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INICIO DE LA SECCIÓN VII ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS

10. LA FIESTA, TIEMPO PARA LA COMUNIDAD

A. Canto y saludo inicial

B. Invocación del Espíritu Santo

C. Lectura de la Palabra de Dios

46Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un
mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento
con alegría y sencillez de corazón. 47 Alababan a Dios y
gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada
día a la comunidad a los que se habían de salvar (Hch 2, 46-47).

33Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección
del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía (Hch 4, 33).

42Y no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Nueva de Cristo
Jesús cada día en el Templo y por las casas (Hch 5, 42).

43"No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a
ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44y el que quiera
ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45que tampoco
el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a
dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10, 43-45).

1Había en la Iglesia fundada en Antioquía profetas y maestros: Bernabé,
Simeón llamado Níger, Lucio el cirenense, Manahén, hermano
de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. 2Mientras estaban celebrando
el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: "Separadme ya
a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado". 3Entonces,
después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les
enviaron. 4Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a
Seleucia y de allí navegaron hasta Chipre. 5Llegados a Salamina
anunciaban la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían
también a Juan que les ayudaba (Hch 13, 1-5).

D. Catequesis bíblica

1. Día de la comunión. El día del Señor hace vivir la fiesta como tiempo para los demás, día de la comunión y de la misión. La Eucaristía es memoria del gesto de Jesús: este es mi cuerpo entregado, esta es mi sangre derramada por vosotros y para todos. El "por vosotros y para todos" vincula estrechamente la vida fraterna (por vosotros) y la apertura a todos (para la muchedumbre). En la conjunción "y" está toda la fuerza de la misión evangelizadora de la familia y de la comunidad: se nos da a nosotros a fin de que sea para todos.

La Iglesia que nace de la Eucaristía dominical está abierta a todos. La primera forma de la misión es construir la comunión entre los creyentes, hacer de la comunidad una familia de familias. Esta es asimismo la ley fundamental de la misión: la Iglesia unida y concorde es el testimonio más persuasivo para el mundo. La Iglesia puede convertirse en escuela de misión sólo si es casa de la comunión. Los pasajes de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de citar nos ofrecen la imagen de las primeras comunidades que viven su experiencia cristiana entre la casa y el templo. La fiesta y el domingo son el momento para renovar la vida eclesial, de modo que la comunidad de los creyentes asuma el clima de la vida familiar y la familia se abra al horizonte de la comunión eclesial.

La Iglesia local y la parroquia son la presencia concreta del Evangelio en el corazón de la existencia humana. Son las figuras de la Iglesia más conocidas por su carácter de cercanía y acogida para todos. En numerosos países las parroquias han indicado la "vida buena" según el Evangelio de Jesús y han sostenido el sentido de pertenencia a la Iglesia. Como afirma el Concilio Vaticano II, en las iglesias locales "la Iglesia avanza junto con toda la humanidad y experimenta la misma suerte terrena del mundo" (Gaudium et spes, 40). En la parroquia las familias, que son "iglesia doméstica", hacen de la comunidad parroquial una Iglesia entre las casas de la gente. La vida cotidiana, con el ritmo de trabajo y fiesta, permite que el mundo entre en la casa y abre la casa al mundo. Por otra parte, la comunidad cristiana debe cuidar a las familias, ayudando a evitar la tentación de que se encierren en su "apartamento" y abriéndolas a los caminos de la fe. En la familia la vida se transmite como don y promesa; en la parroquia la promesa contenida en el don de la vida se acoge y se alimenta. El día del Señor se convierte en día de la Iglesia cuando ayuda a experimentar la belleza de un domingo vivido en comunidad, evitando la banalidad de un fin de semana dedicado al consumo, para a veces realizar también experiencias de comunión fraterna entre las familias.

2. Día de la caridad. El día del Señor como dies Ecclesiae se convierte en día de la caridad. La Iglesia que se alimenta en la Eucaristía dominical es la comunidad al servicio de todos. La familia, aunque no sólo ella, es la red a través de la cual se transmite este servicio. El hermoso texto del Evangelio de San Marcos al que hemos hecho referencia ilustra cómo en la Eucaristía dominical Jesús está en medio de nosotros como uno que sirve. Este es el criterio del servicio en la comunidad: quien quiera ser el más grande que se haga pequeño (vuestro servidor) y, quien quiera ser el primero que se dedique a los pobres y a los pequeños (siervo de todos). El servicio de la caridad es una característica del domingo cristiano. Algunos tiempos litúrgicos (el Adviento y sobre todo la Cuaresma) lo proponen como una tarea esencial de las familias y de la comunidad.

El domingo se convierte así en el "día de la caridad". El servicio de la caridad expresa el deseo de la comunión con Dios y entre los hermanos. La familia, a lo largo de la semana, sale al encuentro de las necesidades de cada día, pero la vida familiar no puede limitarse a dar cosas y a cumplir con compromisos: debe hacer crecer el vínculo entre las personas, la vida buena en la fe y en la caridad. Sin una experiencia de servicio en casa, sin practicar la ayuda recíproca y sin participar en las fatigas comunes, difícilmente nace un corazón capaz de amor. En la familia los hijos experimentan día tras día la incansable entrega de los padres y su humilde servicio, aprendiendo de su ejemplo el secreto del amor.

Cuando en la comunidad parroquial los chicos y los jóvenes deberán ampliar el horizonte de la caridad a las demás personas, podrán compartir la experiencia de amor y de servicio que han aprendido en casa. La enseñanza práctica de la caridad, sobre todo en las familias con un hijo único, deberá abrirse en seguida a formas —pequeñas o grandes— de servicio a los demás.

3. Día del envío a la misión. La dimensión misionera de la Iglesia está en el centro de la eucaristía dominical y abre las puertas de la vida de familia al mundo. La comunidad dominical es por definición comunidad misionera. En el hermoso icono del Libro de los Hechos que hemos citado, se describe a la comunidad de Antioquía que, mientras celebra el culto del Señor, quizás dominical, se ve impulsada por el Espíritu a la misión. En el día del culto, la comunidad se convierte en misionera. La misión no concierne sólo a las personas enviadas, sino que muestra su eficacia cuando toda la Iglesia, con la variedad de sus carismas, ministerios y vocaciones, se convierte en el signo real de la caridad de Cristo para todos los hombres. Las formas misioneras de la comunidad son distintas, pero todas deben llevar a los hombres a Cristo. La familia está llamada a evangelizar de un modo propio e insustituible: en su seno, en su ambiente (vecinos, amigos, familiares), en la comunidad eclesial, en la sociedad.

La comunidad eucarística ampliará su mirada a un horizonte universal, asumiendo la solicitud de Pablo por todas las iglesias. Si la missio ad gentes es el horizonte de la misión para la Iglesia, también la Iglesia local es, en su propio territorio, enviada a anunciar el Evangelio. La educación a la acogida de los demás, del inmigrado, de lo diferente, deberá partir de las familias y recibir un impulso por parte de la comunidad. Ante todo, es en la familia que, a menudo, nace la intuición de una vida ofrecida a los demás, dedicada a la misión y al compromiso en el mundo. En numerosas familias cristianas, con una fuerte experiencia de humanidad y de amor y, con la participación en la Eucaristía dominical, han brotado espléndidas historias de vocación al servicio en la sociedad, al compromiso en el voluntariado, al testimonio en la política, a la misión en otros países del mundo. La relación entre domingo y Eucaristía, entre Iglesia y misión, entre familia y servicio a los demás, requiere una renovada obra de introducción a lo esencial de la vida cristiana, que impulse a una nueva conciencia misionera.

La fuerza extraordinaria del domingo, centrado en la Eucaristía doméstica, llevó a los mártires de Abitenas al martirio.

"¿Has actuado contra las prescripciones de los emperadores y de los Césares reuniendo a todas estas personas?"

Y el presbítero Saturnino, inspirado por el Espíritu del Señor, respondió: "Hemos celebrado la Eucaristía dominical sin preocuparnos de ellas". El procónsul preguntó: "¿Por qué?" Respondió: "Porque la Eucaristía dominical no se puede descuidar" (IX).

"¿En tu casa han tenido lugar reuniones contra el decreto de los emperadores?" Emérito, lleno de Espíritu Santo, dijo: "En mi casa hemos celebrado la Eucaristía dominical". Y él: "¿Por qué les permitís entrar?" Replicó: "Porque son mis hermanos y no hubiera podido impedirlo". "Sin embargo —retomó el procónsul— tú tenías el deber de impedírselo". Y él: "No hubiera podido porque nosotros, los cristianos, no podemos estar sin la Eucaristía dominical" (Acta Saturnini, Dativi, et aliorum plurimorum martyrum in Africa, XI).

En los primeros siglos la Eucaristía dominical permitió a la Iglesia difundirse hasta los confines del mundo. Todavía hoy, se invita a la vida cotidiana de la familia y de la Iglesia a partir de nuevo de allí: sin la Eucaristía dominical, los cristianos no pueden vivir.

E. Escucha del Magisterio

El domingo es la repetición en el ciclo breve del tiempo semanal del gran misterio de la Pascua. Se llama también "pequeña Pascua dominical". "Vivir según el domingo" significa vivir en la conciencia de la liberación que trajo Cristo, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta íntimamente renovada. El domingo como fiesta para los demás no hay que entenderlo sólo como función litúrgica: es un valor humano, más que un don cristiano. No vivir los días como si fueran todos iguales (y sólo el domingo tiene el secreto de la diversidad), dedicar tiempo a la comunidad y a la caridad es un camino eficaz para la liberación del hombre de la servidumbre del trabajo.

Vivir según el domingo

Esta novedad radical que la Eucaristía introduce en la vida del hombre ha estado presente en la conciencia cristiana desde el principio. Los fieles percibieron en seguida el influjo profundo que la celebración eucarística ejercía sobre su estilo de vida. San Ignacio de Antioquía expresaba esta verdad definiendo a los cristianos como "los que han llegado a la nueva esperanza" y, los presentaba como los que viven "según el domingo" (iuxta dominicam viventes). Esta fórmula del gran mártir antioqueno pone claramente de relieve la relación entre la realidad eucarística y la vida cristiana en su cotidianidad. La costumbre característica de los cristianos de reunirse el primer día después del sábado para celebrar la resurrección de Cristo —según el relato de san Justino mártir— es el hecho que define también la forma de la existencia renovada por el encuentro con Cristo. La fórmula de san Ignacio —"vivir según el domingo"— subraya también el valor paradigmático que este día santo posee con respecto a cualquier otro día de la semana. En efecto, su diferencia no está simplemente en dejar las actividades habituales, como una especie de paréntesis dentro del ritmo normal de los días. Los cristianos siempre han vivido este día como el primero de la semana, porque en él se hace memoria de la radical novedad que trajo Cristo. Así pues, el domingo es el día en que el cristiano encuentra aquella forma eucarística de su existencia que está llamado a vivir constantemente. "Vivir según el domingo" quiere decir vivir conscientes de la liberación traída por Cristo y desarrollar su vida como ofrenda de sí mismos a Dios, para que su victoria se manifieste plenamente a todos los hombres a través de una conducta renovada íntimamente [Sacramentum Caritatis, 72].

F. Preguntas para la pareja de esposos y para el grupo

PREGUNTAS PARA LA PAREJA DE ESPOSOS
  1. ¿Nuestra familia siente el domingo como un tiempo con y para los demás?
  2. ¿Cómo es la relación entre nuestra familia, las demás familias y la comunidad cristiana?
  3. ¿Cuáles son los gestos de servicio y de caridad que vivimos en casa durante la semana? ¿Qué compromisos de caridad sugerimos para los demás, sobre todo para las personas más necesitadas?
  4. Nuestra casa tiene la puerta abierta al mundo, a sus problemas y a sus necesidades?
PREGUNTAS PARA EL GRUPO FAMILIAR Y LA COMUNIDAD
  1. La dimensión comunitaria del domingo hoy día se vive poco. ¿Qué remedios y sugerencias podemos encontrar?
  2. ¿Las comunidades cristianas transmiten a las familias la experiencia de la comunión? ¿Las familias son para las comunidades cristianas una llamada a un estilo de vida más fraterno?
  3. ¿La caridad es una atención constante de la vida parroquial? ¿Las asociaciones e instituciones caritativas (Cáritas) son expresión de toda la comunidad?
  4. ¿Cómo se ayudan las familias a la hora de educar al valor de una vida entregada a los demás, a suscitar vocaciones para la misión?

G. Un compromiso para la vida familiar y social

H. Preces espontáneas. Padre Nuestro

I. Canto final

CATEQUESIS 10. LA FIESTA, TIEMPO PARA LA COMUNIDAD

ÍNDICE