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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Fichas en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


EL MINISTERIO DE LA PALABRA

Para iniciar el diálogo

  • ¿Es correcto que el sacerdote hable de política en la Misa?  
  • ¿Cómo te gustaría que fueran lo sermones de la Misa?

Para reflexionar juntos

El Pueblo de Dios se reúne, ante todo, por la Palabra de Dios vivo, que, con todo derecho, hay que esperar de la boca de los sacerdotes.

Pues como nadie puede salvarse, si antes no cree, los presbíteros, como cooperadores de los obispos, tienen como obligación principal el anunciar a todos el Evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el Pueblo de Dios, cumpliendo el mandato el Señor: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16, 15; Decreto sobre el Ministerio y la Vida de los Presbíteros 4).

La homilía

Todavía son muchos los católicos que asisten a Misa todos los domingos. Lo hacen como un signo de que todavía pertenecen a la familia de los hijos de Dios, la Iglesia; pero también lo hacen por gusto.

En la primera parte de la Misa, Liturgia de la Palabra, escuchan con atención las páginas de la Biblia que la Iglesia ha escogido para ir reflexionando en la historia de nuestra salvación. Después de las lecturas, el sacerdote tiene la obligación de hacer la homilía.

Para muchos católicos, ésta es la única oportunidad que tienen de escuchar la Palabra de Dios vivo a través del sacerdote, representante de Cristo y de la Iglesia. ¡Qué momento tan importante!, ¡cuánto deberíamos cuidar los sacerdotes ese momento en el que el pueblo fiel espera un mensaje que lo ayude a vivir como Cristo nos enseñó!

Normalmente la homilía debe ayudar a los fieles a comprender mejor las lecturas bíblicas que se han proclamado, pero el sacerdote puede también predicar sobre algún otro texto de la liturgia del día, sobre la fiesta que se celebra o, con justa razón, sobre algún acontecimiento de nuestro mundo que en ese momento afecte la vida de los fieles.

En la homilía, el sacerdote es el maestro que enseña sobre la fe, sobre la vida cristiana y sobre la alabanza divina. Pero es un maestro muy especial: no se enseña a sí mismo ni enseña una doctrina propia; enseña lo que él recibió de Cristo Jesús a través de la Iglesia.

Se puede hablar de política, pero no hacer política

Algunos fieles se quejan porque los sacerdotes hablamos de política. Ni modo; la política es un acontecimiento que afecta la vida de los fieles y que exige de ellos una respuesta cristiana. A la Iglesia, representada por los sacerdotes, le toca dar los principios por los que un buen católico ama y sirve a su patria.

Pero no se vale hacer política. Las normas de la Iglesia prohíben a los sacerdotes militar en un partido político, manifestar su simpatía y hacer proselitismo. El sacerdote debe ser signo de unidad para su comunidad; no debe dividirla, ni excluir a los que no piensan como él. No es ético, ni moral, ¡ni legal!

Pedirle a un sacerdote que no instruya acerca de la política sería como pedirle que no predicara sobre el respeto de los hijos a sus padres o sobre el respeto a los bienes ajenos o sobre el “no matarás”. No podría hablar enseñándonos a vivir como Cristo nos enseñó.

El ejemplo arrastra

El sacerdote tiene la misión de enseñar y muy relacionada con esa misión está la de ser testigo de la Resurrección. Las palabras de la homilía pueden sonar huecas o se las puede llevar el viento si no son avaladas con el testimonio sacerdotal de servicio y compromiso. Cuando Jesús predicó sobre la necesidad de servir, lo hizo sirviendo Él mismo. Cuando nos habla del amor, le creemos porque nos amó hasta el extremo.

Puede suceder que los sacerdotes no vivamos lo que predicamos. Si es así, no olvidemos lo que dice Jesús de los escribas: “ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen” (Mt 23, 3).

El sacerdote no debe limitar su misión —de predicar el Evangelio— a la homilía dominical; también es el responsable de enseñar a sus colaboradores laicos y religiosos a trasmitir la Palabra de Dios a sus hermanos, en la misión en la que la Iglesia está continuamente empeñada y, debe asesorar y acompañar a los grupos de catequesis, tanto infantil y juvenil como de adultos.

Oración en familia

Los papás tienen la obligación de ser los primeros catequistas de sus hijos. Pidamos a Dios por ellos.

Sugerencia

Comentemos con nuestro sacerdote su sermón, felicitémoslo cuando lo haya hecho bien y, sugirámosle que nos hable de los temas que nos urge conocer y vivir.

Fuente: SIAME