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año Sacerdotal 2009 — 2010


"Carta a mis Hermanos Sacerdotes"


EL SACERDOTE: AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS

1. El costado de Jesús traspasado, fuente del Bautismo y la Eucaristía

El corazón es una parte importante del cuerpo humano que reviste una centralidad significativa. Para el Antiguo Testamento el corazón representa la interioridad de las personas. Por ejemplo cuando se dice que alguien habló en su corazón (cfr. Dt 7, 17) se debe entender que pensó pero no expresó lo que pensaba. También se dice que el faraón endureció su corazón o que Dios mismo le endureció su corazón, con ello quiere decir un empecinamiento en contrariar la voluntad de los hebreos (Ex 8, 19; 9, 12). En otros pasajes se dice que alguien habló al corazón de otra persona (Cfr. Gn 34, 3; Is 40, 2) con ello se quiere decir que el discurso pretende llegar hasta lo más hondo del destinatario. En la Antigua Alianza el corazón no es la sede de las emociones o afectos, para referirse a ellos se habla de los riñones o las entrañas en general. Los evangelios y las cartas paulinas heredaron esta forma de hablar y por ello aparecen expresiones parecidas a las del Antiguo Testamento, vgr., Jesús pregunta a las autoridades “Por qué dicen en su corazón: ‘¿Quién es este para perdonar pecados?’…” (cfr. Mc 2, 8).

2. El corazón como símbolo de la sede del amor de Jesús

Sin embargo, algunas expresiones del mismo Señor nos invitan a reflexionar lo que Él pensaba sobre el corazón. Por ejemplo el Señor Jesús dijo: “aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Con esta expresión se pone a sí mismo como modelo de mansedumbre y humildad desde lo más íntimo de su ser. El Señor invita a ser auténticamente así. A esta actitud se opondría el ser humilde y manso tan solo en la apariencia.

En otras ocasiones el Señor invita a “no poner el corazón en las riquezas de este mundo”, “porque donde está tu tesoro allí está tu corazón” (Lc 12,34). Estas expresiones nos acercan mucho más al campo del amor, es decir, de aquello a lo que uno se apega y busca desde lo más íntimo de su ser. El Señor Jesús invita a “poner el corazón en el Reino de Dios y su justicia” (cfr. Mt 6,24-33), Es decir, a orientarlas decisiones completa y auténticamente fundamentados en el Reino de Dios.

El catecismo de la Iglesia católica al hablar de la devoción al Corazón de Jesús dice: “La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados” (2669). Aquí vemos que el catecismo interpreta el costado traspasado, mencionado en el evangelio de San Juan (19,34), como el “corazón traspasado”, de donde surgen los sacramentos iniciales de la vida cristiana, a saber, el Bautismo y la Eucaristía.

3. La devoción al Sagrado corazón y sus características modernas

Dando un gran salto en el tiempo, la devoción al sagrado Corazón de Jesús se ha popularizado a partir de dos santos del siglo XVII San Juan Eudes y Santa Margarita María Alacoque, ambos franceses. La imagen del Sagrado Corazón reviste una simbología específica. En primer lugar es un corazón visible en el cuerpo de Jesús resucitado. Se trata de un corazón radiante traspasado en el costado inferior derecho y coronado de espinas. Normalmente también se representa una pequeña cruz en la parte superior central del corazón, como silueta resaltada sobre un fondo de fuego. Todo esto son alegorías de la pasión, muerte y resurrección vistas bajo la óptica del amor de Cristo.

La devoción ligada a esta iconografía se desarrolló en la época moderna. Esta etapa de la historia se caracterizó por el rompimiento de la sociedad humana con la religión. Recordemos que la edad media había sido totalmente marcada por la convivencia de la sociedad con el aspecto religioso. El renacimiento en Europa retomó el conocimiento de los autores clásicos griegos y latinos los cuales eran paganos y muchos filósofos iniciaron búsquedas filosóficas divergentes de los autores cristianos. Dentro de esta situación, los promotores de la devoción al sagrado corazón afirmaron con contundencia el inmenso valor del Amor de Dios revelado en la persona de Jesucristo. En particular sellado por su pasión, muerte y resurrección. Y por contraparte la terrible decepción provocada por la respuesta del hombre que no acepta dicho amor. De aquí surgen las características propias de la devoción actual al Sagrado Corazón. Los devotos se unen al Corazón de Jesús dentro de esta dinámica de amor mal correspondido y surge así la práctica de la “reparación”, que consiste en amar por quien no ama, “servir” por quien no sirve, y más aún “realizar actos de anonadamiento y sufrimiento” por todos los que blasfeman del amor de Dios sin conocerlo.

4. La relación profunda del Corazón de Jesús con la misión santificadora del presbítero en la Eucaristía

San Juan Eudes fue el primer gran promotor moderno de la devoción al Sagrado Corazón y al mismo tiempo un gran promotor de la espiritualidad sacerdotal. La congregación religiosa masculina que fundó tiene como apostolado principal la formación sacerdotal. Esto nos lleva a pensar que realmente existe una conexión entre el amor de Cristo y el sacerdocio ministerial. Jesucristo es el Sumo y Eterno sacerdote por tanto el sacerdocio cristiano es asociación, configuración, participación del sacerdocio de Cristo, el cual se ha realizado en su pasión, muerte y resurrección.

Jesús instituyó la Eucaristía en la Última Cena. Este sacramento hace presente la Nueva Alianza instituida por Jesucristo. Así como la Antigua Alianza se caracterizó por el don de la Ley de Moisés esta Nueva Alianza tiene otra característica peculiar, a saber: el amor misericordioso de Dios (la gracia) y su manifestación de fidelidad (verdad) (cfr. Jn 1,14.17). Por tanto la Nueva Alianza tiene como característica esencial el amor gratuito, el que no se ha merecido ni podría merecerse y que es fiel desde el principio de los tiempos.

Jesús encargó a sus discípulos actualizar por medio de los sacramentos, y en especial por medio de la Eucaristía, esta Alianza de la misericordia y de la fidelidad. Es misión del presbítero la celebración de la Eucaristía para la santificación del pueblo, en la cual configura su propia persona con la de Cristo. Si recordamos en este momento el sentido de los símbolos de la iconografía del Sagrado Corazón podremos observar la gran transparencia de estos con respecto a la celebración Eucarística en la cual el sacerdote queda profundamente involucrado.

5. El corazón sacerdotal configurado con el corazón victimal de Jesús

En este punto cabe hacer una especial profundización con el aspecto sacrificial de la pasión, muerte y resurrección, representados tan claramente en la iconografía del Sagrado Corazón, con respecto al carácter de víctima que reviste el ejercicio del sacerdocio cristiano. El sacrificio de Cristo fue derramamiento cruento de la sangre del Señor para la remisión de los pecados. Este sacrificio, se actualiza de manera incruenta en la celebración de la Misa. El motivo que llevó al Señor a entregarse de tal manera por nosotros fue el amor fiel y gratuito del que nos habló san Juan. El presbítero, al actuar en persona de Cristo se configura con la víctima del calvario, de forma incruenta pero real. Si Jesús fue víctima y sacerdote a la vez en el Calvario, el celebrante nunca deja de ser el objeto de amor, es decir el pecador redimido por la sangre derramada, pero místicamente también deviene en sacerdote y víctima por Cristo a quien está configurado.

6. El sacerdote y el amor predilecto del Señor.

Así llegamos a la conclusión de este artículo que pretende justificar su título. El sacerdote es amor del corazón de Jesús porque es miembro de la humanidad por la que Él dio su vida, derramó su sangre en misericordia y fidelidad inquebrantable. Pero también es amor del corazón de Jesús por que en él se actualiza sacramentalmente esta Alianza. La caridad pastoral de los presbíteros está llamada a trasparentar el corazón de Jesús, ese corazón traspasado, coronado de espinas pero radiante con el señorío de la resurrección del Señor.

Sin embargo, es importante también recordar el aspecto del amor mal correspondido. Y esta es una vertiente no menos real que marca al sacerdocio cristiano, porque la vida sacerdotal trascurre en una lucha por corresponder a las grandes manifestaciones de amor recibidas de parte del Señor y al mismo tiempo se convierte en receptáculo viviente, en cuanto otro Cristo, de los desprecios y blasfemias de los hijos de este mundo.

La predilección en el amor, de la que tanto se habla con respecto a los llamados al ministerio sacerdotal implica luces y sombras, alegrías, entusiasmos y realizaciones, tanto como sufrimientos, decepciones y experiencias de fracaso. Pero todo ello forma parte del plan providencial por el que el Sagrado Corazón convierte a los presbíteros en corazones semejantes al suyo.

Mons. Salvador Martínez Ávila