FICHA 45. LA HOSPITALIDAD

Porque era forastero y me hospedaron (Mt 25, 34)

Diariamente cientos de indocumentados procedentes de Centroamérica cruzan ilegalmente la frontera sur de México en busca de una vida mejor para ellos y para sus familias. Van de paso y tienen que atravesar toda la República, de frontera a frontera, viajando como pasajeros clandestinos en trenes de carga, con el peligro real de caer a las vías y morir o quedar lisiados. Eluden, como pueden, a las autoridades migratorias y, por fin, logran llegar a la ciudad de México. Recurren a las iglesias, porque en sus pueblos de origen ven el templo como su casa. Tenemos que decir que algunos sacerdotes los rechazan, pero, gracias a Dios, otros se han organizado para ofrecerles albergue temporal y ayudarlos a comunicarse telefónicamente con los familiares que ya están en el país del norte para pedirles dinero y proseguir su aventura.

¿Cómo los tratamos? Migración, desde luego, tiene la obligación de detenerlos y regresarlos a su país, aunque ellos intentarán, una y otra vez, llegar al paraíso soñado. Sin embargo, hay algunas autoridades y delincuentes organizados que les roban descaradamente y los dejan abandonados a su suerte. Los migrantes suelen platicar con sencillez cómo los roban, los violan y los maltratan. Todo mundo se aprovecha de ellos.

Esta es su casa

La caballerosidad española unida a la bondad natural de los indígenas, ambas iluminadas por el cristianismo, florecieron en una frase muy nuestra: “Esta es su casa”. ¡Y la decimos en serio!, no sólo para ofrecer a nuestros amigos una momentánea hospitalidad cuando nos visitan, sino para recibir como huéspedes al amigo que viene de fuera, al pariente que viene a estudiar en nuestra ciudad, al conocido que viene a curarse al hospital.

La pobreza no impide que les demos un rinconcito de nuestra pequeña casa y que compartamos con ellos nuestro humilde pan.

Esta hospitalidad alcanza también a los peregrinos que, a pie, recorren nuestros caminos rumbo a los santuarios y que siempre encuentran quién les ofrezca esos santos alimentos que nuestro pueblo ha llamado, sabiamente, “providencias”, entendiendo así que lo que la hospitalidad les ofrece en realidad viene de Dios que ve por sus hijos.

Hoy por ti, mañana por mí

La hospitalidad es un valor que nace del respeto a la dignidad humana que nos hace ver en el forastero y en el peregrino no sólo a un hermano en desgracia que necesita de nuestra ayuda, sino al mismo Dios. Y no hablo nada más de los cristianos, ya que esta idea está presente en todas las religiones que mandan recibir y tratar bien al forastero, “porque muchos, sin saberlo, han recibido en su casa a ángeles” (Heb 13,2).

Xenofobia es una palabra muy fea que significa la aversión hacia los extranjeros. Nace de un exagerado nacionalismo que nos hace creer que somos lo máximo y que nada podemos aprender de otros pueblos, o del miedo a que quienes vienen de fuera dañen nuestra economía o nuestra forma de vivir. La xenofobia nos lleva a la discriminación racial o religiosa y, llevada hasta el extremo, a las guerras de exterminio que padecemos todavía en nuestro mundo, aún en los países que se consideran paladines de los derechos humanos.

Hoy, nosotros tenemos una casa y un pan seguro, pero, ¿quién nos dice que el día de mañana no seremos forasteros en tierra extraña? ¡La vida da muchas vueltas!

Las migraciones enriquecen a los países

Tepito es un barrio de comerciantes en la Ciudad de México en donde, según sus habitantes, "se vende de todo, menos la dignidad". Pues a este barrio han llegado, en los últimos años, comerciantes de Corea y de China que ponen sus tiendas ofreciendo mercancías brillantes y atractivas. A mí me preocupaba cómo aceptarían nuestros paisanos a estos inmigrantes tan diferentes a nosotros en cultura, religión y raza, pero mi preocupación se acabó cuando me tocó ver a unos jovencitos mexicanos empeñados en enseñar español a una linda coreanita dependiente de una tienda. Como ya ha pasado antes con otros pueblos que llegaron a México, dentro de unos años los coreanos y los chinos serán, simplemente, mexicanos y nosotros nos habremos enriquecido con la cultura que ellos nos aportan.

Practiquemos la hospitalidad

  • Tratando con afabilidad a los forasteros, no sólo a los turistas, sino a aquellos que vienen buscando una vida mejor.
  • Ofreciendo nuestra orientación y ayuda a los recién llegados.
  • Interesándonos en conocer los valores de nuestros visitantes.
  • No abusando en los precios de los productos y servicios que ofrecemos.
  • Si nosotros somos objeto de hospitalidad, no abusemos y retribuyamos de algún modo lo que recibamos.

P. Sergio G. Román


Click para visitar el Sitio Web de la ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Comisiones Vicaría de Pastoral

Mapa del Sitio

Contenido del apartado: ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México. IR A DOCUMENTOS DE LA MISIÓN