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Vicaría      de Pastoral

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COMISIÓN ARQUIDIOCESANA PASTORAL DE SALUD
ARQUIDIÓCESIS PRIMADA DE MÉXICO

FORMACIÓN CONTINUA 2006 de los MECE y Agentes de Pastoral de Salud

VI UNIDAD PASTORAL: AÑO JUBILAR GUADALUPANO — JUNIO, 2006

Los fundamentos de la Pastoral Social:
LA PERSONA HUMANA,
la dignidad de la persona humana del enfermo y del anciano

COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (124-148)

En esta unidad de nuestro estudio de la Doctrina Social de la Iglesia profundizaremos el importante tema sobre la dignidad de la persona humana, y especialmente la dignidad de la persona del enfermo y del anciano. La dignidad de la persona humana es uno de los fundamentos doctrinales de la Enseñanza Social de la Iglesia, que nos permite establecer en la cultura actual, puentes de diálogo a favor de las personas más marginadas, como pueden ser los enfermos los ancianos más pobres, subyugadas por las estructuras sociales, económicas y políticas. La Iglesia es custodia de la persona humana, y de su dignidad y estos en lo que profundizaremos en esta VI Unidad.

1.- Concepto de dignidad humana

La preocupación por la dignidad de la persona humana es hoy mundial, desde las declaraciones de los Derechos Humanos hasta su ordenamiento jurídico y la organización económica, política y social que deben garantizar ese reconocimiento. Cuanto más fijamos nuestra mirada en la singular dignidad de la persona, más descubrimos su carácter irrepetible, incomunicable y subsistente de ese ser personal, un ser con nombre propio, dueño de una intimidad que sólo él conoce, capaz de crear, soñar y vivir una vida propia, un ser dotado del bien precioso de la libertad, de inteligencia, de capacidad de amar, de reír, de perdonar, de soñar y de crear una infinidad sorprendente de ciencias, artes, técnicas, símbolos y narraciones.

Cuando hablamos de la dignidad humana, es una palabra que significa un valor intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Porque tiene valor, lo digno debe ser siempre respetado y bien tratado. En el caso del ser humano su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás. La persona es un absoluto, en el sentido de algo único, irreductible a cualquier otra cosa.

Iluminada por el admirable mensaje bíblico, la doctrina social de la Iglesia se detiene, ante todo, en los aspectos principales e inseparables de la persona humana para captar las facetas más importantes de su misterio y de su dignidad. (CDSI No. 124).

La persona no debe ser considerada únicamente como individualidad absoluta, edificada por sí misma y sobre sí misma, como si sus características propias no dependieran más que de sí misma. Tampoco debe ser considerada como mera célula de un organismo dispuesto a reconocerle, a lo sumo, un papel funcional dentro de un sistema. El hombre no puede ser comprendido como un simple elemento y una molécula del organismo social (CDSI No. 125).

La fe cristiana, que invita a buscar en todas partes cuanto haya de bueno y digno del hombre. La doctrina social se hace cargo de las diferentes dimensiones del misterio del hombre, que exige ser considerado en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social (CDSI No. 126).

El hombre ha sido creado por Dios como unidad de alma y cuerpo: El alma espiritual e inmortal es el principio de unidad del ser humano, es aquello por lo cual éste existe como un todo en cuanto persona (CDSI No. 127).

a) Mediante su corporeidad, el hombre unifica en sí mismo los elementos del mundo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. Esta dimensión le permite al hombre su inserción en el mundo material, lugar de su realización y de su libertad, no como en una prisión o en un exilio. La dimensión corporal a causa de la herida del pecado, hace experimentar al hombre las rebeliones del cuerpo y las inclinaciones perversas del corazón, sobre las que debe siempre vigilar para no dejarse esclavizar y para no permanecer víctima de una visión puramente terrena de su vida (CDSI No. 128).

b) Por su espiritualidad el hombre supera a la totalidad de las cosas y penetra en la estructura más profunda de la realidad. Cuando se adentra en su corazón, cuando reflexiona sobre su propio destino, el hombre se descubre superior al mundo material, por su dignidad única de interlocutor de Dios, bajo cuya mirada decide su vida. En su vida interior, reconoce tener en si mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma y no se percibe a sí mismo como partícula de la naturaleza o como elemento anónimo de la ciudad humana (CDSI No. 128).

c) El hombre, tiene dos características diversas: es un ser material, vinculado a este mundo mediante su ser espiritual, abierto a la trascendencia y al descubrimiento de una verdad más profunda, a causa de su inteligencia, que lo hace participante de la luz de la inteligencia divina (CDSI No. 129).

2.- Sólo el Creador puede ser fundamento de la dignidad humana

¿Cuál es el origen de la persona? ¿De dónde "viene"? Lo más evidente es que: toda persona humana proviene de otra. Ser hijo no es un accidente, sino algo que pertenece a la condición misma del ser personal. Ser hijo significa ser engendrado, proceder de otro ser personal. Y todo ser humano es hijo de otro. Pero si nos remontamos hacia atrás en la cadena de las generaciones, surge la pregunta por el origen.

Cada persona humana no puede ser un accidente, surgido al azar: el amor de una madre por su hijo es una semejanza del amor con el cual el Creador ha creado a cada persona. En ambos casos se trata de un amor que quiere a esa persona, y no a otra. Ser hijo significa precisamente eso: ser querido por ser uno la persona que es, independientemente de si es guapo o feo, listo o torpe, alto o bajo. Un hijo es querido, no porque traiga al hogar una cuenta corriente, o un abrigo de pieles: es querido por ser él, y porque es precisamente él. El hogar es el primer lugar, y a veces el único, donde el ser humano es querido por sí mismo, independientemente de los defectos y limitaciones que pueda tener su cuerpo, su inteligencia o su carácter. Por eso, ese amor por la persona concreta del hijo que se da en el hogar es una cierta imagen del amor con que Dios nos quiere a cada uno. Todo esto quiere decir que para fundamentar adecuadamente algo tan serio como la dignidad humana, en último término hay que aceptar que la persona tiene un origen trascendente, más allá de la genética y de la materia: esto es lo que asegura de verdad su carácter incondicionado. En caso contrario, se puede incurrir en una postura materialista o, sencillamente, eludir el problema y entonces empiezan a surgir problemas sobre la verdadera dignidad de la persona humana.

a) La persona humana abierta a la trascendencia: A la persona humana pertenece la apertura a la trascendencia: el hombre está abierto al infinito y a todos los seres creados. Está abierto sobre todo al infinito, es decir a Dios, porque con su inteligencia y su voluntad se eleva por encima de todo lo creado y de sí mismo, se hace independiente de las criaturas, es libre frente a todas las cosas creadas y se dirige hacia la verdad y el bien absolutos (CDSI No. 130).

b) La persona humana es única e irrepetible. El hombre existe como ser único e irrepetible, existe como un "yo" capaz de auto-comprenderse, auto-poseerse y auto-determinarse. La persona humana es un ser inteligente y consciente, capaz de reflexionar sobre sí mismo y, por tanto, de tener conciencia de sí y de sus propios actos (CDSI No. 131).

c) El respeto de la dignidad humana. Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. El respeto de la dignidad humana no puede absolutamente prescindir de la obediencia al principio de considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente. Es preciso que todos los programas sociales científicos y culturales, estén presididos por la conciencia de la supremacía de cada ser humano (CDSI No. 132).

d) En ningún caso la persona humana puede ser instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo, que puede realizar plena y definitivamente sólo en Dios y en su proyecto salvífico: el hombre, en efecto, en su Interioridad, trasciende el universo y es la única criatura que Dios ha amado por sí misma.249 Por esta razón, ni su vida, ni el desarrollo de su pensamiento, ni sus bienes, ni cuantos comparten sus vicisitudes personales y familiares pueden ser sometidos a injustas restricciones en el ejercicio de sus derechos y de su libertad (CDSI No. 133).

e) Los auténticos cambios sociales son efectivos y duraderos solo si están fundados sobre un cambio decidido de la conducta personal. A las personas compete, evidentemente, el desarrollo de las actitudes morales, fundamentales en toda convivencia verdaderamente humana (justicia, honradez, veracidad, etc.), que de ninguna manera se puede esperar de otros o delegar en las instituciones. A todos, particularmente a quienes de diversas maneras están investidos de responsabilidad política, jurídica o profesional frente a los demás, corresponde ser conciencia vigilante de la sociedad y primeros testigos de una convivencia civil y digna del hombre (CDSI No. 134).

3.- ¿Seres humano que no son personas?

Como podemos ver el Nuevo Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, insiste que, cuando no se acepta el valor de la persona humana en sí misma, se abre la puerta que conduce a dejar de reducirla a una cosa, a manipularla sin ningún respeto. Hoy en día si se insiste en que: un ser humano sólo es persona cuando se comporta como tal (cuando estudia matemáticas, cuando acaba la carrera, cuando vota, cuando es capaz de hablar, de comunicarse con los demás y ser consciente de sí mismo y de su libertad, en suma, cuando ejerce sus capacidades); entonces la consecuencia es trágica: todos los seres humanos que no se comportan como tales, porque están dormidos o inconscientes o porque son no nacidos o discapacitados, no son personas, para la cultura actual, para muchas leyes y gobiernos son seres de segunda clase, gentes que viven vidas imperfectas y que en muchos casos puede se puede disponer de su vida y terminar con ellos. En la actualidad estamos atrapados ante una telaraña de ideologías que piensa así y menosprecian el valor profundo de la persona humana. Tan solo podemos revisar las legislaciones federales y locales en México de los años recientes y comprobar el terrible resultado del desprecio por el valor de la persona.

La distinción, que se insiste mucho hoy en día de que: entre ser humano y persona son dos realidades aparte, es muchas veces falaz y resbaladiza hacia justificaciones que atentan contra la dignidad de toda persona humana. Pretender que hay un momento en el cual el embrión "se convierte" en persona es mantener una distinción sumamente arbitraria y que no tiene una justificación verdadera. El embrión es un ser humano y es una persona, pero si presenta la mentira de que no es persona se puede manipular en laboratorios y asesinar inocentes. Lo mismo sucede con el enfermo terminal que se intenta reducirlo a una situación de cosa y poder disponer de él a través de la eutanasia, como si el estado vegetativo o inconsciente del enfermo negara su ser persona y sus derechos. Desde aquí se pueden entender los errores bioéticos de la manipulación genética, a la eutanasia y al aborto.

El materialismo actual, presente en nuestras legislaciones, en planes de gobierno y de salud pública, sitúan el origen de la persona en el proceso orgánico de la vida, y por tanto para un materialista no hay diferencia apreciable entre un hombre y un animal: la única diferencia verdadera es que uno y otro se comportan de distinta manera. El materialismo deprime la dignidad de la persona humana individual, y considera que esa idea es una cuestión cultural, una pauta de valor que los individuos de la especie humana han encontrado recientemente. El materialismo constituye hoy la postura más generalizada entre nuestros hombres de ciencia en México.

Hoy con mayor frecuencia escuchamos que, el asunto de la dignidad humana consiste sólo en una convención social o cultural, es decir que dependemos de un absurdo: de la opinión contemporánea, el consenso, la encuesta, etc. Según este modo de pensar, el respeto que el valor intrínseco e inviolable de la persona merece pasa a ser una opinión de mayorías "democráticas".

Semejante postura es muy peligrosa y contraria a la Doctrina Social de la Iglesia, porque viene a decirnos que la dignidad del hombre no se basa y consiste en el valor intrínseco de la persona humana, sino en algo tan extrínseco y mudable como la opinión cultural. Si esto fuera así, estamos en manos de esa opinión mudable, y el día que se haga general la opinión de que las personas bajitas no pueden tener calidad de vida y es preferible eliminarlas, ese día todos los bajitos o africanos, o enfermos terminales, etc., deben salir huyendo del país si quieren salvarse.

La dignidad de la persona humana existe, es real y objetiva, independiente y previa a que sea reconocida por la opinión pública, los gobernantes y el ordenamiento jurídico. Es más, precisamente porque es algo objetivo y previo, la opinión pública, los gobernantes y el ordenamiento jurídico deben respetar ese valor inviolable de la dignidad humana. La dignidad humana no es un asunto que dependa de la opinión que se tenga de ella, porque hay mucha gente a la cual esa dignidad no le importa nada, y no por ello se puede manipular las leyes o los programas públicos de salud y seguridad nacional a beneficio de unos cuantos.

4.-¿quien es el enfermo? ¿Quién es el anciano? ¿Quién es el pobre?

Debemos dejar muy en claro cuáles son los elementos fundamentales de la persona humana, para así iluminar Evangelizando la vida de nuestros enfermos ancianos y sus familiares:

1.- ¿Cuándo arranca la dignidad del hombre? ¿cuándo empiezo a ser humano? En el momento de la concepción. Desde ese instante que empiezo somos hombre o mujer. Desde el primer instante somos hombre o mujer, por lo tanto con total y absoluta dignidad. La dignidad arranca en el momento en que uno empieza a ser hombre y uno empieza a ser hombre en el momento en que es concebido, no hay antes ni después. Y tal dignidad no la perdemos nunca, aún cuando existan situaciones limites de vida vegetativa o inconsciente.

2.- Cada ser humano es único es la segunda consecuencia de la dignidad humana. Cada ser humano es único, único. Tenemos maravillas y tenemos defectos pero cada uno es totalmente él, y hay algo que es peculiar mío que no nace de la materia, nace de una creación particular de Dios. Cada ser enfermos, cada ancianos es una riqueza irrepetible. Cada ser humano va a ser una aportación exclusiva y única a la historia.

3.- Cada uno es directamente querido es la tercera consecuencia de la dignidad del hombre. Cada ser humano es directamente querido. Nuestros padres tenían un deseo tremendo de que naciéramos y aún en el caso en que no, ahí está la acción de Dios. Dentro de cada ser humano, cada enfermo, de cada anciano, hay un sí completo de Dios. Dios juzgó que convenía que cada uno de nosotros naciera, que era importante que cada uno de nosotros naciera, que valía la pena y nos amó de un modo total. Ningún ser humano es producto de la casualidad, ninguno nace por accidente.

4.- Un ser humano va a existir para siempre es la cuarta consecuencia de la dignidad humana: la grandeza, una grandeza inimaginable cuando uno se pone a pensar, vamos a existir por los siglos sin fin, nuestra vida no tiene término, tiene comienzo, pero no tiene final. Soy un Sí definitivo y total del amor de Dios. Esto es importante para el acompañamiento pastoral de los enfermos, los ancianos y sus familiares.

5.- El hombre nunca puede ser usado es la quinta consecuencia de la dignidad del hombre: El hombre no es un medio, el hombre es un fin. Solamente los medios se usan. Cada ser humano, Dios lo creó como fin, y cada hombre, cada enfermo, cada anciano, tiene en sí mismo una finalidad exclusiva y única: existe por alguna razón concreta, para algo.

Para comprender y vivir estos elementos fundamentales de la persona humana, debemos insistir, en nuestra Pastoral con enfermos y ancianos y sus familiares en: un adecuado y recto uso de la libertad que Dios nos ha dado:

a) El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad, que Dios le ha dado como signo eminente de su imagen: Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión, para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa (CDSI No. 135).

b) El hombre es ciertamente libre, desde el momento en que puede comprender y acoger los mandamientos de Dios. Y posee una libertad muy amplia, pero no es ilimitada: el hombre debe detenerse ante el "árbol de la ciencia del bien y del mal", por estar llamado a aceptar la ley moral que Dios le da (CDSI No. 136).

c) El recto ejercicio de la libertad personal exige unas determinadas condiciones de orden económico, social, jurídico, político y cultural que son con demasiada frecuencia desconocidas y violadas. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina (CDSI No. 137).

d) En el ejercicio de la libertad, el hombre realiza actos moralmente buenos, que edifican su persona y la sociedad, cuando obedece a la verdad, es decir, cuando no pretende ser creador y dueño absoluto de ésta y de las normas (CDSI No. 138).

e) La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo práctico y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a asumir la responsabilidad del bien cumplido o del mal cometido (CDSI No. 139).

f) El ejercicio de la libertad implica la referencia a una ley moral natural, de carácter universal, que precede y aúna todos los derechos y deberes. La ley natural no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar
(CDSI No. 140).

g) En la diversidad de las culturas, la ley natural une a los hombres entre sí, imponiendo principios comunes. Aunque su aplicación requiera adaptaciones a la multiplicidad de las condiciones de vida, según los lugares, las épocas y las circunstancias, la ley natural es inmutable, subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso (CDSI No. 141).

h) La ley natural, que es ley de Dios, no puede ser cancelada por la maldad humana. Esta Ley es el fundamento moral indispensable para edificar la comunidad de los hombres y para elaborar la ley civil. Si se oscurece la percepción de la universalidad de la ley moral natural, no se puede edificar una comunión real y duradera hacia el prójimo (CDSI No. 142).

En nuestro ministerio y apostolado hacia los enfermos, ancianos y sus familiares debemos siempre tomar muy en cuenta los siguientes elementos sobre la dignidad de la persona humana:

1) La dignidad humana es fundamento de todo derecho. Si no se respeta ese valor del hombre, especialmente, del débil, de pequeño no nacido, del enfermo, del anciano, entonces ya no hay ningún fundamento. Cuando se respeta que el hombre por ser hombre tiene unos derechos, sobre eso se apoya todo lo demás. Si respetamos solamente a los que nos conviene, o a los ricos, o a los poderosos, o a los de mi partido se cae en la injusticia más brutal. La misma historia; cuánta tragedia ha salido de ese no entender, que la dignidad humana es la fuente de todo derecho. Que todo ser humano, piense como piense, sea como sea, es digno, es humano, debe ser venerado y respetado. Cuando esto está muy claro todos comprendemos el cambio inmenso que eso supone, el respeto total a los demás.

2) Valorar la dignidad humana es la puerta de todo ideal de servicio. Cuando uno no cree en la dignidad humana, ¿qué ideas va a tener? Ayudará a los que le conviene, o a los que piensa que sirven, pero uno mismo ya estará seleccionando no habrá un verdadero afán de servir a otros. Si no respetamos a alguien por el mero hecho de ser hombre, estaremos menospreciándolo.

3) Descubrir la dignidad humana es asomarse a la propia grandeza. Cuando una persona no comprende la dignidad de ser humano, no comprende la seriedad de su existencia, el valor de su propia vida, la hondura de su proyecto personal: Soy un ser humano y tengo un valor inmenso, total.

Hemos señalado las consecuencias mas importante de anunciar, proclamar y defender la dignidad humana. Ahora debemos pensar un poquito en algunas aplicaciones de la dignidad humana, en algunos puntos en los cuales se manifiesta en concreto en qué se traduce la dignidad humana. Si no se entiende la dignidad humana no se entiende la sociedad, no se entiende el servicio al prójimo, no se puede entender el apostolado o el ministerio, no se entiende nada. Solo hay justicia cuando hay dignidad, porque sino no hay igualdad, no hay manera de proclamar que todos somos: imagen y semejanza de Dios.

a) Dios no hace acepción de personas, porque todos los hombres tienen la misma dignidad de criaturas a su imagen y semejanza. La Encarnación del Hijo de Dios manifiesta la igualdad de todas las personas en cuanto a dignidad: todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gal 3,28). (CDSI 144).

b) Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y personal de todos . Para favorecer un crecimiento semejante es necesario, apoyar a los últimos, asegurar condiciones de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar una igualdad entre clases sociales ante la ley (CDSI No. 145).

c) Masculino y femenino diferencian a dos individuos de igual dignidad, que, sin embargo, no poseen una igualdad estática, porque lo específico femenino es diverso de lo específico masculino. Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia humana (CDSI No. 146).

d) La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la mujer. Mujer y hombre se completan mutuamente, no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo " masculino " y lo " femenino se realiza plenamente lo humano
(CDSI No. 147).

e) Las personas de capacidad diferente son sujetos plenamente humanos titulares de derechos a pesar de las limitaciones y los sufrimientos grabados en sus cuerpos y en sus facultades, ponen más de relieve la dignidad y grandeza del hombre. Han de ser ayudados a participar en la vida familiar y social en todas las dimensiones y en todos los niveles accesibles a sus posibilidades (CDSI No. 148).

CONCLUSIONES PARA NUESTRO MINISTERIO Y APOSTOLADO CON ENFERMOS Y ANCIANOS:

1.- Entre los ámbitos del compromiso social de los Agentes de Pastoral de Salud debe emerge, ante todo, el servicio a la persona humana: la promoción de la dignidad de la persona, el bien más precioso que el hombre posee, es una tarea esencial; es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana.

2.- La primera forma de llevar a cabo esta tarea consiste en el compromiso y en el esfuerzo por la renovación interior del espíritu cristiano que debe preceder el compromiso de mejorar la sociedad según el espíritu de la Iglesia, afianzando la justicia y la caridad sociales. Los Agentes de Pastoral de Salud deben trabajar por la conversión de los corazones y por el mejoramiento de las estructuras terrenas, usando medios lícitos, con el fin de obtener instituciones de salud, en las que la dignidad de todos los enfermos y ancianos sean verdaderamente respetada y promovida.

3.- La promoción de la dignidad humana implica, ante todo, la afirmación del inviolable derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, el primero entre todos y condición para todos los demás derechos de la persona. Todo agente de Pastoral de Salud debe ser un heraldo defensor de la vida en todas sus etapas, pero especialmente en las más críticas, hay donde la ciencia actual coloca la duda y se dispone a manipular, y hacer uso indebido del don sagrado de Dios, que es la vida humana.

4.- El respeto de la dignidad personal exige el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre, que no es una exigencia simplemente "confesional", sino más bien una exigencia que encuentra su raíz en la realidad misma del hombre. La atención espiritual y sacramental a los enfermos y ancianos es parte importantísima en toda institución hospitalaria, asilo, casa de reposo, etc.

Trabajo grupal de reflexión: 30 minutos en grupos de 5 personas.

1.- ¿ Cómo debemos promover en nuestro apostolado y ministerio el concepto de la dignidad humana, según lo explica en Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia en los números 124 a 129 ( página 1 y 2 de esta V Unidad)

2.- Ante el materialismo actual ¿Cómo debemos promover: La persona humana abierta a la trascendencia, La persona humana es única e irrepetible, La persona humana nunca puede ser instrumentalizada según el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia? ( en los números 131 a 133)

3.- ¿ Porqué debemos insistir, en nuestra Pastoral con enfermos y ancianos y sus familiares en un adecuado y recto uso de la libertad que Dios nos ha dado, según el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia? ( en los números 135 a 142)

TAREA PARA REALIZAR EN CASA: TRABAJO GRUPAL

Elaborar con ayuda de nuestro enfermos y ancianos un mural sobre los elementos más importantes de esta unidad: La dignidad de la persona humana del enfermo y del anciano.

Informes en los teléfonos de la Comisión Pastoral de Salud
5208-5805 o 5208-3200 extensión 1902 y 1955

PRÓXIMA REUNIÓN sábado 15 de JULIO de 2006 a las 10:00 horas

Comisión Pastoral de Salud