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Año Santo Sacerdotal 2009-2010


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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México



Pensamientos en torno al SACERDOCIO

P. Sergio G. Román del Real


VIA CRUCIS SACERDOTAL

ORACIÓN INICIAL

¡Oh Jesús, sacerdote sumo y eterno!
me llamaste a compartir tu sacerdocio
no por mis méritos, sino por tu gran misericordia.
Y con tu llamado llegó también tu gracia,
la gracia de actuar en tu nombre,
de enseñar en tu nombre,
de santificar en tu nombre,
de perdonar en tu nombre.
Todo eso, Jesús, es el lado amable de mi sacerdocio.
Gracias.

Pero hay otro lado que me llena de temor:
tal parece que también me llamaste
para sufrir en tu nombre.
Y es lógico;
si ser sacerdote significa ser otro Cristo,
también tengo que ser otro Cristo
en el camino al Calvario.
También estoy llamado
a sufrir en tu nombre.

No me gusta, Jesús,
y tan sólo lo acepto
si me das tu gracia para sufrir contigo.
Contigo tomaré mi cruz
para salvarme
y para salvar contigo.

Primera Estación

JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura
        
Pilato mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: “Aquí tenéis a vuestro rey”. Pero ellos gritaban: “¡Fuera, fuera, crucifícalo!”. Pilato les dice: “Pero, ¿cómo he de crucificar a vuestro rey?” Respondieron los príncipes de los sacerdotes: “Nosotros no tenemos más rey que al Cesar”. Entonces se los entregó para que fuera crucificado (Jn 19, 14-16).

Oración

Jesús, me han condenado a muerte, como a ti y quisiera ser inocente, como Tú. He visto la mirada de mis hermanos, los hombres y, su mirada grita: “¡reo de muerte, crucifíquenlo!”

A ti te acusaron de hacerte pasar por Dios, ¡y eres Dios!; a mi me acusan de no ser como Dios,¡y no soy más que un simple humano!, tan débil y pecador como cada uno de esos mis hermanos cuya mirada me condena. Pero para mí no hay misericordia, porque soy sacerdote, y me piden que sea como Tú. Y, en cierto modo, tienen razón. ¡Yo debería de ser como Tú!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Segunda Estación

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura
     
Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario (Jn 19, 17).

Oración

Jesús, Tú dijiste: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame” (Lc 9, 23).

Aquí estoy, Jesús,
yo, tu discípulo por excelencia,
tu discípulo por oficio.

Aquí estoy y, aquí está mi cruz.
Cruz sacerdotal
tan difícil de cargar,
tan pesada y tan molesta.

Cruz labrada con maderos
de soledad y desamor,
cruz de debilidad humana
y de pecado,
cruz de egoísmo
y de infidelidad.

Ésa es mi cruz de cada día,
la que tengo que cargar
para caminar contigo
el camino de la cruz.

Y esa cruz tan mía
se vuelve cada vez más pesada,
porque además de cargar con ella
yo, sacerdote,
tengo que cargar, también
con la cruz de mis hermanos.

¡Cuánto pesa mi cruz!
pero, en la medida en que la cargo
me voy dando cuenta
de que ¡cómo se parece a la tuya!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Tercera Estación

JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba, no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban (Is 50, 6).

Oración

¿Te enteraste, Jesús?
¡Salió en todos los periódicos!
¡Durante días y días fui primera noticia en la televisión!
¡Todo el mundo lo comentaba!
Tal parece que al mundo le da gusto que yo caiga.
Tal parece que están esperando,
están deseando que yo caiga.

Para placer del mundo,
para burla,
para justificar sus caídas,
¡he caído, Jesús!
Y yo sé que no te causa placer,
y yo sé que no te burlas ni me señalas,
y yo sé que te ha dolido más que a mí.

¡He caído, Señor... y tú conmigo!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Cuarta Estación

JESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Simeón les bendijo y dijo a María su Madre: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, ¡y a ti, una espada te atravesará el alma!, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones” (Lc 2, 34-35).

Oración

¡Qué pesada es mi cruz, Madre mía!,
esa cruz sacerdotal que sobre mis hombros llevo
por amor a tu Hijo.

Cuesta trabajo seguir a tu Hijo,
va tan de prisa,
pareciera que no se cansa,
y yo no puedo seguir su paso,
bajo el peso de la cruz
tropiezo y caigo,
y ya caído, ¡no me quiero levantar!

Duelen las caídas, Madre mía,
duelen las críticas y las burlas,
duele la indiferencia de los hombres.

Cuando pienso en darme por vencido,
en tirar mi cruz
y quedarme allí tendido,
a medio camino hacia el Calvario,
noto tu maternal mirada,
alzo mis ojos y busco los tuyos:
¡tu mirada es el beso de una madre
sobre las heridas de su hijo!

Ya no me duele, Madre mía,
mira, me levanto, recojo mi cruz
y sigo mi camino,
el camino de tu Hijo.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Quinta Estación

EL CIRINEO AYUDA A JESÚS  A LLEVAR LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo. 

Lectura

Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla, detrás de Jesús (Lc 6, 31).

Oración

Detrás de ti, Jesús, camino hacia el Calvario,
como nuevo Cireneo, te ayudo con tu cruz.
No me lo agradezcas, porque en realidad
esa cruz no es tuya,
esa cruz es la mía
y Tú la llevas voluntariamente sobre tus hombros.
Tú, inocente, no mereces ninguna cruz.

Me parezco a ti, yo sacerdote,
porque sobre mis hombros llevo
la cruz de mis hermanos
unida a la mía, que sí merezco,
¡y cuánto pesa mi cruz sacerdotal!

Tu tuviste un Cireneo
que a pesar de su cansancio
llevó detrás de ti la cruz.

En mi vida sacerdotal
has puesto muchos Cireneos
que alivien mi cansancio
y que alienten mi camino.

Caminan detrás de mí,
junto a mí o delante de mí.

Cireneos mis padres y hermanos,
Cirineos esos buenos amigos
que aman a los sacerdotes,
Cirineos algunos obispos
y algunos hermanos sacerdotes,
que también aman a sus hermanos sacerdotes,
Cirineos los buenos laicos
que con su entrega, me dan ejemplo.

No voy solo hacia mi Calvario,
conmigo van tus Cirineos.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Sexta Estación

LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Muchos se horrorizaban al verlo; tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre (Is 52, 14).

Oración

Buscan mi rostro, Jesús.
La fe hace que los fieles
miren mi rostro
queriendo ver el tuyo.
Me buscan buscándote a ti.
Te buscan y se encuentran conmigo.

¡Cómo quisiera que mi rostro
reflejara fielmente el tuyo!,
que la chispa de mis ojos
fuera una chispa de tu amor
y que mi cara se iluminara
con la sonrisa de tus labios.

Pero mi rostro, Jesús,
es tan sólo mi propio rostro,
afeado por todos mis pecados.

Séptima Estación

JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

¡Y con todo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, y nuestros dolores los que soportaba! (Is. 53, 4).

Oración

He caído Jesús,
por segunda, tercera...
por incontable vez.
He caído, ¡y estoy triste!

Mi amor a ti es tan pequeño,
y tan grande el amor a mí mismo.

He caído y me da pena;
pena con los demás
que se han dado cuenta,
y si no se dieron cuenta,
pena conmigo mismo.

Yo no esperaba eso de mí,
me he decepcionado,
me doy vergüenza.

“Sí, me levantaré,
iré hacia mi Padre
y le diré:
‘Padre, he pecado,
no merezco ser tu hijo”.

¡El Padre me ha levantado,
me ha besado!

Ya puedo volver a ocupar mi lugar,
allí, junto a ti,
en tu mismo camino.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Octava Estación

JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él. Pero Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: “¡Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí!; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos” (Lc 23, 27-28).

Oración

También yo, Jesús,
en mi vía dolorosa
me encuentro con las mujeres piadosas,
que olvidándose de sus propios problemas,
generosamente me tienden la mano,
a mí, sacerdote, el otro Cristo.

Oran por mí,
me ayudan con sus ofrendas de viudas,
maternalmente me cuidan,
me aconsejan y corrigen.
Ellas nunca faltan a mis solitarias misas,
están allí, omnipresentes,
y siempre presentes
con su fe sencilla
y su preocupación maternal.

Perdón, Jesús, porque no las valoro,
porque a veces las ridiculizo
y porque no colman mis ambiciones de pastor.

Perdón porque considero
que el tiempo que me exigen
es tiempo perdido.

Gracias, Jesús, por las mujeres piadosas
de mi parroquia
y de todas las parroquias.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Novena Estación

JESÚS CAE POR TERCERA VEZ 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos y yo os aliviaré. Cargad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas (Mt 11, 28-29).

Oración

Estoy cansado, Jesús.
Física y espiritualmente.
Cansado de arar y arar
y. al final de la jornada,
volver la vista atrás
y ver que no he hecho nada.

Quisiera dividirme,
multiplicarme,
porque por más que me esfuerzo
siempre hay mucho que no puedo hacer.

Y los hombres, mis hermanos,
me piden,
me exigen,
me devoran.

Todo lo he dado,
ya no tengo tiempo para mí.

Estoy cansado, Jesús.
Quisiera caer
y ya no levantarme.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto 

Décima Estación

JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Ahí lo crucificaron, y después echaron suertes para repartirse las ropas de Jesús (Mt 27, 35).

Oración

Cada día, antes de la misa
gozo el momento de revestirme;
con mi estola y mi casulla
me siento Tú.

Yo, el sacerdote, canal de la gracia;
yo, el maestro, veraz y certero;
yo, el pastor, más rey que pastor.

Y las vestiduras sacras se me han hecho piel,
las llevo aunque no las lleve,
me sacralizo
y exijo que me sacralicen.

Para mí, el mejor lugar en las mesas,
el saludo respetuoso de mis fieles,
la atención especial en mis asuntos,
la deferencia de las autoridades,
la excepción en las leyes.

Me gusta ser como Tú
y que me traten como a ti,
¡mientras no se les ocurra
despojarme de mis sacras vestiduras!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Décima Primera Estación

JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron a él  y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda (Lc 23, 33).

Oración

Me da miedo seguirte, Jesús,
he puesto mis límites
dictados por esa seguridad
a la que tengo derecho,
y subir al Calvario contigo,
subir a la cruz,
es mucho riesgo.

Tengo miedo.
Me da miedo tu cruz sobre el Calvario.
Pero yo sé que no puedo decir que no,
me has escogido
y yo he aceptado.

Ayúdame a aceptarte
con todas las consecuencias,
¡hasta la última consecuencia!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Décima Segunda Estación

JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Como al mediodía, se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. En ese momento la cortina del Templo se rasgó por la mitad, y Jesús gritó muy fuerte: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”, y, al decir estas palabras, expiró (Lc 23, 44-45).

Oración

Has muerto, Jesús,
¡y está bien!
Así tenía que ser,
así estaba escrito,
que Tú murieras por mí.

Está bien que mueras por mí,
pero nunca permitas
que Tú mueras en mí.

¿Qué sería de mí, sacerdote,
si fuera por el mundo
con un Cristo muerto
en el corazón?

¿Cómo compartirte,
si no te tengo?

¿Cómo hablar de ti,
si no hablo contigo?

Mi sacerdocio sería
un absurdo vacío,
un completo sin sentido.

Muere por mí, Jesús,
pero no mueras en mí.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Décima Tercera Estación

EL DESCENDIMIENTO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Intervino entonces un hombre del Consejo Supremo de los judíos que se llamaba José. Era un hombre bueno y justo que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros. Este hombre, de Arimatea, pueblo de Judea, esperaba el Reino de Dios. Fue a presentarse ante Pilatos para pedirle el cuerpo de Jesús. Habiéndolo bajado de la Cruz, lo envolvió en una sábana... (Lc 23 50-53).

Oración

De tu cruz a los brazos de tu Madre.
Inerte, insensible, flácido, ¡muerto!

María, Madre dolorosa,
¿cómo no conmoverme ante tu pena?,
¿cómo no llorar contigo
la muerte de tu hijo,
de mi hermano,
de mi Dios?

Madre de Cristo Sacerdote,
Madre mía heredada en el Calvario
en la persona de Juan sacerdote,
concédeme, como a Juan,
poder llevarte conmigo
a mi casa...
¡a mi vida!

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Décima Cuarta Estación

JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

Y José, tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en un sepulcro nuevo, cavado en la roca, que se había hecho para sí mismo. Después movió una gran piedra redonda para que sirviera de puerta y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro (Mt 27, 59-61).

Oración

¡Se acabó!

Allí estas Tú, Jesús, en el sepulcro,
como todos los demás hombres,
como yo a mi tiempo.

Tu historia debió haber terminado allí,
en ese lugar y en ese momento.
Y, en realidad, allí comenzó todo,
tu historia continuó
y se prolonga hasta nuestros días
y se prolongará más allá
del final de los tiempos.

Vencido, resultaste vencedor.

No se acabó,
tu historia no se ha terminado;
la sigues escribiendo
a través de los hombres, tus hermanos
y a través de mí,
a pesar de mí,
y es una historia de salvación.

Estás vivo, Jesús,
y caminas con nosotros en nuestra ciudad.

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto

Décimoquinta Estación

EL SEPULCRO ABANDONADO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado (Lc 24, 5-6).

Oración

¡Qué difícil es encontrarte, Jesús!

Por tí madrugo
y me adelanto al alba;
te busco muerto,
yaciente en el sepulcro,
y no estás.

¡Ya no estás!

Poco a poco
tu verdad penetra en mi mente
y se hace la luz.

Enjugo las lágrimas
y recompongo el rostro;
ya no es una fúnebre máscara
de circunstancias,
mis labios intentan la sonrisa.

¡Estás vivo!
Libre de la tumba
has vuelto a la vida
y andas por ahí
revuelto con los hombres,
tus hermanos.

Y yo miro a mis hermanos
buscando tu rostro,
pero todavía no aprendo
a descubrirte.

Yo pensaba que era un jardinero,
y eras Tú,
yo pensaba que era un caminante
y eras Tú.

¿Cuándo aprenderé
que Tú eres
cada uno de mis hermanos?

Meditación

(Meditamos en silencio o escuchamos atentamente la reflexión que nos hagan).

Canto