IX Semana Arquidiocesana de Catequesis
Ciudad

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA


20 de Mayo de 2010

Monición de entrada:

Como discípulos del Señor Jesús deseosos de estar con El, de escucharlo y de seguirlo, estamos aquí en torno al altar, con un corazón agradecido por las gracias que durante esta IX Semana Arquidiocesana de Catequesis ha derramado sobre cada uno de nosotros. El servicio catequético, como otros servicios eclesiales, nace de un don del Espíritu Santo y depende constantemente de su acción, con el que el catequista debe siempre colaborar. Por eso pedimos que la celebración eucarística fortalezca nuestra vocación y misión de catequistas, para que empujados por la fuerza del Espíritu Santo, vayamos a hacer presente al Resucitado, siendo testigos de la vida nueva que hemos experimentado.

Con alegría y esperanza en el Señor Jesús que camina siempre a nuestro lado, comencemos nuestra celebración eucarística con el canto.

Canto de entrada:

Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

Presidente: El Dios de la vida que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

R. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Acto penitencial… 

Oración colecta: Señor, que el Espíritu Santo nos conceda abundantemente sus dones, para que podamos conocer tu voluntad y ajustemos a ella nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Liturgia de la Palabra

Monición introductoria: Si la vida del apóstol ha estado cimentada en Jesús, no podrá menos que anunciar lo que ha experimentado, ya que sólo así el mundo podrá reconocer que somos testigos auténticos del Padre, si vivimos unidos a El y con nuestros hermanos. Abramos nuestro corazón a la escucha de la Palabra.

1ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 22, 30.23, 6-11.

“Al día siguiente, como quería saber de qué acusaban los judíos a Pablo, lo soltó y mandó que se reunieran los jefes de los sacerdotes y todo el consejo que llaman Sanedrín; hizo bajar a Pablo y se lo presentó. Pablo sabía que una parte era de saduceos y otra de fariseos; exclamó, pues en medio del Sanedrín: ‘Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; me juzgan por esperar la resurrección de los muertos’. Estas palabras originaron una gran discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; en cambio los fariseos admiten todo eso. Todos gritaban y algunos maestros de la Ley que eran del partido de los fariseos protestaron diciendo: ‘No hallamos nada malo en él. ¿Cómo saben si le habló un espíritu o un ángel? Como el alboroto aumentaba, el comandante tuvo miedo que despedazaran a Pablo; y mandó que hicieran bajar la tropa para sacar a Pablo de en medio de ellos y lo llevaran de nuevo a la fortaleza. A la anoche siguiente se le apareció el Señor y le dijo: ¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mi en Jerusalén, así debes darlo en Roma”. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. 

Salmo Responsorial: (Salmo 15).                                                                                                                                  

Enséñanos, Señor, el camino de la vida. Aleluya.

  • Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor  es la parte que me ha tocado en herencia; mi vida está en sus manos. R/.

  • Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré. R/.
  • Por eso se me alegran el corazón y el alma, y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción. R/.

  • Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua junto a ti. R/.

Aleluya

Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, somos uno. Así el mundo creerá que tú me has enviado, dice el Señor. 

Del Evangelio según San Juan: Juan (17, 20-26).

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no solo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mi por la palabra de ellos, para que todos sean uno como tú, Padre, en mi, y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí. Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”. Palabra del Señor.  

Homilía 

Oración universal:

Presidente: Jesucristo está presente en nuestra vida, y en la vida del mundo entero. La fuerza de la resurrección, el poder de su Espíritu, acompaña nuestros pasos. Por eso, confiando en su presencia salvadora, presentamos ahora nuestras plegarias por todos los hombres a nuestro Padre Dios.

Respondemos: Envíanos tu Espíritu Santo, Señor. 

  1. Que el Espíritu de Dios renueve a la Iglesia y haga de ella un testimonio vivo de amor para que en todos los lugares donde se encuentra pueda presentar el verdadero rostro de Cristo con gran fe y alegría. Oremos.
  1. Pidamos de manera especial por el Santo Padre Benedicto XVI, para que el Señor lo siga sosteniendo y le de la fuerza que necesita para que sea fiel a la misión que le ha sido confiada. Oremos.
  1. Por nuestra arquidiócesis de México, especialmente por nuestros pastores el Sr. Cardenal Norberto Rivera, sus obispos auxiliares y los presbíteros para que crezcan cada día en fidelidad al evangelio. Oremos.
  1. Por nuestros gobernantes para que busquen siempre por encima de todo la paz, la concordia y el bienestar sobre todo por aquellos que menos tienen. Oremos.
  1. Para que todos los catequistas aprendamos a vivir más unidos a Jesucristo y demos testimonio a través de nuestro ministerio del amor de Dios que hemos experimentado. Oremos.
  1. Que en el interior de nuestras familias se siga cultivando el amor a Dios, y en su seno se despierten las vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida consagrada y de laicos para seguir haciendo presente su amor entre los hombres. Oremos. 

Oración: Padre, que en Jesús nos has mostrado tu misericordia, escucha ahora nuestras peticiones y llena el mundo entero con tu bondad. Por Jesucristo, nuestros Señor. Amén.

Oración después de la Comunión

Que esta Eucaristía, Señor, nos haga comprender tus designios y nos comunique tu misma vida divina, para que seamos dignos de recibir los dones de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


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