X SEMANA ARQUIDIOCESANA DE CATEQUESISBeato Juan Pablo II


INTERLOCUTORES DE LA CATEQUESIS.
¡PORQUE TODA PERSONA ES CAPAZ DE DIOS!


LOS INTERLOCUTORES DE LA CATEQUESIS

Introducción

  • Presentaré a los distintos “Interlocutores” de la Catequesis como lo plantean los siguientes Documentos del Magisterio:
    1. Directorio Catequístico General (Paulo VI)
    2. Catechesi Tradendae (Juan Pablo II)
  • Abordaré dos aspectos:
    1. Evolución del Concepto
    2. Distintos Interlocutores
DIRECTORIO CATEQUÍSTICO GENERAL 1971

Generalidades

  • Este Directorio presenta los principios fundamentales teológico-pastorales del Magisterio de la Iglesia y especialmente del Concilio Ecuménico Vaticano II, con los cuales se puede dirigir y ordenar mejor la acción pastoral del ministerio de la Palabra.
  • Se parte de la recta manera de entender la naturaleza y los fines de la catequesis, como también las verdades que se enseñan con la misma, teniendo en la debida cuenta los destinatarios de la catequesis y sus condiciones.
  • El Directorio está destinado a los Obispos, a las Conferencias Episcopales y en general a cuantos, colaborando con ellos, tienen una responsabilidad en el campo de la catequesis.
  • El fin inmediato del Directorio es prestar una ayuda para preparar los Directorios catequísticos y los catecismos.

Definición

  • La catequesis es una forma de acción eclesial que trata de llevar a la madurez de la fe tanto a las comunidades como a los individuos. (DCG 21)
  • La catequesis es el medio más apto para captar el plan de Dios en su propia vida y descubrir el significado último de la existencia y de la historia, de suerte que tanto la vida de los individuos como la de la sociedad se ilumine con la luz del Reino de Dios, se adapte a sus exigencias y pueda conocer el misterio de la Iglesia como la comunidad de los que creen en el Evangelio. (DCG 21)

Universalidad

  • La catequesis de suyo supone una adhesión global al Evangelio de Cristo, propuesto por la Iglesia. Sin embargo a veces se dirige a hombres que, aunque pertenecen a la Iglesia, de hecho nunca tuvieron una verdadera adhesión personal al mensaje revelado. (DCG 18)

Formas

  • La catequesis adopta necesariamente varias formas según las circunstancias y las necesidades del caso.
  • En los países tradicionalmente cristianos la catequesis se presenta a manera de enseñanza religiosa que se imparte a los niños y adolescentes en el ámbito escolar o fuera de él.
  • Hay allí – ordinariamente - organizaciones para catequizar a los adultos o catecumenados para los que se preparan a recibir el bautismo, o para los que —aún ya bautizados— carecen de la debida iniciación cristiana.
  • Lo cierto es que la situación real en que se encuentra un gran número de fieles, pide alguna forma de evangelización antes de la catequesis.
  • En las Iglesias recién establecidas se le da especial importancia a la evangelización en el sentido estricto, y se organiza el catecumenado para los que se inician en la fe y se preparan para recibir el bautismo (Cfr. AG. 4).
  • En pocas palabras, la labor catequística toma formas y estructuras muy diversas: sistemáticas y ocasionales; organizadas y espontáneas, etc. (DCG 19)

Adaptación

  • Recuerden los pastores el deber que les incumbe de promover y asegurar la ilustración de la vida cristiana por la Palabra de Dios, de acuerdo con la edad y las circunstancias (CD, 14) de tal manera que todos, así el individuo como la comunidad, puedan ser promovidos teniendo en cuenta el estado espiritual en que se encuentran.

La Infancia

  • Los comienzos de la vida religiosa y moral se manifiestan ya desde el amanecer de la vida humana. En una familia de creyentes los primeros meses y años de la vida, que son de particular importancia para el equilibrio del hombre futuro, pueden dar ya las condiciones para una personalidad cristiana. (DCG 78)

La Niñez

  • Cuando el niño empieza a frecuentar la escuela, entra a formar parte de una sociedad más vasta que la familia, e inicia en una forma intensa, que absorbe una parte notable de sus energías y de sus intereses, la vida en la sociedad de los adultos. En la escuela hace él sus primeras experiencias de trabajo (Cfr. GE. 5). (DCG 79)

Los niños que no frecuentan la escuela

  • Hay también regiones extensas y a veces bastante pobladas, donde la organización escolar es insuficiente. En estos casos es necesario desarrollar una intensa labor pastoral hacia las familias y promover, en cuanto sea posible, asociaciones varias, oportunamente preparadas que tomen cuidado de los niños y respondan a las condiciones locales y a las necesidades espirituales que ellos tienen. (DCG 80)

Los niños que pertenecen a familias religiosamente indiferentes

  • Cada vez se advierte más la dificultad de una catequesis dirigida a los niños que viven en familias o ambientes donde falta la práctica religiosa o es notablemente insuficiente. A veces se oyen dudas acerca de la posibilidad y la conveniencia de esta catequesis. (DCG 81)

La Preadolescencia

  • La preadolescencia se caracteriza por la aparición laboriosa de la subjetividad. Conviene por tanto en esta edad no seguir con la enseñanza simple y objetiva que es propia de los niños; pero al mismo tiempo conviene evitar que se propongan problemas y temas que son propios de la adolescencia. (DCG 83)

La Adolescencia y la Juventud

  • La etapa de la adolescencia y, más todavía el "fenómeno de la juventud" revisten una importancia crucial (Cfr. AA. 12). En las sociedades preindustriales, escasamente dotadas de escuelas, se pasaba casi directamente de la niñez a la integración en la comunidad de los adultos. (DCG 82)

Los Niños y los Adolescentes inadaptados

  • Este deber no debe ser considerado como secundario y marginal. Los niños y adolescentes inadaptados no constituyen una parte pequeña de la población. Las condiciones de la sociedad moderna muchas veces hacen difícil el crecimiento equilibrado de los jóvenes y su adaptación en la sociedad. (DCG 91)

Adultos

  • Recuerden también que la catequesis de adultos, como dirigida a hombres capaces de una adhesión plenamente responsable, debe considerarse como la forma de catequesis principal a la cual deben encaminarse todas las otras formas, siempre necesarias. Procuren de igual manera, atendiendo a las normas del Conc. Vat. II, "que se restablezca o se adapte mejor la instrucción de los catecúmenos adultos" (Cfr. CD. 14; AG. 14). (DCG 20, 92)

De la Vejez

  • La importancia pastoral de este período de la vida no se reconoce suficientemente.
  • En nuestros días aumenta siempre más el número de las personas ancianas. Y muchas veces son descuidadas en la moderna sociedad. Por lo que respecta a la actividad pastoral, este es un punto para tenerse muy presente. (DCG 95)

CATECHESI TRADENDAE 1979

Generalidades

  • Esta Exhortación apostólica vuelve a tomar en consideración, sustancialmente, las reflexiones que el Papa Pablo VI había preparado, utilizando ampliamente los documentos dejados por el Sínodo de 1977.
  • Es la respuesta a la petición de los Obispos, formulada expresamente al final de la IV Asamblea general del Sínodo y acogida por el Papa Pablo VI en su discurso de clausura.
  • El Papa Juan Pablo II la promulga en cumplimiento de uno de los deberes principales del oficio apostólico.
  • La catequesis fue siempre una preocupación central en su ministerio de sacerdote y de obispo. (CT 4)

Destinatarios

  • Deseo ardientemente que esta Exhortación Apostólica, dirigida a toda la Iglesia, refuerce la solidez de la fe y de la vida cristiana, dé un nuevo vigor a las iniciativas emprendidas, estimule la creatividad —con la vigilancia debida— y contribuya a difundir en la comunidad cristiana la alegría de llevar al mundo el misterio de Cristo. (CT 4)
  • Deseo ardientemente que esta Exhortación Apostólica, dirigida a toda la Iglesia, refuerce la solidez de la fe y de la vida cristiana, dé un nuevo vigor a las iniciativas emprendidas, estimule la creatividad —con la vigilancia debida— y contribuya a difundir en la comunidad cristiana la alegría de llevar al mundo el misterio de Cristo. (CT 4)

Definición

  • La catequesis es conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo. (CT 1)
  • La catequesis en cuanto educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos,  comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana. (CT 18)

Finalidad

  • La finalidad específica de la catequesis no consiste únicamente en desarrollar, con la ayuda de Dios, una fe aún inicial, en promover en plenitud y alimentar diariamente la vida cristiana de los fieles de todas las edades. Se trata en efecto de hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. (CT 20)
  • Es la de ser un período de enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la persona de Jesucristo como el solo Señor y habiéndole prestado una adhesión global con la sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto: conocer su «misterio», el Reino de Dios que anuncia, las exigencias y las promesas contenidas en su mensaje evangélico, los senderos que Él ha trazado a quien quiera seguirle. (CT 20)
  • La finalidad específica de la catequesis no consiste únicamente en desarrollar, con la ayuda de Dios, una fe aún inicial, en promover en plenitud y alimentar diariamente la vida cristiana de los fieles de todas las edades. (CT 21)

Características

  • La Catequesis debe ser:
    • una enseñanza sistemática, no improvisada, siguiendo un programa que le permita llegar a un fin preciso;
    • una enseñanza elemental que no pretenda abordar todas las cuestiones disputadas ni transformarse en investigación teológica o en exégesis científica;
    • una enseñanza, no obstante, bastante completa, que no se detenga en el primer anuncio del misterio cristiano, cual lo tenemos en el kerigma;
    • una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana.
  • Sin olvidar la importancia de múltiples ocasiones de catequesis, relacionadas con la vida personal, familiar, social y eclesial, que es necesario aprovechar, insisto en la necesidad de una enseñanza cristiana orgánica y sistemática, dado que desde distintos sitios se intenta minimizar su importancia. (CT 21)

Todos tienen necesidad de la catequesis

  • Párvulos
  • Niños
  • Adolescentes
  • Jóvenes
  • Minusválidos (Discapacitados)
  • Jóvenes sin apoyo religioso
  • Adultos
  • Cuasicatecumenos
  • Diversificadas y Complementarias

Párvulos

  • Un momento con frecuencia destacado es aquel en que el niño pequeño recibe de sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso no serán sino una sencilla revelación del Padre celeste, bueno y providente, al cual aprende a dirigir su corazón. (CT 36)

Niños

  • Pronto llegará, en la escuela y en la iglesia, en la parroquia o en la asistencia espiritual recibida en el colegio católico o en el instituto estatal, a la vez que la apertura a un círculo social más amplio, el momento de una catequesis destinada a introducir al niño de manera orgánica en la vida de la Iglesia, incluida también una preparación inmediata a la celebración de los sacramentos: catequesis didáctica, pero encaminada a dartestimonio de la fe; catequesis inicial, mas no fragmentaria, puesto que deberá revelar, si bien de manera elemental, todos los principales misterios de la fe y su repercusión en la vida moral y religiosa del niño; catequesis que da sentido a los sacramentos, pero a la vez recibe de los sacramentos vividos una dimensión vital que le impide quedarse en meramente doctrinal, y comunica al niño la alegría de ser testimonio de Cristo en su ambiente de vida. (CT 37)

Adolescentes

  • Luego vienen la pubertad y la adolescencia, con las grandezas y los riesgos que presenta esa edad. Es el momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo interior, el momento de los proyectos generosos, momento en que brota el sentimiento del amor, así como los impulsos biológicos de la sexualidad, del deseo de estar juntos; momento de una alegría particularmente intensa, relacionada con el embriagador descubrimiento de la vida.
  • Pero también es a menudo la edad de los interrogantes más profundos, de búsquedas angustiosas, incluso frustrantes, de desconfianza de los demás y de peligrosos repliegues sobre sí mismo; a veces también la edad de los primeros fracasos y de las primeras amarguras. (CT 38)

Jóvenes

  • Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Ayudado tal vez por los miembros de su familia y por los amigos, mas a pesar de todo solo consigo mismo y con su conciencia moral, el joven, cada vez más a menudo y de modo más determinante, deberá asumir su destino.
  • Bien y mal, gracia y pecado, vida y muerte, se enfrentarán cada vez más en su interior como categorías morales, pero también y sobre todo como opciones fundamentales que habrá de efectuar o rehusar con lucidez y sentido de responsabilidad.
  • La catequesis prepara así para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta. (CT 39)

Minusválidos

  • Se trata ante todo de los niños y de los jóvenes física o mentalmente minusválidos.
  • Estos tienen derecho a conocer como los demás coetáneos el «misterio de la fe».
  • Al ser mayores las dificultades que encuentran, son más meritorios los esfuerzos de ellos y de sus educadores.
  • Es motivo de alegría comprobar que organizaciones católicas especialmente consagradas a los jóvenes minusválidos tuvieron a bien aportar al Sínodo su experiencia en la materia, y sacaron del Sínodo el deseo renovado de afrontar mejor este importante problema.
  • Merecen ser vivamente alentadas en esta tarea. (CT 41)

Jóvenes sin apoyo religioso

  • Mi pensamiento se dirige después a los niños y a los jóvenes, cada vez más numerosos, nacidos y educados en un hogar no cristiano, o al menos no practicante, pero deseosos de conocer la fe cristiana.
  • Se les deberá asegurar una catequesis adecuada para que puedan creer en la fe y vivirla progresivamente, a pesar de la falta de apoyo, acaso a pesar de la oposición que encuentren en su familia y en su ambiente. (CT 42)

Adultos

  • Esta es la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada. (CT 43)

Cuasi catecúmenos

  • Entre estos adultos que tienen necesidad de la catequesis, nuestra preocupación pastoral y misionera se dirige a los que, nacidos y educados en regiones todavía no cristianizadas, no han podido profundizar la doctrina cristiana que un día las circunstancias de la vida les hicieron encontrar; a los que en su infancia recibieron una catequesis proporcionada a esa edad, pero que luego se alejaron  de  toda  práctica religiosa y se encuentran en la edad madura con conocimientos religiosos más bien infantiles; a los que se resienten de una catequesis sin duda precoz, pero mal orientada o mal asimilada; a los que, aun habiendo nacido en países cristianos, incluso dentro de un cuadro sociológicamente cristiano, nunca fueron educados en su fe y, en cuanto adultos, son verdaderos catecúmenos. (CT 44)

Catequesis diversificadas y complementarias

  • Así pues, los adultos de cualquier edad, incluidas las personas de edad avanzada —que merecen atención especial dada su experiencia y sus problemas— son destinatarios de la catequesis igual que los niños, los adolescentes y los jóvenes.
  • Habría que hablar también de los emigrantes, de las personas marginadas por la evolución moderna, de las que viven en las barriadas de las grandes metrópolis, a menudo desprovistas de iglesias, de locales y de estructuras adecuadas.
  • Con todo, es importante que la catequesis de los niños y de los jóvenes, la catequesis permanente y la catequesis de adultos no sean compartimientos estancos e incomunicados. Más importante aún es que no haya ruptura entre ellas.
  • Al contrario, es menester propiciar su perfecta complementariedad: los adultos tienen mucho que dar a los jóvenes y a los niños en materia de catequesis, pero también pueden recibir mucho de ellos para el crecimiento de su vida cristiana.
  • Hay que repetirlo: en la Iglesia de Jesucristo nadie debería sentirse dispensado de recibir la catequesis; pensamos incluso en los jóvenes seminaristas y religiosos, y en todos los que están destinados a la tarea de pastores y catequistas, los cuales desempeñarán mucho mejor ese ministerio si saben formarse humildemente en la escuela de la Iglesia, la gran catequista y a la vez la gran catequizada. (CT 45)

Pbro. Omar Osiris López García


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