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Ver en PDF HORA SANTA DE PASCUA -2-

Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Hora Santa de Pascua (3)



Celebrante:
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos. Amén.

Celebrante: El Señor esté con ustedes.

Todos: Y con tu espíritu.

Celebrante: Pidamos a Jesús que venció a la muerte con su resurrección, que Cristo renueve nuestro espíritu para poder cumplir nuestra misión en la Iglesia y podamos llegar al reino que nos ha prometido.

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Se expone reverentemente el Santísimo Sacramento

CANTO: (ver cantoral)

Celebrante: Alabado sea Jesucristo.

Todos: Nuestro Rey, por siempre alabado.

ORACIÓN

Celebrante: Mira, Oh Señor, te rogamos, sobre esta tu grey por la cual nuestro Señor Jesucristo Resucitó, después de ser entregado en manos de sus verdugos y padecer el tormento de la Cruz, haz que podamos comprender y hacer vida este misterio de salvación. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

Del Santo Evangelio según san Juan (10, 27-30).

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”. Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti Señor Jesús.

REFLEXIÓN. Meditación personal

SILENCIO

Todos de rodillas escuchemos

Lector 1: Soberano Jesús Sacramentado:¡Que dicha la nuestra de estar en tu presencia postrados a tus pies! ¡ Que bondad la tuya, admitirnos como custodios de tu presencia sacramental en las silenciosas horas de la noche! ¡Que dignación tan grande, permitir que unamos nuestras plegarias a las del infinito mérito que brotan de tus labios, siempre abiertos para rogar pro vosotros!

Lector 2: No una hora, todas la de nuestras vidas quisiéramos velar contigo, si nuestra flaqueza no lo impidiese. Ya que tanta dicha no es posible, al menos en esta noche y en esta hora, verdaderamente Eucarísticas, deja, Señor que nuestro agradecimiento se desborde y suba como grato perfume hasta ese Cáliz donde el amor te tiene como sepultado.

Lector 3: Gracias, Señor, por el don de la fe. ¿Cuántos habrá que no tienen la dicha de conocerte y que si la tuvieran te amarían mucho más y corresponderían mucho mejor a tus beneficios de lo que te amamos y correspondemos nosotros? Nosotros, aunque tibios y perezosos cristianos, podemos exclamar: ¡Creo, en Jesús Sacramentado! ¡Bendita sea esa fe! Pero ¡Cuánto me humilla el hallarme sin méritos para disfrutar un don tan inefable!

Lector 1: Y enajenados, Jesús bondadosísimo, al contemplar las finezas de tu amor, y luego en todos los altares y sagrarios del orbe, y viendo cómo nos llamas a congregarnos a formar comunidad para honrarnos como adoradores de tu Divina, Soberana y Real Persona ; después de gustar las delicias, suavidad y dulzura de tu servicio y acordarnos de cuán duramente nos trata el mundo y considerar cuán necio es el apartarse de Ti, no nos cansaremos de repetir que “Tu sólo eres nuestro Señor”.

Lector 2: ¿Qué te daremos, Señor, en respuesta de habernos dado tu misericordia a en tu Pasión, que venciste a la muerte con tu Resurrección. Te quedaste presente en la Eucaristía ¿Con qué te pagaremos las aguas cristalinas y saludables de la verdad católica con las que apagas nuestra sed?

Lector 3: Invocando tu Santo nombre, tomaremos el cáliz de la salvación, que es hacer en la tierra tu santísima voluntad; aunque nos cueste tribulación, contradicción, persecuciones, pobreza y a la misma vida. El ara de la cruz y el ara del altar son la montaña del sacrificio, donde por tus sacratísimas manos ofreceremos al Padre celestial, a Ti mismo, víctima agradable y acción de gracias infinita.

Lector 1: Y esto lo haremos en medio del mundo, sin temor al respeto humano ni al que dirán los hombres; porque nuestros votos de agradecimiento hacía Ti Señor, son sagrados; y los hemos de cumplir luchando por tu soberanía social, por tus derechos sobre los pueblos, sobre los reyes y sobre toda criatura. No alienta tu palabra que nos asegura una muerte preciosa, lo mismo venciendo que siendo vencidos.

Lector 2: Y confiados en la victoria y en la conquista del Reino Eterno del cielo, porque tienes que sostenernos, alentarnos y conformarnos en la pelea, por lo mismo que nos confesamos impotentes y humildísimos siervos. Sí; siervos tuyos e hijos obedientes de nuestra Santa Madre la Iglesia. Sí; siervos tuyos e hijos predilectos de la mujer más grande que salió de las manos de Dios, y que, sin embargo, se llamó su esclava: de la Santísima Virgen María.

Lector 3: Por la intersección poderosa de tan buena Madre y de nuestros Ángeles protectores, mil veces, Señor, has roto los lasos que nos tendía el mundo, mil veces nos ha librado de la muerte eterna; por eso ahora, agradecidos y con la santa libertad de hijos de Dios, invocando el Dulcísimo nombre de Jesús, sacrificaremos en nuestros altares Hostias puras de alabanzas.

Todos: Así sea.

SILENCIO (se puede poner música de fondo)

Celebrante: Reiteremos a nuestro Señor el homenaje de nuestra gratitud por la Redención de Jesucristo, y con el mismo espíritu de la Iglesia Nuestra Madre, digámosle:

Salmo Responsorial (83)

R./ Señor, dichosos los que viven en tu casa.

Salmista: Anhelando los atrios del Señor,
mi alma se ha consumido;
Todo mi ser de gozo se extrémese,
por causa del Dios Vivo. R./

Salmista: Hasta el gorrión halló una casa;
la golondrina, un nido.
En tu altar, señor de los ejércitos,
Rey mío y dios mío. R./

Salmista: Felices los que habitan en tu casa,
y pueden alabarte de continuo. R./

Salmista: Un día en tus atrios vale más que mil fuera de ellos;
yo prefiero el lumbral de la casa de mi Dios,
al lujoso palacio del perverso. R./

Celebrante: Alabado sea Jesucristo.

Todos: Nuestro Rey por siempre alabado.

Del Salmo 62

R./ Señor, Dios mío, mi alma tiene sed de ti.

Salmista: Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
De ti sedienta está mi alma, Señor,
Todo mi ser te añora,
como el suelo reseco añora el agua. R./

Salmista: Para admirar tu gloria y tu poder,
anhelo contemplarte en el santuario.
Pues mejor es tu amor que la existencia,
siempre, Señor, te alabarán mis labios. R./

Salmista: Podré así bendecirte mientras viva
y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma;
te alabaré con júbilo en los labios. R./

Salmista: Fuiste mi auxilio
y a tu sombra canté lleno de gozo.
A Ti se adhiere mi alma,
y tu diestra me da seguro apoyo. R./

Presidente: Alabado sea Jesucristo.

Todos: Nuestro Rey por siempre alabado.

Del salmo 66

R./Que te alaben, Señor, todos los pueblos.

Salmista: Que Dios se compadezca de nosotros,
Nos bendiga y nos mire con amor,
Así todos los pueblos de la tierra
Conocerán tu salvación. R./

Salmista: Que canten de alegría las naciones
Porque riges con justicia;
con equidad gobiernas a los pueblos,
con rectitud los guías. R./

Salmista: La tierra ha producido ya sus frutos,
Dios nos ha bendecido en esta forma;
porque el Señor continúe bendiciéndonos
para que todo el orbe lo conozca. R./

Oración por las vocaciones

BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO

CANTO FINAL: (ver cantoral)