JOSUÉ
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El
sitio y la caída de Jericó
6:1 Jericó estaba herméticamente cerrada por temor a
los israelitas: nadie salía ni entraba.
6:2 Entonces el Señor dijo a Josué: "Yo he puesto
en tus manos a Jericó y a su rey.
6:3 Por eso ustedes, todos los hombres de guerra, darán una
sola vuelta alrededor de la ciudad, formando un círculo en torno a
ella. Así lo harán durante seis días.
6:4 Además, siete sacerdotes irán delante del Arca llevando
siete trompetas de cuerno. El séptimo día, en cambio, ustedes
darán siete vueltas alrededor de la ciudad, y los sacerdotes harán
sonar las trompetas.
6:5 A la señal dada con el cuerno, cuando ustedes oigan el sonido
de las trompetas, todo el pueblo prorrumpirá en fuertes gritos de guerra.
Entonces los muros de la ciudad caerán sobre sí mismos, y el
pueblo se lanzará al asalto, cada uno hacia lo que tenga adelante".
6:6 Josué, hijo de Nun, convocó a los sacerdotes y les
dijo: "Levanten el Arca de la Alianza, y que siete sacerdotes lleven
siete trompetas de cuerno delante del Arca del Señor".
6:7 Después dijo al pueblo: "Vayan adelante y den la vuelta
alrededor de la ciudad; que los guerreros avancen delante del Arca del Señor".
6:8 En seguida se hizo lo que Josué había dicho al pueblo:
los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno delante del
Señor, avanzaron tocando las trompetas, mientras el Arca de la Alianza
del Señor iba detrás de ellos.
6:9 Los guerreros, por su parte, marchaban delante de los sacerdotes
que tocaban las trompetas, mientras que la retaguardia iba detrás del
Arca. Y en ningún momento se dejó de tocar las trompetas.
6:10 Pero Josué dio esta orden al pueblo: "No lancen ningún
grito de guerra ni dejen oír sus voces; que no salga de la boca de
ustedes ninguna palabra, hasta que yo les diga: '¡Griten!'. Sólo
entonces gritarán".
6:11 Así hizo que el Arca del Señor diera una vuelta
alrededor de la ciudad, formando un círculo en torno a ella. Luego
volvieron otra vez al campamento, y allí pasaron la noche.
6:12 A la mañana siguiente, Josué se levantó de
madrugada y los sacerdotes tomaron el Arca del Señor.
6:13 Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno
delante del Arca del Señor, avanzaban sin dejar de tocar las trompetas;
los guerreros marchaban delante de ellos, y la retaguardia iba detrás
del Arca del Señor. En ningún momento se dejó de tocar
las trompetas.
6:14 Así dieron la vuelta alrededor de la ciudad el segundo
día, y después regresaron al campamento. Esto mismo se hizo
durante seis días.
6: 15 El séptimo día se levantaron al despuntar el alba
y dieron siete vueltas alrededor de la ciudad, de la manera acostumbrada:
sólo ese día dieron siete vueltas alrededor de la ciudad.
6:16 Al dar la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron con más
fuerza las trompetas, y Josué dijo al pueblo: "Lancen el grito
de guerra, porque el Señor les entrega la ciudad.
6:17 Ustedes consagrarán al Señor la ciudad con todo
lo que hay en ella, exterminándola por completo. Quedarán con
vida solamente Rajab, la prostituta, y todos los que estén con ella
en su casa, porque ella ocultó a los emisarios que nosotros habíamos
enviado.
6:18 En cuanto a ustedes, tengan mucho cuidado con lo que está
consagrado al exterminio, no sea que, llevados por la codicia, se adueñen
de alguna cosa prohibida. Porque entonces pondrían en entredicho al
campamento de Israel y le atraerían una desgracia.
6:19 Todo el oro, la plata y los objetos de bronce y de hierro serán
consagrados al Señor y pasarán a formar parte de su tesoro".
6:20 Entonces el pueblo lanzó un fuerte grito
y se tocaron las trompetas. Al oír el sonido de las trompetas, el pueblo
prorrumpió en un griterío ensordecedor, y el muro se desplomó
sobre
sí mismo. En seguida el pueblo acometió contra la ciudad,
cada
uno contra lo que tenía adelante, y la tomaron.
6:21 Luego consagraron al exterminio todo lo que había en ella,
pasando al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos,
vacas, ovejas y asnos.
La
familia de Rajab
6:22 Josué dijo a los dos hombres que habían explorado
el país: "Entren en la casa de la prostituta y hagan salir a esa
mujer con todo lo que le pertenece, como se lo han jurado".
6:23 Aquellos jóvenes espías fueron e hicieron salir
a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que le pertenecía.
También hicieron salir a sus otros parientes, y los instalaron fuera
del campamento de Israel.
6:24 Después incendiaron la ciudad y todo lo que había
en ella, salvando únicamente la plata, el oro y los objetos de bronce
y de hierro, que fueron depositados en el tesoro de la Casa del Señor.
6:25 Josué dejó con vida a Rajab,
la prostituta, a su familia y a todo lo que le pertenecía, y ella habitó
en medio de Israel hasta el día de hoy, por haber ocultado a los emisarios
que Josué había enviado para explorar Jericó.
La
maldición sobre Jericó
6:26 En aquel tiempo Josué hizo pronunciar el siguiente juramento
delante del Señor: "¡Maldito el hombre
que intente reconstruir esta ciudad de Jericó! ¡Pondrá
los cimientos sobre su primogénito, y colocará las puertas sobre
su hijo menor!"
6:27 El Señor acompañó a Josué, y su fama
se extendió por toda la tierra.
El
pecado de Acán
7:1 Pero los israelitas cometieron una infidelidad con las cosas que
debían ser consagradas al exterminio. En efecto, Acán
hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zéraj, de
la tribu de Judá se reservó algunas de esas cosas, y la
ira del Señor se encendió contra los israelitas.
La
derrota de los israelitas en Ai
7:2 Desde Jericó, Josué envió unos hombres a Ai,
que está cerca de Bet Aven, al este de Betel, con esta consigna: "Suban
a explorar la región". Los hombres subieron hasta Ai, la exploraron,
7:3 y cuando estuvieron de regreso, dijeron a Josué: "No
es necesario que se movilice toda la gente. Dos o tres mil hombres bastan
para derrotar a Ai. No fatigues a todos haciéndolos ir hasta allá,
porque ellos son unos pocos".
7:4 Entonces subieron contra Ai unos tres mil hombres del pueblo, pero
tuvieron que huir ante los hombres de Ai,
7:5 que mataron a unos treinta y seis israelitas, los persiguieron
desde la puerta de la ciudad hasta Sebarím y los derrotaron en la bajada.
Ante esto, el pueblo quedó deprimido y se sintió desfallecer.
La
queja de Josué
7:6 Josué desgarró sus vestiduras y se postró
hasta la tarde delante del Arca del Señor, con el rostro en tierra.
Los ancianos de Israel hicieron lo mismo, y todos esparcieron polvo sobre
sus cabezas.
7:7 Mientras tanto, Josué decía: "¡Señor!
¿Para qué hiciste pasar el Jordán a este pueblo? ¿Sólo
para ponernos en manos de los amorreos y hacernos desaparecer? ¡Ojalá
nos hubiéramos decidido a quedarnos al otro lado del Jordán!
7:8 ¡Señor! ¿Qué más puedo decir,
ahora que Israel ha tenido que volver las espaldas a sus enemigos?
7:9 Apenas se enteren los cananeos y todos los habitantes del país,
estrecharán un círculo contra nosotros y borrarán nuestro
nombre de la tierra. Y entonces, ¿Qué harás tú
por tu Nombre glorioso?".
La
respuesta del Señor
7:10 El Señor respondió a Josué: "¡Levántate!
¿Por qué estás ahí postrado sobre tu rostro?
7:11 Israel ha pecado: ellos han transgredido mi alianza, la que yo
les impuse. Se han quedado con algo que debía ser consagrado al exterminio:
se han atrevido a robarlo, a esconderlo y a reservarlo para su uso personal.
7:12 Por eso los israelitas no podrán hacer frente a sus enemigos,
sino que tendrán que volver las espaldas ante sus adversarios, por
haberse convertido ellos mismos en algo que debe ser consagrado al exterminio.
Yo no estaré más con ustedes si no eliminan lo que debió
ser consagrado al exterminio.
7:13 Ahora levántate y purifica al pueblo. Tú dirás:
'Purifíquense para mañana, porque así habla el Señor,
el Dios de Israel: En medio de ti, Israel, hay algo que debió ser consagrado
al exterminio, y tú no podrás hacer frente a tus enemigos hasta
que lo hayas extirpado'.
7:14 Mañana por la mañana ustedes comparecerán
por tribus; la tribu que el Señor señale por medio de la suerte
comparecerá por clanes; el clan que el Señor señale comparecerá
por familias; y la familia que el Señor señale, comparecerá
hombre por hombre.
7:15 El que sea sorprendido en posesión de los objetos condenados
al exterminio, será quemado con todos sus bienes porque ha quebrantado
la alianza del Señor y ha cometido una infamia en Israel".
El
descubrimiento y el castigo del culpable
7:16 A la mañana siguiente, bien temprano, Josué hizo
que Israel se fuera acercando tribu por tribu, y la suerte cayó sobre
Judá.
7:17 Luego mandó que se acercaran los clanes de Judá,
y la suerte cayó sobre el clan de Zéraj. En seguida ordenó
que se acercaran las familias del clan de Zéraj, y la suerte cayó
sobre Zabdí.
7:18 Y Cuando hizo acercar a la familia de Zabdí, hombre por
hombre, la suerte cayó sobre Acán, hijo de Carmí, hijo
de Zabdí, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá.
7:19 Josué dijo a Acán: "Hijo mío, da gloria
al Señor, el Dios de Israel, y tribútale homenaje. Dime lo que
has hecho, sin ocultarme nada".
7:20 Acán respondió a Josué: "Es verdad,
he pecado contra el Señor, el Dios de Israel. Esto es lo que hice:
7:21 Yo vi entre el botín un hermoso manto de Senaar, doscientos
siclos de plata y un lingote de oro que pesa cincuenta siclos; me gustaron
y los guardé. Ahora están escondidos en la tierra, en medio
de mi carpa, y la plata está debajo".
7:22 Josué envío a dos emisarios, que fueron corriendo
a la carpa, y encontraron el manto que estaba escondido en ella, y la plata
debajo de él.
7:23 En seguida retiraron las cosas de la carpa, se las presentaron
a Josué y a todos los israelitas, y las extendieron delante del Señor.
7:24 Entonces Josué tomó a Acán,
hijo de Zéraj, con la plata, el manto y el lingote de oro, a sus hijos
y sus hijas, sus vacas, sus ovejas y sus asnos, su carpa y todo lo que poseía,
y los condujo hasta el valle de Acor,
acompañado
de todo Israel.
7:25 Allí le dijo Josué: "¿Por qué
nos has traído la desgracia? Que el Señor te haga desgraciado
en este día". Y todo Israel lo mató a pedradas; también
apedrearon a los suyos y los quemaron.
7:26 Encima de él pusieron un gran montón de piedras,
que ha quedado hasta el presente. Así el Señor aplacó
su indignación. Por eso aquel lugar se llama valle de Acor, hasta el
día de hoy.
La
campaña contra Ai
8:1 El Señor dijo a Josué: "¡No temas ni te
acobardes! Reúne a todos los combatientes y prepárate para subir
contra Ai. Yo te entrego al rey de Ai, a su pueblo, su ciudad y su territorio.
8:2 Trátalos como trataste a Jericó y a su rey. Sin embargo,
ustedes podrán retener como botín los despojos y el ganado.
Además, tiende una emboscada detrás de la ciudad".
8:3 Josué se preparó con todos los combatientes, para
subir contra Ai. Eligió treinta mil guerreros valerosos y los hizo
salir de noche,
8:4 dándoles esta orden: "¡Presten atención!
Ustedes estarán emboscados detrás de la ciudad. No se alejen
demasiado de ella y manténganse alerta.
8:5 Yo y toda la gente que irá conmigo nos acercaremos a la
ciudad, y cuando ellos salgan contra nosotros, como lo hicieron la primera
vez, nosotros huiremos.
8:6 Ellos nos seguirán, porque pensarán que huimos como
la vez anterior, y así los apartaremos de la ciudad. Nosotros huiremos
delante de ellos.
8:7 Entonces ustedes saldrán del lugar donde estaban emboscados
y ocuparán la ciudad. El Señor, nuestro Dios, la pondrá
en sus manos.
8:8 Y apenas la tomen, la incendiarán. Ustedes actuarán
conforme a la palabra del Señor, y tengan en cuenta que les he dado
una orden".
8:9 Josué los envió, y ellos fueron a apostarse en el
lugar de la emboscada, entre Betel y Ai, al oeste de Ai. Josué, por
su parte, pasó aquella noche en medio de la tropa.
8:10 A la madrugada del día siguiente, revistó a la tropa
y subió contra Ai, al frente del pueblo, junto con los ancianos de
Israel.
8:11 Todos los combatientes que subieron con él avanzaron hasta
llegar frente a la ciudad, y acamparon al norte de Ai. Solamente el valle
separaba a Josué de Ai.
8:12 Él escogió unos cinco mil hombres para tender una
emboscada entre Betel y Ai, al oeste de Ai.
8:13 Así el pueblo estableció todo su campamento al norte
de la ciudad, mientras la retaguardia permanecía al oeste. Aquella
noche Josué se dirigió al medio del valle.
La
batalla de Ai
8:14 Al ver esto, el rey de Ai se apresuró a salir con toda
su gente para combatir contra Israel en la bajada, frente a la Arabá,
sin saber que le habían tendido una emboscada detrás de la ciudad.
8:15 Josué y todo Israel fingieron caer derrotados delante de
ellos y huyeron por el camino del desierto.
8:16 Entonces se convocó a toda la gente que estaba en la ciudad
para que saliera a perseguirlos, y todos persiguieron a Josué, alejándose
así de la ciudad.
8:17 No hubo un solo hombre en Ai o en Betel que no saliera en persecución
de Israel. Y cuando lo hicieron, dejaron abiertas las puertas de la ciudad.
8:18 Entonces el Señor dijo a Josué: "Apunta hacia
Ai con la jabalina que tienes en la mano, porque yo te entrego la ciudad".
Josué apuntó contra la ciudad con la jabalina que tenía
en la mano;
8:19 y tan pronto como extendió su brazo, los hombres que estaban
emboscados salieron rápidamente de su escondite, entraron a la carrera
en la ciudad, la tomaron y la incendiaron sin perder un instante.
La
victoria de los israelitas
8:20 Cuando los hombres de Ai volvieron la vista hacia atrás
y vieron la humareda que subía de la ciudad hacia el cielo, ya no pudieron
escapar ni por un lado ni por el otro, porque la gente que huía hacia
el desierto se volvió contra sus perseguidores.
8:21 En efecto, al ver que los hombres emboscados habían tomado
la ciudad y que el humo subía de ella, Josué y todo Israel volvieron
atrás y acometieron contra los hombres de Ai.
8:22 Los que habían tendido la emboscada también salieron
de la ciudad para atacarlos, de manera que la gente de Ai quedó atrapada
en medio de los israelitas, que avanzaban unos por un lado y otros por el
otro. Así los derrotaron sin dejar ningún sobreviviente o fugitivo.
8:23 Al rey de Ai, en cambio, lo capturaron vivo y lo condujeron ante
Josué.
8:24 Cuando Israel terminó de matar a los habitantes de Ai en
campo abierto, en el desierto donde los habían perseguido, y cuando
cayó hasta el último de ellos bajo los golpes de las espadas,
todo Israel se volvió contra Ai y la pasó al filo de la espada.
8:25 Los que murieron aquel día, entre hombres y mujeres, fueron
doce mil, o sea, todos los habitantes de Ai.
8:26 Y Josué no retiró la mano con que sostenía
la jabalina hasta que consagró al exterminio a todos los habitantes
de Ai.
8:27 Israel retuvo como botín solamente el ganado y los despojos
de la ciudad, según la orden que el Señor había dado
a Josué.
8:28 Este, por su parte, puso fuego sobre Ai y la redujo para siempre
a un montón de ruinas, a una devastación, que permanece hasta
el día de hoy.
8:29 Al rey de Ai lo hizo colgar de un árbol hasta la tarde.
Al ponerse el sol, Josué mandó que descolgaran el cadáver.
Lo arrojaron cerca de la puerta de la ciudad y levantaron sobre él
un gran montón de piedras, que está todavía hoy.
El
sacrificio y la lectura de la Ley sobre el monte Ebal
8:30 Entonces Josué erigió un altar al Señor,
el Dios de Israel, en el monte Ebal,
8:31 como Moisés, el servidor del Señor,
lo había ordenado a los israelitas y como está escrito en el
libro de la Ley de Moisés. Era un altar de piedras intactas, que no
habían sido tocadas por el hierro.
Sobre él ofrecieron holocaustos al Señor e inmolaron sacrificios
de comunión.
8:32 Josué escribió allí mismo, sobre las piedras,
una copia de la Ley que Moisés había escrito en presencia de
los israelitas.
8:33 Todo Israel, sus ancianos, sus escribas y sus
jueces tanto los forasteros como los nativos estaban de pie a
ambos lados del Arca, frente a los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza
del Señor, una mitad hacia el monte Garizím y la otra mitad
hacia el monte Ebal, según la orden que había dado Moisés,
el servidor del Señor, de bendecir primero al pueblo de Israel.
8:34 Después de eso, Josué leyó cada una de las
palabras de la Ley la bendición y la maldición
exactamente como está escrito en el libro de la Ley.
8:35 Josué no dejó de leer ni una
sola de las palabras que había ordenado Moisés, y lo hizo en
presencia de toda la asamblea de Israel, incluidas las mujeres, los niños
y los extranjeros que estaban con ellos.
La
coalición contra Israel
9:1 Al enterarse de esto, todos los reyes que estaban de este lado
del Jordán, en la Montaña, en la Sefelá, en toda la costa
del Gran Mar, hasta la región del Líbano hititas, amorreos,
cananeos, perizitas, jivitas y jebuseos
9:2 se aliaron para combatir de común acuerdo contra Josué
y contra Israel.
La
astucia de los gabaonitas
9:3 También los habitantes de Gabaón se enteraron de
lo que había hecho Josué con Jericó y con Ai,
9:4 y entonces decidieron recurrir a la astucia. Reunieron provisiones
para el viaje, tomaron alforjas viejas para sus asnos y unos odres viejos,
rotos y vueltos a coser;
9:5 se calzaron sandalias viejas y remendadas, y se vistieron con ropa
gastada. Todo el pan que llevaban como alimento estaba reseco y reducido a
migajas.
9:6 Así fueron hasta el campamento de Josué, en Guilgal,
y le dijeron, a él y a los hombres de Israel: "Venimos de un país
lejano; por eso, hagan una alianza con nosotros".
9:7 Pero los hombres de Israel respondieron a aquellos
jivitas: "Tal vez ustedes habitan por aquí, entre nosotros. ¿Cómo
vamos a hacer una alianza con ustedes?"
9:8 Ellos dijeron a Josué: "Nosotros somos tus servidores".
"¿Quiénes son ustedes?, les preguntó Josué,
¿de dónde vienen?".
9:9 Ellos le respondieron: "Nosotros, tus servidores, venimos
de un país muy lejano, atraídos por el renombre del Señor,
tu Dios. Porque hemos oído hablar de él, de todo lo que hizo
en Egipto,
9:10 y de la manera cómo trató a los dos reyes amorreos
que estaban al otro lado del Jordán: a Sijón, el rey de Jesbón,
y a Og, el rey de Basán que residía en Astarot.
9:11 Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestro país
nos dijeron: 'Provéanse de víveres para el camino, vayan a su
encuentro y díganles: somos sus servidores, hagan por lo tanto una
alianza con nosotros'.
9:12 Este es nuestro pan: todavía estaba caliente cuando nos
proveímos de él en nuestras casas, el día en que salimos
al encuentro de ustedes; ahora está reseco y convertido en migajas.
9:13 Estos son los odres de vino: eran nuevos cuando los llenamos,
y ahora están aquí, todos rotos. Y estas son nuestra ropa y
nuestras sandalias, gastadas por un viaje excesivamente largo".
9:14 Entonces los israelitas comieron de sus provisiones sin consultar
la decisión del Señor.
9:15 Josué hizo las paces con ellos y también el pacto
de conservarles la vida; los jefes de la comunidad, por su parte, les hicieron
un juramento.
9:16 Pero tres días después de haber concluido este pacto,
los israelitas se enteraron de que aquellos hombres eran de un pueblo vecino
y que vivían en las inmediaciones.
9:17 Entonces levantaron sus carpas, y en tres días llegaron
a las ciudades que ellos habitaban. Estas eran Gabaón, Quefirá,
Beerot y Quiriat Iearím.
9:18 Los israelitas no los mataron, porque los jefes de la comunidad
les habían hecho un juramento por el Señor, el Dios de Israel.
Pero toda la comunidad murmuró contra sus jefes.
Las
condiciones impuestasa los gabaonitas
9:19 Los jefes declararon a la comunidad en pleno: "Nosotros les
hemos prestado un juramento por el Señor, el Dios de Israel, y ahora
no podemos tocarlos.
9:20 Haremos con ellos lo siguiente: los dejaremos vivir para no atraer
sobre nosotros la ira del Señor, a causa del juramento que les hemos
hecho".
9:21 Luego los jefes les dijeron: "¡Qué vivan! Pero
estarán al servicio de la comunidad como leñadores y aguateros".
Y la comunidad obró de acuerdo con lo que habían dicho los jefes.
9:22 Josué hizo comparecer a los gabaonitas y les dijo: "¿Por
qué ustedes nos han engañado asegurando que vivían muy
lejos de nosotros, cuando en realidad viven aquí, en las inmediaciones?
9:23 Ahora pesa sobre ustedes una maldición, y por eso nunca
faltarán entre ustedes esclavos, que sirvan como leñadores y
aguateros en la Casa de mi Dios".
9:24 Ellos respondieron a Josué: "Nosotros estábamos
perfectamente informados de que el Señor, tu Dios, había dado
a su servidor Moisés la orden de entregarles todo el país, y
de exterminar a todos los habitantes que encontraran a su paso. Ante la presencia
de ustedes, temimos mucho por nuestras vidas, y por eso hemos hecho esto.
9:25 Ahora nos tienes en tus manos; trátanos como te parezca
más conveniente y justo".
9:26 Pero Josué los trató según lo convenido y
los libró de los israelitas, que no los mataron.
9:27 Desde aquel día, Josué los destinó a cortar
leña y a sacar agua para la comunidad y para el altar del Señor,
en el lugar que el Señor eligiera. Esto es lo que hacen todavía
hoy.
La
coalición de los cinco reyes amorreos
10:1 Adonisedec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué
se había apoderado de Ai y la había consagrado al exterminio,
tratando a Ai y a su rey como antes había tratado a Jericó y
a su rey. También se enteró de que los gabaonitas habían
hecho las paces con Israel y se le habían sometido.
10:2 Esto le produjo un gran temor, porque Gabaón era tan importante
como una ciudad real y más grande aún que Ai. Además,
todos sus habitantes eran aguerridos.
10:3 Entonces Adonisedec, rey de Jerusalén, hizo llegar a Hohán,
rey de Hebrón, a Pirán, rey de Iarmut, a Iafia, rey de Laquís,
y a Debir, rey de Eglón, el siguiente mensaje:
10:4 "Vengan conmigo y derrotemos a Gabaón, porque ellos
han hecho las paces con Josué y con los israelitas".
10:5 Una vez reunidos, los cinco reyes amorreos los reyes de
Jerusalén, de Hebrón, de Iarmut, de Laquís y de Eglón
marcharon con sus tropas, acamparon frente a Gabaón, y se dispusieron
a atacarla.
La
victoria de Gabaón
10:6 Entonces los gabaonitas mandaron decir a Josué, que estaba
en el campamento de Guilgal: "No dejes solos a tus servidores. Ven a
salvarnos lo antes posible. Ayúdanos, porque todos los reyes amorreos
que habitan en la Montaña se han reunido contra nosotros".
10:7 Josué subió desde Guilgal con todos los combatientes
y con todos los guerreros valerosos,
10:8 y el Señor le dijo: "No les temas, porque yo los he
puesto en tus manos; ninguno de ellos te podrá resistir".
10:9 Después de marchar toda la noche desde Guilgal, Josué
cayó sobre ellos sorpresivamente.
10:10 Y el Señor hizo que huyeran despavoridos
delante de Israel, de manera que este les infligió una gran derrota
en Gabaón.
Luego los persiguieron en dirección a la subida de Bet Jorón,
y continuaron exterminándolos hasta Azecá y Maquedá.
El
auxilio divino
10:11 Mientras huían delante de Israel precisamente cuando
estaban en la bajada de Bet Jorón el Señor arrojó
sobre ellos desde el cielo, hasta la altura de Azecá, unas piedras
tan grandes que les provocaban la muerte. Fueron más los que murieron
a causa del granizo que los que mató Israel al filo de la espada.
10:12 Aquella vez, cuando el Señor puso a los amorreos en manos
de los israelitas, Josué se dirigió al Señor y exclamó,
en presencia de Israel: "Detente, sol, en Gabaón, y tú,
luna, en el valle de Aialón".
10:13 Y el sol se detuvo, y la luna permaneció
inmóvil,
hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos.
¿No está eso escrito en el libro del Justo?
El
sol se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia
el poniente casi un día entero.
10:14 Jamás hubo otro día, ni antes ni después,
en que el Señor obedeciera a la voz de un hombre. Realmente, el Señor
combatía en favor de Israel.
10:15 Luego Josué regresó al campamento de Guilgal, acompañado
de todo Israel.
El
fin de los cinco reyes amorreos
10:16 Aquellos cinco reyes, por su parte, habían logrado escapar,
refugiándose en una caverna, cerca de Maquedá.
10:17 Cuando se notificó a Josué que habían encontrado
a los cinco reyes escondidos en esa caverna,
10:18 él ordenó: "Hagan rodar unas piedras bien
grandes hasta la entrada de la caverna, y dejen allí apostados a unos
cuantos hombres para que los vigilen.
10:19 Pero ustedes no se detengan: persigan a sus enemigos y córtenles
la retirada, para impedirles que entren en sus ciudades. Porque el Señor
se los ha entregado".
10:20 Y cuando Josué y los israelitas los derrotaron por completo,
hasta aniquilarlos sólo algunos fugitivos habían escapado
de ellos y se habían refugiado en las ciudades fortificadas
10:21 todo el ejército regresó sano y salvo al campamento
de Josué, en Maquedá. Nadie había podido causar el menor
daño a los israelitas.
10:22 Entonces Josué dijo: "Despejen la abertura de la
caverna, hagan salir a esos cinco reyes, y tráiganlos aquí".
10:23 Así lo hicieron: sacaron de la caverna a los cinco reyes
los reyes de Jerusalén, de Hebrón, de Iarmut, de Laquís
y de Eglón
10:24 y una vez que los tuvieron afuera, se los llevaron a Josué.
Este convocó a todos los hombres de Israel y dijo a los oficiales que
lo habían acompañado: "Acérquense y pongan sus pies
sobre la nuca de estos reyes". Ellos se acercaron y les pusieron el pie
sobre la nuca.
10:25 Luego continuó diciéndoles: "No tengan miedo
ni se acobarden; sean fuertes y valientes, porque el Señor hará
lo mismo con todos los enemigos, contra los que ustedes tengan que luchar".
10:26 Después de esto, Josué los mandó matar y
los hizo colgar de cinco árboles. Allí quedaron suspendidos
hasta la tarde,
10:27 y a la puesta del sol, Josué mandó que los descolgaran
de los árboles. Luego los arrojaron en la cueva donde habían
estado escondidos, y a la entrada de la misma, pusieron grandes piedras que
todavía están allí.
La
conquista del sur de Canaán: Maquedá
10:28 Aquel mismo día, Josué se apoderó de Maquedá
y pasó al filo de la espada a la ciudad y a su rey, consagrándolos
al exterminio junto con todos los seres vivientes que había en ella.
No dejó a nadie con vida, y trató al rey de Maquedá como
había tratado al rey de Jericó.
Libná
10:29 Luego Josué, con todo Israel, pasó de Maquedá
a Libná y la atacó.
10:30 El Señor puso a la ciudad y al rey en manos de Israel,
que la pasó al filo de la espada con todos los seres vivientes que
había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató a su
rey como había tratado al rey de Jericó.
Laquís
10:31 Después Josué, con todo Israel, pasó de
Libná a Laquís, la asedió y la atacó.
10:32 El Señor puso también a Laquís en manos
de Israel, que la conquistó al segundo día, y la pasó
al filo de la espada con todos los seres vivientes que había en ella,
exactamente como había hecho con Libná.
10:33 Mientras tanto, Horám, rey de Guézer, subió
en ayuda de Laquís; pero Josué lo derrotó, a él
y a su ejército, hasta no dejar ningún sobreviviente.
Eglón
10:34 Luego Josué, con todo Israel, pasó de Laquís
a Eglón. La sitiaron, la atacaron,
10:35 y ese mismo día la tomaron y la pasaron al filo de la
espada. Aquel día Josué consagró al exterminio a todos
los seres vivientes que había en la ciudad, exactamente como había
hecho con Laquís.
Hebrón
10:36 Después Josué, con todo Israel, subió de
Eglón a Hebrón. La atacaron,
10:37 la tomaron, y pasaron al filo de la espada a la ciudad, a su
rey, a sus otras ciudades y a todos los seres vivientes que había en
ella. Josué no dejó a nadie con vida, sino que hizo con ella
lo mismo que había hecho con Eglón: consagró al exterminio
a la ciudad y a todos los seres vivientes que había en ella.
Debir
10:38 Luego Josué, con todo Israel, volvió atrás
hasta Debir, la atacó,
10:39 y se apoderó de la ciudad, de su rey y de todas sus otras
ciudades. Los israelitas los pasaron al filo de la espada, y consagraron al
exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, sin
dejar a nadie con vida. Josué trató a Debir como había
tratado a Hebrón y a su rey, y como había tratado a Libná
y a su rey.
Recapitulación
de las conquistas realizadas en el Sur
10:40 Así Josué conquistó toda la región:
la Montaña, el Négueb, la Sefelá y los declives de la
Montaña, con todos sus reyes. No dejó a nadie con vida, sino
que consagró al exterminio a todos los seres vivientes, como el Señor,
el Dios de Israel, le había ordenado.
10:41 Josué conquistó desde Cades Barné hasta
Gaza, y toda la región de Gosen hasta Gabaón.
10:42 En una sola campaña se apoderó de todos estos reyes
y de sus territorios, porque el Señor, el Dios de Israel, combatía
a favor de los israelitas.
10:43 Finalmente, Josué regresó al campamento de Guilgal,
acompañado de todo Israel.