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Acontecimiento Guadalupano
Nican Mopohua
(Aquí se narra)

"La pedagogía del Acontecimiento Guadalupano ejemplo, de inculturación del Evangelio"

Inculturar el Evangelio es hablar al otro desde su propio idioma, desde su propio lenguaje.

Nuestra pedagogía del catequista del adolescente y del catequista del adulto y del catequista de los catequistas o a aquel que se esté evangelizando se le tiene que hablar utilizando el lenguaje del otro, no solamente nuestro propio lenguaje.

La pedagogía del acontecimiento guadalupano ejemplo de inculturación del Evangelio se traduce como "la conversión personal y comunitaria para instaurar el Reino de Dios. Inculturar el Evangelio es llevar al encuentro con Jesucristo y del encuentro con Jesucristo a la conversión para construir el Reino de Dios.

Cada uno de nosotros como catequistas no podemos pensar que ya cumplimos con nuestra misión, cuando ya terminó todo el año, ya di todos mis cursos y ya tengo a mis niños en la primera comunión.

El cuestionamiento que tendríamos que hacer como pedagogos es el siguiente:

¿De qué manera ellos han cambiado su vida? Claro que cambian porque hay un mensaje. Allí está también la gracia de Dios, allí se ve que no todo el trabajo que se hace es inútil. Pero cuando tenemos muy claro lo que es inculturar, cuando tenemos una pedagogía tenemos que reconocer que el niño aprueba año no solamente porque se sabe de memoria un contenido, o un cúmulo de contenidos, sino porque si su vida ha cambiado.

De manera generalizada nosotros siempre tenemos que estar cuestionando esto.

La teoría de la evangelización es no solamente el anunciar el Evangelio, sino que el otro tenga el encuentro con Jesucristo y, a través de ese encuentro con Jesucristo cambie su vida y cambiando su vida personal, cambie su entrono social; por eso el acontecimiento guadalupano es un ejemplo y un modelo de pedagogía de la inculturación del Evangelio, porque llevó a Juan Diego al encuentro con Jesucristo, lo llevó a cambiar su propia persona, lo llevó a cambiar la sociedad en la que vivía y lo llevó a instaurar el Reino de Dios.

Cuando nosotros pensamos en esto que ocurrió ya hace más de cuatrocientos setenta y cuatro años en nuestra tierra automáticamente se nos ocurre que en el tercer milenio del cristianismo necesitamos efectivamente inculturar el Evangelio, llevar realmente a nuestras comunidades al encuentro con Jesucristo, a la propia conversión y a la conversión a la sociedad. Por esto siempre será muy importante que nosotros estemos pensando en nuestro propio proceso de conversión, porque el primer convencido tengo que ser yo mismo, porque de otra manera el otro no va a encontrar a Jesucristo, es decir yo tengo que ser testigo de ese amor, porque sino el otro va a decir el Señor Jesús es extraordinario pero si ni tu vida ha cambiado, me doy cuenta que tú sabes mucho pero lo que tú me dices no me convence.

Pablo VI decía hoy quizá dar fe más que maestros lo que necesitamos son testigos. No somos perfectos, pero somos perfectibles. No somos los mejores pedagogos pero lo queremos ser, porque nuestra pedagogía debe ser dejarnos tocar por el Señor Jesús y compartir nuestra experiencia con aquellos que nos rodean.

San Pablo incultura el Evangelio en sí mismo, por el encuentro con el Señor Jesús cambia su vida. San Francisco, la Madre Teresa, Juan Pablo II extraordinarios pedagogos que nos hablaron con el lenguaje del amor.

La pedagogía del acontecimiento guadalupano aplicado en nuestra catequesis nos debe llevar al encuentro con Jesucristo y del encuentro con Jesucristo a la conversión personal y comunitaria para instaurar el Reino de Dios.

Refiriéndose a la pedagogía que cada uno de nosotros podríamos encontrar de diversas maneras en primer lugar en un documento "el nican mopohua". En segundo lugar en la forma en la que habla la virgen Santa María de Guadalupe, la manera que habla a Juan Diego. En tercer lugar la pedagogía de los ambientes. En cuarto lugar la pedagogía de la imagen.

Cuatro elementos distintos de una pedagogía.

Las diversas maneras en las que nosotros podríamos decir se va inculturando el Evangelio a través del mensaje guadalupano, nican mopohua son las dos primeras palabras con las que comienzan el libro, donde se narran las apariciones de la Virgen de Guadalupe, este documento fue escrito muy probablemente en 1556.

La pedagogía de la Virgen aquí en el Nican Mopohua van a aparecer las palabras de Juan Diego, van a aparecer las palabras de Fray Juan de Zumárraga y van a aparecer los acontecimientos que ocurrían alrededor de las apariciones de la Virgen.

Las palabras que la Virgen utiliza para dirigirse a Juan Diego son las siguientes:

Primero: Mi Juanito, mi Juan Dieguito.

Es una voz dulce, una voz del cielo.

Segundo: Escucha bien ¿a dónde te diriges?

La Virgen le pregunta para hacerlo participar en el diálogo, para tomarlo en cuenta.

Tercera: pon en tu corazón, hijito mío el más amado, la Virgen le hace saber quien es ella y qué es lo que desea que construyan un templo para mostrarle allí al Señor del cielo y de la tierra, al que es su auxilio, su salvación, etc.

En la pedagogía de la Virgen, ella trata con mucha ternura a Juan Diego, es la pedagogía de la ternura.

Si alguien quiere llevarlo a Jesucristo lo primero que tiene que hacer es amando. Cuando quieres cambiar algo, ámalo primero.

Tú como catequista lo primero que tienes que hacer es amar a los niños. El amor es lo primero que va a ir tocando el corazón de ellos, el amor es el que va ir haciendo sensible para que tú puedas ponerte a la altura de los demás.

"Escucha, hijito mío". Es indispensable que seas precisamente tú quien negocie. Llamar la atención del otro, escucha porque yo te escucho, captar la atención del otro, pon en tu corazón los sentimientos.

Toda enseñanza debe tener en cuneta estos dos elementos, no se puede quedar la enseñanza solamente en lo intelectual, no se puede quedar solamente en lo emotivo.

Otro aspecto de la pedagogía de la Virgen es que se presenta como la Madre del verdadero Dios en la forma que los indígenas llamaban a Dios.

María no se presenta como una diosa, María no asume el papel del Jesucristo, ella dice a él se los voy a mostrar. Engrandecerlo, entregárselo a él, quiere un templo para que le rindan culto a él.

Muchas veces nosotros como catequistas debemos tener esa pedagogía muy clara, yo soy un mensajero, un enviado, ¿el que salva quien es? Nosotros debemos ser dóciles, porque somos instrumentos y nos lleva a no ponernos en el lugar de Dios.

María muestra a Jesucristo el Salvador, y junto con esto se va a manifestar la importancia del templo que le construimos. Dice María allí yo estaré siempre aquí estoy para escucharte dice la Virgen es su pedagogía.

Es más importante oír más y hablar menos.

La pedagogía guadalupana es hacer participar a los niños, a Juan Diego lo hace partícipe de su enseñanza, también lo estimula le dice, porque yo te lo voy a agradecer, te pagaré, te enriqueceré, te glorificaré.

El que se les dé un dulce a los niños es un estímulo, es válido.

Cada uno de nosotros recordemos lo siguiente anunciamos a Jesucristo y su Reino de Dios la recompensa que esperamos es la vida eterna. La vida del cristiano nunca es inútil, nosotros tenemos un camino que es Jesucristo y el mismo nos ha dicho que se ha adelantado para prepararnos un lugar en la cada de su padre.

Tenemos que sentirnos estimulados aunque de repente veamos que todo se viene para abajo, no te apures el que verdaderamente sabe contemplar y premiar ese no falla, Dios nunca falla, quizá el catequista falle, tu papá, tu maestro, pero Dios no. Que también nosotros siempre sepamos tener ese estímulo y también podamos dar esa dimensión a los niños que es esencial.

Que todas sus buenas obras tengan repercusión más allá de lo inmediato.

Siguiendo con las palabras que la Santísima Virgen le dice a Juan Diego es indispensable que seas tú quien negocie y gestione; vemos qué fácil es de repente ponerle a alguien un reto que está a su alcance y que nos diga yo no puedo y que nosotros le digamos tienes razón, mejor voy a tomar a otro. Aquí la Virgen confía, confía en Juan Diego y también lo fortalece. Un buen pedagogo confía en sus alumnos y les acompaña.

En las siguientes palabras de la Virgen le dice a Juan Diego: mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al gran sacerdote la prueba, la señal que te pide.

Juan Diego no va porque su tío está enfermo, Juan Diego va a Tlatelolco pero no va a escuchar a la Virgen, corta su camino para no encontrarse con ella, pero ella le sale al encuentro y se da un diálogo: ¿qué hay hijo mío, el más pequeño? ¡a dónde vas! La Virgen no lo regaña, no le dice Juan Diego me dejaste esperando ayer. La Virgen intuye que hay algo que le aqueja. María se pone en su situación, lo afianza en la fe.

Nos da una lección: no regañar sino preguntar, escuchar y ayudar a salir adelante. La pedagogía de la Virgen es antropológica, se pone a la altura del otro.

María confía plenamente en Juan Diego, indígena, miembro de un pueblo conquistado. Lo está poniendo a la misma altura del obispo para que se pueda vivir plenamente la iglesia.

La revelación: la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

Es ella la que realiza este milagro portentoso.

Lo que significó la inculturación del Evangelio en Juan Diego.

En primer lugar el que se quedó a vivir 17 años a los pies de la Virgen, compartió con Fray Juan de Zumárraga la experiencia, será el evangelizador, así como decimos que Abraham es nuestro padre en la fe, en nuestra tierra el padre en la fe es Juan Diego, su papel en la historia es grande, se da una conversión primero, una confianza para predicar el Evangelio.

En Fray Juan de Zumárraga también se da la conversión. Autoriza que se construya esta ermita.
En el pueblo indígena también se dio la conversión, a partir de allí millones de personas acudían al Tepeyac para ser bautizados.

En los españoles también se da la conversión y a partir de esa conversión surge algo nuevo, una nueva nación, una nación mexicana, porque María se presenta con el rostro mestizo.

Si decimos que inculturar el Evangelio es llevar al encuentro con Jesucristo a través de María se dio ese encuentro con Jesucristo y de este a la conversión personal y de esta a la conversión social, y de allí a la construcción del reino de Dios.

Para construir el reino de Dios en medio de nosotros hacen falta muchos catequistas al estilo de la Virgen. Y nos hacen falta muchos evangelizadores al estilo de Juan Diego.

Hay que ir a anunciar a Jesucristo, no renuncies a la tarea de anunciar a Jesucristo, podrás pensar que hay otros mejores que tú, seguramente sí, pero es deseo de Jesús que tú vayas.

Mayo 9 del 2005
M.R.G


NICAN MOPOHUA
(AQUÍ SE NARRA)

Traducción de Mons. José Luis Guerrero
Acomodo y separación de párrafos: Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

12. "Mi Juanito, mi Juan dieguito".

23. "Escucha bien hijito mío el más pequeño, mi Juanito: ¿Adónde te diriges?"

26. "Ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios, de Ipalnemohuani (Aquél por quien se vive), de Teyocoyani (del Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (del Dueño del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuaicahua Tlaltipaque (del Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo en deseo de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito,

27. para allí mostrárselo a Ustedes, engrandecerlo,

28. entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación.

29. Porque en verdad yo me honro de ser madre compasiva de todos Ustedes,

30. tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno,

31. y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión.

32. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores.

33. Y para realizar con toda certeza lo que pretende Él, mi mirada misericordiosa, ojalá aceptes ir al palacio del Obispo de México, y le narres cómo nada menos que yo te envío de embajador para que manifiestes cuán grande y ardiente deseo tengo de que aquí me provea de una casa, de que me levante en el llano mi templo. Absolutamente todo, con todos sus detalles, le contarás: cuanto has visto y admirado, y lo que has oído.

34. Y quédate seguro de que mucho te lo voy a agradecer y a pagártelo,

35. pues te enriqueceré, te glorificaré,

36. y mucho merecerás con esto que yo recompense tu cansancio, tu molestia de ir a ejecutar la embajada que te confiero.

37 Ya has oído, Hijo mío el más amado, mi aliento, mi palabra: "¡Ojalá aceptes ir y tengas la bondad de poner todo tu esfuerzo!"

58. "Escucha, hijito mío el más pequeño, ten por seguro que no son pocos mis servidores, mis embajadores mensajeros a quienes podría confiar que llevaran mi aliento, mi palabra, que ejecutaran mi voluntad;

59. mas es indispensable que seas precisamente tú quien negocie y gestione, que sea totalmente por tu intervención que se verifique, que se lleve a cabo mi voluntad, mi deseo.

60. Y muchísimo te ruego, hijito mi consentido, y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo.

61. Y de mi parte adviértele, hazle oír muy claro mi voluntad, mi deseo para que realice, para que haga mi templo que le pido.

62. Y de nuevo comunícale de qué manera nada menos que yo, yo la siempre Virgen María, la Venerable Madre de Dios, allá te envío de mensajero.

90. "Así está bien, Hijito mío el más amado, mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote la prueba, la señal que te pide.

91. Con eso en seguida te creerá y ya, a ese respecto, para nada desconfiará de ti ni de ti sospechará.

92. Y ten plena seguridad, Hijito mío predilecto, que yo te pagaré tu cuidado, tu servicio, tu cansancio que por amor me has prodigado.

93. ¡Ánimo, mi muchachito!, que mañana aquí, con sumo interés habré de esperarte".

107. "¿Qué hay, Hijo mío el más pequeño? ¿Adónde vas? ¿Adónde vas a ver?

118. "Por favor presta atención a esto, ojalá que quede muy grabado en tu corazón, Hijo mío el más querido: No es nada lo que te espantó, te afligió, que no se altere tu rostro, tu corazón. Por favor no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor.

119. ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aún tienes necesidad de cosa otra alguna?

120. Por favor, que ya ninguna otra cosa te angustie, te perturbe, ojalá que no te angustie la enfermedad de tu honorable tío, de ninguna manera morirá ahora por ella. Te doy la plena seguridad de que ya sanó".

125. "Sube, Hijito mío queridísimo, arriba del cerrito, donde me viste y te di órdenes.

126. Allí verás que están sembradas diversas flores: Córtalas, reúnelas, ponlas juntas. Luego bájalas acá, aquí ante mi tráemelas".
137. "Hijito queridísimo, estas diferentes flores son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo.

138. De parte mía le dirás que por favor vea en ellas mi deseo, y con eso ejecute mi deseo, mi voluntad.

139. Y tú… tú eres mi plenipotenciario, puesto que en ti pongo toda mi confianza.

140. Y con todo rigor te ordeno que sólo exclusivamente frente al Obispo despliegues tu tilma y le muestres lo que llevas.

141. Y le contarás con todo detalle cómo yo te mandé que subieras al cerrito para cortar las flores, y todo lo que viste y admiraste.

142. Y con esto le conmoverás el corazón al Gran Sacerdote para que interceda y se haga, se erija mi templo que he pedido.

200. La Siempre Virgen Santa María de Guadalupe.


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