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Contenido del apartado: ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS


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VI Encuentro Mundial de las Familias
Congreso Teológico Pastoral


Mensaje de Clausura y Agradecimientos
cardenal Norberto Rivera Carrera

Eminentísimo Señor Legado pontificio, Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad Benedicto XVI.

(Señora Licenciada Margarita Zavala, Primera Dama de los Estados Unidos Mexicanos).

Eminentísimo Señor Cardenal, Ennio Antonelli, Presidente del Consejo pontificio para la Familia.

Estimados Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos, Secerdotes, Religiosos, Religiosas y Laicos de Cristo Jesús.

A lo largo de estos días hemos escuchado cómo la familia puede volver a tejer la esperanza de nuestro mundo, por medio de la propuesta de una comunidad de vida y de amor, que brilla en medio de la oscuridad y vuelve a proponer el amor frente al egoísmo, la generosidad frente a los corazones cerrados, la solidaridad ante el individualismo.

El camino no es fácil, pero es tan grande el recurso que es la familia que incluso, en los ambientes más adversos, puede volver a resurgir. Sólo hace falta que construyamos a su alrededor los ambientes necesarios y, ella sola, con la fuerza del amanecer de la creación, volverá a reconstruirse, porque como nos dice el relato del Génesis, en el hombre está el soplo del Creador, que de un poco de polvo formó un hombre y una mujer de igual dignidad y, para manifestar la maravilla que ellos eran, les dijo que sus hijos serían para ellos una bendición y, que los bienes de la tierra estarían a su disposición, para que todos en una armonía entre el ser humano y la creación, fueran una alabanza del Señor del Universo.

Hemos contemplado a la familia surgir como una esperanza maravillosa, como un sol que sale por el horizonte, cuando muchas veces sólo veíamos nubarrones. Siempre tenderemos a encontrar los problemas, las dificultades y las pruebas. Y una y otra vez, la familia volverá a decirnos que la esperanza y el bien son más fuertes que todos los problemas, que la unidad que da la familia es capaz de vencer a todos los problemas del mundo, a todos los dolores del mundo, a todos los miedos del mundo.

Ha quedado muy claro que no estamos contra nadie, sino sólo en favor del derecho que tenemos de proponer el Evangelio de la familia y de la vida. A nosotros nos toca volver a proponer el modelo familiar que sabemos que es el más completo, el más armonioso, el modelo que forma la comunidad de vida y amor que es el matrimonio y que se prolonga en los hijos como frutos naturales del primero de todos los valores. Sabemos que este modelo no siempre está presente en todas las comunidades humanas, también sabemos que este modelo se nos presenta muchas  veces roto en la sociedad, por la fragilidad humana, pero no podemos dejar de aspirar a seguir construyendo este modelo que realiza maravillosamente la vocación humana y divina del ser humano.
 
Quiero, en primer lugar, dar gracias a Dios nuestro Padre que nos ha concedido vivir estos días de intensa fraternidad, solidaridad y comunión eclesial, permitiéndonos un fructuoso intercambio de ideas y de experiencias, que renuevan nuestra alegría de ser familia, la familia de los hijos de Dios.

Queridas familias, cada una de ustedes son un don precioso para la Iglesia, porque en cada una de ustedes la Iglesia nace con la venida al mundo de cada uno de sus hijos, con cada una de ustedes la Iglesia crece por los valores humanos y cristianos que le dan a sus hijos, por cada una de ustedes la Iglesia se hace más bella por la santidad que transmiten en los matrimonios y en las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa que se desprenden de ustedes en nuevos hogares y en comunidades donde el Evangelio se vive de modo radical por los consejos evangélicos.

Cada una de ustedes son un don precioso. Nunca dejen de ser este don. Si hay problemas, si hay errores, si hay pecados, busquen la reconciliación y regresen al camino del don de amor que son cada una de ustedes. Familias, nunca dejen de ser un don para la sociedad y nunca dejen de ser un don para las otras familias. Dénles a las demás familias el testimonio de lo mejor de ustedes. El testimonio de sus valores de amor, de sus valores humanos, de sus valores espirituales y de sus valores cristianos. Familias, nunca dejen de ser un don para los demás, incluso cuando se encuentren heridas por el pecado o cuando los errores aparezcan en la vida. Porque a veces el mejor de los dones es mostrar que, en todas las caídas de la vida, se puede tener la esperanza de volverse a levantar.

Quiero agradecer a todos los que han hecho posible estos días maravillosos. Agradecer a Su Santidad el Papa Benedicto XVI que nos hizo el inmenso honor de proponernos como sede para este VI Encuentro Mundial de Familias. Agradezco a Su Eminencia el Sr. Cardenal Bertone, Legado Pontificio para este Encuentro, por habernos traído en su persona sus ricas reflexiones sobre la familia y sobre todo la cercanía del Santo Padre.

Quiero agradecer a Su Eminencia el Cardenal Ennio Antonelli y a todo el Pontificio Consejo para la Familia que han sido para nosotros una guía fraterna en el camino de la realización de este Congreso Teológico-Pastoral. Sin duda alguna todos los que conocimos al Cardenal López Trujillo guardamos un sincero agradecimiento por su vida entregada al servicio de la familia.

Quiero agradecer a todos mis hermanos Cardenales y Obispos su presencia entre nosotros. En cada uno de ustedes está el rostro de los diversos carismas de la Iglesia y de los múltiples pueblos que hacen de la Iglesia una única familia que habla en muchas lenguas y que reconoce a Cristo Jesús como Nuestro Señor en diversas razas y que nos dice que la fe, la esperanza y la caridad son un lazo de unión tan fuerte o más que los lazos de la carne y de la sangre.

Gracias a los ilustres señores conferenciantes que nos han ilustrado con su reflexión, con sus aportaciones y experiencias al servicio de la causa de la familia y de la vida.

Gracias a todos y cada uno de mis colaboradores en la organización de este evento eclesial de tanta trascendencia para la sociedad en su conjunto. De modo particular quiero agradecer  a la Comisión Central Organizadora que ha soportado el peso de la organización, sin ahorrar ningún sacrificio para que todo resulte de la mejor manera posible.

Me alegra reconocer también la colaboración de las diferentes instancias del gobierno tanto federal como local, su disposición para apoyar este Encuentro. Esta colaboración respetuosa de las diferencias y de los ámbitos que nos son propios, muestra cómo es posible un diálogo sincero y fructuoso al servicio de los objetivos fundamentales del bien común. No cabe duda que la familia es una realidad que nos convoca a todos y sobre la cual deberemos continuar reflexionando y trabajando juntos para sostenerla en beneficio de la sociedad en su conjunto y de las futuras generaciones.

Gracias a tantos jóvenes y familias que están sirviendo con tanta generosidad en estos días como voluntarios para atender adecuadamente a todas las familias participantes. Sus rostros alegres y su cordialidad son, sin duda, reflejo del entusiasmo de servir a la familia y son un motivo de gran esperanza.

Gracias a los medios de Comunicación porque han llevado este acontecimiento más allá de nuestras fronteras y a muchos mexicanos que hubieran querido estar aquí, gracias a los traductores, al personal de servicio que ha cuidado la limpieza y el orden de las más de diez mil personas que hemos estado reunidos en estos días del Congreso.

Gracias a los numerosos bienhechores que nos han ayudado a sostener los gastos que esta organización ha comportado. Particularmente agradezco al Centro “Expo-Bancomer”, el entusiasmo con el que han acogido esta iniciativa y la han apoyado.

Quiero agradecer a todos los hermanos de las diversas Iglesias cristianas que nos han acompañado, a los hermanos de las comunidades eclesiales que han querido caminar con nosotros, a los hermanos de otras experiencias religiosas que han buscado estar a nuestro lado en estos días.

“Si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles: Gracias a mis hermanas religiosas y a todos las comunidades que nos apoyaron con su oración.

De modo muy especial quiero agradecer a mis hermanos en el episcopado en la República Mexicana, porque gracias a ustedes, nuestros hermanos de diversas Iglesias locales han recibido el don de este congreso y porque gracias a ustedes se vive el Evangelio de la familia en cada uno de los rincones de nuestra querida patria. Gracias al Señor Nuncio Apostólico por sus servicios tan eficaces para este Encuentro Mundial de las Familias.

Mi gratitud va asimismo hacia el equipo que hizo posible este congreso teológico-pastoral en México, coordinado por Mons. Jonás Guerrero, por Mons. Enrique Glennie, P. Cipriano Sánchez y Padre Guillermo Gutiérrez y a cada uno de ustedes con sus diversos esfuerzos ha tejido este evento como un éxito que el Espíritu Santo ha llenado con su luz y su fecundidad. De modo especial va mi gratitud a todos los matrimonios que en este equipo dieron su tiempo, robado a veces al legítimo descanso, para poder sacar adelante todo lo que nosotros hemos disfrutado en estos días. De todo corazón muchas gracias.

Finalmente mi agradecimiento con todos ustedes. Gracias hermanos laicos venidos de Europa. Gracias hermanos venidos de África. Gracias hermanos venidos de Asia y de Oceanía. Gracias hermanos y hermanas venidos de Norteamérica y Canadá. Gracias hermanos venidos de Centro, Sudamérica y el Caribe hermanos en la fe, en la lengua, en la cultura y el amor a María.

Y sobre todo gracias hermanos venidos de todo México y, muy en mi corazón, gracias hermanos venidos de esta mi muy querida Arquidiócesis de México. Gracias porque desde cada una de las parroquias y de las vicarías presididas por mis Vicarios Episcopales fueron construyendo este encuentro, lo fueron edificando con ilusión y lo han vivido con entusiasmo. Gracias porque cada uno de sus corazones ha sido generoso anfitrión en estos días que hemos vivido juntos.

Y para terminar, quiero dar las gracias a Nuestra Señora de Guadalupe. Ella nos ha sostenido en las pruebas, nos ha consolado en los desánimos, nos ha fortalecido en los errores propios y ajenos y sobre todo, Ella ha sostenido a nuestras familias para que sean los lugares donde la fe crece y los valores se construyen. Gracias Madre de Guadalupe por habernos hecho tus hijos y por habernos enseñado a ser hermanos en las diferencias y a ser familia en la Iglesia de tu Hijo por la caridad que es el vínculo que nos une a ti y nos une entre nosotros. Mañana y el Domingo nos veremos en tu Casita del Tepeyac.

El congreso teológico pastoral termina esta tarde, pero en cada una de nuestras familias y de nuestras comunidades sigue latiendo con fuerza el compromiso que nos reunió en estos días: hacer de la familia la principal formadora en valores humanos y cristianos.

Muchas Gracias y que Dios los bendiga.