FICHA 46. LA TRADICIÓN

Patrimonio

Cuando un pueblo o una ciudad son muy bellos y han logrado conservar la riqueza arquitectónica del pasado, son declarados “Patrimonio de la humanidad”, para darnos a entender que esa riqueza no es sólo patrimonio o propiedad de los lugareños, sino de todos los humanos y, que quienes vivimos en ese lugar tenemos el compromiso de cuidar ese tesoro.

También son patrimonio de la humanidad los bosques, los desiertos, los sistemas coralíficos marinos y alguna especie animal o vegetal en peligro de extinción. Son riqueza universal confiada a nuestro cuidado.

En gran parte de México y Centro América existe la tradición de poner, los días 1 y 2 de noviembre, ofrendas para los seres queridos que han muerto. Es una tradición bella heredada de los pueblos indígenas que la practicaban antes de la venida de los conquistadores. Pues bien, esa tradición también ha sido declarada "Patrimonio cultural y espiritual de la humanidad".

Y si nuestras tradiciones son "Patrimonio de la humanidad", ¿cómo no han de serlo también para nuestro pueblo y para nuestra familia? Y un patrimonio implica responsabilidad y cuidado para aquel que lo tiene y lo goza.

¿Qué es la tradición?

La raíz latina de la que proviene nuestra palabra española "tradición", significa algo que se entrega. Las tradiciones son costumbres, principios, formas de ser que los padres entregan a los hijos no de una forma consciente, sino en el vivir de cada día. Las tradiciones se viven, no se aprenden.

La tradición es —y al mismo tiempo no es— una propiedad muy valiosa que podemos gozar mientras la vivimos, pero que tenemos la obligación de conservar y trasmitirla a quienes vienen detrás de nosotros. Si perdemos una tradición y no la trasmitimos, habremos robado a nuestros hijos algo a lo que tenían derecho y que no supimos darles.

Las tradiciones heredadas de nuestros mayores, cuando es todo un pueblo el que las vive, son la cultura propia, raíz de la pertenencia y signo de identidad regional o nacional.

Las tradiciones evolucionan

En las fiestas populares suele haber danzas autóctonas o regionales realizadas no sólo por la alegría de vivir, sino también, en el caso de las fiestas religiosas, como una ofrenda a Dios. Los danzantes oran bailando. Si nos acercamos a admirar una de estas danzas nos daremos cuenta de cómo, en lugar de los tradicionales huaraches, algunos danzantes usan zapatos tenis y que las playeras y los lentes obscuros han entrado a formar parte del vestuario tradicional sin que a ellos parezca importarles.

Entre México y Cuba ha habido siempre un amor de hermanos, nada raro que a nuestras tradiciones se haya añadido el patrimonio musical cubano y que ya sintamos como nuestro el danzón o el mambo, como hemos hecho nuestras la salsa, la cumbia y otros bailes de países hermanos.

La tradición es algo vivo, pero también puede morir. La matan el afán por la modernidad y la falta de conocimiento de nuestra cultura.

La tradición es norma de vida

La tradición no sólo encierra las manifestaciones artísticas, festivas y celebrativas de un pueblo; encierra la vida misma. El amor a la familia, la fraternidad, el respeto a los mayores, el culto a los antepasados, el honor, la buena educación, el amor a la patria y la religión misma, son tesoros que entregamos a quienes nos siguen, trasmitidos honradamente como algo que sabemos que es de ellos.

Cuando renunciamos a nuestras tradiciones o dejamos que se pierdan, perdemos nuestras raíces, nos desarraigamos y nos convertimos en imitadores de las costumbres de los poderosos que tienen como única tradición la prosperidad económica y el gozo de los placeres que les pueda proporcionar.

La pérdida de las tradiciones es también pérdida de identidad y de sentido de la vida. Provoca vacío y soledad.

En el hogar se aprende y se enriquece la tradición

  • Los esposos, cada uno de ellos, aportan al hogar dos tradiciones familiares diferentes y serán felices si logran unirlas de tal modo que hagan una nueva y única tradición.
  • Los papás deben explicar a sus hijos por qué siguen una tradición, para que ellos la valoren y la hagan suya.
  • Cuando entramos en contacto con tradiciones de otros pueblos, algo que hoy es inevitable por la globalización, sepamos tomar de ellas lo bueno, sin perder nuestras propias tradiciones.
  • Conozcamos y admiremos las manifestaciones sensibles de nuestra cultura para que nos sintamos orgullosos de ella y sepamos ofrecerla como una riqueza a los demás.

P. Sergio G. Román


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