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Contenido del apartado: ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS


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VI Encuentro Mundial de las Familias
Evento Festivo


Testimonio de la Familia Toffano
(Italia)

Anna

Los dos teníamos un buen trabajo, una hermosa casa, tres niños y muchos amigos.

Éramos admirados y queridos por todos, pero entre nosotros dos surgían con frecuencia choques violentos, sobre todo si se hablaba de dinero, de sexo o de nuestras familias y de la educación de los hijos. Al menos dos veces yo estuve a punto de irme de casa. Sin embargo, a pesar de nuestras limitaciones, a través de un camino de fe, Dios nos ha preparado para una llamada especial: dejar Italia, nuestras seguridades y nuestros parientes, para ir en misión a Holanda.

En los nueve primeros años hemos vivido en Almere, una ciudad dormitorio de doscientos mil habitantes, construida sin los principios de la fe y, por lo tanto, sin iglesias. Era como un árido desierto en el cual el Señor nos esperaba para hablar a nuestro corazón. Estábamos convencidos de tener la misión de convertir a los holandeses, pero Dios estaba trabajando para convertirnos a nosotros.
 
Bepi

Las pruebas no han faltado, sobre todo para mi mujer que, debido a dos embarazos extra uterinos, ha visto en peligro su vida. En cierto momento, el deseo de dejar la misión se convirtió en una certeza. Pero Dios no ha querido que regresásemos, dándonos inesperadamente dos hijos holandeses en adopción: Roos y Jasmin. Incluso desde el punto de vista material, Él siempre ha proveído dándome un trabajo para poder mantener a mi familia.

En los trece últimos años he trabajado de pintor. Después nos hemos ido a vivir a otra ciudad y allí hemos estado diez años; en este tiempo hemos trabajado preparando para el matrimonio a novios que ya vivían juntos y en la preparación de adultos para el bautismo. Ahora hemos regresado a Almere y ha sido una gran sorpresa constatar la fidelidad de Dios. Durante nueve años habíamos experimentado sólo fracasos y rechazos. Gracias a ellos, nos hemos podido dirigir a los paganos, a los hermanos alejados. Cada viernes nos dedicamos a la evangelización, invitando a cenar o a un café, a personas alejadas de la Iglesia, vecinos, colegas del trabajo, compañeros de colegio y de universidad. Es una gran sabiduría vivir el presente que Dios nos da, permaneciendo en la cruz cotidiana que tantas veces es incomprensible, para que el Espíritu Santo pueda actuar en nosotros.

En estos encuentros, en los que participan nuestros hijos de un modo activo y valiente, contamos la experiencia de cómo era nuestra familia antes de encontrar a Cristo y de cómo Dios nos ama cada día.  

Stefano (hijo 24 años)

Estamos convencidos de que la llamada no es sólo para los padres, sino para toda la familia. Al principio me sentí incómodo por estar en la misma comunidad que mis padres, me sentía controlado y eso me llevaba a encerrarme en mí mismo. Pero la Gracia me ha aclarado cuál es el papel que debo realizar como hijo y a la vez como hermano en la fe. Ahora con mis padres y mis hermanos tenemos una relación en la verdad y en el perdón recíproco.

Una vez a la semana tenemos la oportunidad de celebrar la Eucaristía en una pequeña comunidad, como un momento privilegiado de comunión donde muchas incomprensiones, juicios y tensiones son destruidos por la fuerza de la resurrección de Cristo. La oración dominical de los laudes, la escucha recíproca y la comunicación de nuestras experiencias, nos hace sentir libres y nos ayuda a resistir a las presiones del mundo y a andar contra corriente, también en la castidad.