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Vicaría      de Pastoral

Mensajes


Mensaje 1

Sentados

“Hoy, Miércoles de Ceniza, empezamos, con toda la Iglesia, el tiempo de Cuaresma. Tiempo de preparación para la Pascua. Tiempo de conversión más intensa. Tiempo de abstinencia de todo lo secundario que nos distrae de lo esencial en nuestra vida. Tiempo de ayuno, oración y limosna generosa. Tiempo de experimentar la fuerza liberadora del perdón y la misericordia de Dios.” Es un tiempo que nos regala y que nos ofrece Dios nuestro Señor, para volvernos a Él con un corazón limpio, sincero, arrepentido.

La Palabra de Dios que hemos escuchado, ilumina perfectamente bien lo que el día de hoy estamos celebrando y nos ofrece el camino por el que debemos andar, las practicas que podemos hacer y lo que debemos de realizar durante este tiempo de la cuaresma que estamos iniciando. Y no solo durante este tiempo, sino siempre. Es una invitación a la conversión.

“La conversión arranca naturalmente del corazón. Tiene que comenzar por el interior. Pero no puede quedarse ahí. Ha de manifestarse en el exterior. Se completa, se templa y perfecciona en la vida de cada día. Es más, la sinceridad y profundidad de nuestra conversión se demostrará precisamente en nuestro comportamiento personal y comunitario.” La conversión, repito, no sólo es propia del tiempo de la cuaresma. Debe ser un ejercicio constante que nos lleve a encontrarnos y a volvernos con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Esto sin duda alguna, provoca cambio. Y la conversión no es otra cosa que esto: “un cambio”. ¿Cambio de que? De nuestras maneras de pensar, de nuestras maneras de ser, de nuestras maneras de proceder, de nuestras actitudes, de nuestra conducta. Es cambiar la incomprensión en comprensión, la mentira en verdad, la tristeza en felicidad, el odio en amor, la guerra en paz, la infidelidad en fidelidad, la irresponsabilidad en responsabilidad, en fin… Cada uno de nosotros nos conocemos, sabemos cuales son nuestras limitaciones y debilidades, sabemos que es lo que debemos de cambiar, de convertir, para estar bien con el Señor, con los demás y con nosotros mismos.

A partir de hoy, hermanos, comprometámonos a estar atentos a lo que el Señor nos dice y nos invita. Solo así en la escucha atenta de su Palabra podremos iniciar una auténtica y verdadera conversión. Que este tiempo, como nos decía San Pablo, sea realmente el tiempo favorable, el día de la salvación, en el que Dios nos socorra con su gracia para responder y estar atentos a su invitación que por boca del profeta Joel, tal y como lo escuchamos en la primera lectura, nos volvamos a Él de todo corazón; porque Él es compasivo y misericordioso. Y que las prácticas de piedad que caracterizan este tiempo: la oración, el ayuno, la limosna, la abstinencia, vayan acompañadas y precedidas por una conversión sincera, que no las hagamos solamente por hacerlas. Recordemos las palabras de Jesús en el Evangelio del día de hoy: Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean…  El verdadero sentido, el fundamento, la razón de ser de estas prácticas de piedad, está en el arrepentimiento, en la conversión profunda y sincera, de aquí es de donde hayan su explicación.
Que la ceniza en nuestra cabeza, sea signo que exprese realmente nuestro deseo de ser mejores cada día, de ser hombres nuevos, libres de toda atadura de pecado, abiertos a la misericordia, al perdón, a la  bondad y al amor que nos ofrece el Señor. Que esta ceniza sea el signo del compromiso que a partir de hoy hacemos con Dios; y que con ello en verdad, expresemos que estamos necesitados de la misericordia y del perdón de Dios porque hemos fallado, hemos pecado, nos hemos equivocado. Y que así como proclamábamos la misericordia de Dios, con las palabras del Salmo 50; el signo de la ceniza en nuestra cabeza sea la expresión externa, el signo visible, de que nuestro corazón está arrepentido y que estamos faltos de su misericordia.

Pidámosle pues, a Dios, que nos llama a la conversión, que hoy y siempre nos conceda su gracia para estar atentos a su Palabra y que esta gracia, nos sostenga, nos acompañe durante este tiempo de la cuaresma para expresarle a Él nuestro arrepentimiento sincero y la apertura de nuestro corazón.

Mensaje 2

Sentados

Hermanos:  Con el “Miércoles de Ceniza” iniciamos el tiempo de la Cuaresma, un día especial de penitencia, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios.  Un día que expresa de manera individual y conciente que queremos reencontrarnos con Dios y con nuestros hermanos, por ello hacemos penitencia a través del ayuno y la abstinencia.  El sentido de la ceniza recordarme que necesito de Dios y quiero volverme a él.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico en el que la Iglesia nos invita a la CONVERSIÓN personal, preparándonos para la fiesta más grande del año: el Domingo de Resurrección, escuchando la Palabra de Dios, haciendo oración y ayuno, viviendo en armonía con nuestros hermanos y dando testimonio cristiano con nuestras vidas.

La Cuaresma dura 40 días porque este es un número simbólico que expresa plenitud y preparación al mismo tiempo.

Cuarenta es un número que indica madurez de vida; el antiguo Pueblo de Dios peregrinó durante 40 años antes de entrar a la tierra prometida; Moisés y Elías se prepararon durante 40 días por medio del ayuno y la oración antes de encontrarse con Dios; y el Señor Jesús antes de iniciar su misión tuvo un periodo de 40 días de preparación.

La Conversión es la reconciliación con Dios, apartándonos del mal para establecer la amistad con el creador. Incluye dejar el pecado, hacer penitencia, tomando la actitud concreta del arrepentimiento.

Por eso si me pongo la ceniza indico mi caminar, en la purificación de mis pecados, hacia Dios, hacia la Pascua; al encuentro con Cristo que muere en la cruz y que resucita, ofreciéndome vida nueva.

Es tiempo de signos reales y concretos, y el más personal y real es la confesión, en este tiempo debemos confesarnos.  No basta decirme, me arrepiento; es necesario acercarme a confesar.  Recibir la gracia del perdón de Dios.