IX Semana Arquidiocesana de Catequesis
Ciudad

ORACIÓN INICIAL — JUEVES


20 de Mayo de 2010

Monitor: Buenas, tardes estimados catequistas, bienvenidos a este último día de nuestro encuentro, que la gracias de Dios inunde cada uno de nuestros corazones.

La Iglesia es la gran familia de todos los bautizados en Cristo. Y como pueblo suyo fuimos confiados en las manos de sus apóstoles y de sus ministros, padres y guías nuestros, sucesores de su obra redentora. En el sacerdocio ministerial se condensa especialmente la figura de Cristo. Por eso el obispo y el sacerdote son ante todo servidores de Dios y del pueblo cristiano, catequistas por excelencia. Al ser llamados tienen un lugar privilegiado en el corazón de Jesús y una tarea invaluable como pastores nuestros. Se encargan de interceder por el pueblo, ofrecer el sacrificio eucarístico, y conducirnos a Jesucristo, único Señor. El sacerdote es otro Cristo al que nos corresponde cuidar y amar como un miembro más de nuestra familia.

Demos inicio a nuestra oración con este canto.

Canto: El pescador

LECTURA BÍBLICA: Del Evangelio según San Lucas 5, 1-11.

“Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban sus redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: ‘Lleva la barca a la parte más honda y echa  las redes para pescar’. Simón respondió: ‘Maestro, por mas que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices echaré las redes’. Así lo hicieron y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: ‘Señor, apártate de mi, que soy un hombre pecador’. Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas; en adelante serás pescador de hombres. En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús”. Palabra del Señor.

Un momento de silencio orante para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Reflexión:

Jesús llama a algunos hombres para que colaboren en su obra de salvación en el mundo, para ser prenda de bendición y medios por los que se manifieste el rostro misericordioso de Dios. Los hombres que corresponden a la invitación de Dios para el Sacerdocio, encuentran en Cristo la motivación y el modo de realizar su labor dejándolo todo y siguiéndolo hasta las últimas consecuencias para que la humanidad conozca a Dios y se salve.    

Monitor: Hermanos catequistas, en muchas ocasiones tendemos a pensar que los sacerdotes están hechos de alguna materia incorruptible, sin embargo ellos son frágiles criaturas como nosotros. Tienen la gracia del sacramento del orden, pero aún así son débiles, y debemos apoyarlos con nuestra oración y amistad, por eso los invito a que en esta tarde pongamos en el corazón de Jesús y de María a nuestros arzobispo, obispos auxiliares y sacerdotes, que día con día se desgastan por el bien del Reino.

Letanías por las vocaciones:

  • Tú que te compadeciste de las multitudes que carecían de pastor.

R: Manda, Señor, obreros a tu mies.

  • A los jóvenes que se sienten llamados.

R: Dales generosidad, Señor.

  • A las almas a ti consagradas:

R: Aumenta su caridad, Señor.

  • A los seminaristas.

R: Dales perseverancia, Señor.

  • A los sacerdotes que sufren tentación.

R: Dales tu fuerza, Señor.

  • A los sacerdotes tibios.

R: Dales tu santidad, Señor.

  • A los sacerdotes tristes.

R: Consuélalos, Señor.

  • A los sacerdotes que sienten soledad.

R: Sé tú su compañía, Señor.

  • A los sacerdotes jóvenes.

R: Impúlsalos a buscar tu gloria, Señor.

  • A los sacerdotes ancianos.

R: Sostenlos en tu servicio, Señor.

  • A los sacerdotes difuntos.

R: Dales tu gloria, Señor.

  • La mies es mucha; los obreros pocos.

R: Envía, Señor, obreros a tu mies.

Monitor: A Jesús sumo y eterno Sacerdote presentemos nuestras súplicas confiados.

Respondemos: Te rogamos, óyenos.

  1. Por las necesidades e intenciones del Santo Padre Benedicto XVI, en esta hora difícil que afronta la Iglesia, para que en Cristo Resucitado encuentre su fuerza y siga siendo signo de unidad y de amor entre los hombres.

  2. Por nuestro Arzobispo Norberto Rivera y sus obispos auxiliares, primeros responsables en orientar y coordinar la pastoral catequística en todos los ámbitos, para que Dios los llene de su sabiduría y recompense todo el trabajo que han hecho en bien de la Iglesia arquidiocesana.

  3. Por los sacerdotes de nuestras vicarías, sobre todo aquellos que necesitan más del amor misericordioso de Dios.

  4. Por cada uno de nosotros catequistas que colaboramos más de cerca con los obispos y sacerdotes, para que sepamos ser comprensivos y les ayudemos a que vivan fielmente su vocación.

Oración:

Cuida Señor, a los sacerdotes, cuyas vidas se consumen ante tu altar, porque son tuyos. Protégelos porque están en el mundo, aunque no pertenecen a él. Cuando los tienten y les seduzcan los placeres terrenos, acógelos en tu corazón, confórtalos en las horas de soledad y de tristeza. Cuando toda su vida de sacrificio por las almas les parezca inútil, cuídalos y acuérdate, Señor, que no te tienen más que a ti y que, sin embargo, sus corazones son humanos y frágiles. Amén.

Monitor: Que hoy y siempre acompañemos a nuestros obispos y sacerdotes con la oración y con un trabajo más en equipo para bien de la catequesis. Oremos juntos.

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento,
que quisiste perpetuarte entre nosotros
por medio de tus Sacerdotes,
haz que sus palabras sean sólo las tuyas,
que sus gestos sean los tuyos,
que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres
y hablen a los hombres de Dios.
Que no tengan miedo al servicio,
sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.

Que sean hombres, testigos de tu amor en nuestro tiempo,
caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso
y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos,
celosos de su vocación y de su entrega,
claros espejos de la propia identidad
y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pedimos por intercesión de Santa María de Guadalupe
Ella que estuvo presente en tu vida y
estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes.
Amén.


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