COMISIÓN
ARQUIDIOCESANA PASTORAL DE SALUD
ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO
FORMACIÓN
CONTINUA 2006 de los MECE y Agentes de Pastoral de Salud
VI
UNIDAD PASTORAL: AÑO JUBILAR GUADALUPANO JUNIO, 2006
Los
fundamentos de la Pastoral Social:
LA PERSONA HUMANA,
la dignidad de la persona humana del enfermo y del anciano
COMPENDIO
DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (124-148)
En
esta unidad de nuestro estudio de la Doctrina Social de la Iglesia profundizaremos
el importante tema sobre la dignidad de la persona humana, y especialmente
la dignidad de la persona del enfermo y del anciano. La dignidad de
la persona humana es uno de los fundamentos doctrinales de la Enseñanza
Social de la Iglesia, que nos permite establecer en la cultura actual,
puentes de diálogo a favor de las personas más marginadas,
como pueden ser los enfermos los ancianos más pobres, subyugadas
por las estructuras sociales, económicas y políticas.
La Iglesia es custodia de la persona humana, y de su dignidad y estos
en lo que profundizaremos en esta VI Unidad.
1.-
Concepto de dignidad humana
La
preocupación por la dignidad de la persona humana es hoy mundial,
desde las declaraciones de los Derechos Humanos hasta su ordenamiento
jurídico y la organización económica, política
y social que deben garantizar ese reconocimiento. Cuanto más
fijamos nuestra mirada en la singular dignidad de la persona, más
descubrimos su carácter irrepetible, incomunicable y subsistente
de ese ser personal, un ser con nombre propio, dueño de una intimidad
que sólo él conoce, capaz de crear, soñar y vivir
una vida propia, un ser dotado del bien precioso de la libertad, de
inteligencia, de capacidad de amar, de reír, de perdonar, de
soñar y de crear una infinidad sorprendente de ciencias, artes,
técnicas, símbolos y narraciones.
Cuando
hablamos de la dignidad humana, es una palabra que significa un valor
intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno
cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente
por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se
le añade a lo que ya es. Porque tiene valor, lo digno debe ser
siempre respetado y bien tratado. En el caso del ser humano su dignidad
reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién,
un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia,
voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás.
La persona es un absoluto, en el sentido de algo único, irreductible
a cualquier otra cosa.
Iluminada
por el admirable mensaje bíblico, la doctrina social de la Iglesia
se detiene, ante todo, en los aspectos principales e inseparables de
la persona humana para captar las facetas más importantes de
su misterio y de su dignidad.
(CDSI No. 124).
La
persona no debe ser considerada únicamente como individualidad
absoluta, edificada por sí misma y sobre sí misma, como
si sus características propias no dependieran más que
de sí misma. Tampoco debe ser considerada como mera célula
de un organismo dispuesto a reconocerle, a lo sumo, un papel funcional
dentro de un sistema. El hombre no puede ser comprendido como un simple
elemento y una molécula del organismo social
(CDSI No. 125).
La
fe cristiana, que invita a buscar en todas partes cuanto haya de bueno
y digno del hombre. La doctrina social se hace cargo de las diferentes
dimensiones del misterio del hombre, que exige ser considerado en la
plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser
comunitario y social
(CDSI No. 126).
El
hombre ha sido creado por Dios como unidad de alma y cuerpo: El alma
espiritual e inmortal es el principio de unidad del ser humano, es aquello
por lo cual éste existe como un todo en cuanto persona
(CDSI No. 127).
a)
Mediante su corporeidad, el hombre unifica en sí mismo los
elementos del mundo material, el cual alcanza por medio del hombre
su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador.
Esta dimensión le permite al hombre su inserción en
el mundo material, lugar de su realización y de su libertad,
no como en una prisión o en un exilio. La dimensión
corporal a causa de la herida del pecado, hace experimentar al hombre
las rebeliones del cuerpo y las inclinaciones perversas del corazón,
sobre las que debe siempre vigilar para no dejarse esclavizar y para
no permanecer víctima de una visión puramente terrena
de su vida
(CDSI No. 128).
b)
Por su espiritualidad el hombre supera a la totalidad de las cosas
y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Cuando
se adentra en su corazón, cuando reflexiona sobre su propio
destino, el hombre se descubre superior al mundo material, por su
dignidad única de interlocutor de Dios, bajo cuya mirada decide
su vida. En su vida interior, reconoce tener en si mismo la espiritualidad
y la inmortalidad de su alma y no se percibe a sí mismo como
partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de
la ciudad humana
(CDSI No. 128).
c)
El hombre, tiene dos características diversas: es un ser material,
vinculado a este mundo mediante su ser espiritual, abierto a la trascendencia
y al descubrimiento de una verdad más profunda, a causa de
su inteligencia, que lo hace participante de la luz de la inteligencia
divina
(CDSI No. 129).
2.-
Sólo el Creador puede ser fundamento de la dignidad humana
¿Cuál
es el origen de la persona? ¿De dónde "viene"?
Lo más evidente es que: toda persona humana proviene de otra.
Ser hijo no es un accidente, sino algo que pertenece a la condición
misma del ser personal. Ser hijo significa ser engendrado, proceder
de otro ser personal. Y todo ser humano es hijo de otro. Pero si nos
remontamos hacia atrás en la cadena de las generaciones, surge
la pregunta por el origen.
Cada
persona humana no puede ser un accidente, surgido al azar: el amor de
una madre por su hijo es una semejanza del amor con el cual el Creador
ha creado a cada persona. En ambos casos se trata de un amor que quiere
a esa persona, y no a otra. Ser hijo significa precisamente eso: ser
querido por ser uno la persona que es, independientemente de si es guapo
o feo, listo o torpe, alto o bajo. Un hijo es querido, no porque traiga
al hogar una cuenta corriente, o un abrigo de pieles: es querido por
ser él, y porque es precisamente él. El hogar es el primer
lugar, y a veces el único, donde el ser humano es querido por
sí mismo, independientemente de los defectos y limitaciones que
pueda tener su cuerpo, su inteligencia o su carácter. Por eso,
ese amor por la persona concreta del hijo que se da en el hogar es una
cierta imagen del amor con que Dios nos quiere a cada uno. Todo esto
quiere decir que para fundamentar adecuadamente algo tan serio como
la dignidad humana, en último término hay que aceptar
que la persona tiene un origen trascendente, más allá
de la genética y de la materia: esto es lo que asegura de verdad
su carácter incondicionado. En caso contrario, se puede incurrir
en una postura materialista o, sencillamente, eludir el problema y entonces
empiezan a surgir problemas sobre la verdadera dignidad de la persona
humana.
a)
La persona humana abierta a la trascendencia: A la persona humana
pertenece la apertura a la trascendencia: el hombre está abierto
al infinito y a todos los seres creados. Está abierto sobre
todo al infinito, es decir a Dios, porque con su inteligencia y su
voluntad se eleva por encima de todo lo creado y de sí mismo,
se hace independiente de las criaturas, es libre frente a todas las
cosas creadas y se dirige hacia la verdad y el bien absolutos
(CDSI No. 130).
b)
La persona humana es única e irrepetible. El hombre existe
como ser único e irrepetible, existe como un "yo"
capaz de auto-comprenderse, auto-poseerse y auto-determinarse. La
persona humana es un ser inteligente y consciente, capaz de reflexionar
sobre sí mismo y, por tanto, de tener conciencia de sí
y de sus propios actos
(CDSI No. 131).
c)
El respeto de la dignidad humana. Una sociedad justa puede ser realizada
solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona
humana. El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente prescindir
de la obediencia al principio de considerar al prójimo como
otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios
para vivirla dignamente. Es preciso que todos los programas sociales
científicos y culturales, estén presididos por la conciencia
de la supremacía de cada ser humano
(CDSI No. 132).
d)
En ningún caso la persona humana puede ser instrumentalizada
para fines ajenos a su mismo desarrollo, que puede realizar plena
y definitivamente sólo en Dios y en su proyecto salvífico:
el hombre, en efecto, en su Interioridad, trasciende el universo y
es la única criatura que Dios ha amado por sí misma.249
Por esta razón, ni su vida, ni el desarrollo de su pensamiento,
ni sus bienes, ni cuantos comparten sus vicisitudes personales y familiares
pueden ser sometidos a injustas restricciones en el ejercicio de sus
derechos y de su libertad
(CDSI No. 133).
e)
Los auténticos cambios sociales son efectivos y duraderos solo
si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta personal.
A las personas compete, evidentemente, el desarrollo de las actitudes
morales, fundamentales en toda convivencia verdaderamente humana (justicia,
honradez, veracidad, etc.), que de ninguna manera se puede esperar
de otros o delegar en las instituciones. A todos, particularmente
a quienes de diversas maneras están investidos de responsabilidad
política, jurídica o profesional frente a los demás,
corresponde ser conciencia vigilante de la sociedad y primeros testigos
de una convivencia civil y digna del hombre
(CDSI No. 134).
3.-
¿Seres humano que no son personas?
Como
podemos ver el Nuevo Compendio de Doctrina
Social de la Iglesia, insiste que, cuando no se acepta el
valor de la persona humana en sí misma, se abre la puerta que
conduce a dejar de reducirla a una cosa, a manipularla sin ningún
respeto. Hoy en día si se insiste en que: un ser humano sólo
es persona cuando se comporta como tal (cuando estudia matemáticas,
cuando acaba la carrera, cuando vota, cuando es capaz de hablar, de
comunicarse con los demás y ser consciente de sí mismo
y de su libertad, en suma, cuando ejerce sus capacidades); entonces
la consecuencia es trágica: todos los seres humanos que no se
comportan como tales, porque están dormidos o inconscientes o
porque son no nacidos o discapacitados, no son personas, para la cultura
actual, para muchas leyes y gobiernos son seres de segunda clase, gentes
que viven vidas imperfectas y que en muchos casos puede se puede disponer
de su vida y terminar con ellos. En la actualidad estamos atrapados
ante una telaraña de ideologías que piensa así
y menosprecian el valor profundo de la persona humana. Tan solo podemos
revisar las legislaciones federales y locales en México de los
años recientes y comprobar el terrible resultado del desprecio
por el valor de la persona.
La
distinción, que se insiste mucho hoy en día de que: entre
ser humano y persona son dos realidades aparte, es muchas veces falaz
y resbaladiza hacia justificaciones que atentan contra la dignidad de
toda persona humana. Pretender que hay un momento en el cual el embrión
"se convierte" en persona es mantener una distinción
sumamente arbitraria y que no tiene una justificación verdadera.
El embrión es un ser humano y es una persona, pero si presenta
la mentira de que no es persona se puede manipular en laboratorios y
asesinar inocentes. Lo mismo sucede con el enfermo terminal que se intenta
reducirlo a una situación de cosa y poder disponer de él
a través de la eutanasia, como si el estado vegetativo o inconsciente
del enfermo negara su ser persona y sus derechos. Desde aquí
se pueden entender los errores bioéticos de la manipulación
genética, a la eutanasia y al aborto.
El
materialismo actual, presente en nuestras legislaciones, en planes de
gobierno y de salud pública, sitúan el origen de la persona
en el proceso orgánico de la vida, y por tanto para un materialista
no hay diferencia apreciable entre un hombre y un animal: la única
diferencia verdadera es que uno y otro se comportan de distinta manera.
El materialismo deprime la dignidad de la persona humana individual,
y considera que esa idea es una cuestión cultural, una pauta
de valor que los individuos de la especie humana han encontrado recientemente.
El materialismo constituye hoy la postura más generalizada entre
nuestros hombres de ciencia en México.
Hoy
con mayor frecuencia escuchamos que, el asunto de la dignidad humana
consiste sólo en una convención social o cultural, es
decir que dependemos de un absurdo: de la opinión contemporánea,
el consenso, la encuesta, etc. Según este modo de pensar, el
respeto que el valor intrínseco e inviolable de la persona merece
pasa a ser una opinión de mayorías "democráticas".
Semejante
postura es muy peligrosa y contraria a la Doctrina Social de la Iglesia,
porque viene a decirnos que la dignidad del hombre no se basa y consiste
en el valor intrínseco de la persona humana, sino en algo tan
extrínseco y mudable como la opinión cultural. Si esto
fuera así, estamos en manos de esa opinión mudable, y
el día que se haga general la opinión de que las personas
bajitas no pueden tener calidad de vida y es preferible eliminarlas,
ese día todos los bajitos o africanos, o enfermos terminales,
etc., deben salir huyendo del país si quieren salvarse.
La
dignidad de la persona humana existe, es real y objetiva, independiente
y previa a que sea reconocida por la opinión pública,
los gobernantes y el ordenamiento jurídico. Es más, precisamente
porque es algo objetivo y previo, la opinión pública,
los gobernantes y el ordenamiento jurídico deben respetar ese
valor inviolable de la dignidad humana. La dignidad humana no es un
asunto que dependa de la opinión que se tenga de ella, porque
hay mucha gente a la cual esa dignidad no le importa nada, y no por
ello se puede manipular las leyes o los programas públicos de
salud y seguridad nacional a beneficio de unos cuantos.
4.-¿quien
es el enfermo? ¿Quién es el anciano? ¿Quién
es el pobre?
Debemos
dejar muy en claro cuáles son los elementos fundamentales de
la persona humana, para así iluminar Evangelizando la vida de
nuestros enfermos ancianos y sus familiares:
1.-
¿Cuándo arranca la dignidad del hombre? ¿cuándo
empiezo a ser humano?
En el momento de la concepción. Desde ese instante que empiezo
somos hombre o mujer. Desde el primer instante somos hombre o mujer,
por lo tanto con total y absoluta dignidad. La dignidad arranca en
el momento en que uno empieza a ser hombre y uno empieza a ser hombre
en el momento en que es concebido, no hay antes ni después.
Y tal dignidad no la perdemos nunca, aún cuando existan situaciones
limites de vida vegetativa o inconsciente.
2.-
Cada ser humano es único
es la segunda consecuencia de la dignidad humana. Cada ser humano
es único, único. Tenemos maravillas y tenemos defectos
pero cada uno es totalmente él, y hay algo que es peculiar
mío que no nace de la materia, nace de una creación
particular de Dios. Cada ser enfermos, cada ancianos es una riqueza
irrepetible. Cada ser humano va a ser una aportación exclusiva
y única a la historia.
3.-
Cada uno es directamente querido
es la tercera consecuencia de la dignidad del hombre. Cada ser humano
es directamente querido. Nuestros padres tenían un deseo tremendo
de que naciéramos y aún en el caso en que no, ahí
está la acción de Dios. Dentro de cada ser humano, cada
enfermo, de cada anciano, hay un sí completo de Dios. Dios
juzgó que convenía que cada uno de nosotros naciera,
que era importante que cada uno de nosotros naciera, que valía
la pena y nos amó de un modo total. Ningún ser humano
es producto de la casualidad, ninguno nace por accidente.
4.-
Un ser humano va a existir para siempre
es la cuarta consecuencia de la dignidad humana: la grandeza, una
grandeza inimaginable cuando uno se pone a pensar, vamos a existir
por los siglos sin fin, nuestra vida no tiene término, tiene
comienzo, pero no tiene final. Soy un Sí definitivo y total
del amor de Dios. Esto es importante para el acompañamiento
pastoral de los enfermos, los ancianos y sus familiares.
5.-
El hombre nunca puede ser usado
es la quinta consecuencia de la dignidad del hombre: El hombre no
es un medio, el hombre es un fin. Solamente los medios se usan. Cada
ser humano, Dios lo creó como fin, y cada hombre, cada enfermo,
cada anciano, tiene en sí mismo una finalidad exclusiva y única:
existe por alguna razón concreta, para algo.
Para
comprender y vivir estos elementos fundamentales de la persona humana,
debemos insistir, en nuestra Pastoral con enfermos y ancianos y sus
familiares en: un adecuado y recto uso de la libertad que Dios nos ha
dado:
a)
El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad,
que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen: Dios ha querido
dejar al hombre en manos de su propia decisión, para que así
busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose
libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección.
La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe
según su conciencia y libre elección, es decir, movido
e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión
de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa
(CDSI No. 135).
b)
El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender
y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia,
pero no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el "árbol
de la ciencia del bien y del mal", por estar llamado a aceptar
la ley moral que Dios le da
(CDSI No. 136).
c)
El recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas
condiciones de orden económico, social, jurídico, político
y cultural que son con demasiada frecuencia desconocidas y violadas.
Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad,
se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes
y se rebela contra la verdad divina
(CDSI No. 137).
d)
En el ejercicio de la libertad, el hombre realiza actos moralmente
buenos, que edifican su persona y la sociedad, cuando obedece a la
verdad, es decir, cuando no pretende ser creador y dueño absoluto
de ésta y de las normas
(CDSI No. 138).
e)
La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo práctico
y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a asumir la responsabilidad
del bien cumplido o del mal cometido
(CDSI No. 139).
f)
El ejercicio de la libertad implica la referencia a una ley moral
natural, de carácter universal, que precede y aúna todos
los derechos y deberes. La ley natural no es otra cosa que la luz
de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella
conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar
(CDSI No. 140).
g)
En la diversidad de las culturas, la ley natural une a los hombres
entre sí, imponiendo principios comunes. Aunque su aplicación
requiera adaptaciones a la multiplicidad de las condiciones de vida,
según los lugares, las épocas y las circunstancias,
la ley natural es inmutable, subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres
y sostiene su progreso
(CDSI No. 141).
h)
La ley natural, que es ley de Dios, no puede ser cancelada por la
maldad humana. Esta Ley es el fundamento moral indispensable para
edificar la comunidad de los hombres y para elaborar la ley civil.
Si se oscurece la percepción de la universalidad de la ley
moral natural, no se puede edificar una comunión real y duradera
hacia el prójimo
(CDSI No. 142).
En
nuestro ministerio y apostolado hacia los enfermos, ancianos y sus familiares
debemos siempre tomar muy en cuenta los siguientes elementos sobre la
dignidad de la persona humana:
1)
La dignidad humana es fundamento de todo derecho.
Si no se respeta ese valor del hombre, especialmente, del débil,
de pequeño no nacido, del enfermo, del anciano, entonces ya
no hay ningún fundamento. Cuando se respeta que el hombre por
ser hombre tiene unos derechos, sobre eso se apoya todo lo demás.
Si respetamos solamente a los que nos conviene, o a los ricos, o a
los poderosos, o a los de mi partido se cae en la injusticia más
brutal. La misma historia; cuánta tragedia ha salido de ese
no entender, que la dignidad humana es la fuente de todo derecho.
Que todo ser humano, piense como piense, sea como sea, es digno, es
humano, debe ser venerado y respetado. Cuando esto está muy
claro todos comprendemos el cambio inmenso que eso supone, el respeto
total a los demás.
2)
Valorar la dignidad humana es la puerta de todo ideal de servicio.
Cuando uno no cree en la dignidad humana, ¿qué ideas
va a tener? Ayudará a los que le conviene, o a los que piensa
que sirven, pero uno mismo ya estará seleccionando no habrá
un verdadero afán de servir a otros. Si no respetamos a alguien
por el mero hecho de ser hombre, estaremos menospreciándolo.
3)
Descubrir la dignidad humana es asomarse a la propia grandeza.
Cuando una persona no comprende la dignidad de ser humano, no comprende
la seriedad de su existencia, el valor de su propia vida, la hondura
de su proyecto personal: Soy un ser humano y tengo un valor inmenso,
total.
Hemos
señalado las consecuencias mas importante de anunciar, proclamar
y defender la dignidad humana. Ahora debemos pensar un poquito en algunas
aplicaciones de la dignidad humana, en algunos puntos en los cuales
se manifiesta en concreto en qué se traduce la dignidad humana.
Si no se entiende la dignidad humana no se entiende la sociedad, no
se entiende el servicio al prójimo, no se puede entender el apostolado
o el ministerio, no se entiende nada. Solo hay justicia cuando hay dignidad,
porque sino no hay igualdad, no hay manera de proclamar que todos somos:
imagen y semejanza de Dios.
a)
Dios no hace acepción de personas, porque todos los hombres
tienen la misma dignidad de criaturas a su imagen y semejanza. La
Encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas
las personas en cuanto a dignidad: todos vosotros sois uno en Cristo
Jesús (Gal 3,28).
(CDSI 144).
b)
Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el
crecimiento común y personal de todos . Para favorecer un crecimiento
semejante es necesario, apoyar a los últimos, asegurar condiciones
de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar
una igualdad entre clases sociales ante la ley
(CDSI No. 145).
c)
Masculino y femenino diferencian a dos individuos de igual dignidad,
que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo
específico femenino es diverso de lo específico masculino.
Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para
una armoniosa convivencia humana
(CDSI No. 146).
d)
La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la
mujer. Mujer y hombre se completan mutuamente, no sólo desde
el punto de vista físico y psíquico, sino también
ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo "
masculino " y lo " femenino se realiza plenamente lo humano
(CDSI No. 147).
e)
Las personas de capacidad diferente son sujetos plenamente humanos
titulares de derechos a pesar de las limitaciones y los sufrimientos
grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve
la dignidad y grandeza del hombre. Han de ser ayudados a participar
en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los
niveles accesibles a sus posibilidades
(CDSI No. 148).
CONCLUSIONES
PARA NUESTRO MINISTERIO Y APOSTOLADO CON ENFERMOS Y ANCIANOS:
1.-
Entre los ámbitos del compromiso social de los Agentes de
Pastoral de Salud debe emerge, ante todo, el servicio a la persona
humana: la promoción de la dignidad de la persona, el bien
más precioso que el hombre posee, es una tarea esencial;
es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante
del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están
llamados a prestar a la familia humana.
2.-
La primera forma de llevar a cabo esta tarea consiste en el compromiso
y en el esfuerzo por la renovación interior del espíritu
cristiano que debe preceder el compromiso de mejorar la sociedad
según el espíritu de la Iglesia, afianzando la justicia
y la caridad sociales. Los Agentes de Pastoral de Salud deben trabajar
por la conversión de los corazones y por el mejoramiento
de las estructuras terrenas, usando medios lícitos, con el
fin de obtener instituciones de salud, en las que la dignidad de
todos los enfermos y ancianos sean verdaderamente respetada y promovida.
3.-
La promoción de la dignidad humana implica, ante todo, la
afirmación del inviolable derecho a la vida, desde la concepción
hasta la muerte natural, el primero entre todos y condición
para todos los demás derechos de la persona. Todo agente
de Pastoral de Salud debe ser un heraldo defensor de la vida en
todas sus etapas, pero especialmente en las más críticas,
hay donde la ciencia actual coloca la duda y se dispone a manipular,
y hacer uso indebido del don sagrado de Dios, que es la vida humana.
4.-
El respeto de la dignidad personal exige el reconocimiento de la
dimensión religiosa del hombre, que no es una exigencia simplemente
"confesional", sino más bien una exigencia que
encuentra su raíz en la realidad misma del hombre. La atención
espiritual y sacramental a los enfermos y ancianos es parte importantísima
en toda institución hospitalaria, asilo, casa de reposo,
etc.
Trabajo
grupal de reflexión:
30 minutos en grupos de 5 personas.
1.-
¿ Cómo debemos promover en nuestro apostolado y ministerio
el concepto de la dignidad humana, según lo explica en Compendio
de la Doctrina Social de la Iglesia en los números 124 a 129
( página 1 y 2 de esta V Unidad)
2.-
Ante el materialismo actual ¿Cómo debemos promover:
La persona humana abierta a la trascendencia, La persona humana es
única e irrepetible, La persona humana nunca puede ser instrumentalizada
según el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia? ( en
los números 131 a 133)
3.-
¿ Porqué debemos insistir, en nuestra Pastoral con enfermos
y ancianos y sus familiares en un adecuado y recto uso de la libertad
que Dios nos ha dado, según el Compendio de la Doctrina Social
de la Iglesia? ( en los números 135 a 142)
TAREA
PARA REALIZAR EN CASA:
TRABAJO GRUPAL
Elaborar
con ayuda de nuestro enfermos y ancianos un mural sobre los elementos
más importantes de esta unidad: La dignidad de la persona humana
del enfermo y del anciano.
Informes
en los teléfonos de la Comisión Pastoral de Salud
5208-5805 o 5208-3200 extensión 1902 y 1955
PRÓXIMA REUNIÓN sábado
15 de JULIO de 2006 a las 10:00 horas
Comisión
Pastoral de Salud