COMUNICADO SOBRE EL PROCESO PASTORAL ARQUIDIOCESANO
DE LOS MINISTERIOS LAICALES

Por encomienda del Señor Cardenal, para ubicar el proceso pastoral que aquí se expone y propiciar su adecuado seguimiento, envío a los agentes de pastoral de la Arquidiócesis, el presente comunicado aprobado en el Consejo Episcopal.

II Sínodo Diocesano

1. Los ministerios laicales fueron tratados como un tema importante en la reflexión del II Sínodo Diocesano, en el cual se abren amplios horizontes y se señalan cauces para que, mediante aquellos, podamos avanzar en la realización de las respuestas que necesita nuestra pastoral, animada por el espíritu de comunión y corresponsabilidad. Es oportuno que recordemos algunos principios de especial relevancia que se encuentran en los diversos documentos sinodales.

2. “Los ministerios laicales tienen su fundamento sacramental en el bautismo y en la confirmación, y también en el matrimonio” (ECUCIM 247). Son el resultado y condición de la vitalidad de una comunidad (cf. Ib. 2536). En la comunidad eclesial son un servicio para la vida y el crecimiento de ésta, al mismo tiempo, por medio de ellos los laicos cumplen su misión en la restauración del orden temporal (Ib. 2548 y 2541). Hay una amplia gama de ministerios para hombres y para mujeres (Ib. 2551). Se requiere de estudio para conocer cuáles son los ministerios laicales convenientes y oportunos de acuerdo a las necesidades más urgentes de la Ciudad y difundir los perfiles propios de estos ministerios (Ib. 2561). La pluralidad de ministerios laicales nos ayuda a abrirnos, de manera misionera, a la comunidad católica y “ad gentes” (Ib. 2114). Por otra parte, es necesario profundizar en el término (ministerios) y no abusar de él (Ib. 2539).

Etapa Postsinodal

3. Algunas comunidades en la Diócesis han venido trabajando respecto a la búsqueda y a la práctica de servicios estables de los cristianos laicos. Por su parte el Señor Cardenal, ha señalado algunos lineamientos en relación con los ministerios laicales sobre todo con ocasión de algunas de sus orientaciones pastorales de cada año. Se hace en seguida alusión a las principales ideas que hay que tener en cuenta.

4. Los ministerios laicales son un medio necesario para la renovación de la pastoral arquidiocesana y para el florecimiento del laicado, tanto en la vida interna de la comunidad, como en los servicios propios del laico: la vida familiar, la actividad laboral, la conducción de los asuntos políticos y económicos, la educación en todos sus niveles, los medios de comunicación, el cuidado de la salud personal y comunitaria, etc. (cf. OPFALAE 63).

5. La variedad de servicios, funciones y tareas en la Iglesia a veces reciben el nombre genérico de ministerios (cf. CPM 69). “Para acceder al ministerio se necesita tanto el estímulo y la formación por parte de la comunidad, como la aceptación y el envío por la autoridad eclesial legítima. Finalmente, dado que el ministerio es una función de servicio a la comunidad, siempre que no se trate de ministerio ordenado, su duración es temporal” (Id. 71). “Junto con el ministerio ordenado pueden florecer otros ministerios, instituidos o simplemente reconocidos, para el bien de toda la comunidad, respondiendo a sus múltiples necesidades” Id. 73). El avance del proceso evangelizador nos pide estudiar la posibilidad de instituir el ministerio del catequista y del misionero (cf. Id. 74). “En nuestro lenguaje habitual tenemos que reservar el término “ministerio” a servicios específicos señalados como tales por la autoridad eclesiástica” (Id. 75).

6. “Todo esfuerzo en la formación de los agentes laicos será un camino importante para la identificación de los ministerios apropiados a las necesidades pastorales de la Ciudad” (PCT 63).

7. “Será conveniente continuar profundizando sobre la doctrina y posibles aplicaciones concretas de nuevos ministerios laicales, por ejemplo, los coordinadores de comunidades menores, de los equipos misioneros parroquiales, decanales y de vicaría. De modo análogo piénsese en servicios que contribuyan a la mejor participación litúrgica, como coordinadores de música, de áreas de pastoral (juvenil, familiar, movimientos y asociaciones laicales) y sectores territoriales y ambientales” (PESJ 58-59).

8. “El laico presentado para ser reconocido como ministro, debe haber dado muestras de eficacia en su servicio, de coherencia en su testimonio, de obediencia al pastor y de comunión con la Iglesia. Estas y otras exigencias contarán con el respaldo de la formación requerida para el desempeño del ministerio en cuestión. Sólo al obispo compete instituir los ministerios en una comunidad. Pero, antes de proceder a la institución de nuevos ministerios, puede resultar pedagógico establecer la etapa de su reconocimiento como servicios provechosos para la misión de la Iglesia arquidiocesana, apoyada por la propuesta de pastores y comunidades. Así entenderemos en la práctica, la diferencia entre ministerios instituidos y servicios reconocidos” (Id 60-61).

9. Hay que advertir que en nuestro lenguaje arquidiocesano, como en otras Iglesias locales, el calificativo de “instituidos”, referido a los ministerios laicales, se utiliza no en sentido estrictamente canónico (cf. c. 230, 1), sino en un sentido análogo. Para entender esto nos sirve como referencia la observación que hace la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil, en un documento sobre el tema: “Algunas diócesis han desarrollado un trabajo orgánico para, a partir de las necesidades de las comunidades y de los carismas de sus miembros, desarrollar ministerios que son conferidos, a través de un rito litúrgico presidido por el obispo, a personas escogidas por la misma comunidad, en una especie de “institución”, bajo la responsabilidad de la Iglesia particular” ( Misión y ministerios de los cristianos laicos, conferencia Nacional de Obispos del Brasil CNBB, 1999, Colección de documentos CELAM, no. 158, p. 78 ).

Momento actual

10. Más recientemente se ha despertado en la Arquidiócesis un nuevo interés por los ministerios laicales, particularmente por el del catequista. Desde hace varios meses la Comisión Arquidiocesana de Catequesis viene haciendo un estudio y reflexión, con la consulta a varias personas, del significado y las implicaciones para instituir el ministerio del catequista; este estudio tendrá un momento significativo en la ya próxima VII semana arquidiocesana de catequesis. A este mismo propósito se ha sumado la Vicaría de Pastoral, con el fin de que este esfuerzo tenga el horizonte más amplio de la ministerialidad de la Iglesia y, así, entren en esa perspectiva otros posibles ministerios en la línea profética, litúrgica y de la pastoral social, según los principales servicios laicales que ya se desempeñan en la Arquidiócesis y aquéllos que ofrecen mayores posibilidades de arraigarse más fuertemente en la práctica de la evangelización.

11. Algunas comunidades, iluminadas y motivadas por los principios cuya síntesis se expone en este mismo documento, han avanzado tanto en la reflexión sobre el ministerio del catequista, como en el análisis y la realización de las exigencias concretas que el ejercicio de éste requiere. Por estos motivos han pedido poder ya empezar con la institución correspondiente.

12. En este contexto, habiendo dialogado con el Consejo Episcopal, al Señor Cardenal le ha parecido conveniente aceptar, para ser instituidos como ministros de la catequesis, a quienes le sean presentados para este servicio. El rito de institución se llevará a cabo dentro de la celebración de la Eucaristía, en la Catedral, en la solemnidad de la Ascensión del Señor, fiesta del catequista. De esta forma quedará instituido en la Arquidiócesis el ministerio del catequista.

Hacia adelante

13. Este hecho de ninguna forma es punto de llegada en nuestro proceso pastoral; por el contrario, debemos considerarlo como un paso que nos permita ahondar más en el significado teológico de los ministerios laicales y de su puesta en práctica, tanto en las parroquias como en otros ámbitos de la vida pastoral.

14. Por eso, el Señor Cardenal exhorta a todos los agentes de pastoral a que pongan interés en avanzar juntos en este camino que, como hemos dicho, ya desde hace tiempo hemos empezado. Particularmente, pide a las instancias que tienen ya iniciado un estudio sobre este tema y a todos los que participan en organizaciones y movimientos laicales, continúen en ese trabajo para que, explicitando y profundizando los principios expuestos en este mismo documento, puedan presentar al mismo Señor Cardenal y a la comunidad arquidiocesana sus conclusiones que, desde luego, habrán de referirse a la formación de los laicos, a su apostolado en la Iglesia y en el mundo y a la proyección de estos pasos en los ministerios.

15. Dichas conclusiones servirán para revisar y enriquecer esta experiencia que estamos iniciando, así como para proyectar más ampliamente su aplicación en diversos ámbitos de nuestra Arquidiócesis, lo cual será un gran impulso para afianzar nuestro compromiso en la evangelización las culturas de nuestra Ciudad. En este recorrido será de gran utilidad el tener muy en cuenta las directrices del Documento de Aparecida tanto en lo que se refiere a la vida y misión de los laicos como, especialmente, a los ministerios. Es necesario, por último, que los estudios y experiencias acerca de los ministerios laicales estén siempre ubicados en el cumplimiento del proceso evangelizador con sentido misioneros, que debe seguir siendo el eje de nuestra pastoral arquidiocesana.

16. Para concluir, podemos muy bien compartir la meta que los Obispos del Brasil se propusieron, expresada en el citado documento con las siguientes palabras: “La institución oficial de los ministros laicos en una comunidad, según un ritual litúrgico propio, previsto para esta circunstancia, puede asumir un significado muy grande para el fortalecimiento de la dimensión eclesial de los ministros laicos, mientras sea parte de un proyecto diocesano y sea la culminación de un proceso de valoración de los laicos en las comunidades” (op. cit. pág. 78).

Que la bendición de Santa María de Guadalupe y la intercesión de San Juan Diego, extraordinario servidor de la evangelización, nos acompañen siempre en nuestro caminar pastoral.

Curia del Arzobispado de México, a 30 de abril del 2008.

Mons. Alberto Márquez Aquino
Vicario de Pastoral

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