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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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año Sacerdotal 2009 — 2010


"Carta a mis Hermanos Sacerdotes"


MENSAJE  DE  LOS  OBISPOS  DE  LA  PROVINCIA  ECLESIATICA DE  MEXICO
CON  MOTIVO  DEL  AÑO  SACERDOTAL

LLAMADOS   A  SER  SANTOS

Queridos sacerdotes de la Provincia de México, sus Obispos los saludamos en la alegría de los hijos de Dios, al celebrar el año sacerdotal.

Hoy, los invitamos a reflexionar sobre un aspecto importante de la vida de todo cristiano, pero especialmente de nosotros sacerdotes, como es lo referente a nuestra propia santificación.

1.- La Santidad, un Camino para Todos

Nos dice San Pablo: “Esta es la voluntad de Dios que sean todos santos” (1Tes 4, 3). El agua bautismal que recibimos nos está exigiendo la santidad; esto es, una orientación de la vida como hijos de Dios, que inicia en el  bautismo y, que se ordena a vivir con Dios nuestro Padre en la intimidad de su amor. De tal modo, que es el Padre Dios quien nos llama al Banquete de la Santidad.

La llamada a la Santidad es una llamada universal. No se dirige sólo a los sacerdotes o religiosos o religiosas. No, es una llamada universal a todo cristiano. Toca a todo hombre y mujer que en Cristo han sido llamados a formar parte de la Iglesia. La Santidad es la comunión con Dios. La Santidad es la obediencia filial y amorosa al Padre de las Misericordias.

La Santidad es una realidad vivida. A los santos los encontramos en todas partes. Ciertamente están los santos canonizados solemnemente por el Papa. Pero se encuentra una cantidad innumerable de santos que viven en sus hogares, en su trabajo, en sus familias haciendo siempre, con amor, la voluntad de Dios. Personas que por su humildad transmiten a Dios, llevan a Dios en su corazón, en su palabra y en el testimonio de su vida. Ellos,  sin darse cuenta, difunden a Cristo, predican a Cristo y hablan de Cristo.

¡Qué hermoso plan del Padre Dios! Puesto que nos creó sin pedirnos parecer; ya que nos redimió sin que cambiara con nosotros impresiones. Sin embargo, esta obra de la SANTIFICACIÓN no se hace sin contar con nosotros, sin pedirnos parecer. No se hace si nosotros no queremos. La tiene que hacer el Espíritu Santo: es obra de la Gracia, pero  no la hará, si nosotros no queremos.

Hay que dejarse hacer santos. Ponerse en las manos de este Directos Espiritual, El Espíritu Santo, para que encuentre en nosotros una docilidad generosa, una adaptabilidad que Él pueda hacer su obra de la Santificación en nosotros.

2.-  La Sanidad Sacerdotal

Hermanos sacerdotes, santos sacerdotes. No nos separemos nunca del sustantivo SANTIDAD, nuestro adjetivo propio, SACERDOTAL. No nos separemos nunca  del sustantivo SACERDOTE, el adjetivo SANTO. Porque como nos dice San Pablo: “Santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos (cf. 1 Cor 1, 2).

El decreto conciliar sobre el Ministerio y Vida de los Presbíteros nos habla a los sacerdotes sobre el don y la responsabilidad de hacerse santos. “Por el sacramento del Orden Sacerdotal se configuran los Presbíteros con Cristo Sacerdote, como ministros de la Cabeza, para construir y edificar todo su Cuerpo, que es la Iglesia, como cooperadores de Orden Episcopal”.

Igualmente, Juan Pablo II nos dice: “El Espíritu Santo recibido en el Sacramento del Orden, es fuente de Santidad y llamada a la Santificación, no sólo porque configura al sacerdote con Cristo Cabeza y Pastor de la Iglesia y, le confía la misión profética, sacerdotal y real para que la lleve  a cabo personificando a Cristo, sino también, porque anima y vivifica su existencia de cada día, enriqueciéndola con dones y exigencias, con virtudes y fuerzas, que se compendian en la caridad pastoral (cf. PDV 27). Por consiguiente, la vivencia cristiana de su identidad sacerdotal lo llevará a su propia santificación.

La santificacion sacerdotal es un proceso de configuración con Cristo Sacerdote, Buen Pastor. Es una dinámica exigida por la naturaleza del mismo sacerdocio. Los sacerdotes somos llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor, en su ser, su obrar, su culto, su estado de vida. La consagración del sacerdote reclama su configuración con Cristo en su ser; y la misión sacerdotal pide la configuración con Cristo en su actuar.

Los sacerdotes estamos llamados a vivir la autoridad y el servicio de Cristo Cabeza y Pastor de la Iglesia, animando y guiando la comunidad eclesial. De aquí se deriva la santificación, que consiste en la identificación con Cristo, en su ser, mediante la consagración sacerdotal.

El sacerdote no es el hombre de los sacramentos, sino un hombre constituido sacramento personal del mismo Jesucristo, quien por su medio realiza el triple ministerio de la enseñanza, de la santificación y del pastoreo en la Iglesia.

Somos santificadores. Y cuando nosotros administramos sacramentos que santifican: una comunión, un bautismo, una confesión o cuando ejercemos una dirección espiritual, somos algo más que simplemente los que administran. No somos repartidores de hostias consagradas. No, no,  no. Nosotros vivimos todo esto, vivimos la fe en todo esto y, entonces esa misión que nosotros tenemos de santificar, nos está a nosotros santificando.

3.- El Ejemplo Sacerdotal de San Juan María Vianney, Cura de Ars

El Papa Benedicto XVI nos dice: “Este año especial quiere contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes para un testimonio evangélico más fuerte e incisivo en el mundo de hoy. La imitación a Jesús Buen Pastor, es para todo sacerdote el camino obligatorio de la propia santificación y la condición esencial para ejercer, responsablemente, el ministerio pastoral.

En el Cura de Ars tenemos el ejemplo vivo y contundente de santificarse en el ejercicio de su ministerio sacerdotal y santificar al pueblo encomendado. Santificarse al grado de llegar a los altares.

El Santo Cura de Ars, Juan María Bautista, nos enseña cuán preciosas son la empatía del sacerdote con el sacrificio Eucarístico y la educación de los fieles en la presencia Eucarística y en la Comunión. Con la Palabra y los sacramentos, San Juan María Vianney santificó a su pueblo.

Terminemos esta reflexión con las palabras del Cardenal Bertone: “ Sean santos como fue el Santo Cura de Ars, es decir, viviendo su ministerio según el corazón de Cristo y el corazón maternal de María”.

Queridos sacerdotes de la Provincia de México, aprovechemos profundamente este año sacerdotal, año de gracia para renovar nuestro espíritu sacerdotal en compañía de Santa María de Guadalupe, madre de Jesús el Buen Pastor y de nosotros.

¡Jesús danos sacerdotes santos!