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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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año Sacerdotal 2009 — 2010


"Carta a mis Hermanos Sacerdotes"


Escudo del Arzobispo Norberto Cardenal Rivera Carrera

Grandeza, belleza e importancia del Sacerdote católico

Con ocasión del 150° Aniversario de la Muerte del Santo Cura de Ars. Juan María Vianney, su Santidad Benedicto XVI nos ha convocado a celebrar, con todas las Iglesias esparcidas por el mundo y con las cuales formamos una sola Iglesia, un Año Sacerdotal, teniendo como lema: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del Sacerdote".

Nos unimos a S. S. Benedicto XVI y a la Iglesia Universal deseando contribuir a promover el compromiso de renovación interior detodos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso y transparente.

En nuestra Arquidiócesis de México, la Vicaría de Agentes, a través del Secretariado para el Ministerio Ordenado y de la Comisión parael Presbiterio se ha encargado de la Coordinación General de todo el proyecto en relación con el Año Sacerdotal, teniendo como objetivo presentar a nuestro pueblo cristiano la grandeza y belleza del Sacerdocio, invitando a los sacerdotes a reflexionar sobre la verdad de su vida y ministerio, en orden a vivir y actuar con más profundidad y alegría y hacer llegar la invitación de Jesús que sigue llamando a quien Él quiere.

El Santo Padre nos ha recordado este pensamiento del Santo cura de Ars: "El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y, ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?

Pero la expresión utilizada por el Santo Cura de Ars evoca también la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y así, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar a tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?

Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo.

Hermanos sacerdotes, ustedes son importantes no sólo por cuanto hacen, sino sobre todo, por lo que son. Con el Prefecto de la Congregación para el Clero, el Cardenal Hummes, constatamos realmente que la inmensa mayoría de nuestros sacerdotes son personas dignísimas, dedicadas al ministerio, hombres de oración y d caridad pastoral que, dedican toda su vida a realizar su vocación y misión y, en muchas ocasiones, con grandes sacrificios personales, pero siempre con un amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y al pueblo, solidarios con los pobres y con quienes sufren. Por eso la Iglesia se muestra orgullosa de ustedes sacerdotes. Nosotros, sus Obispos, les agradecemos esa fidelidad a Cristo y a su ministeriosacerdotal en las comunidades eclesiales, desde las distintas condiciones del mundo actual.

El Santo Padre nos invita a meditar sobre la fidelidad de Cristo y nuestra fidelidad a Él como sacerdotes y, al inaugurar el Año Sacerdotal lo hace llevándonos a contemplar el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y derrama su amor sobre la humanidad, el Sagrado Corazón de Jesús.

¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo...!

El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: "Un buen pastor, un pastor según el Corazón d Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y, uno de los dones más preciosos de la misericordia divina". Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: ¡Oh, qué granede es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia..." Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: "Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo...! Él mismo sólo lo entenderá en el cielo".

El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abra la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros". "Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida". Con esta oración comenzó su misión. El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.

Los sacerdotes al celebrar la Eucaristía continuamente invocamos a Dios, "fuente de toda santidad", era una convicción del Santo Cura de Ars, quien decía: "Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!" Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!"

Esta identificación personas con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba —con una sola moción interior— del altar al confesionario. Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos susconfesionarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento.

La Iglesia necesita sacerdotes santos; ministros que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos. Que la continua y piadosa adoración al Santísimo Sacramento nos alcance para nuestros sacerdotes la "caridad pastoral" capaz de configurar su "yo" personal al de Jesús Sacerdote. Y que el Señor se valga de la santidad de los pastores para suscitar abundantes vocaciones para bien de toda la Iglesia. ¡Señor, danos sacerdotes y religiosos según tu corazón!

Entremos con fe y con entusiasmo en la realización de esta feliz iniciativa de Su Santidad Benedicto XVI que ha querido dedicar un Año para nosotros los sacerdotes. Dios bendecirá nuestros esfuerzos y Santa María de Guadalupe, Madre de los Sacerdotes, profundamente vinculada a nuestra Arquidiócesis, desde el Tepeyac nos ayudará con su intercesión, para que el amor que nos apremia y transforma, vaya forjando cada día más en nosotros nuestra identidad con Jesús, Sumo Sacerdote y Buen Pastor.

+Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México