IX Semana Arquidiocesana de Catequesis
Ciudad

ORACIÓN INICIAL — MARTES


18 de Mayo de 2010

Monitor: Sean bienvenidos estimados catequistas al segundo día de nuestra semana arquidiocesana de catequesis, recordemos que nadie nace catequista y nadie se convierte en tal por el sólo hecho de desearlo. De ahí la necesidad de una adecuada y permanente formación que nos capacite para promover y acompañar el crecimiento en la vida de fe de nuestros interlocutores. Damos inicio poniéndonos en comunión con El Señor Jesús, que nos acompaña muy de cerca en este tiempo de formación intensa, comencemos con el canto.

Canto: Vaso Nuevo

Gracias quiero darte por amarte
gracias quiero darte yo a ti Señor
hoy soy feliz porque te conocí,
gracias por amarme a mí también

Yo quiero ser señor amado
como barro en manos del alfarero
toma mi vida, hazla de nuevo
yo quiero ser un vaso nuevo
(2)

Te conocí y te amé, te pedí perdón y
me escuchaste, si te ofendí perdóname
Señor, pues te amo y nunca te olvidaré.

Monición: Convencidos de que la Palabra de Dios es el Alma de la catequesis y la fuente donde el catequista alimenta su fe y su vida cristiana, preparémonos a escucharla.

Lectura Bíblica: Hechos de los Apóstoles  8, 26-31.

El ángel del Señor habló a Felipe diciendo: Vete a eso del mediodía al camino que baja de Jerusalén a Gaza; está desierto. Se puso en camino y se encontró con un etíope, funcionario del palacio de Candaces, reina de Etiopía, administrador de todos sus bienes. Había venido a Jerusalén a rendir culto a Dios y regresaba sentado en su coche, leyendo al profeta Isaías. “El espíritu dijo a Felipe: adelántate y únete a ese coche, Felipe corrió hacia Él lo oyó leer al profeta Isaías y le preguntó, ¿Entiendes lo que lees? El etíope contesto: Si nadie me explica, ¿Cómo voy a entender? E invito a Felipe a subir y sentarse junto a Él”.  Palabra de Dios.

Todos: Te alabamos, Señor.

Reflexión:

Nuestra reflexión para este día trata sobre la conversión a Cristo de un forastero que vino a “Jerusalén para adorar a Dios”. Este extranjero era un hombre importante en su país. Es un caso en que se ve que Dios hace sus planes, para producir el resultado.

En la conversión del etíope intervinieron cosas que eran necesarias para tener un encuentro personal con Dios en Jesucristo.

Intervino la propia búsqueda de Dios en el interesado. El etíope hizo un largo camino para llegar al lugar apropiado, El Templo de Jerusalén. Lugar desde donde Dios había prometido oír a todos los que a él acudieran, y no solo para los judíos, sino también para los gentiles. Él ha venido buscando a Dios, y ahora Dios le va a revelar lo que él tanto necesitaba.

La intervención del evangelista, Felipe, uno de los siete llamados diáconos de la primitiva Iglesia de Jerusalén. Un hombre de buen testimonio, lleno del Espíritu Santo, y de sabiduría de Dios. Estando Felipe en plena actividad evangelizadora en Samaria, es que “un ángel del Señor le comisiona con un encargo especial, y le envía en busca del etíope”.

La intervención del Espíritu Santo. Felipe había obedecido al ángel del Señor.

La intervención de la Palabra ¿Podemos imaginarnos con que hambre aquel hombre leía la Biblia? El no esperó a leerla cuando llegara a su casa. Él la leía y la interrogaba, deseaba entenderla. Aquel etíope era un alma sedienta de Dios.

Y estando él en sus preocupaciones sobre quién le enseñaría el significado de la lectura de Isaías, es que el hombre lleno del Espíritu Santo, el hombre enviado por el ángel del Señor, era el único que podría interpretarle la Biblia correctamente. Es por esto que inmediatamente el etíope le pide a Felipe que suba junto a él y le explique lo que él no entiende. A raíz de eso, Felipe le anunció el evangelio de Jesús.

La Palabra de Dios nos da pie para decir que la tarea de los catequistas no se improvisa, es necesario haber recorrido cierto proceso de fe y de formación, para que como Felipe podamos ser catequistas de buen testimonio, lleno del Espíritu Santo, y de sabiduría de Dios. Sólo de esta manera seremos capaces de conducir a nuestros interlocutores hacia el encuentro verdadero con Jesús y ellos podrán encontrar las respuestas a todas sus interrogantes a ejemplo del etíope.

Monitor: Respondemos a la lectura diciendo que el catequista para que sea un auténtico testigo, educador y acompañante de las personas, está invitado a ser dócil a la acción del Espíritu Santo para seguir  formándose con la ayuda de la Palabra y el acompañamiento de su comunidad, para forjar en él una sólida identidad cristiana:

Todos: Espíritu Santo haznos dóciles a tu acción para dejarnos formar.

  1. Que los Obispos y Presbíteros den un lugar prioritario en los planes y programas a la formación inicial, básica y específica de los catequistas.

  2. Que el catequista en fidelidad a su vocación desee y busque formarse, para que se mantenga en actitud de discípulo del único maestro a quien debe orientar a sus interlocutores.

  3. Que todo catequista se inserte más en su comunidad eclesial y en un trabajo más en comunión con las otras pastorales como fruto de su formación.

  4. Que todo catequista se preocupe no solo de enseñar y alimentar la fe sino que sepa ser un gran educador y acompañante de sus hermanos en la fe.

  5. Que la comunidad dedique a la catequesis los mejores recursos en personas y medios materiales, para organizarla más eficazmente y formar personal capacitado.

  6. Que la formación se dirija a todos los catequistas llevándolos a optimizar su misión, que generen procesos, a partir de un anuncio kerigmático que suscite la experiencia de Dios y acompañe todo el proceso, desarrollando tareas de iniciación, de educación en la fe y de enseñanza.

  7. Que los formadores de los catequistas, sigan el concepto de catequesis, que propone la Iglesia Arquidiocesana y forme siempre catequistas comprometidos.

Oremos: Señor que tu Santísima Madre Santa María de Guadalupe, fiel discípula y primera catequista nos acompañe en nuestro camino de formación, para que nunca caigamos en el desánimo, en la apatía de no querer seguir formándonos o en el conformismo de pensar que ya estamos terminados, todo esto te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén

Oración conclusiva (juntos).

Señor Jesús, tú has estado siempre
cercano a cada uno de nosotros,
así nuestra tarea de sembradores de tu Evangelio
nos ha resultado más fácil.

Enséñanos a descubrirte en nuestros hermanos,
porque cada vez que los escuchamos y ayudamos,
realmente te escuchamos y ayudamos a Ti.

Disipa, Señor, nuestros temores,
afianza nuestra decisión de amar
nuestra vocación y tarea de catequista,

Fortalece nuestra voluntad,
para que estemos siempre deseosos
de seguir formándonos en comunidad.

Llena nuestra ignorancia con tu claridad,
nuestro cansancio con tu fortaleza,
nuestro egoísmo con tu amor,
nuestra desilusión con tu esperanza.

Señor, agradecemos tu mirada de amor que nos ha elegido,
y la confianza que has puesto en cada uno,
a compartir con nosotros la tarea de
extender tu Reino entre los hombres y mujeres.

Con humildad,
pero con alegría y esperanza,
queremos decirte que
estamos disponibles para seguir
formándonos en tu escuela  y
llegar de esta manera a ser
auténticos testigos de tu Palabra, sobre
todo con aquellos que viven más alejados de ti.

Amén. 


Oración Inicial - Martes en PDF


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