8a SEMANA ARQUIDIOCESANA DE CATEQUESIS -click para ver poster


HOMILÍA


LA CATEQUESIS EN UNA IGLESIA EN ESTADO DE MISIÓN

Jueves 21 del 2009

Queridos Catequistas de nuestra amada Arquidiócesis: Comienzo esta reflexión con las palabras con las que el Sr. Cardenal Dn. Norberto Rivera Carrera inicia su mensaje anual con motivo del día del Catequista: "Muy estimados catequistas: Desde hace varios años he tenido el agrado de manifestar mi aprecio y reconocimiento a los y a las catequistas de esta Ciudad Arquidiócesis de México, en ocasión del día del Catequista, que también por una práctica de mis antecesores en el ministerio episcopal, celebramos el día en que la Iglesia contempla al Señor resucitado que asciende a los cielos para sentarse a la derecha del Padre y recordamos su mandato misionero "Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura" (Cfr. Mc 16, 15‑20). Este mandato misionero lo estamos viviendo hoy, respondiendo al llamado que hizo la V conferencia en Aparecida, de realizar una Gran Misión Continental tomado el camino de la Misión Permanente. Para nosotros, en la Arquidiócesis de México esta motivación nos ha ayudado a comprender el compromiso que realizamos a partir del II Sínodo Diocesano, por una Nueva Evangelización que toque nuestras culturas hecho que nos ha llevado a descubrir que el rumbo asumido es el que estamos trabajando ya como prioridades: La Misión Permanente, la Iniciación Cristiana, el proceso evangelizador, la renovación de la parroquia, la pastoral orgánica de conjunto, la opción por la familia, lo pobres, los jóvenes y alejados". Mediante estas palabras el Sr. Cardenal se hace presente, saludándoles y animándoles a seguir adelante, como su servidor lo hace también.

Así hermanos (as), en el marco del Año Paulino y en horizonte de la restructuración de las Comisiones a nivel episcopal, diocesana y de comunidades locales. Celebramos el "Día del Catequista", Se trata de un día de especial reconocimiento, de estudio de la importancia que tiene la catequesis hoy y de oración por quienes desempeñan con total entrega este servicio eclesial de catequizar a las familias, a los adultos, a los que se preparan para celebrar los sacramentos, sea en las colonias, en los barrios, ciudades perdidas, vecindades o en diferentes ámbitos de nuestra ciudad.

En este contexto, en las Orientaciones Pastorales que el Sr. Cardenal nos entrega cada año del proyecto pastoral, nos invita a promover el encuentro con Jesucristo vivo, "rostro humano de Dios y rostro divino del hombre" desde una Iglesia evangelizadora con las prioridades ya enunciadas, con la finalidad de que nuestras parroquias sean casa y escuela de comunión:

Ante esto, hermanas y hermanos, uno de los desafíos que debe afrontar la formación y la misión del catequista es la Iniciación Cristiana y la catequesis permanente, "que ofrezca a todos un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los catequistas, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral" (DA 226).

Esta misión que la Iglesia confía al catequista no consiste solo en el conocimiento de la Verdad, de una pedagogía de transmisión adecuada, de un programa a cumplir, sino que el catequista sea mensaje con toda su persona. Nadie inicia a otros a vivir la experiencia del encuentro con Jesucristo si esta experiencia no pasa por la propia vida.

Para que comprendamos mejor esto les voy a narrar una anécdota que en alguna vez escuché: "Al final de una opulenta cena, un famoso actor de teatro entretenía a los comensales declamando algunos de los más célebres textos de renombrados autores. Después, como queriendo conceder un "bis", se ofreció para recibir solicitudes. Un anciano sacerdote, que estaba entre los invitados, pidió al actor si conocía el Salmo 22. El actor respondió: "Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted, padre". ‑ El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación con una dicción perfecta: "El Señor es mi pastor, nada me falta,... etc." Los invitados, al final, aplaudieron calurosamente. Después llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo.

Pero esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio, y el inicio de las lágrimas sobre algún rostro. El actor se mantuvo en silencio durante algunos instantes y después se levantó. Y dijo: "Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche. Yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor".

Es obvio hermanos y hermanas, que el Catequista conozca personal e internamente al Buen Pastor antes y durante el anuncio del Evangelio, que sea el discípulo en permanente escucha del Maestro ("vengan y vean"); y el misionero que lo proclama con alegría ("vayan y anuncien") C. 0. 65.

Afirma el Documento de Aparecida en relación al catequista: "Los rasgos a los que apunta la iniciación cristiana dan la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo... que tenga como centro su Persona, nuestro Salvador y plenitud de nuestra humanidad, fuente de toda madurez humana y cristiana; que tenga espíritu de oración, sea amante de la Palabra, que practique los sacramentos de la confesión frecuente y participe de la Eucaristía; que se inserte cordialmente en la comunidad eclesial y social, sea solidario en el amor y fervoroso misionero" (291‑292).

"Recomenzar desde Emaús" es la invitación que formulamos a todos los Catequistas congregados aquí. Ya conocemos el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús que marca todo un camino pedagógico en el que Jesús, sin ser reconocido, discretamente se acerca a aquellos dos hombres desilusionados y tristes e, interiorizándose en su situación les pregunta, ¿de qué hablaban en el camino?, ¿qué pasó? Ellos se desahogaron contándole lo que estaban viviendo. Y Jesús a través de los profetas y las Sagradas Escrituras los ilumina y les interpreta la situación que están viviendo, por ello les exhortamos a que la catequesis impartida esté siempre iluminada por la Palabra de Dios, contenida en la Biblia. La Biblia hermanos (as) debe ser el instrumento de trabajo. Por lo que es importante enseñarles a los catequizandos la forma de ir leyendo e interiorizando el Texto Sagrado, dentro de las formas está la Lectio Divina, la liturgia de las horas, etc. — Así el corazón de aquellos hombres se llenó de ardor y de entusiasmo y en los gestos de la cena reconocieron en el desconocido a Jesús mismo, al partir el pan. Sienten la urgencia de anunciar a sus compañeros y al mundo que Jesús vive.

Queridos Catequistas, "recomenzar desde Emaús", desde la experiencia de aquellos dos discípulos, es el secreto de una Catequesis que promueva el Encuentro con Jesucristo vivo "rostro humano de Dios y rostro divino del hombre" y de ser el instrumento apto de la Iniciación Cristiana del discípulo y misionero de Jesús.

Reiterando mi gratitud a todos los catequistas de nuestra Arquidiócesis a nombre de Nuestro Pastor Don Norberto y en el mío propio, especialmente al P. Eduardo Mercado, que con mucha dedicación realiza su ministerio, integrando de manera muy pedagógica el recorrido metodológico y espiritual de esta Comisión y a su equipo, así como a los integrantes de este ministerio de anuncio y enseñanza de la Palabra de Dios y a todos los que en cada Decanato hacen posible que estos días sean un encuentro enriquecedor de Oración y de reflexión en torno al catequista en nuestra Arquidiócesis.

Celebramos en la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos, nuestra vocación de catequistas. No podría ser de otra manera. Y la celebración mayor es la Eucaristía. Cada vez que la celebramos revivimos nuestra vocación de catequistas, porque allí Jesús nos llama entregándose y nos envía a la misión. Por eso está bien si aplicamos al catequista lo que el Papa recordaba de la Iglesia y la Eucaristía: "el catequista vive de la Eucaristía". Allí, en la Eucaristía, los catequistas encontramos la fuente y la culminación de nuestra vocación y nuestra misión. En ella, cada vez que la celebramos, somos llamados y enviados, amados y testigos, evangelizados y misioneros.

Terminemos nuestra reflexión invocando a la tercera persona de la Santísima Trinidad, para que derrame sus dones en cada catequista para que pueda enseñar y trasmitir fielmente su doctrina. Ven Espíritu Santo y llena nuestros corazones con el fuego de tu amor para que podamos revivir nuestra vocación de catequistas. Enséñanos a ver y a oír de nuevo el llamado de Jesús y, danos el coraje de entregamos a la misión como lo aprendemos de Él cuando celebramos la Eucaristía. En ella te alabamos junto al Padre y al Hijo, y te bendecimos, porque nos has llamado a esta hermosa misión de ser catequistas. Al revivir con profunda emoción tu llamado, ayúdanos a decirte una vez más que sí, como lo hizo María, nuestra maestra, Nuestra tierna Madre del Tepeyac, ve y dile al Sr. obispo que deseo se me construya un templo para en el mostrar las enseñanzas de mi hijo Jesucristo, mucho te lo agradeceré. Mucho ánimo y muchas felicidades, los y las queremos. Que Dios los y las bendiga hoy y siempre. Amén.

+ Florencio Armando Colín Cruz
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México y
Vicario episcopal de la Primera Vicaría


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