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Vicaría      de Pastoral

Liturgia de la Palabra
Imposición de la Ceniza


“El miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los fieles cristianos inician, con la imposición de la ceniza, el tiempo establecido para la purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha mantenido hasta hoy en la costumbre de la iglesia, se quiere significar la condición del hombre que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestra compasivo con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión, que culminará con la celebración del sacramento de la penitencia en los días que preceden la Pascua.

El miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y que comporta la abstinencia y el ayuno.

RITOS INICIALES

Reunido el pueblo, se entona uno de los cantos propuestos a continuación.

Salmo 129

Mi alma espera en el Señor, mi alma espera en su palabra,
mi alma aguarda al Señor, por que en él está la salvación.

Salmo 114

Caminaré, en presencia del Señor,
Caminaré, en presencia del Señor.
Guía:
En el nombre del Padre, y del  Hijo, y del Espíritu Santo.

R. Amén.

Saludo

Guía:

Bendito seas por siempre, Señor.

R. Bendito seas por siempre, Señor.

Monición

Comentarista:

Unidos a la Iglesia Universal, iniciamos hoy los cuarenta días de preparación para la celebración de la Pascua de la resurrección del Señor, que es la fiesta más grande de la fe. Empezamos un tiempo de conversión, donde nos ejercitamos en la renuncia al mundo, a la carne, al pecado y al demonio; un tiempo de penitencia, que nos invita a practicar la oración, la abstinencia y la caridad, acompañados del arrepentimiento de nuestros pecados.

La ceniza que hoy vamos a imponer sobre nuestra cabeza como signo de penitencia, nos recuerda que este mundo material y temporal es pasajero. Dispongámonos a participar.

Oración colecta

Guía:

Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma, sea el principio de una verdadera conversión a ti, y que nuestros actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Todos se sientan.

Salmo responsorial                               Del salmo 50

Lector 1:

R.      Misericordia, Señor, hemos pecado.

  1. Por tu inmensa compasión y misericordia/ Señor apiádate de mi y olvida mis ofensas. Lávame bien de todos mis delitos / y purifícame de mis pecados. R.
  2. Puesto que reconozco mis culpas, / Tengo siempre presentes mis pecados. Contra ti solo pequé, Señor, / haciendo lo que a tus ojos era malo. R.
  3. Crea en mi, Señor, un corazón puro, / un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti, / ni retires de mi tu santo espíritu. R.
  4. Devuélveme tu salvación, que regocija, / y mantén en mí un alma generosa. Señor, abre mis labios / y cantará mi boca tu alabanza. R.

Todos se ponen de pie.

Evangelio                              

Lector 2:

Del Evangelio según san Mateo

En  aquel  tiempo,  Jesús dijo a sus discípulos:  “Tengan  cuidado de no practicar sus  obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”. Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Todos se sientan.

LA CUARESMA Y LA IMPOSICIÓN DE LA CENIZA

Guía: (Se sugieren otros dos mensajes)

El número de cuarenta días es, desde la mentalidad antigua, el tiempo mínimo necesario para cambiar un hábito o para que se manifiesten los cambios o enfermedades en la salud de una persona. En la Biblia es un tiempo de preparación para celebrar un acontecimiento histórico de salvación y presencia de Dios, que santifica la vida humana. Así en el Antiguo Testamento dice el libro del Éxodo 24, 18, que "Moisés subió al monte y estuvo allí cuarenta días con sus noches". En el Nuevo Testamento dice Mateo 4, 2, que "Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches, y al final sintió hambre." cuando estaba preparándose para su vida pública. En la era cristiana la noticia más antigua de la Cuaresma se la debemos a San Ireneo, Obispo de Lyón, ciudad de la región de las Galias, hoy Francia. Nos dice él, que algunos cristianos hacían penitencia durante 40 días para mostrar el deseo de conversión. Esta práctica se extendió pronto a toda la Iglesia. Primero para aquellos que hacían penitencia por el reconocimiento público de sus pecados, luego para toda la comunidad cristiana que se preparaba para la Pascua.

Hoy la Cuaresma es la preparación para actualizar en la vida humana la Pascua redentora de Cristo, enviado por el Padre para redimirnos del pecado y de la muerte con su sangre derramada en la cruz, por quien nos dio la filiación adoptiva, elevándonos a la dignidad de hijos y herederos de las promesas de vida nueva, manifestadas en Cristo resucitado. Dios mismo nos ha dado esta vida en el bautismo por el Espíritu Santo que ha derramado sobre nosotros haciéndonos morada de Su presencia. Porque en la Pascua celebramos ese paso que Cristo dio por todos de las tinieblas del odio, del pecado y de la muerte a la luz admirable del amor, de la gracia y de la vida para siempre. La Cuaresma es un llamado para que durante cuarenta días hagamos un ejercicio intenso de crucificar la carne con sus pasiones y sus apetencias, muriendo al odio, a la vanidad de las cosas mundanas y a nosotros mismos, de manera que estemos mejor preparados para resucitar con Cristo a la vida del amor en la justicia y la verdad. La Cuaresma es un tiempo de gracia y conversión; su carácter es penitencial y bautismal.

La Iglesia cada año se prepara a la Pascua con la celebración de la Cuaresma. Su Santidad Juan Pablo II, en el Mensaje con motivo de la Cuaresma publicado el 9 de Enero de 2001, nos preguntaba: “¿Cómo acoger la llamada a la conversión que Jesús nos dirige también en esta Cuaresma? ¿Cómo llevar a cabo un serio cambio de vida? Es necesario, ante todo, abrir el corazón a los conmovedores mensajes de la liturgia”… La Cuaresma “representa un providencial don del Señor y una preciosa posibilidad de acercarse a Él, entrando en uno mismo y poniéndose a la escucha de sus sugerencias interiores”.

Según el Catecismo de la Iglesia… “la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior… La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar la vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. (nn. 1431-1432).

La imposición de la ceniza es una expresión consciente de penitencia que exige el uso de razón, Esta expresión requiere el conocimiento básico de la Doctrina Católica y ordinariamente se alcanza alrededor de los seis años. Por esto, los menores no están obligados a la penitencia, ni a que se les imponga la ceniza. Por supuesto, tampoco lo están los no bautizados.  La imposición se realiza sobre la cabeza.

Plegaria universal

Guía:

Demos gracias a Dios nuestro Padre, que nos concede el don de iniciar hoy el tiempo cuaresmal; roguémosle que durante estos días de salvación, la acción de su Espíritu purifique nuestros corazones y los llene de su amor, y digámosle:

R. Danos, Señor, tu Espíritu Santo.

Lector 1:

  1. Por la Santa Iglesia de Dios, para que Él bendiga su penitencia, la proteja de los ataques del enemigo, y la muestre a los hombres como instrumento de Salvación. R.
  2. Por nuestros gobernantes, para que Dios les conceda la sabiduría de su Espíritu, a fin de que promuevan mejores condiciones de vida entre sus gobernados. R.
  3. Para que el Señor se apiade de todos los hombres, y les conceda el arrepentimiento a cuantos viven apartados del bien. R.
  4. Por todos nosotros, para que la práctica humilde y digna de las obras de piedad que realizamos en esta cuaresma, nos libre de las intenciones vanas, y nos alcance una recompensa en el Reino del Padre eterno. R.

Guía:

Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, digamos confiadamente a nuestro Padre: Padre Nuestro…

RITOS CONCLUSIVOS

Oración Conclusiva

Guía:

Señor, abre nuestro corazón a la justicia y a la caridad para que observemos así el único ayuno que T ú quieres y, que conduce a nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Imposición de la Ceniza

Comentarista:

Todos se ponen de pie. Se acercan los ministros junto con los colectores, los encargados de imponer la ceniza, la imponen exclusivamente sobre la cabeza a todos los que se acercan a recibir la ceniza, y dicen a cada uno:

Arrepiéntete y cree en el Evangelio (Mc 1, 15)

Mientras se impone la ceniza se puede entonar algún canto penitencial.  Sugerimos los siguientes, sacados del tomo II, Cuaresma-Pascua, del Cantoral Litúrgico de la Arquidiócesis de México:

Perdona a tu pueblo...
Pueblo mío...
Tu perdón...
Misericordia, Señor...
Nos has llamado al desierto...
Te ofreceré un sacrificio de alabanza...
Perdónanos nuestras culpas...
Recuerda, Señor...

De otra manera, se pueden recitar los salmos propuestos por el Ritual de la Penitencia, en la p. 242.