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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Vicaría      de Pastoral

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octava
HORA SANTA


Entrega sacerdotal


Exposición del Santísimo Sacramento

Canto (ver cantoral).

Oración

Inflama, Señor, nuestros corazones con el Espíritu de tu amor, para que pensemos y actuemos según tu voluntad y te amemos sinceramente en nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Salmo responsorial (Del Salmo 33)

R./ Haced la prueba y veréis qué bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que lo sepa su pueblo y se entusiasme. R./

Confíen en el Señor y brincarán de gusto;
jamás se sentirán decepcionados,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias. R./

Junto a aquellos que temen al Señor
el ángel del Señor acampa y los protege.
haced la prueba y veréis qué bueno es el Señor.
Dichoso el hombre que se refugia en él. R./

De la Carta de san Pablo a los Gálatas (2, 19-20)

Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Reflexión guiada

Leamos con calma los pensamientos siguientes y hagamos algunas pausas para reflexionar en silencio.

Más... ¡todavía más!

Señor, por el ciento por uno aquí en la tierra
y por el Reino allá en el cielo,
yo te he dado lo que nunca fue mío.

Por ti pensé dejar padres y hermanos
y resulta que ahora son más míos.

Dejé un hogar que no era mío,
dejé barrio, ciudad, patria y,¡mundo!;
trascendí la geografía y la historia,
me hiciste habitante de otro mundo,
y ciudadano novel de tu infinito.

Te di, Señor, lo que más cuesta,
la opción de perpetuarme en el futuro,
la gloria de reflejarme en otros rostros
nacidos, por amor, de mí mismo
y de aquella que, por amor,
así lo creo,
habría escogido compañera de mis días,
mitad querida de mi yo incompleto.

Cambiaste mis hijos por tus hijos
y, con amor, me llaman “padre”,
adivinando en mi persona tu presencia,
buscando en mi amor tu trascendencia.

Te di las noches que habitan en mi alma,
noches oscuras, privadas de luceros,
y las transformaste en día,
en plácida alborada, radiante mediodía
y refulgente crepúsculo que no acaba.

Te di mi tiempo, instante a instante,
desgranado todo en tu presencia;
y tu eternidad tocó mi tiempo,
me hiciste inmortal; ¡no importa el tiempo!

Te di, Señor, mis anhelos propios,
sometiendo mi interés a tus designios;
por tu querer encausaste mi camino
y tu querer resultó también ser mío.

Todo te di: mente, corazón y vida;
de todo mi yo tú eres el dueño,
¿por qué, entonces,
en mi interior yo siento
tu exigencia de más de mí,
si nada más yo tengo?

Señor,
todo te di,
ya nada tengo.

Y oí tu voz:
“Mas... ; todavía más.”

Y ya no soy yo.

Preces

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

R./ Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo. R./

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación. R./

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la Palabra, haz que, sembrando también tu Palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría. R./

 

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara al mundo contigo, haz que también nosotros cooperemos para la reconciliación de los hombres. R./

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, concede a todos los que son de Cristo resucitar con Él, el día de su venida. R./

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre Nuestro...

Oración por las vocaciones

         ¡Oh Jesús, pastor eterno de las almas...

Bendición con el Santísimo Sacramento