienta hacia el dominio sobre la creación. El hombre está llamado al dominio sobre todo lo creado como imagen de Dios. Esto lo coloca en una posición particular, frente al mundo el hombre se sitúa como Señor; ante Dios, como imagen. El hombre es una encrucijada entre lo creado y Dios, un camino por el que la creación se eleva por encima de sí misma para recibir a Dios y Dios se dirige a su creación para realizar en ella su designio de amor.

CEC 356. De todas las criaturas visibles, sólo el hombre es "capaz de conocer y amar a su Creador" (GS 12, 3); es la "única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma" (GS 24, 3); sólo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad.

CEC 357. Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar.

El hombre es el representante del señorío de Dios sobre el mundo. Pero también el hombre se convierte en lugar de la presencia de Dios. El hombre consagra la creación haciéndola casa de Dios. A través de él la creación no es únicamente lo ajeno a Dios, sino el lugar donde Dios quiere dejar la impronta de su presencia y voluntad.

El hombre es el representante del dominio divino sobre la creación, no se trata, por tanto de un monarca absoluto al que Dios hubiera dado la libertad ilimitada de manejar el mundo a su capricho, sino de un representante del poder de Dios como poder de vida. El domino del hombre sobre la creación está incluido en su relación fundamental a Dios como imagen y por tanto implica ser representante de su providencia protectora sobre el mundo. Es la misma idea que, de forma menos elaborada, pero más sugerente, propone el relato de la creación de Génesis 2 al hablar del hombre como el que tiene que guardar y cultivar el jardín del Edén (Gn 2, 15).

3.- Hombre y mujer los creo...

El hombre y la mujer tienen la misma dignidad y son de igual valor, no sólo porque ambos, en su diversidad, son imagen de Dios, sino, más profundamente aún, porque el dinamismo de reciprocidad que anima el nosotros de la pareja humana es imagen de Dios. En la relación de comunión recíproca, el hombre y la mujer se realizan profundamente a sí mismos reencontrándose como personas a través del don sincero de sí mismos. Su pacto de unión es presentado en la Sagrada Escritura como una imagen del Pacto de Dios con los hombres y al mismo tiempo, como un servicio a la vida. La pareja humana puede participar, en efecto, de la creatividad de Dios: Y los bendijo Dios y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra" (Gn 1, 28; CDSI No. 111).

El hombre y la mujer están en relación con los demás ante todo como custodios de sus vidas: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana (Gn 9, 5), confirma Dios a Noé después del diluvio. Desde esta perspectiva, la relación con Dios exige que se considere la vida del hombre sagrada e inviolable. El quinto mandamiento: No matarás (Ex 20, 13; Dt 5, 17) tiene valor porque sólo Dios es Señor de la vida y de la muerte. El respeto debido a la inviolabilidad y a la integridad de la vida física tiene su cúlmen en el mandamiento positivo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19, 1ss), con el cual Jesucristo nos llama a hacernos cargo de nuestro prójimo (cf. Mt 22, 37-40; Mc 12, 29-31; Lc 10, 27-28; CDSI No. 112).

La idea de creación a imagen de Dios, termina diciendo "hombre y mujer los creó". También en la diferencia de los sexos el hombre es imagen de Dios, el hombre está llamado en su mismo ser corporal a la comunión de personas porque Dios es comunión. De este modo tenemos dos ejes a lo largo de los que se desarrolla el ser imagen de Dios, un eje vertical que lleva desde la creación a Dios pasando por el hombre y un eje horizontal que lleva a la comunión en la diferencia de sexos. Si ampliamos la perspectiva podemos decir que el hombre es imagen de Dios dirigiéndose a él desde su formar parte de la creación y haciendo presente el ser relacional de Dios en su comunión con el resto de los hombres que tiene su punto culminante en la comunión entre el hombre y la mujer.

4.- Cristo es la imagen definitiva de Dios

La referencia a Dios es el constitutivo fundamental del ser humano, lo que lo define de la forma más precisa, ya que está en la base del entramado de relaciones con los demás y con el mundo que lo hacen ser hombre. Con esto ya tenemos una profunda comprensión del ser del hombre, pero la revelación definitiva de Dios en Cristo ilumina con mayor intensidad toda la Revelación de Dios:

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
tronos, dominaciones, principados, potestades;
todo fue creado por Él y para Él.
Él es anterior a todo y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en Él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz
(Col 1, 12-20)

Cristo es la imagen definitiva de Dios. Pablo da dos razones de esto, precedidas ambas por la cláusula "porque". En primer lugar todo fue creado por Él y para Él. Cristo es la razón última de toda la creación porque desde su origen la creación fue hecha para alcanzar su plenitud en Él. Todo lo que existe está orientado hacia Jesucristo en quien todo se mantiene. Unirse a Jesucristo resucitado, hombre pleno, es el destino último de la creación. El hombre es imagen de Dios porque ha sido hecho según la imagen perfecta de Dios. Ser imagen de Dios significa estar llamado a reproducir en el propio ser el ser de Cristo, imagen perfecta de Dios como Hijo de Dios hecho hombre. Habría que entender el texto del Génesis en el sentido de que Dios hizo al hombre, no directamente como imagen suya, sino según su imagen, que es Cristo. El hombre es la criatura formada para hacer posible la encarnación de Dios.

Queda una razón más por la que Cristo es la imagen de Dios para Pablo: por él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres, tanto del cielo como de la tierra. Cristo es imagen de Dios reconciliando, es decir llevando a su fin el camino que vimos iniciarse en el Génesis, la comunión entre Dios, la humanidad y la creación. Es la participación en esa obra de Cristo la que completa en el hombre la imagen de Dios.

5.- Acompañar al enfermo y al anciano a redescubrir su ser imagen de Dios

Ser imagen de Dios no es una pacífica posesión del hombre, sino una llamada a la unión con Dios en Cristo. El ser humano, específicamente el enfermo y el anciano es imagen de Dios porque ha sido destinado desde su creación a participar de la vida de Dios en Cristo y eso se trasluce y refleja en su relación con el mundo y con los demás. Con gran acierto recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, citando el Concilio Vaticano II, que "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (CEC 359). Ser imagen de Dios en Cristo es la base de la dignidad propia de la persona humana:

Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano (y en concreto el enfermo y el anciano) tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar (CEC 357).

Este denso número del Catecismo de la Iglesia Católica hace una profunda enumeración de cómo se despliegan en el ser humano los dos ejes que decíamos constituían su ser imagen de Dios:

1. En primer lugar tenemos el eje horizontal de la relación con el resto de la humanidad, para hacer posible que esa relación sea un reflejo de la relación personal perfecta que constituye el ser divino el hombre ha sido dotado de la capacidad de conocerse y poseerse, pero no para cerrarse en sí mismo, sino para darse libremente y entrar en comunión. El ser humano no existe para sí mismo, sino para, siendo él mismo, ser capaz de entregarse a los demás en libertad y en amor.

2. Por otra parte, en el eje vertical que va de la creación a Dios, el hombre ha sido llamado a una alianza con su Creador y dotado de la posibilidad de confiar en Dios y amarlo. Esto significa llevar la capacidad de auto - entrega amorosa del hombre a su límite máximo, allí donde se acerca a la propia realidad amorosa de Dios. En estas características está encerrado lo más original y radical de la dignidad personal del ser humano. El ser humano es la criatura que puede salir más allá de sí mismo, de trascenderse hacia Dios y hacia los demás.

El cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu (Rm 8, 23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Espíritu, que es prenda de la herencia (Ef 1, 14), se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue la redención del cuerpo (Rm 8, 23). Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11). Urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar, con muchas tribulaciones, contra el demonio, e incluso de padecer la muerte. Pero, asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegará, corroborado por la esperanza, a la resurrección.

Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual (GS No. 22).

De este modo queda refrendada por el Magisterio de la Iglesia la unicidad de la vocación del hombre a la comunión con Dios. La gracia no es un añadido extraño a la naturaleza humana, sino la realización de todo aquello que más íntimamente desea y añora la humanidad. Todo hombre está llamado a la salvación porque en todo hombre existe, por oculto que aparezca, el anhelo íntimo de un Dios que se entrega a sí mismo como don gratuito.

6.- La realidad vital en la persona del enfermo y del anciano: su alma

Apliquemos ahora estas ideas a la visión del ser humano como imagen de Dios en la unidad de cuerpo y alma. Ser imagen de Dios significa que el ser humano está hecho para Cristo, imagen perfecta del Padre, y esto es un constitutivo interno de su naturaleza. El hombre es el ser creado para que en él sea posible la encarnación del Hijo de Dios. Por tanto, como ser creado comparte la finitud y contingencia de todo lo creado, la enfermedad, el dolor, el sufrimiento en su corporalidad.

Por otra parte y muy importante para nuestra evangelización: el enfermo y el anciano orientado y fundamentado en la Encarnación del Verbo de Dios, posee todas aquellas cualidades que hacen posible que Dios asuma una vida humana como suya. Por eso el ser humano es persona, porque en él se realizan a modo de criatura aquellas cualidades que definen a las personas divinas, de forma particular el hombre es capaz de auto - poseerse y de donarse en el amor. Estas posibilidades fundamentales de la persona son las que requieren para su ejercicio la libertad y la racionalidad.

Ser alma significa estar capacitado para la Encarnación del Hijo de Dios y llamado a la comunión plena con Dios en Cristo. El alma humana es, de este modo, la orientación del ser humano a la plena comunión con Dios en Cristo en cuanto constitutiva de ese ser humano y no meramente accidental. Desde esta perspectiva podemos revisar y profundizar las afirmaciones doctrinales sobre la constitución del hombre: realidad única de cuerpo y alma.

1.- Cuando afirmamos que el alma es creada directamente por Dios estamos expresando que cada ser humano tiene una posibilidad propia, única, personal y constitutiva de relación con Dios, una vocación a la comunión con Dios que no es genérica, sino personal. La llamada de Dios a la salvación, siendo universal es una apelación al núcleo más íntimo de nuestro ser, donde somos convocados personalmente a compartir la vida de Dios.

2.- Decir que el alma permanece tras la muerte significa afirmar que esa llamada a la comunión con Dios no queda truncada por la muerte, porque su fuerza proviene del mismo Dios. No se trata de una especulación sobre la eternidad de lo espiritual, sino de una suprema confianza en la voluntad divina de dar vida en abundancia al hombre en Cristo. La convicción cristiana en la inmortalidad del alma se basa en la certeza en la voluntad salvífica de Dios, no en determinadas convicciones sobre la constitución íntima de la materia o del espíritu.

3.- Si el alma es el factor último de cohesión y unidad del ser humano estamos afirmando que el fin último del hombre, el único que lleva a plenitud su ser, es la comunión con Dios en Cristo. Si decimos que no podemos separar adecuadamente cuerpo y alma estamos afirmando que es todo el hombre como persona el que está destinado a la salvación, no sólo una parte de él.

7.- Conclusiones

1. El ser humano (hombre y mujer) ha sido creado "a imagen y semejanza de Dios": esto significa que el hombre participa, por su semejanza con Dios, de su libertad, en la medida en que lo envuelven los rayos del conocimiento divino. La semejanza con Dios la muestra el hombre en cada uno de sus conocimientos. El conocimiento de las verdades prácticas nos permite dominar la tierra, conforme a la misión confiada a los hombres por el Creador : "Dominad..."

2. El conocimiento humano de la reflexión y la contemplación que penetra hasta el fondo de las cosas y las ve ligadas con Dios y orientadas hacia Él, alcanza un grado esencialmente superior de semejanza con Dios. Pero su mayor y más esencial culminación está en el amor que vibra al unísono del conocimiento, en el conocimiento que se hace fuerza que empuja al amor. Éste es el rasgo característico del conocimiento divino: la segunda persona de la augusta Trinidad "no es un Verbo o palabra cualquiera : es El Verbo que respira amor" (ST I q. 43 a. 5 ad 2).

3. Uno de los conceptos de fe fundamentales de los Padres de la Iglesia es la distinción entre "imagen y semejanza", cuando la imagen se refiere al ser y la semejanza al actuar. Mientras con el Bautismo el Espíritu reconstruye en el hombre la imagen de Dios, deformada por el pecado, con la Confirmación le confiere la semejanza. Éste es el motivo por el cual puede definirse como sacramento de la plenitud, porque confiere el don de la perfección y de la santidad. Adentrados en el ser divino, gracias al primer sacramento, se está ahora habilitados para la acción divina, gracias a la fuerza del Espíritu.

4. Nosotros, a semejanza suya, tenemos que cumplir lo que decimos. Hemos de vivir nuestra Fe. Jesucristo mismo nos enseña que no todo el que dice "Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de su Padre celestial". Esos son los que edifican sobre roca. Esos son los hermanos, y hermanas, y padres del Señor. Esos son la tierra buena sobre la que cae la semilla y da fruto. Madre y modelo de esa actitud es María. Ella dijo: "Hágase en mí según tu palabra", y la Palabra se cumplió tanto en ella, que, por obra del Espíritu Santo, el Verbo se le hizo carne y habitó entre nosotros.

5. Como imagen de este modelo, el Bautismo potenció en nosotros otro Cristo, con el mismo soplo divino que engendró a Cristo de María, y ese mismo Espíritu, que recibimos en la Confirmación, hará que, si nos dejamos llevar por el viento de sus dones, seamos también, a semejanza divina, padres de obras cristianas y de los otros cristos, con los que se hace la Iglesia, cuerpo de Cristo cabeza, para gloria de Dios Padre.

Trabajo grupal de reflexión: 30 minutos en grupos de 5 personas.

1.- ¿Esta orientada y cimentada mi vida ministerial y apostólica en conocer y amar a Dios?

2.- ¿Cómo Acompañar al enfermo y al anciano a redescubrir su ser imagen y semejanza de Dios?

3.- ¿Cómo presentar en una adecuada catequesis la realidad vital de la persona del enfermo y del anciano: su alma?

TAREA PARA REALIZAR EN CASA: TRABAJO DEL EQUIPO PARROQUIAL DE MECE´s

El grupo parroquial de MECE´s , unido al grupo de catequistas, elaborar un periódico mural catequético, tomando como fundamento los elementos aportados por la DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA sobre:

LA PERSONA HUMANA CREADA A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS

PRÓXIMA REUNIÓN: sábado 25 de MARZO de 2006 a las 10:00 horas

AVISOS

EJERCICIOS CUARESMALES 2006

Hacer vida la Redención de Cristo en la práctica de la caridad cristiana.
Fundamentos para una pastoral de la caridad

Impartidos por MONSEÑOR JORGE PALENCIA

VIERNES 10 de MARZO de 2006
VIERNES 17 de MARZO de 2006
VIERNES 24 de MARZO de 2006
Y VIERNES 31 de MARZO de 2006.

De las 10:00 a las 13:00 horas, con MISA incluida.
Auditorio Curia del Arzobispado de México
Durango No. 90. (Entrada por la calle de Córdoba) Colonia Roma
Cooperación para material en cada sesión $ 20.00
Informes al teléfono 5208-5805 ó 5208-3200, extensión 1902 y 1955

Comisión Pastoral de Salud