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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Pensamientos en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


Oración del casado diácono

El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a Servir  (Mt 20, 28)

A la mitad de mi vida, me llamaste, Señor.
Me aceptaste tal como soy:
con mis años a cuestas,
con mi historia inconclusa,
con mi oficio,
con mi poco o mucho saber,
y, sobre todo, con mi esposa y mis hijos.

Mi vocación ha sido
una vocación de familia;
la acepte yo, por gracia tuya,
la aceptó mi esposa
porque somos uno,
y también mis hijos
porque son nosotros.

Gracias, Señor, por el llamado
y gracias por la respuesta.

Me llamaste al diaconado
y el diaconado es servir;
me uniste a tu Hijo diácono
que no vino a ser servido
sino a servir.

Concédeme, Señor,
vivir mi Sacramento del Orden
en constante comunión
con aquellos que has puesto
como sacerdotes, maestros y pastores
de tu pueblo santo.

Concédeme servir a mis hermanos,
a los más pobres,
a los enfermos,
y a los ancianos,
sabiendo que, amándolos,
amo y sirvo a tu divino Hijo,
que es hombre entre los hombres
y el más pequeño entre los pequeños.

Que proclame con gozo
las buenas noticias,
pan de la palabra
para mis hermanos hambrientos.

Pon en mis manos
el pan del cielo bajado,
pan y prenda
de la vida eterna.

Que vaya y bautice
a todas las naciones,
para que te nazcan hijos,
hermanos de tu Hijo.

Que sea testigo
del amor humano,
alianza indisoluble
y signo de tu amor divino.

Hazme un hombre de oración,
para que cuando ore
sea yo la Iglesia que ora.

Bendíceme, Padre,
bendice a mi esposa
y a mis hijos,
para que, juntos,
demos testimonio de tu amor
en el mundo en que vivimos.

Por nuestro Señor Jesucristo
que vive y reina contigo,
en unión con el Espíritu Santo,
por lo siglos de los siglos.

Amén.