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Vicaría      de Pastoral

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

1. INTRODUCCIÓN

La Pasión y Muerte de Jesús, miradas con ojos humanos, fueron una decepción y un fracaso.

Pero... el cuerpo y la persona de Cristo, el Hijo de Dios, no quedó en el sepulcro, sino que, con la fuerza del Espíritu y por el Amor del Padre, resucitó para abrirnos a todos las puertas de la Gloria.

2. EL SEPULCRO VACÍO

El primer día, después del descanso del sábado y antes de que amaneciera, las mujeres que hace tres días habían enterrado a Jesús, volvieron al sepulcro para embalsamar su cuerpo. Muy grande fue su sorpresa cuando encontraron el sepulcro abierto y vacío: el cuerpo de Jesús no estaba allí.

La primera reacción fue de desconcierto y sorpresa: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto" (Jn 20, 2b)

Durante ese día también los discípulos andaban tristes y desconcertados: "Nosotros esperábamos..." (Lc 24, 21-24)

Compartamos entre nosotros estas preguntas:

  1. ¿Qué momentos de desilusión o desconcierto hemos vivido últimamente (las dificultados para la canonización de Juan Diego, la posible suspensión de la última visita del Papa, la película del P. Amaro, otras más actuales...)?
  2. ¿Cómo nos han afectado en nuestra fe?
  3. Según Jesús que muestra sus llagas ¿dónde debemos acudir para superar los momentos de desconcierto y de muerte?

3. LAS APARICIONES

Así como el sepulcro vacío es un signo "negativo" de la resurrección de Jesús, sus apariciones son el signo "positivo". Es decir, al ver el sepulcro vacío, podemos afirmar: aquí no está el cuerpo muerto del Señor. Lo cual no quiere decir sin más que haya resucitado, pues pudiera estar en otro lugar como en un principio pensaron las piadosas mujeres.

Pero si eso lo unimos a las apariciones de Jesús resucitado, ya podemos concluir que no sólo no está en el sepulcro donde lo habían enterrado, sino que está vivo, porque existen personas que lo han visto.

Fueron bastantes las apariciones del Resucitado y muchas las personas que las presenciaron. Ello nos certifica que los testimonios de la Resurrección no pueden ser inventados, sino auténticos.

San Pablo nos dice: "Porque yo les transmití..." (1Co 15, 3ss)

Comentemos en el grupo:

  1. ¿Cuántas apariciones de Jesús resucitado podemos recordar entre todos?
  2. ¿Cuál de esas apariciones nos ha llegado más y por qué?
  3. ¿Podemos nosotros ser testigos de la Resurrección de Jesús? ¿Cómo?

4. LAS SEÑALES DE LOS CLAVOS Y DE LA LANZA

Jesús presenta varias pruebas para que quienes lo ven resucitado crean de verdad en su resurrección y no piensen que es una ilusión o un fantasma: platica y come con ellos, deja que le toquen,...

Pero la prueba más clara y definitiva, son las señales de su Pasión y Muerte. Es la prueba que exige Tomás y que Jesús no sólo le muestra a él (Jn 20, 27), sino a todos: "Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz esté con ustedes’. Y les mostró las manos y el costado" (Jn 20, 19b). Así lo atestiguan también los otros evangelistas (Cf. Mt 28, 5b; Mc 16, 6; Lc 24, 39).

Es la misma prueba que convence a los discípulos que iban de camino a la aldea de Emaús: "¡Qué torpes son para comprender..." (Lc 24, 25-27)

Dialoguemos con sencillez y confianza:

  1. En la narración de Emaús (Lc 24, 13-35), ¿qué momentos diferentes podemos distinguir?
  2. ¿Cómo entendemos esos diferentes momentos?
  3. ¿Nos sentimos reflejados en alguno de ellos?
  4. ¿Qué lección o enseñanza podemos sacar para nuestras personas, para el grupo y para la Parroquia?

5. LA ASCENSIÓN

Después de la Resurrección "ocurre" la Ascensión, la vuelta de Jesús al Padre. Jesús ya no estará más entre nosotros.

Antes de irse, nos dejó lo que conocemos como "el mandato misionero": "Dios me ha dado autoridad plena sobre cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado" (Mt 28, 18-20).

Por eso, cuando los apóstoles se habían quedado mirando absortos al cielo por donde se había ido Jesús, "dos hombres con vestidos blancos se acercaron a ellos y les dijeron: Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo...?" (Hech 1, 11), como diciéndonos: El cumplió su misión; ahora les toca a ustedes.

Dialoguemos unos con otros:

  1. ¿Qué compromiso he asumido en la comunidad parroquial? ¿Cómo lo llevo?
  2. Si no tengo ningún compromiso especial, ¿puedo asumir algún servicio a favor de los hermanos?
  3. ¿Qué cualidades tengo? ¿Qué sé o qué me gustaría hacer?
  4. ¿Cuánto tiempo puedo dedicar cada semana?

6. PENTECOSTÉS

Ya el mismo día de la Resurrección, como queriendo indicar que se trataba de un todo, Jesús "sopló" sobre sus discípulos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo" (Jn 20, 22).

San Lucas, por su parte, relata la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, reunidos en el Cenáculo con la Madre de Jesús, en la Fiesta de las Tiendas, o de los cincuenta días (es decir Pentecostés): "Solían reunirse de común acuerdo..." Hech 1, 14. 2, 1-4).

Desde ese momento y bajo la acción del Espíritu Santo, la Iglesia comienza su andadura por el mundo. Hoy sigue en nosotros.

Platiquemos sobre la obra del Espíritu a través de nosotros:

  1. ¿Hablamos de las "cosas" de Dios o de nosotros mismos y de nuestras cosas?
  2. ¿Usamos palabras y signos que los demás entiendan con facilidad?
  3. ¿Vemos que otros se nos van juntando o, por el contrario, se van alejando? ¿Por qué?
  4. ¿Qué tenemos que cambiar?

7. ORACIÓN

Señor Jesús, hermano nuestro resucitado:
Cuando nuestro equipo favorito empieza perdiendo
pero después remonta el resultado y gana,
todos sentimos gran júbilo y alegría.
Así pasó con tu Pasión, que terminó en Resurrección.

Tu Resurrección fue un triunfo sobre la muerte
y el inicio de tu Iglesia Misionera.
¡Qué gusto debieron sentir aquellas mujeres al verte,
y ser enviadas como Misioneras
para anunciar a tus hermanos la Gran Noticia!

Desde el día de tu Resurrección,
las señales de tus llagas ya no son fracaso,
sino trofeo victorioso y glorioso.
De ellas sigue brotando para nosotros,
el agua viva de la Salvación.


Desde ese Día, todos nos sentimos salvados y misioneros.
Misioneros de tu Amor Salvador.
Misioneros y testigos de que el que entrega su vida
por Ti y por tu Reino, la salvará para siempre.

Ahora sí entendemos lo que Tú nos habías dicho:
"Si el grano de trigo no cae en el surco y muere,
nunca dará fruto, pero si muere, dará mucho fruto".
¡Gracias, Jesús, porque tu Resurrección
es el triunfo sobre la muerte,
el fruto que nos da vida eterna!

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