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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Fichas en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


SI ALGUIEN ESTÁ ENFERMO

Para iniciar el diálogo

  • Si tuvieran un accidente o estuvieran gravemente enfermos, ¿quisieran que llamaran a un sacerdote?
  • Si estuvieran muy enfermos y en peligro de muerte, ¿les gustaría que se lo dijeran con franqueza?

Para reflexionar juntos

Si alguien está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados (Santiago 5, 14-15).

El Evangelio y la salud de los enfermos

Los enfermos tienen un papel muy importante en la misión mesiánica de Jesús. La salud del cuerpo es un signo de la salud del alma, de la salvación misma. Aquel que puede curar el cuerpo, puede también perdonar los pecados.

¿Por qué la preocupación de Jesús por los enfermos?

Si hemos sufrido alguna enfermedad, por muy leve que haya sido, comprenderemos esa preocupación. La enfermedad duele, debilita, imposibilita, margina del mundo, deprime, angustia... La enfermedad nos hace humildes y dependientes. La enfermedad nos enfrenta a una realidad que, estando sanos, ni siquiera queremos contemplar: nuestra mortalidad. Frágiles y vulnerados, buscamos la salud y vamos de médico en médico, gastando todos nuestros recursos en busca de la salud.

Así es también la enfermedad del alma, el pecado.

Por eso Jesús, al curar a un enfermo, le estaba entregando también la buena noticia de que podía sanar también de la enfermedad del alma. Curar se convertía en un Evangelio experimentado en carne propia.

Una de la imágenes de Jesús que más nos gusta, es la de Jesús Médico.

El poder de curar

Cuando Jesús envía a los apóstoles a predicar el Evangelio, les da también el poder de curar a los enfermos y de echar fuera a los demonios (Cf. Lc 9, 1-6).

Los apóstoles fueron por el mundo curando cuerpos y curando almas.

Me encanta aquel pasaje cuando Pedro y Juan se encuentran a un paralítico que les pide limosna a la puerta del templo. Ellos eran pobres, no tenían dinero para darle, pero tenían un poder más valioso que el oro: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina” (Hc 3, 6) ¡Qué mejor regalo!

Todos los días convivimos con enfermos y contemplamos su dolor. ¡Cómo quisiéramos tener ese poder de Cristo y de los apóstoles para sanar tanta enfermedad y tanto dolor!

Jesús, quizás, nos diría: “No lo hacen porque no quieren”.

¡Ay!, si tuviéramos la fe del tamaño de un granito de mostaza podríamos hacerlo, pero no podemos más que decir: “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe” (Cfr. Mt 17, 20).

Los sacerdotes tienen la misión de curar

Los médicos cristianos, con la ayuda de la ciencia, curan las enfermedades, pero también ellos están convencidos de que Dios actúa a pesar de los límites humanos.

Los sacerdotes, en cambio, tenemos en nuestras manos un sacramento por el que podemos cumplir la misión de Jesús de predicar el Evangelio y curar a los enfermos: el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Cuando tengan un enfermo grave, busquen al sacerdote y pídanle este sacramento, signo del poder de Cristo de sanar el cuerpo y el alma.

Los católicos creemos que este sacramento confiere al enfermo un don particular del Espíritu Santo que consuela y da la paz, fortalece para vencer la enfermedad, renueva la confianza en Dios, ayuda a vencer la tentación de desaliento y angustia ante la muerte y lleva, por la fuerza del Espíritu Santo, a la salud del alma, ¡y del cuerpo!, si esa es la voluntad de Dios. Este sacramento perdona también los pecados cometidos después del Bautismo (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 1520).

Los sacramentos actúan por sí mismos, a pesar de la fragilidad o indignidad del ministro. A lo largo de mis muchos años de sacerdote, yo he experimentado palpablemente cómo Cristo sigue sanando a los enfermos a través de este sacramento de su amor. ¡Todavía podemos sanar a los enfermos!

Oración en familia

Oremos esta vez por nuestros seres queridos que están enfermos, para que recobren la salud del cuerpo y del alma.

Sugerencia

Pónganse de acuerdo en la familia de que cuando alguien esté enfermo o, Dios no lo quiera, sufre algún accidente, llamen al sacerdote para que lo confiese, lo unja y le dé el viático, es decir, la comunión como alimento para el fin del camino al cielo.

Fuente: SIAME