FICHA 11. La Bondad

Me pidieron que fuera a celebrar una Misa de cuerpo presente en una vecindad de la colonia. El muertito era un joven al que habían matado durante un asalto. Él era el asaltante. Eso no era ningún secreto, ya que todos en el barrio sabíamos que era un delincuente de larga carrera.

La vecindad estaba llena de gente; allí se encontraban todos los familiares y los vecinos, no faltaban sus compañeros de profesión que se hacían solidarios con él y le hacían guardia, muy en serio, junto al ataúd. La mamá del muchacho recibía el pésame y no dejaba de decir, como en una interminable letanía: “¡Tan bueno que era!”

Cuando yo me acerqué a ella, sintió la necesidad de explicarme en qué estaba la bondad del hijo muerto: “Cuando robaba, no se olvidaba de mí, me compartía de todo lo que conseguía. ¡Tan bueno que era!”

¿Cómo explicarle que robar es un delito y que el hijo muerto no era más que un pobre criminal que merecía, si alguien puede merecerla, aquella muerte causada por las víctimas en legítima defensa? ¡En ese ambiente robar es una profesión como cualquiera otra!

Familia: Carmona

México. D.F.

La bondad pura

“Sólo Dios es bueno”, le decía Jesús al joven rico que lo llamó “Maestro bueno” (Lc 18, 19) y es cierto, sólo en Dios se aplica el principio de que la bondad debe de ser íntegra y que cualquier falta convierte lo bueno en malo. Los humanos emprendemos el camino hacia la bondad y es el progreso sincero el que vale ante Dios y ante los hombres, porque también somos capaces de descubrir esa bondad en nuestros hermanos. Por ejemplo, el Papa Juan XXIII a quien unánimemente la cristiandad llamó “el Papa Bueno”.

¿Qué es la bondad?

Una cualidad que lleva al ser humano a esforzarse por lograr la felicidad propia y de los demás. Podríamos decir que la bondad supone el amor e, incluso, que es su expresión natural. Cuando decimos que alguien es bondadoso, estamos diciendo que esa persona ve con amor no sólo a sus hermanos los hombres, sino a la creación toda.

La bondad para con los animales y, en general, para con la naturaleza, no es más que el signo de una persona con un alma grande, en la que cabe todo el universo.

En el fondo todos somos buenos

Y en eso consiste lo que la Biblia llama el ser imagen y semejanza de Dios; no lo somos en cuanto a lo físico, porque Dios no tiene cuerpo, lo somos en cuanto a la bondad y a la inteligencia de Dios. ¡Cómo nos parecemos a nuestro Padre del cielo!

Nuestra naturaleza misma, pues, nos inclina a buscar y realizar el bien y, la historia guarda la memoria de las grandes obras de nuestros héroes que pasaron por este mundo haciendo el bien a sus hermanos. También nuestra historia personal guarda con cariño el recuerdo de las personas que se preocuparon por nuestro bien; ellos son nuestros héroes.

Se aprende a ser bondadoso

Aunque estamos naturalmente dispuestos a la bondad, necesitamos de maestros, como Jesús, que nos enseñen tan maravillosa “ciencia”.

La bondad se aprende sin necesidad de palabras, basta ver las obras para comprender que ser bondadoso lleva a ser feliz, aún cuando la bondad exija con frecuencia la abnegación, es decir, la renuncia a nuestro propio bien por el bien de los demás.

Cuando los niños descubren la bondad en sus mayores, la admiran, la imitan y se vuelven celosos promotores de la bondad.

No vayamos a confundir la bondad con la simple observancia, seca y vacía, de las normas que nos rigen, porque el que así las cumple no suele buscar la felicidad de los demás, sino su tranquilidad de conciencia y el no caer en el castigo.

La bondad verdadera se apoya en el sano interés por el bienestar de los demás y del propio. A eso llamamos amar.

Seremos bondadosos...

P. Sergio G. Román


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