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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Fichas en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


En el candelero

Para iniciar el diálogo

  • La televisión usa con frecuencia de personajes que representan a un sacerdote. ¿Qué imagen proyectan?
  • Ustedes conocen y tratan a algunos sacerdotes, ¿qué imagen tienen de ellos?

Para reflexionar juntos

Somos espectáculo

“Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo y, en cambio, ustedes son sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles y, ustedes, fuertes. Ustedes gozan de prestigio y nosotros somos despreciados...  Nos insultan y deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy.”

¡Qué dolorosa queja!, ¿quién creen que la escribió?, tal pareciera la queja de los sacerdotes de hoy asediados por la crítica  y perseguidos por los medios de comunicación amarillistas. Es la queja de un sacerdote de la comunidad apostólica, es la queja de san Pablo (1 Cor 4, 9-13 ).

Las cosas no han cambiado mucho a través de la historia y el sacerdote católico sigue estando en el candelero y, en él se fijan las miradas del mundo.

El sacerdote que actúa mal es noticia de primera plana y tal pareciera que los medios de comunicación se alegran de sus errores y cierran los ojos ante las obras buenas de otos muchos más sacerdotes que son luz y sal para su comunidad.

Sí, desgraciadamente, hay sacerdotes que causan dolor a la Iglesia y escándalo a los fieles que esperan de ellos que se parezcan a ese Cristo al que deberían predicar; pero también es cierto que la figura del sacerdote católico sigue siendo amada y respetada por su servicio y su entrega silenciosa.

Los católicos que están firmes en su fe saben que el sacerdote es simplemente humano y no le exigen que sea un ángel, ni llegan a creer que sea un demonio.

El buen pastor

¿Quieren darse cuenta del bien que hace un buen sacerdote? Asistan a la despedida de un párroco cuando su obispo le pide que deje su comunidad y vaya a otra en la que hace más falta. ¡Cuántas manifestaciones de cariño y cuántas lágrimas de los fieles que sienten que su pastor se les va!

“Usted ha sido para mí el papá que no tuve”, dice un joven sacado de las drogas, tomado en cuenta y reincorporado a una sana convivencia.

Los fieles tienen buena memoria y no olvidan a sus sacerdotes. Me ha tocado ver, con gran satisfacción, cómo recuerdan a cada uno de sus sacerdotes, vivos y difuntos, y cómo algunos de ellos hicieron tanto bien en una parroquia.

En cierta ocasión llegué a una parroquia en la que habían tenido por muchos años a un sacerdote con problemas de alcoholismo. Pensé que la feligresía estaría muy dañada, pero descubrí su madurez cristiana al constatar el gran cariño que sentían por su antiguo pastor a pesar de su enfermedad. Lo amaban como a un padre y sabían cubrir con un manto de caridad sus defectos.  

Yo mismo he tratado muy de cerca a muchos hermanos sacerdotes y, salvo dolorosas excepciones, doy gracias a Dios porque ha sabido llamar al sacerdocio a hombres buenos que hacen mucho bien, a pesar de su humanidad.

¿Quieres sacerdotes santos?, ¡ora por nosotros!

“Reza un Padre nuestro por el sacerdote que te confesó” nos decía mi madre, formada en la tradición de un pueblo que ama profundamente a sus sacerdotes.

No solamente cundo nos confesamos, recemos por el sacerdote que nos celebró la misa este domingo, por el que nos bautizó, recen por el padre que los casó, por el que visitó a nuestros enfermos. Incluso, recemos por ese sacerdote que nos trató mal o nos regañó.

La oración es escuchada por Dios y regresa llena de sus bendiciones y de sus gracias.

Tenemos derecho a sacerdotes santos, pidámoslos con insistencia al Señor que llama y envía.

Para orar en familia

Cuando nos reunamos a orar en familia hablémosle a Dios de nuestros sacerdotes; de manera especial por aquellos que nos sirven: por nuestro obispo, por nuestro párroco, por el vicario y por el diácono de la comunidad.

Sugerencias

Recuerden a los sacerdotes que han tratado y platiquen entre ustedes alguna anécdota. ¿Sienten gratitud hacia alguno de ellos? Digan por qué. Platiquen de sus actuales sacerdotes y vean qué pueden hacer por ellos.