FICHA 34. EL RESPETO A LA MUJER

¡Trae un trapo y limpia!

Nos reuníamos un grupo de "intelectuales" a componer el mundo en la casa de un matrimonio joven que nos ofrecía su hospitalidad, café y ceniceros abundantes. Nuestros anfitriones, profesionistas ambos, eran furibundos defensores de la dignidad y de la igualdad de la mujer y, presumían que en su hogar se vivía ya ese ideal, de pronto, uno de los comensales derramó su tasa de café y, mientras hacía todo lo posible por limpiar el líquido, el anfitrión le dijo: "No te preocupes; y luego, dirigiéndose a su igualitaria esposa continuó, ¡Carmen, trae un trapo para limpiar!" En ese momento, todos los asistentes soltamos la risa al ver que la famosa igualdad no podía vencer a la ancestral costumbre de ver a la mujer como una servidora.

Cuestión de cultura

Llevamos a cuestas una cultura en la que a la mujer le ha tocado un papel de sujeción al hombre. Inicialmente, la excusa ha sido —se supone— la superioridad física del hombre y por ella domina a la mujer.

Pero se han añadido otras excusas: el destino prioritario de la mujer a las labores del hogar y a la atención de la familia. Así, el esposo continúa siendo el sostén económico y la esposa la responsable de la marcha y el orden del hogar.

Pero el esquema se rompe en la medida en que la mujer se ve obligada a ser también sostén del hogar dada la difícil situación económica actual para solventar las necesidades elementales de las familias.

Entonces se remarca la injusticia: teniendo ambos la obligación del trabajo fuera de casa, la mujer sigue conservando la obligación de atender a los hijos y de las labores del hogar, y, por si fuera poco, el esposo sigue sintiendo que él es el jefe y que su esposa es la que obedece.

Esto hace que la mujer conserve toda la vida una situación de minoría de edad en la que no le está permitido tomar decisiones. Ni siquiera las grandes decisiones de su vida. De niña y de joven depende de la voluntad de sus padres; cuando se casa, depende de la voluntad del esposo.

La búsqueda de la libertad

Poco a poco ha ido la mujer conquistando espacios en los cuales participa y ejerce su libertad. Es un logro que pueda beneficiarse de la instrucción pública a nivel técnico y profesional, lo que le ha permitido ir ocupando cargos cada vez más importantes con efectividad. Pero todavía hay espacios en los que ella es segunda parte y a los que tan sólo se le permite acceder por la conveniencia de dar la apariencia de liberalidad. ¿Qué tanto por ciento de mujeres ocupan cargos públicos significativos o desempeñan labores importantes en el mundo de los negocios?

Lo que hay que vencer

Es necesario acabar con la idea de que la dignidad de la mujer, como la de los niños, se debe a su debilidad.

Respetar a la mujer no es, ni debe ser, un acto altruista del hombre que quiere mostrarse caballeroso y atento con un ser inferior. La dignidad de la mujer es por ella misma.

En la liturgia del matrimonio se habla de ella como "compañera de igual dignidad" y la orientación prematrimonial habla de los esposos, de ambos, como cabeza del hogar.

Diferentes en funciones

El hombre y la mujer son iguales en dignidad y diferentes en funciones, se enseña a los esposos católicos y con esto se trata de salvaguardar los objetivos del matrimonio católico: la formación de una familia y la ayuda mutua.

Cuando la mujer casada renuncia a los hijos, está renunciando a su ser mujer.

Son loables las leyes civiles que protegen la maternidad de la mujer que trabaja. Son loables los matrimonios que toman en cuenta el acompañamiento responsable de los niños cuando la mujer tiene que trabajar. Y, desde luego, son loables los hombres que comparten con la esposa, equitativamente, la atención a los hijos y al hogar mismo.

La escuela del respeto a la mujer es el hogar mismo

P. Sergio G. Román


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