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Fichas en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


REINA DELCLERO Y DE LOS SEMINARISTAS

Para iniciar el diálogo

  • ¿Por qué le decimos a la Virgen María: “Dios te salve, Reina y Madre”?  
  • ¿Es la Virgen María, también, la Reina de su familia?

Para reflexionar juntos

Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido "en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, en Santa María de Guadalupe, un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada". Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América (Ecclesia in America 11).


María es Reina

La Virgen María es Reina por muchos motivos: porque es madre de Jesús, indiscutible Rey del universo, porque es miembro dignísimo del Reino de Dios, porque mereció la corona de la gloria por ser la discípula más fiel del Divino Maestro, por…

Pero una cosa es ser reina y otra muy distinta ser aceptada, proclamada y amada como Reina.

El pueblo católico, desde hace dos mil años, ama a María y la proclama como Reina y Señora. Pero es una Reina muy especial, porque es, también, madre amada y buscada por cada uno de sus hijos.

El pueblo mexicano, desde 1531, ha aceptado a la Virgen María, bajo la advocación de Guadalupe, como Reina de México y amorosa madre de los que aquí habitamos y de todos los que la aman.

Bajo esta advocación, la Iglesia ha extendido su reinado a toda América Latina y Filipinas, y, últimamente, el Papa Juan Pablo II, el que se sentía mexicano, la declaró Reina de América, de toda nuestra América.

Reina del Clero y de los Seminaristas

Allá por los años sesentas nos visitaba en el Seminario un sacerdote enamorado de la Virgen de Guadalupe, el Padre Pedro J. Sánchez, que había tomado como apostolado predicarnos a la Virgen de Guadalupe como Reina del Clero y de los Seminaristas. Él promovió que se le coronara como tal, cosa que no hacía falta porque ella es, ciertamente, la Reina de cada sacerdote, diácono y seminarista mexicano y, tiene su trono en cada uno de nuestros corazones. Pero tenemos que aprender a expresar con signos nuestro amor y una corona sobre su imagen es la expresión palpable de nuestra decisión de aceptarla, amarla y obedecerla.

Aquel buen sacerdote, entusiasta propagador guadalupano, nos regalaba medallitas de la Virgen y, por eso, los seminaristas lo apodaron cariñosamente “el Padre Perico Medallas”, que de Dios goce.

Él construyó en la Colonia Romero Rubio de la Ciudad de México un santuario con el título de Nuestra Señora de Guadalupe, Reina del Clero y de los Seminaristas.

A Jesús por María

Lejos de nuestra familia, en el Seminario, encontramos otra familia en la que la mamá es María. Se nos educó en un tierno amor filial a la Madre de Jesús a quien aprendimos a invocar como intercesora y a cantar como a nuestra madre amada. Todos los sacerdotes llevamos en el corazón, como parte importante de nuestra formación espiritual, un especial amor a la Virgen, a quien tratamos de imitar por su aceptación valiente y comprometida de colaborar con Dios en el plan de la salvación. Nos enseñaron a llegar a Jesús a través de María y ella, maternal, nos lleva de la mano al encuentro de su Hijo.

Excelente colaboradora

La Virgen María sigue siendo una excelente colaboradora en la obra de Dios, ¡y en la nuestra!

Podemos asegurar que ella sigue siendo la estrella de la evangelización en cada una de las parroquias. Toda labor pastoral hecha bajo su patrocinio especial está llamado al éxito. Como se dice, ella tiene un gran poder de convocación.

Contagiamos a nuestros fieles el amor a la guadalupana, pero, indudablemente, ellos nos contagian también del fervor con el que la buscan y la sirven.

Realmente ella es la Reina y Madre de cada uno de los sacerdotes y de los seminaristas, así lo sentimos y así queremos vivir.

Oración en familia

En nuestra patria le pedimos a Jesús, el Pastor eterno de las almas, que nos dé vocaciones de sacerdotes y religiosos santos, y se lo pedimos por la Virgen de Guadalupe, su dulce y santa madre. Hagamos una oración en familia por las vocaciones.

Sugerencia

Visitemos en familia alguna iglesia donde se venere a la Virgen de Guadalupe y pidamos por nuestros sacerdotes.

Fuente: SIAME