X SEMANA ARQUIDIOCESANA DE CATEQUESISBeato Juan Pablo II


RENOVEMOS LA CATEQUESIS DE NUESTRA ARQUIDIÓCESIS
DESDE LA RAÍZ


Renovemos la Catequesis de nuestra Arquidiócesis desde la Raíz

Buenas tardes a todos y a todas. Uno llega a cierta edad en la que solamente le toca la bienvenida. Estoy llegando a ese punto en el que nada más me toca decirles: bienvenidos. Hace un rato estábamos comiendo con monseñor Alberto y le decía que yo estaba como él con la Asamblea Diocesana, él nada más se sienta en sus laureles y todo fluye, se hace "sola" la Asamblea Diocesana. Así estoy yo con la semana de catequesis, no porque estuviera yo haciendo concha ni mucho menos, pero gracias al equipo con el que contamos, esto se puede realizar.

Esta es la X Asamblea, estoy en el onceavo año como director de la Comisión de Catequesis, estas Semanas Arquidiocesanas de Catequesis son como parte de una iniciativa que surgió cuando asumí la dirección de la comisión. En otra época hubo encuentros masivos; todavía nos tocó a nosotros hacer un encuentro masivo, en el 2006 y eso fue por iniciativa de un número que aparece en el ECUCIM, creo que todos lo ubican, Evangelización de las Culturas en la Ciudad de México, que fue el lema de nuestro II Sínodo Diocesano.

A partir de ahí, aparece esta orientación que es bueno que los catequistas tengan una semana de estudio, de reflexión, siempre en torno al Sínodo Diocesano, para ir renovando nuestra catequesis.

También en la catequesis nacional, desde hace casi 20 años, hubo un lema: Rostro Nuevo para la Catequesis. En aquella famosa guía verde, como la conocen algunos, el lema fue: Un Rostro Nuevo para la Catequesis, es decir, desde hace tiempo hemos estado trabajando por renovar, por impulsar nuestra práctica de la catequesis.

Yo diría que por desgracia, la catequesis sigue anclada a tres cosas:

Una, a los niños, todavía seguimos pensando que la catequesis es una tarea, es una acción que se dirige a niños.

Segunda ancla, el catecismo, pensamos que la catequesis es enseñar el catecismo, es decir, la doctrina.

Tercera ancla, para la primera comunión, es decir, una catequesis sacramentalizada, o sea, no concebimos la catequesis si no es con niños, si no es con el catecismo, si no es con la primera comunión. De otra manera no hay catequesis, ¿no?

A esto le llamo anclas, la catequesis no se ha podido renovar, la catequesis no ha avanzado, no tiene no rostro nuevo. Hemos dado pasos al menos, al decir que no sean microcursos de catecismo, de un mes o dependiendo de la capacidad de memoria de los niños, hoy al menos se pide un ciclo escolar, claro que en la vicaría de enfrente, en el decanato de enfrente o en la parroquia de enfrente es de 6 meses, ¿verdad? A pesar que el Arzobispo, a partir del 2003 nos dio un directorio para los sacramentos, casi nadie le hace caso.

Entonces, la catequesis no se ha renovado, en parte porque el proceso de renovación de la catequesis y para que pueda salir de esas anclas, también necesita de la renovación de nuestro concepto de misión y de evangelización. Monseñor Alberto ha insistido mucho en esta idea de cómo renovar nuestra mentalidad de evangelización y misión, ya no estamos, como dice Benedicto XVI al crear este dicasterio u oficina para la nueva evangelización, ya no estamos —así le llama él— en un ambiente de antigua cristianización, otros le llaman de antigua cristiandad, en donde todos éramos católicos, cristianos, nos bautizábamos por tradición, nadie tenía ninguna duda de ser cristiano, de ser católico.

Hoy ya no es así y si no tenemos un espíritu misionero, un espíritu evangelizador, tampoco vamos a poder renovar la catequesis.

Hace algunos meses, el padre Omar y su servidor tuvimos la fortuna de estar en la Ciudad de Tampico, Tamaulipas, en un trabajo de catequesis nacional, en donde hicimos un ejercicio y dijimos así: La renovación que necesita nuestra práctica Catequética debe manifestarse en los siguientes cambios, que es lo que necesitamos y esperamos que durante esta semana podamos reflexionarlo y sobre todo, actuarlo, porque a lo mejor sí reflexionamos, pensamos...

Ahorita que decía monseñor lo de la transversalidad, dije yo no, lo que pasa es que empezamos con un trabajo medio serio en la provincia eclesiástica sobre la Pastoral Profética y estamos pensando en cómo vamos a trabajar en torno a catequesis, misión, Biblia, Doctrina de la Fe, estamos viendo cómo podemos trabajar juntos, de ahí viene a reforzarse este concepto de la transversalidad.

Como ejemplo, aquí hay una ministro de mi capilla, en la que presto servicio y me dijo que le preguntaron que si ella era catequista y que respondió que no, precisamente ahí está la transversalidad, es decir, en este mismo encuentro nos damos cuenta de que todos de alguna forma somos catequistas, todos de alguna forma somos misioneros, de alguna forma todos somos animadores litúrgicos con el canto y la animación litúrgica.

Es importante que tengamos una visión de conjunto y no pensemos que la catequesis es dar el Padre Nuestro y el Ave María a los niños que se preparan para la primera comunión, el Credo, los Mandamientos, los Sacramentos, para que quede completito. Si nosotros no salimos de esa trampa, nos quedaríamos con ese pensamiento.

En ese ejercicio dijimos que tenemos que pasar de una catequesis como tarea de cristianos más o menos entusiastas, a una catequesis considerada como auténtico e indispensable Ministerio  de la Iglesia. Aquí, en la Arquidiócesis, se han dado pasos.

De una catequesis para una situación de cristiandad, es lo que les decía hace un momento, antiguamente a todos los bautizaban por tradición, por costumbre, por cultura, por exigencias de la comunidad, del pueblo, etcétera, pero hoy ya no es así, hoy necesitamos de una catequesis de iniciación cristiana en una situación de pluralidad.

En mis homilías insisto mucho en que hoy estamos en una realidad de competencia, hoy tenemos que competir, antes todos éramos cristianos católicos, pero hoy no, entonces si no estamos preparados, no competimos, es decir, nos comen el mandado como de hecho ha pasado con los movimientos de las sectas pseudocristianas y otros grupos religiosos. Entonces, una situación de pluralidad, sobre todo en la Ciudad.

De una catequesis que sólo propone verdades y doctrinas, como es el catecismo, a una catequesis que descubre significados profundos en la vida de los  discípulos de Jesús. Durante esta Semana Santa se me ocurrió una idea, para las homilías, preguntaba la diferencia entre ser católico y ser cristiano, porque a lo mejor nosotros somos buenos católicos, vamos a Misa todos los domingos, comulgamos, nos confesamos, hacemos oración por la mañana, por la noche, pero, ¿eso significa ser buen cristiano?

No siempre coincide, el buen cristiano tendría que ser buen católico o el buen católico tendría que ser buen cristiano, pero en la práctica no es así, en la práctica somos muy buenos católicos, porque estamos peor que los fariseos, los escribas y toda esa bola a la que Jesús ponía rápido en su lugar. Así nos parecemos a veces los católicos, de normas y leyes, pero de cristianos, o sea, caridad, testimonio, perdón, reconciliación, paz, justicia, nada de eso hacemos, entonces somos buenos católicos, pero no siempre buenos cristianos.

De una catequesis de sólo respuestas, a una catequesis de cuestionamientos que impulsan a la búsqueda del Dios de  Jesucristo.

De una catequesis de dogmas doctrinales, que era el catecismo, a una catequesis de valores evangélicos, como los que acabo de repetir.

De una catequesis de lenguajes sólo religiosos, a una catequesis de lenguajes seculares, un lenguaje religioso no lo entendemos nosotros, aquí mismo nos damos cuenta que ni si quiera a veces los catequistas tenemos un lenguaje religioso, católico, por eso tenemos que estar explicando, monseñor dijo: tengo que explicarles esta palabrita, que quiere decir... entonces fíjense, necesitamos un lenguaje mucho más abierto, que sea capaz de entrar en diálogo con todos, con el mundo actual.

De una catequesis que adoctrina a las personas, a una catequesis que forja identidad de cristianos, por eso hoy se insiste mucho en una catequesis misionera, evangelizadora, de un proceso que nos lleve a una verdadera identidad cristiana, que realmente nos haga cristianos.

Por ahí va, a veces decimos que los procesos de iniciación cristiana en nuestra Iglesia no son de iniciación, sino de terminación cristiana, por lo mismo que decimos, terminamos con los sacramentos, al siguiente domingo, después de las primeras comuniones y de las confirmaciones la misa de niños está vacía, hasta esperar al nuevo grupo, para decirles: aquí está tu boletito, aquí está tu carnet para que se sepa que fueron a misa.

De una catequesis que se dirige sólo a destinatarios, a una catequesis que dialoga, es decir, una catequesis de interlocutores, no somos maestros, somos guías, somos facilitadores, para que el mensaje de Dios llegue a las personas, pero no somos más que los demás. Aprendí esta definición de catequista: El catequista es el hermano mayor, que acompaña a un hermano menor en el proceso de su fe, de conocimiento, de madurez, pero todo lo que implica para el catequista para ser un hermano mayor, ¿eh? Creo que algunos idealizamos al hermano mayor, otros no tanto.

De una catequesis centrada en los sacramentos, lo que decíamos, a una catequesis en proceso que abarque todas las etapas de la vida.

De una catequesis que a veces quiere uniformar a las personas, a una catequesis que respete y promueva la diversidad de los carismas. Fíjense, a veces queremos uniformar y no unificar, unificar a partir de los valores del Evangelio.

De una catequesis que ve al catequista como agente único, a una catequesis que vea a toda la comunidad como agente. No sólo es la persona del catequista, sino la comunidad es la catequista, es el catequista de todos los que son miembros de su cuerpo, que es la Iglesia.

De una catequesis con niños, a una catequesis para todos o con todos.

De una catequesis pre-sacramental, que es lo que seguimos teniendo, a una catequesis que configure la identidad cristiana.

De una catequesis de infantes en la fe, a una catequesis que lleve a la madurez en la fe.

De una catequesis ocasional o de eventos, como a veces puede suceder, a una catequesis permanente. Porque hoy, si preguntáramos, ¿cuándo termina la catequesis o el proceso de catequesis? Nunca, porque siempre tenemos necesidad de estarnos alimentando de la Palabra de Dios. Insisto mucho, sobre todo en mis clases en el seminario, que la catequesis permanente por excelencia es la homilía.

Si no preparamos nuestra homilía, si no nos volvemos maestros de la Palabra, quién sabe... por eso la gente se duerme, ¿no? La poca catequesis permanente de muchos fieles es lo que van y escuchan el domingo en la celebración eucarística.

De una catequesis sólo doctrinal que prepara para ir al cielo, a una catequesis que cuestiona, ilumina y transforma las realidades sociales, es decir, que tiene también una proyección hacia las realidades de este mundo.

De una catequesis sólo por requisito, a una catequesis por libre compromiso.

De una catequesis por costumbre o tradición, que es lo que todavía prevalece, a una catequesis por convicción y que lleve a una verdadera conversión, a una actitud real de cambio. Ojalá que en estos días realmente podamos reflexionar.

Monseñor Alberto tiene una frase que se me ha quedado muy grabada, al hablar sobre el Sínodo Diocesano, dice que nosotros en teoría en la Arquidiócesis de México, en reflexión teníamos 10, pero ya le bajó, ahora le puso 8.5, le bajó a la puntuación. Dice que en reflexión tenemos un montón de documentos, orientaciones, el sínodo mismo. En eso hemos avanzado, pero hay dos cosas en las que no hemos avanzado y si le quisiéramos poner un voto, quién sabe si estaríamos aprobados. Dice que tenemos teoría, reflexión, pero nos falta convicción, es decir, convencernos de que ese es el camino y parecería que lo mejor es seguir con lo tradicional, con lo clásico, con lo de todos los días, con la pastoral de conservación —dicen algunos pastoralistas— y nos falta entonces convicción, convencernos y lo tercero, la acción.

Si no estamos convencidos, no actuamos y seguimos entrampados en nuestra práctica pastoral ordinaria, común y corriente, la de todos los días, centrada en los niños que estudian el catecismo para hacer su primera comunión. ¿Así queremos seguir?, no estamos evangelizando, no somos misioneros, el ejemplo más concreto son nuestros niños que hicieron su primera comunión y al siguiente domingo la misa de niños está vacía.

Muchas gracias.

Pbro. Eduardo Mercado Guzmán
Versión estenográfica


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