Nuevos Paradigmas para responder
a los retos que enfrenta la Catequesis Arquidiocesana


PARADIGMA: Es necesario pasar de una catequesis, casi exclusivamente orientada a los sacramentos, a una catequesis con talante misionero, iniciático comunitario y con fuerte dimensión social.

1. INTRODUCCIÓN: Entre la demanda y la oferta

¿Qué busca la gente cuando acude a la Iglesia?

Frecuentemente, gran parte de nuestro pueblo acude a los responsables de la comunidad cristiana en busca de algún servicio y, quizá pocas veces, los responsables buscamos a la gente. En sus demandas de servicios van incluidas muchas cosas no expresadas  explícitamente. Podemos decir que nuestra gente, quizá, no busca la celebración de los sacramentos, ni la catequesis como una  educación en la fe, sino la celebración de un rito que dé sentido a lo que está viviendo, a lo que está sufriendo o por lo que se está alegrando. Por ejemplo, cuando quieren que su niño o niña sean bautizados, ¿no buscará en realidad celebrar de alguna manera el nacimiento de una nueva vida, más que introducir al bautizando en el misterio de Cristo? Tal parece que así es, pues cuando el ministro pregunta: “¿qué piden a la Iglesia de Dios?”, no saben qué responder o bien se nota en sus expresiones una conjunción de sentimientos. Lo mismo podríamos decir cuando acceden a casarse por la iglesia ¿no será que buscan tener un hombre o una mujer de forma legítima?  Realmente, ¿querrán casarse  “en el Señor”, por la Iglesia y para la Iglesia?

¿No será que detrás de la búsqueda de los sacramentos está la dimensión festiva de todo ser humano?

¿Qué ofrece la Iglesia?

Antes de la celebración del sacramento se pide como condición que asistan a “escuchar unas pláticas” en un tiempo determinado. Si cumplen con el requisito, se les entrega un comprobante y ¡listo!  

Sin duda, el reto es pasar de “las pláticas” a la catequesis como educación de la fe (Cfr. DGC 84); así se salva la distancia entre la demanda legítima y la oferta pastoral. No basta con seguir conservando las devociones, sino que hay que fortalecer actitudes de fe y de amor, lo que podríamos llamar “liturgia de la vida”. Necesitamos de un nuevo paradigma.

2.- CONCEPTO DE PARADIGMA

Paradigma es un término utilizado en la antigüedad ya por Platón (parádeigma) como sinónimo de ejemplo, modelo, pauta, prototipo ideal de una realidad. Es el ejemplo que se propone como referencia y conforme al cual se reproducen los demás para ser entendidos.

A partir del filósofo Thomas Samuel Kuhn (1922-1998) ha tenido una diversidad de sentidos, él lo desarrolla en su libro “La estructura de la revolución científica” (-1962) y lo aplica a la ciencia considerándolo como “un conjunto de realizaciones científicas universalmente conocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

Se entiende, por tanto, como una creencia que nos sirve como marco de referencia para actuar en determinada forma. O también, como un conjunto de creencias y de conocimientos que forman una visión del mundo, por lo que éstos cambian y se transforman, influyendo en nuestras vidas. Una característica del paradigma es, que puede cambiar y ser sustituido por otro; el nuevo paradigma será una propuesta nueva que da respuesta a situaciones no planteadas antes. Un paradigma se propone ante lo que se ha practicado en tiempos pasados y ya no funciona. Al cambiar ciertas situaciones cambian los paradigmas.

Desde hace tiempo, en la  vida de la Iglesia y en su pastoral, se habla de cambio de paradigmas. Aplicado a la catequesis lo entendemos  como “una forma global de concebir, pensar y practicar la catequesis en un contexto sociocultural y eclesial particular” de tal manera que cuando cambian esos aspectos decimos que necesitamos de un nuevo paradigma catequístico que responda a los profundos cambios del momento en lo religioso, cultural, social, económico y político.

Aquí podríamos preguntarnos: ¿Qué es lo realmente nuevo; qué es lo que tiene que cambiar? Porque el Evangelio es el mismo. Es necesario hacer un discernimiento para ver qué es lo cambiante y qué es lo que debe permanecer. No vamos a suprimir los sacramentos y quedarnos con sólo la educación la fe, que en un determinado momento puede convertirse en una ideología.

En esta reflexión proponemos cuatro acentuaciones de la catequesis que reconocemos como paradigmas sin entrar mucho en  el sentido del término: el paradigma misional, iniciático, comunitario y con una dimensión social.

Afirmación básica: la catequesis no tiene como meta única la celebración de los sacramentos sino el propiciar una viva, explícita y operante profesión de fe (Cfr. DGC 66).

1º CON UN TALANTE MISIONERO (Cfr. DGC 61).

Todos sabemos que la catequesis viene como consecuencia de un anuncio misionero eficaz.  Pastoralmente hablando, no hay que dar por supuesto el primer anuncio y pasar a la etapa catequética. Esto nos lleva a re-pensar de modo profundo el modo de entender y realizar la catequesis hoy. Toda catequesis será inútil si no se ha suscitado previamente un mínimo de atracción por la persona de Jesús y no se recibe la gracia de la conversión, que es la base, el presupuesto y punto de partida de la catequesis. Todo itinerario, en la actualidad, tendrá que asegurar y ofrecer elementos para que el Kerigma sea proclamado. La modalidad para presentar el primer anuncio explícito dependerá mucho de la situación de los interlocutores.

2º CON UN TALANTE INICIÁTICO O CATECUMENAL (Cfr. CEC 1229-1233; DGC  63-68).

En el centro y como prioridad del nuevo paradigma debemos colocar la Iniciación cristiana y la catequesis que está a su servicio, como una dimensión básica y esencial de la acción pastoral catequética de la comunidad eclesial.

Inspirada en el catecumenado, la catequesis, que es educación en la fe, debe favorecer la experiencia, el aprendizaje global de la vida cristiana.

¿Cuál es la naturaleza e identidad de la iniciación cristiana? El Catecismo de la Iglesia Católica presenta la iniciación cristiana como un don y tarea. Por una parte, es  don de Dios ofrecido por gracia de Nuestro Señor Jesucristo y por mediación de la Iglesia. El núcleo fundamental de la iniciación cristiana es la inserción de la persona en el misterio de Cristo resucitado que da una verdadera participación en la naturaleza divina y que lleva a un nuevo nacimiento y nueva vida.

Por otra parte, es tarea del catequizando responder al Dios vivo que sale al encuentro del hombre y lo llama a vivir en comunión con él y le invita a aceptarlo libremente. Esto se hace en el seno de la comunidad eclesial.

Todo esto implica una auténtica “pedagogía de la iniciación cristiana”, distinta del primer anuncio y de la educación permanente en la fe, porque no se reduce a una mera enseñanza sino que implica acciones de iniciación: cambio de manera de pensar, desarrollar prácticas y costumbres propias de un discípulo de Jesucristo, potenciando las auténticas actitudes de fe, esperanza, caridad y de enseñanza de las verdades fundamentales contenidas en la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Por lo tanto, el proceso iniciático al estilo del catecumenado,  es un aprendizaje de la vida cristiana, una manera de desarrollar un camino espiritual que se orienta a un cambio progresivo de actitudes y costumbres.

En resumen, la iniciación cristiana es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado; es la formación en los misterios de la fe.

3º CON UN TALANTE COMUNITARIO (Cfr. DGC 86; 141; 219-221; 253-257).

Se trata ahora de la educación para vivir en comunidad, urgencia mayor en nuestro tiempo que hay un deterioro del llamado “tejido social”, ¿Qué puede aportar la Iglesia como signo de salvación para nuestro tiempo?

Hoy cobra mucha importancia la comunidad y el grupo cristiano como lugares indispensables para poder vivir el ser cristiano.

La vida cristiana en comunidad no se improvisa, no solamente es la respuesta al “instinto gregario”, sino que busca un auténtico aprendizaje inspirado en las actitudes de Jesús (Cfr. Mt 18): Sencillez y humildad; predilección por los pequeños; corrección fraterna, oración en común y el perdón mutuo. Todas estas actitudes se aglutinan en el mandato del amor fraterno”ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn 13,34).

Así la comunidad cristiana crece y se desarrolla, ya que la catequesis no solo conduce a la madurez de la fe de los catequizandos, sino a la madurez de la misma comunidad.

Finalmente, la iniciación cristiana ha de ser siempre un encuentro del catecúmeno con la Iglesia. La comunidad de fe es siempre origen, lugar y meta de la catequesis. Lo comunitario es esencial al ser cristiano. Se pertenece a Cristo perteneciendo a la Iglesia y se pertenece a la Iglesia de Cristo perteneciendo a una comunidad eclesial cristiana. De ahí que tenemos que pasar de una catequesis prevalentemente individual a una catequesis de talante grupal, comunitario y si es posible inter-generacional. La comunidad es necesaria en todo proceso de crecimiento en la fe. La comunidad tiene que ser una “catequesis viviente”, espacio vital indispensable y primario de la catequesis.

4º CON UNA DIMENSION SOCIAL (Cfr. EN 31-38; CT 29; DGC 103).

Entendemos el término dimensión social no como sinónimo de apertura a la sociedad sino como la búsqueda de acercamiento a los más pobres, que todavía entre nosotros son la mayoría. Acercamiento que quiere ser una cooperación educativa para su liberación.

La evangelización y la catequesis, como momento privilegiado de ésta, afecta a toda la vida y tiene una relación estrecha con la promoción humana; es decir, la liberación de todo lo que oprime al hombre. Entre la catequesis y la auténtica promoción humana hay vínculos muy estrechos de orden antropológico, teológico y evangélico. Teniendo en cuenta que la catequesis incluye  la liberación, deberá estar atenta a evitar los “reduccionismos” de un proyecto temporal con una dimensión meramente antropocéntrica olvidando lo espiritual y trascendente. Por eso tendrá que tener las siguientes características:

  • Evangélica; que abarque a todo el hombre y en apertura hacia lo absoluto, que es Dios.
  • Centrada en el Reino de Dios; reafirmando el aspecto espiritual, la salvación según Cristo.
  • Una visión evangélica del hombre, de las cosas y de los acontecimientos.
  • Una necesaria conversión del corazón y de mente.
  • La exclusión de la violencia, pues  la violencia trae más violencia.

¿Cómo se prepara un cristiano  para esta tarea?

  • Situando el mensaje de liberación desde una perspectiva netamente religiosa, el cristiano lo hace desde una opción por Cristo.
  • Situando  la educación moral como consecuencia de la liberación radical abierta por Cristo, pues Cristo ha liberado al mundo y lo continúa liberando. Lo más importante en todo esto es que los pobres sean evangelizados. Por los cuales hay que optar como Jesucristo lo hizo.
  • Profundizando en la doctrina social de la Iglesia.

Preguntas para el estudio y reflexión:

1ª ¿Cuál es la situación del Kerigma: cómo se realiza la experiencia, qué conceptos se tiene; que posibilidades hay en  las pláticas pre-sacramentales; qué capacitación tienen los agentes que lo proclaman?

2ª ¿Qué cambios de paradigma en la catequesis se están realizando ya en tu comunidad; cuáles se están aplazando?

3ª ¿Qué pasos habrá que seguir en un proceso iniciático de catequesis partiendo de nuestra realidad mexicana?


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