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Pensamientos en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


Como el Cirio Pascual

Los sacerdotes, Jesús,
somos como el Cirio Pascual.
Somos consagrados entre la alegría del pueblo
y aclamados como luz tuya.
Todos quieren encender su fe en nuestra fe.
Somos marcados con tu cruz
y, para que no falte nada,
recibimos también tus llagas.

Recibimos un sacerdocio Alfa y Omega,
sin principio ni fin, porque es tuyo.
Nos ponen en el candelero
y brillantemente presidimos la Eucaristía
y los demás Sacramentos.

Somos incensados y recibimos honores.
Pero, como el Cirio Pascual,
termina nuestro tiempo
y nos quitan del candelero
para poner otro Cirio nuevecito,
recién consagrado.

Otro Cirio que también eres Tú.
Y, como los Cirios viejos,
ya no servimos
para lucir en los altares,
pero seguimos siendo útiles
hasta que nos acabamos de consumir.

El Cirio Pascual que ya no se usa
es partido en pedacitos
por los piadosos sacristanes,
y repartido entre las familias
que anhelan tener un Cirio Pascual
que consuele sus sufrimientos
y presida sus gozos.

Yo quiero ser como ese Cirio Pascual
que arde en tu presencia
consumiéndose poco a poco,
iluminando a tu asamblea santa.

Y cuando pase mi tiempo,
concédeme, Jesús,
seguir iluminado las tristezas
y las alegrías de los hombres,
mis hermanos,
mientras haya en mí,
cera que arda.

Concédeme, Jesús, la alegría pascual
de haber sido signo de tu resurrección.

Concédeme el gozo de saber
que consumí mi vida en tu presencia.

Mientras tanto, Jesús,
que mi luz siga iluminado
victoriosa sobre los malos vientos,
vencedora sobre la oscuridad,
quemando con tu amor ardiente.

Déjame, Jesús, ser un Cirio Pascual,
anuncio de tu resurrección
y de tu victoria ante la muerte.