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Contenido del apartado: ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS


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TEMA 1. Qué son los valores y su importancia en la formación de la persona

La educación en valores como forjadores de la personalidad madura. El cristianismo cambia la jerarquía de los valores humanos, llevándolos a lo sobrenatural.

Objetivos

  • Identificar la naturaleza de los valores.
  • Impulsar, desde la familia, la vivencia de los valores.
  • Llevar los valores al plano sobrenatural.

1. Oración  

“Cuán bienaventurado es el hombre que ha puesto en el SEÑOR su confianza, y no se ha vuelto a los soberbios ni a los que caen en falsedad. Muchas son, SEÑOR, Dios mío, las maravillas que tú has hecho, y muchos tus designios para con nosotros; nadie hay que se compare contigo; si los anunciara, y hablara de ellos, no podrían ser enumerados” (Salmo 40, 4-5).

2. Lectura bíblica  

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. 3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado. 4 Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. 5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer (Juan 15, 1-5).

3. Desarrollo del tema

¿Qué son los valores?

En nuestra cultura con mucha frecuencia se identifica el concepto de valor con el concepto de virtud, aunque en realidad no son dos conceptos idénticos. Podemos definir el valor de la siguiente manera: la cualidad y característica que hace buena a una persona. El valor es lo digno de ser apreciado, lo deseable y lo que se identifica con lo bueno o positivo y se orienta al ser y al buen hacer de la persona.

Entendiendo el valor de esta manera, se acerca en la práctica al concepto de virtud de la siguiente definición clásica: La virtud es una buena cualidad del alma por la que se vive rectamente, de la cual nadie usa mal, y que, en el caso de las virtudes sobrenaturales, puede ser producida por Dios en nosotros sin intervención nuestra (Santo Tomás de Aquino).

Podemos decir que los valores son sólo propios de las personas humanas y de las sociedades que ellas forman.

Quién es la persona: dimensión individual y social

El ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza está compuesto de cuerpo y alma espiritual. La naturaleza humana cuenta con bienes y posibilidades de desarrollo, que constituyen los valores. Los valores no son procesos sino bienes naturales no adquiridos, dados por Dios al hombre para que los aproveche en su beneficio y en el de la sociedad.

Aunque todos los valores son importantes, es preciso tener una justa jerarquía basada en la misma naturaleza del ser humano donde lo espiritual es superior a lo corpóreo. Aquellos valores que contribuyen de una manera más directa a la realización de la persona, de las criaturas o de las sociedades, son los valores de mayor importancia, mientras que aquellos valores que sólo contribuyen de una manera limitada a dicha realización se consideraran de menor nivel. Los valores religiosos ocupan el primer lugar por el fin que persiguen.

Dios al crear todas las cosas, todo lo hizo bien (Gen 1, 31). Cada una de las criaturas de Dios, contiene en su propia naturaleza, una diversidad de bienes, es decir valores. La persona humana con ayuda de su razón reconoce sus bienes, los valora, los estructura y los eleva a la dimensión sobrenatural al reconocerlos como dones de Dios.

Es necesario distinguir los valores respecto a las virtudes que se adquieren a través de la repetición de actos buenos.

Los valores y educación en valores para forjar una personalidad madura

La educación en valores es el fundamento del equilibrio personal y social. La persona conoce los valores a través de su inteligencia y los desarrolla a través de su voluntad. Hace valoraciones: juzga, ordena, jerarquiza y clasifica para aplicarlos a su vida.

Cuando los padres de familia y los educadores viven y transmiten los valores dan testimonio de ellos naturalmente. De la misma manera, cuando dan a algunos valores una importancia mayor de la que tienen y actúan de acuerdo a esa valoración, lo hacen de manera errónea. En la mayoría de los casos el mal ocurre cuando se prefieren los valores inferiores sobre los valores superiores.

La dimensión sobrenatural de la personalidad

Los valores humanos son valores de la humanidad, y por lo tanto, los valores cristianos no son en esencia diferentes de los valores humanos. Lo que los diferencia es su origen (la acción de Dios en el hombre por la gracia y la revelación cristiana) y su fin (la comunión eterna con Dios y los demás en el cielo). El cristianismo los incorpora a la dimensión sobrenatural dándoles un sentido nuevo.

Cristo asume la naturaleza humana, redime al hombre de su naturaleza caída y le abre la posibilidad de alcanzar la vida eterna, a través de la perfección de su propia naturaleza. De ahí que el cristianismo no cambia los valores, sino que los desarrolla y profundiza desde la perspectiva de la vida eterna.

4. Caso o hecho de vida

Los siguientes ejemplos ponen de manifiesto la aplicación de los valores en la vida diaria.

  • Unos padres de familia preocupados por la educación cristiana de sus hijos, escogen una escuela católica y el domingo prefieren irse al club que llevarlos a Misa.
  • El padre que antepone el bienestar económico a la convivencia y comunicación familiar.
  • Un padre de familia que gasta su dinero en artículos de belleza para su hija, y al hacerlo se queda sin el dinero necesario para atender un problema de salud de esa misma hija.
  • Un padre pone en riesgo la unidad de la familia, dándole más importancia a su propia diversión que a pasar tiempo con sus hijos y mejorar su relación con ellos.
  • Una madre que prefiere su realización profesional a la educación y formación de su familia.

Todos estos casos nos ponen de manifiesto una errónea escala de valores.

5. Reflexión y diálogo

En los siguientes ejercicios se presentan algunas decisiones en las cuales se escogen algunos valores.

6. Textos de apoyo

"Pero el aspecto más profundo y esencial de la parábola es lo que Cristo dice sobre el cultivo de la vid. Dios, creó al hombre, cuida de esta criatura suya. Como viñador, la cultiva. Y lo hace en el modo que le es propio. Injerta la humanidad en la "vid" de la divinidad de su Hijo unigénito. El Hijo eterno y consustancial al Padre se hace hombre precisamente para esto. ¿Por qué este "cultivo de Dios"? ¿Es posible injertar un sarmiento humano en esa Vid que es Dios hecho hombre? La respuesta de la Revelación es clara: el hombre desde el inicio fue llamado a la existencia como imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 27) y, por tanto, su humanidad encierra siempre en sí algo divino. La humanidad del hombre puede ser "cultivada" también de esta manera sobrenatural. Aún más, en la actual economía de la salvación, sólo mediante su inserción en la divinidad de Cristo el hombre puede realizarse en plenitud. Si rechaza esta inserción, se condena en cierto sentido a una humanidad incompleta" (Juan Pablo II, Memoria e identidad, p. 124).

"El amor es una exigencia que no me deja intacto. En él no puedo limitarme a seguir siendo yo a secas, sino que he de perderme una y otra vez al ser desbastado, al ser herido. Y precisamente esta herida para sacar a relucir mis mejores posibilidades forma parte, en mi opinión, de la grandeza, del poder curativo del amor. En este sentido, no se debe imaginar un amor puramente romántico, que cae del cielo sobre ambos cuando se han encontrado y que a partir de entonces todo irá sobre ruedas. El amor hay que entenderlo como pasión. Sólo cuando se está dispuesto a soportarlo como pasión, aceptándose siempre de nuevo el uno en el otro, madurará una pareja para toda la vida. Si, por el contrario cuando las cosas se ponen críticas se dice que hay que evitarlo y se separan, uno prácticamente se priva de la verdadera oportunidad que ofrece la convivencia entre hombre y mujer y, por tanto, de la realidad del amor" (Joseph Ratzinger, Dios y el mundo, p. 79).

7. Síntesis conclusiva

  • Los valores son dones de Dios a la naturaleza humana.
  • Las virtudes son hábitos buenos promovidos por la voluntad a base de la repetición de actos para orientarnos al bien.
  • La justa jerarquía de valores y su sentido cristiano son la clave del quehacer humano, para obtener la vida eterna.

8. Compromiso

  • Desarrollar los valores puestos por Dios en nuestra naturaleza y ayudar a los demás en esta tarea.
  • La familia es el mejor lugar para desarrollar los valores.

9. Oración final

"Déme Dios hablar según deseo y pensar dignamente de los dones recibidos, porque Él es el guía de la sabiduría y el que corrige a los sabios. Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras y toda la prudencia y la pericia de nuestras obras. Porque Él nos da la ciencia verdadera de las cosas, y el conocer la constitución del universo y la fuerza de los elementos" (Sabiduría 7, 15 - 17).

10. Glosario

  • Desbastado: debilitado
  • Innato: connatural y nacido con el mismo sujeto.
  • Madurez: esfuerzo por armonizar las facultades humanas para servir a los demás.
  • Madurez sobrenatural: armonizar las facultades humanas conforme a la Voluntad de Dios.
  • Persona humana: ser corpóreo espiritual hecho a imagen y semejanza de Dios.
  • Valores: son las perfecciones que Dios puso en las personas y en las cosas. Cualidades y características dignas de ser apreciadas, que se identifican con lo bueno o positivo y que hacen buena a una persona. El valor se orienta al buen ser y al buen hacer de la persona.
  • Valores humanos: son los dones que Dios da y que el hombre debe desarrollar para su bien integral
  • Valores cristianos: son los valores humanos a la luz del Evangelio.
  • Virtudes: hábitos y disposiciones del alma para las acciones buenas conforme a la ley moral y que se ordenan a la felicidad eterna de la persona.

11. Bibliografía

  • Sagrada Biblia, BAC. Madrid, 1971.
  • Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.
  • Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Conferencia del Episcopado Mexicano, México, 2005.
  • Juan Pablo II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid, 2005.
  • Joseph Ratzinger, Dios y el mundo, Random House Mondadori, S.A., Barcelona, 2005.

Fuente: SIAME