FICHA 47. LA VIDA

Lo que nos toca sufrir

Me llamaron para confesar a un anciano enfermo y cuando llegué a su casa se lo acababan de llevar al hospital. La esposa, también muy anciana, estaba hecha un mar de lágrimas porque alguien, alguna vez, le había comentado que en los hospitales del gobierno dejaban morir a los ancianos, porque ya no servían para nada y para que ya no sufrieran. “Déjenlo vivir; déjenos sufrir lo que nos toca sufrir”, decía aquella anciana que, a pesar de sus años y sus enfermedades, amaba la vida y la valoraba. Por cierto que a los pocos días regresó su esposo y siguen acompañándose un sus achaques, pero muy felices de vivir juntos.

Cuando la muerte se vuelve cultura

Los espartanos amaban la guerra, cuando un hijo nacía débil, lo mataban; en la india, cuando el esposo moría, quemaban a la viuda junto con él; en Japón el suicido es manifestación de honor; en las inquisiciones, tanto católicas como protestantes, se mataba a los herejes o a los que practicaban la brujería; los aztecas sacrificaban a las más bellas, a los más valientes o a los niños que nacían con algún signo especial de pertenencia a algún dios; los conquistadores echaban sus perros a los indios; los traficantes de esclavos negros, cuando se prohibió cazar esclavos,  echaban al mar su carga humana cuando eran sorprendidos en alta mar; en la Alemania Nazi se mató a los enfermos mentales, a los homosexuales y a los que eran de diferente raza; son muchos los países que permiten ya el asesinato de los niños antes de nacer; en otros países se permite ya el ayudar a suicidarse a los enfermos que lo piden; en nuestro México un partido basa su campaña en conseguir la pena de muerte, aprovechando el horror que nos causa la violencia generalizada; los terroristas, con fines políticos, fabrican catástrofes en las que mueren miles de inocentes; las guerras se siguen justificando y los países fuertes invaden a las naciones débiles y se quedan allí en nombre de la paz.

Sí, la muerte se ha hecho cultura en nuestro mundo.

No matarás

La vida humana es sagrada. No sólo las leyes religiosas, sino también las civiles profesan el derecho a vivir. Los estados se comprometen a defender la vida de todos los ciudadanos y se esfuerzan en darles seguridad. La ciencia médica avanza cada día en su lucha por la vida, de tal modo que se ha elevado la esperanza de vida. Nos esforzamos en dar a nuestra vida cada día una mayor calidad, tratando de ser más sanos y más capaces para conseguir la felicidad que todos buscamos.

Verdaderamente amamos la vida...,

Pero

Tanto se nos ha insistido en que la vida es para gozarse, que no consideramos que valga la pena si en ella hay sufrimiento. Somos cobardes ante el dolor y preferimos evitarlo a como dé lugar, aunque sea matando o matándonos a nosotros mismos. Si la vida no tiene sentido, se renuncia fácilmente a ella.

Esa es la filosofía que imponen los que tienen en sus manos la conciencia de las masas. No nos extrañe que el cine nos presente, con aparente arte, casos de hombres y mujeres que prefieren morir que vivir inválidos y, se pretende que tienen derecho a acabar con su vida y que esto es un acto de humanidad, como darle un balazo a un caballo que se rompió una pata o “dormir” a un perro amado para que no sufra. El más fuerte instinto natural de los animales y, en esto el hombre es un animal, es el de la conservación de la vida. Si el caballo y el perro pudieran razonar y hablar nos dirían: “déjennos sufrir lo que nos toca sufrir”.

La vida es un don precioso, cada instante de ella, aún esos instantes en los que el sufrimiento nos agobia.

Se vale, claro que sí, aliviar con medicamentos el dolor de los que sufren, y se vale, claro que sí, no tratar de prolongar artificialmente una vida que se va y, que se tiene que ir en algún momento, pero no se vale quitar, por ningún motivo, una vida... ¡porque la vida es sagrada!

Dios es el dador de la vida

 “Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles”, decimos los cristianos y, todas las religiones están de acuerdo en atribuir a la divinidad la creación de la vida y, con una especial intervención divina, la creación del ser humano como culmen de la obra creadora. Dios es el dador de la vida y la consideramos como un don inapreciable del que somos responsables. Si alguien dice “muy mi vida”, dice mentiras; la vida es de Dios.

Nuestro pueblo es sabio naturalmente. Entre mis recuerdos de niño está el gran respeto de la gente sencilla a la sangre humana. Cuando había algún accidentado, o simplemente, cuando nos salía sangre de la nariz, cubrían la sangre con tierra o la limpiaban para que no la pisáramos, porque era sagrada.

La vida es de Dios, desde la concepción hasta la muerte natural.

P. Sergio G. Román


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