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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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año Sacerdotal 2009 — 2010


"Carta a mis Hermanos Sacerdotes"


REFLEXIONES SOBRE LA ORACIÓN CON OCASIÓN DEL AÑO SACERDOTAL

Permítanme, hermanos presbíteros, dirigirme a ustedes con toda sencillez, en este “año Sacerdotal”, a través de estas breves reflexiones sobre algunos puntos de la oración  cuya finalidad es invitarlos a  mirar  nuestro personal encuentro con Dios en ella.   

F. Ruiz nos dice: “sobre la oración lo sabemos ya casi todo, menos orar; expresión quizá excesiva pero muy significativa” (C.Floristán en “Diccionario abreviado de Teología Pastoral”) Siendo esto así ¿Qué ofrecerles para impulsar su oración que no hayan estudiado, practicado, vivido y enseñado?   

Realmente fui pretensioso cuando, considerando la figura del Santo Cura de Ars, escogí este tema  de la oración, creyendo que tenía muchas cosas que compartir con Uds., pero a la hora de reflexionar sobre qué podría decir que fuera útil para la vida interior de todos, caí en la cuenta de que estaba desarmado, ya que  se trata de ofrecer elementos que propicien el encuentro con Dios, y no de decir o presentar una lección o  conceptos sobre la oración; esto está en los libros (El Catecismo de la Iglesia Católica presenta una buena síntesis) y estoy seguro que ustedes han leído mucho sobre  el particular, pero aun si de eso se tratara, no tendría mucho que aportar; entonces ¿Qué hacer?.

Recordando que el Papa Paulo VI nos dice que la mejor enseñanza es la testimonial, (preferir más al testigo que al maestro), creo que lo mejor es considerar la experiencia de quienes han  transitado o intentado transitar por estos caminos; en primer lugar la .nuestra como aprendices constantes, la de los santos, especialmente la de nuestro santo patrono el Santo cura de Ars, y sobre todo la del orante por excelencia, Cristo Jesús..

* Comencemos por considerar nuestra propia experiencia en este terreno. A propósito de ello me recuerdo ahora de algo que me aconteció: Estando en una reunión de sacerdotes y tratando de encontrar un tema importante sobre el cual reflexionar, se propusieron 9 temas, entre los cuales estaba la oración,  para escoger gradualmente el orden a seguir según el número de votos de cada uno; la oración tuvo 0 votos. Deduje que éste no era un tema importante para algunos o para muchos sacerdotes. ¿Por qué será?, ¿tú que piensas?
San Juan María Vianey pasaba largos ratos ante el Santísimo Sacramento, ¿Qué  buscaba y qué encontraba ahí? Jesús se pasaba la noche entera en oración ¿Qué hacía tanto tiempo, podrías imaginarlo?.

* La oración es algo misterioso que logra atraer a las personas, ¿no crees?; pero en realidad ¿qué es la oración?

Ha habido muchas explicaciones o definiciones de oración que han venido apareciendo en el tiempo. De inmediato quizá se nos viene a la cabeza la tan conocida definición del catecismo del P. Ripalda: orar es “elevar el alma a Dios y pedirle mercedes”. Otras muchas definiciones han aparecido destacando elementos distintos como la alabanza, la acción de gracias etc. o expresando los modos diversos de hacer la oración.

Yo creo, sin embargo, que la expresión del P. Ripalda no está tan fuera de lugar, pues el alma implica  la mente, la voluntad, la libertad, las emociones etc. ¿ Te parece esto muy de la “pelea pasada”? pueda ser que sí. Sin embargo te diré que es justo señalar que muchos han hecho complementaciones a estos conceptos, de lo cual podríamos aventurar una expresión  de oración diciendo que  Orar es encontrarse y conversar con Dios para invocarlo, adorarlo, alabarlo, darle gracias, expresarle nuestras alegrías y pesares y pedirle bienes y bendiciones para nosotros y para nuestros prójimos a El que es nuestro Dios y Señor.      

Y a mi parecer todo esto tiene una expresión mejor, orar es “estar” con Dios. Estar en su presencia, comunicarse, intercambiar palabras y sentimientos. Santa Teresa lo explica de esta manera: “Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”; lo que requiere multiplicar los espacios de silencio y escucha de la Palabra.

* Si esto es la oración, ¿De dónde nos viene esta despreocupación por ella, sabiendo, por otro lado, que el trato con Dios es el primer compromiso, la actividad fundamental, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes? ¿Será que no sabemos orar, o no sabemos orar bien? Al parecer ésta es la razón, pues si no entramos en contacto con Dios, y ésta es la verdadera oración, la realizaremos con torpeza, con desgano o con muchos trabajos y entonces pronto la aplazaremos, la descuidaremos y finalmente la abandonaremos   

A propósito de un posible aburrimiento, desgano o abandono de la oración, me viene a la mente una conversación que tuve con un sacerdote a quien específicamente recomendaba no descuidar la oración en la “Liturgia de las horas” haciendo referencia a la misión del sacerdote de orar por la comunidad, de alabar a Dios en nombre de toda la Iglesia, de orar por todos los hombres. Entonces él me dijo, quizá un tanto fastidiado,: “Todo eso lo sé, pero no me mueve”.

En relación con esto quisiera considerar lo que El santo cura de Ars, como fruto de su experiencia, predicaba a sus fieles: “La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable”
“La oración abre los ojos del alma, le hace sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad”

¿No sabemos orar, o no sabemos orar bien, o nos aburre, o nos cuesta trabajo entrar en comunicación con Dios? entonces, acudamos al Espíritu Santo que”…viene en ayuda de nuestra flaqueza; pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene” (Rom 8,26)  El como maestro interior de la oración nos ayuda a orar, nos lleva de la mano a encontrarnos con Dios, a orientarnos más y más a El que:”..ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:¡Abba!” (Gal 4,6) ; aun más El hablará por nosotros o más bien El hablará en nosotros o con nosotros al Padre, pues:”Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:¡Abbá, Padre!” (Gal 4,6)

La oración es un don de Dios que hemos de pedir, petición que es una respuesta agradecida a Dios que quiere venir a nuestro encuentro. Los dones o regalos espirituales no se exigen, los hemos de pedir y el mejor ambiente para esperarlos es la oración constante y confiada. .

* ¿Cómo orar bien entonces?  Decíamos que el aprendizaje de la oración lo hemos de obtener de la experiencia de oración principalmente de Cristo Jesús. Ahora bien, ¿cómo oraba Jesús?.

Obtendremos la comprensión de la oración de Jesús por medio de quienes lo vieron y/o acompañaron a orar y cuyos testimonios encontramos en los Evangelios, los cuales nos presentan su vida como un diálogo constante con su Padre: “Yo sabía que tú siempre me escuchas” (Jn 11,42).

Uno de los testimonios quizá más expresivos sea el de aquel discípulo que contemplando a Jesús en oración desea orar como El y le dice “Maestro enséñanos a orar” (Lc11,1)   Los feligreses de la parroquia de Ars  aprendían a orar cuando veían orar a su  santo Cura delante del Santísimo Sacramento y cuando, lleno de fe, celebraba la Eucaristía.    ¿Tu oración habrá provocado alguna vez  estas reacciones?

La oración de Jesús brota de su corazón, del deseo de encontrarse con Dios su Padre, por ello no es de admirarse que comience siempre su oración dirigiéndose a él como “Padre, Padre mío” “Abba” (Mc 14,36; y marcadamente Jn 17), y nos invita a dirigirnos a El de esta manera: “Cuando oren, digan Padre nuestro (Lc 11,2; Mt 6,9).

Le da gracias: “Padre te doy gracias por haberme escuchado” ( Jn 11,41) y también  lo bendice: “ Yo te bendigo Padre porque has…revelado estas cosas a los pequeños” (Mt 11,27). Pide gracias para sus discípulos: “Te pido que los guardes del Maligno”. “Que sean uno” (Jn 17); perdón para sus verdugos:”Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)

La oración de Jesús es una entrega humilde y confiada de su voluntad a la voluntad del Padre; expresa la adhesión amorosa de su corazón a su voluntad hasta entregar su vida en la cruz: “Padre mío, si es posible que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero sino como quieras tú” (Mt 26,3)

* Contemplando orar así a Jesús: en constante comunicación con Dios su Padre, en  largas horas de oración, aun toda la noche, y al santo cura de Ars de igual manera; se ocurre preguntar, con toda ingenuidad y simpleza ¿Qué hacían en ese tiempo? ¿Qué le decían a Dios y qué les comunicaba? ¿Cuál era el contenido de su intercomunicación? y ¿Cuál ha de ser el contenido de nuestra oración?.

En primer lugar, podríamos pensar en esa intercomunicación amorosa de la que nos habla santa Teresa: “Tratar de amistad…con quien sabemos que nos ama”, invocando a Dios como Padre, alabándole y dándole gracias; luego considerar que  Jesús oraba con sentimientos de Hijo y también con corazón humano llevando a la oración todo lo que viven sus hermanos los hombres, presentando a su Padre las angustias, las súplicas, las esperanzas de toda la humanidad, a fin de que él las escuche y acoja.
 
Hay en los Evangelios dos oraciones de Jesús que nos muestran con mucha claridad el contenido de su oración y que son modelo de la nuestra: El Padrenuestro y la “Oración Sacerdotal”.

El “Padrenuestro” (Lc 11,2 ss) es el centro de la enseñanza de Jesús. De la invocación de Dios como Padre nace toda la actitud del que ora. El sentirse hijo da la primacía a la preocupación por el nombre de Dios, por su Reino, porque se haga efectiva su voluntad; pero pide también el pan, el perdón, la reconciliación fraterna y finalmente la superación de las asechanzas del enemigo.  

En la “Oración Sacerdotal” (Jn 17) Cristo pide por la gloria del Padre, ruega por sí mismo, por sus discípulos y por todos los hombres.

Los primeros cristianos oraban para tener valor, por la libertad de los presos, por el éxito de la labor misionera, por los gobernantes. Jesús ora por sus discípulos, por sus verdugos, y nos pide orar por los enemigos, por los perseguidores, para no caer en tentación. El Santo cura de Ars ora por los pecadores, por los jóvenes, la niñez, las familias, los pobres, los enfermos, las niñas huérfanas.

Estar con Dios, dialogar con él  es la finalidad de la oración, por consiguiente el que va  a la oración debe estar atento al contenido de este diálogo de Dios con el hombre y a la actitud del hombre frente a El, ya que el contenido de la oración, como Jesús nos enseña, además de la expresión del sentimiento de filiación, alabanza y acción de gracias, debe abarcar la vida de los hombres, esto es, hacer de  la vida el contenido del diálogo y del encuentro de oración.

Cuando el encuentro con Dios en la oración es auténtico impulsa al que ora a considerar las necesidades evangélicas de los hermanos; por el contrario cuando esto falla, la oración no es una verdadera oración, sino que no  pasa de ser una oración artificial e irreal, podríamos decir que  no es oración cristiana.

El pastor que ora está en la presencia de Jesús, pero al mismo tiempo ahí habrá de interrogarse sobre tantas necesidades de los pobres, de la infancia, de la juventud, de las familias; sobre la justicia, el trabajo, la increencia, los enfermos, los hermanos presbíteros, etc. lo cual genera en su corazón la disponibilidad, la generosidad, el amor por la comunidad  que se le ha confiado. Esta es la oración cristiana, una oración solidaria en la que estamos con Dios desde la comunión con los hermanos.

                               ¡Quiero imaginarme que tú oras así! 

San Juan María Vianey es modelo de oración. Pidamos a la Virgen María que nos alcance de su Hijo ser como el Cura de Ars: testigos de de Cristo, discípulos y apóstoles del Evangelio.

+Francisco Clavel Gil