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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Pensamientos en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

Jn 15, 15

Amigo

Tú:
la Palabra eterna que no acaba de pronunciarse,
el que, siendo Dios, te hiciste hombre,
el que no vino a ser servido, sino a servir,
el Señor y el Maestro que me lava los pies,
el Buen Pastor que me llama por mi nombre,
el que me enseña a decir “Padre nuestro”,
el que me llama amigo y no siervo,
el que me dice “hagan esto en memoria mía”,
el que sopla sobre mí su Espíritu para perdonar,
el amigo mejor que da la vida por mí,
el que me escoge, me llama y me envía,
la Buena Noticia que intento vivir y anunciar.

Yo:
El servidor hecho tu amigo,
el que te sabe los secretos,
al que hermanaste con tu Sangre,
con el que compartes el ser Hijo del Padre,
el coheredero contigo de tu casa paterna,
al que elegiste y llamaste sin yo saber por qué,
con el que compartes tu sacerdocio único,
el que actúa en tu persona,
el que dice “esto es mi Cuerpo” y “esta es mi Sangre”.

No sé que haya, Jesús,
entre tú y yo.

Entre tú, divino y encumbrado
y entre yo, humano y limitado.

Tú, ciertamente, me haces falta;
¿te hago falta yo?

Te apropiaste de mi vida
sin que dejara de ser mía,
la enriqueciste
y la llenaste de ti.

Hablas por mi boca,
soy tu eco y tu vocero;
me hiciste sembrador,
la semilla es tu palabra.

Me hiciste sacerdote para siempre,
yo te doy mi tiempo
y tú lo haces eterno,
así lo quieres, así lo acepto.

En tu presencia, Jesús,
mi vida se consume;
todo me has dado,
algo te he regresado.

Y al hacer las cuentas,
¡yo salgo ganando!