JOSUÉ
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Las
ciudades levíticas
1
Crónicas 6, 46-66
21:1
Los jefes de familia de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué,
hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus israelitas,
21:2 que estaban en Silo, en el país de Canaán, y les
dijeron: "El Señor ordenó por medio de Moisés que
se nos asignaran algunas ciudades, a fin de que residiéramos en ellas,
y también sus campos de pastoreo para nuestros ganados".
21:3 Entonces los israelitas, conforme a la orden del Señor,
dieron a los levitas las siguientes ciudades con sus campos de pastoreo, tomándolas
de sus propias posesiones.
21:4 Se hizo el sorteo para los clanes de los quehatitas; y a los levitas
descendientes de Aarón, el sacerdote, les tocaron en suerte trece ciudades
de las tribus de Judá, de Simeón y de Benjamín;
21:5 a los clanes de los otros quehatitas les tocaron en suerte diez
ciudades de las tribus de Efraím, de Dan y de la mitad de Manasés.
21:6 A los clanes de los gersonitas les tocaron en suerte trece ciudades
de las tribus de Isacar, de Aser, de Neftalí y de la mitad de Manasés,
en Basán.
21:7 Y a los clanes de los meraritas les tocaron en suerte doce ciudades
de las tribus de Rubén, de Gad y de Zabulón.
21:8 Así los israelitas dieron a los levitas, mediante un sorteo,
esas ciudades con sus campos de pastoreo, como el Señor lo había
ordenado por medio de Moisés.
Las
ciudades de los quehatitas
21:9 Ellos les entregaron las ciudades de la tribu de Judá y
de la tribu de Simeón que se nombran más adelante.
21:10 Y como la primera suerte les tocó a los levitas que pertenecían
a los clanes de los quehatitas y eran descendientes de Aarón,
21:11 a ellos les dieron Quiriat Arbá la ciudad de Arbá,
el padre de Anac, o sea, Hebrón en la montaña de Judá,
con los campos de pastoreo que tenía a su alrededor.
21:12 Los campos de cultivo y los poblados próximos a la ciudad,
en cambio, ya habían sido dados a Caleb, hijo de Iefuné.
21:13 Y Además de Hebrón que era una ciudad de
refugio para los homicidas los israelitas dieron a los descendientes
del sacerdote Aarón las ciudades de Libná,
21:14 Iatir, Estemoa,
21:15 Jolón, Debir,
21:16 Ain, Iutá y Bet Semes, cada una con su respectivo campo
de pastoreo: nueve ciudades de aquellas dos tribus.
21:17 De la tribu de Benjamín les dieron Gabaón, Gueba,
21:18 Anatot y Almón, todas con sus campos de pastoreo: cuatro
ciudades.
21:19 Trece ciudades y sus campos de pastoreo era el total de las ciudades
pertenecientes a los sacerdotes hijos de Aarón.
21:20 A los clanes de los otros levitas descendientes de Quehat les
tocaron en suerte ciudades de la tribu de Efraím.
21:21 A ellos les dieron Siquém, en la montaña de Efraím
la ciudad de refugio para los homicidas con sus correspondientes
campos de pastoreo, y también Guézer,
21:22 Quibsaim, Bet Jorón, cada una con sus campos de pastoreo:
cuatro ciudades.
21:23 De la tribu de Dan les dieron Eltequé, Guibetón,
21:24 Aialón, Gat Rimón, cada una con sus campos de pastoreo:
cuatro ciudades.
21:25 De la mitad de la tribu de Manasés les dieron Taanac e
Ibleám, cada una con sus campos de pastoreo: dos ciudades.
21:26 Eran en total diez ciudades, con sus campos de pastoreo, para
los restantes clanes de los quehatitas.
Las
ciudades de los gersonitas
21:27 A los clanes levíticos de los gersonitas les dieron: de
la mitad de la tribu de Manasés, Golán en Basán la
ciudad de refugio para los homicidas y también Astarot, cada
una con sus campos de pastoreo: dos ciudades.
21:28 De la tribu de Isacar les dieron Quisión, Daberat,
21:29 Iarmut y En Ganím, cada una con sus campos de pastoreo:
cuatro ciudades.
21:30 De la tribu de Aser les dieron Misal, Abdón,
21:31 Jelcat y Rejob, cada una con sus campos de pastoreo: cuatro ciudades.
21:32 De la tribu de Neftalí les dieron Quedes en Galilea la
ciudad de refugio para los homicidas Jamot Dor y Racat, cada una con
sus campos de pastoreo: tres ciudades.
21:33 Las ciudades de los clanes de los gersonitas, con sus respectivos
campos de pastoreo, eran trece en total.
Las
ciudades de los meraritas
21:34 Al resto de los levitas, o sea, a los clanes de los meraritas
les dieron: de la tribu de Zabulón, Iocneam, Cartá,
21:35 Rimón y Nahalal, cada una con sus campos de pastoreo:
cuatro ciudades.
21:36 De la tribu de Rubén, al otro lado del Jordán les
dieron Beser la ciudad de refugio para los homicidas que está
situada en el desierto, sobre el altiplano, y además, Iahás,
21:37 Quedemot y Mefaat, cada una con sus campos de pastoreo: cuatro
ciudades.
21:38 De la tribu de Gad, les dieron Ramot de Galaad la ciudad
de refugio para los homicidas y además, Majanaim,
21:39 Jesbón y Iázer, cada una con sus campos de pastoreo:
cuatro ciudades.
21:40 En total, eran doce las ciudades asignadas mediante un sorteo
al resto de los clanes levíticos, o sea, a los meraritas.
21:41 Por lo tanto, las ciudades levíticas en medio de las posesiones
de los israelitas eran cuarenta y ocho en total, con sus campos de pastoreo.
21:42 Cada una de estas ciudades incluía, además de la
ciudad, los campos de pastoreo que tenían a su alrededor. Lo mismo
sucedía con todas las ciudades mencionadas.
Conclusión
general
21:43 Así el Señor entregó a Israel todo el territorio
que había jurado dar a sus padres. Los israelitas tomaron posesión
de él y lo habitaron.
21:44 El Señor les dio la paz en todas sus fronteras, como lo
había jurado a sus padres, y ninguno de sus enemigos pudo resistirles,
porque el Señor se los entregó a todos.
21:45 Ni una sola de las admirables promesas que el Señor había
hecho a los israelitas cayó en el vacío: todas se cumplieron.
La
despedida de las tribus de la Transjordania
22:1 Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas
y a la mitad de la tribu de Manasés,
22:2 y les dijo: "Ustedes han observado íntegramente las
órdenes que les dio Moisés, el servidor del Señor, y
me han obedecido en todo lo que yo les mandé.
22:3 No han abandonado a sus hermanos durante el largo tiempo transcurrido
hasta el día de hoy, y han permanecido en la observancia del mandamiento
del Señor, su Dios.
22:4 Ahora sus hermanos han obtenido el descanso que les concedió
el Señor,
su Dios, conforme a la promesa que él les había hecho. Por lo
tanto, regresen a sus campamentos, al territorio que les pertenece, a esa
tierra que Moisés, el servidor del Señor, les dio al otro lado
del Jordán.
22:5 Pero pongan mucho cuidado en practicar los mandamientos y la Ley
que les prescribió Moisés, el servidor del Señor, a saber:
amar al Señor, su Dios, y seguir todos sus caminos; observar sus mandamientos,
mantenerse fieles a él, y servirlo con todo el corazón y con
toda el alma".
22:6 Después los bendijo y los despidió, y ellos regresaron
a sus campamentos.
22:7 Moisés había dado a la mitad de la tribu de Manasés
un territorio en Basán, mientras que a la otra mitad, Josué
le había asignado una parte junto a sus hermanos, en el lado occidental
del Jordán. Además, cuando Josué los envió a sus
campamentos, los bendijo,
22:8 diciéndoles: "Vuelvan a sus campamentos con grandes
riquezas, con muchísimo ganado, con plata, oro, bronce, hierro, y con
una gran cantidad de ropa. Pero compartan con sus hermanos los despojos de
sus enemigos".
El
altar levantadoa orillas del Jordán
22:9 Así los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de
Manasés dejaron a los israelitas en Silo, en territorio de Canaán,
para regresar a Galaad. Esta era la tierra de su propiedad, donde se habían
establecido conforme a la orden que el Señor había dado por
intermedio de Moisés.
22:10 Pero al llegar a los distritos del Jordán, que están
en territorio de Canaán, los rubenitas, los gaditas y la mitad de la
tribu de Manasés levantaron a orillas del Jordán un altar de
aspecto imponente.
22:11 Cuando los israelitas se enteraron de lo sucedido, dijeron: "Los
rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés han erigido
ese altar frente al territorio de Canaán, en los distritos del Jordán,
más allá del territorio de los israelitas".
22:12 Y una vez informados del hecho, toda la comunidad de los israelitas
se reunió en Silo para ir a combatir contra ellos.
22:13 Pero antes enviaron al sacerdote Pinjás, hijo del sacerdote
Eleazar,
22:14 y a otros diez jefes, uno por cada tribu, para que se entrevistaran
con los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés, en
el territorio de Galaad. Todos ellos eran jefes de familia en los clanes de
Israel.
22:15 Cuando llegaron a Galaad, donde estaban los rubenitas, los gaditas
y la mitad de la tribu de Manasés, les hablaron en estos términos:
22:16 "Toda la comunidad del Señor dice lo siguiente: ¿Cómo
se explica esta infidelidad que ustedes han cometido contra el Dios de Israel,
al erigir un altar? Así ustedes hoy se han apartado del Señor
y se han rebelado contra él.
22:17 ¿No teníamos bastante con el
delito de Peor, del que todavía no estamos purificados y por el cual
se desencadenó aquella masacre contra la comunidad del Señor?
22:18 ¡Hoy ustedes se han apartado del Señor! Y si hoy
se rebelan contra él mañana él se irritará contra
toda la comunidad de Israel.
22:19 Si la tierra que les pertenece es impura, pásense a la
tierra que pertenece al Señor, donde reside su Morada, y establézcanse
entre nosotros. Pero no se rebelen contra él ni nos hagan cómplices
de la rebeldía de ustedes, erigiendo un altar aparte del altar del
Señor, nuestro Dios.
22:20 Cuando Acán, hijo de Zéraj,
cometió una infidelidad respecto del anatema, ¿Acaso la ira
del Señor no alcanzó a toda la comunidad de Israel? No fue él
solo el que murió por su delito".
La
respuesta de las tribusde la Transjordania
22:21 Los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés
respondieron a los jefes de los clanes de Israel:
22:22 "¡El Dios de los dioses, el Señor, lo sabe
perfectamente, y que también lo sepa Israel! Si ha habido de nuestra
parte rebelión contra el Señor o infidelidad hacia él,
que él no nos salve en este día.
22:23 Si nos construimos un altar para alejarnos del Señor o
para ofrecer en él holocaustos, oblaciones y sacrificios de comunión,
que el mismo Señor nos pida cuenta.
22:24 En realidad, lo hicimos por temor, pensando que el día
de mañana los hijos de ustedes podrían decir a los nuestros:
'¿Qué tienen que ver ustedes con el Señor, el Dios de
Israel?
22:25 ¡Rubenitas y gaditas! El Señor ha puesto un límite
entre nosotros y ustedes: el Jordán. Por lo tanto, ustedes no tienen
parte con el Señor'. Y de esa manera, sus hijos apartarían a
los nuestros del temor del Señor.
22:26 Entonces resolvimos construir este altar, no para ofrecer holocaustos
y sacrificios,
22:27 sino para que esté como testigo entre nosotros y ustedes,
y también entre nuestros descendientes, de que rendimos culto al Señor
en su presencia, con nuestros holocaustos, nuestras víctimas y nuestros
sacrificios de comunión. Así, el día de mañana,
los hijos de ustedes no podrán decir a los nuestros: 'Ustedes no tienen
parte con el Señor'.
22:28 Por eso pensamos que si algún día nos llegan a
hacer ese reproche, a nosotros o a nuestros descendientes, les podremos responder:
'Miren la figura del altar del Señor que hicieron nuestros padres,
no para ofrecer holocaustos y sacrificios, sino para que esté como
testigo entre nosotros y ustedes'.
22:29 Lejos de nosotros, entonces, el deseo de rebelarnos contra el
Señor o de querer apartarnos de él, erigiendo un altar para
ofrecer holocaustos, oblaciones o sacrificios, fuera del altar del Señor,
nuestro Dios, que está delante de su Morada".
El
restablecimiento de la pazentre las tribus
22:30 Cuando el sacerdote Pinjás, los jefes de la comunidad
y los jefes de los clanes de Israel escucharon las palabras que les dijeron
los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés, quedaron
conformes.
22:31 Y Pinjás, el hijo del sacerdote Eleazar, les respondió:
"Ahora reconocemos que el Señor está en medio de nosotros,
porque ustedes no han cometido esa infidelidad contra él; de esa manera,
ustedes han librado a los israelitas de la mano del Señor".
22:32 Entonces el sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, y los jefes,
dejando a los rubenitas y a los gaditas, partieron de Galaad y regresaron
a Canaán, donde estaban los israelitas. Cuando les transmitieron la
noticia,
22:33 los israelitas quedaron conformes, bendijeron al Señor,
y ya no pensaron más en hacerles la guerra ni en asolar el país
donde habitaban los rubenitas y los gaditas.
22:34 Estos últimos, por su parte, dieron al altar el nombre
de "Testigo", porque dijeron: "Este será un testigo,
entre nosotros, de que el Señor es Dios".
Las
últimas recomendacionesde Josué al pueblo
23:1 Cuando ya hacía mucho tiempo que el Señor había
concedido la paz a Israel, librándolo de todos los enemigos que tenía
a su alrededor, Josué que era un anciano de edad muy avanzada
23:2 convocó a todo Israel, a sus ancianos, a sus jefes, a sus
jueces y a sus escribas, y les dijo: "Yo estoy viejo; ya tengo muchos
años.
23:3 Ustedes han visto cómo trató el Señor, su
Dios, a todos esos pueblos a causa de ustedes, porque era el Señor,
su Dios, el que combatía por ustedes.
23:4 Ahora miren bien: yo les he sorteado como herencia para cada tribu
tanto a las naciones que todavía quedan como a las que yo mismo exterminé,
desde el Jordán hasta el gran mar Occidental.
23:5 El Señor, su Dios, las dispersará delante de ustedes
y las desposeerá de sus dominios, para que ustedes puedan tomar posesión
de su tierra, conforme a la promesa que les hizo el Señor, su Dios.
23:6 Por eso, sean cada vez más constantes en observar y en
cumplir todo lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés,
sin desviarse de él ni a la derecha ni a la izquierda,
23:7 y sin mezclarse con esos pueblos que todavía quedan con
ustedes. No invoquen el nombre de sus dioses ni juren por ellos; no los sirvan
ni se postren ante ellos.
23:8 Por el contrario, manténganse fieles al Señor, su
Dios, como lo han hecho hasta el día de hoy.
23:9 El Señor desposeyó delante de ustedes a naciones
numerosas y fuertes; y hasta el presente, nadie ha podido resistirles.
23:10 Bastaba uno solo para perseguir a mil,
porque el Señor, su Dios, era el que combatía por ustedes, como
él mismo les había prometido.
23:11 Por eso, pongan sumo cuidado en amar al Señor, su Dios.
23:12 Pero si se vuelven atrás y se unen al resto de esos pueblos
que todavía quedan con ustedes; si establecen con ellos lazos de parentesco,
mezclándose ustedes con ellos y ellos con ustedes,
23:13 entonces, tengan la plena seguridad de que el Señor, su
Dios, no seguirá desposeyendo a esas naciones delante de ustedes, y
ellos serán para ustedes una red, un lazo, un látigo sobre sus
costados, y aguijones en sus ojos, hasta que por fin desaparecerán
de esta hermosa tierra que les dio el Señor, su Dios.
23:14 Ya estoy a punto de irme por el camino que les toca recorrer
a todos. Reconozcan entonces con todo su corazón y con toda su alma,
que ni una sola de todas esas admirables promesas que les hizo el Señor,
ha caído en el vacío: todas se han cumplido, y no falló
ni una sola.
23:15 Pero así como se han cumplido todas las admirables promesas
que les hizo el Señor, su Dios, también él atraerá
sobre ustedes todas las amenazas, hasta exterminarlos de esta hermosa tierra
que les dio el Señor, su Dios.
23:16 Si quebrantan la alianza del Señor, su Dios, la que él
les impuso, y van a servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos,
la ira del Señor arderá contra ustedes, y desaparecerán
muy pronto de la hermosa tierra que él les dio".
La
asamblea de Siquém
24:1 Josué reunió en Siquém a todas las tribus
de Israel, y convocó a los ancianos de Israel, a sus jefes, a sus jueces
y a sus escribas, y ellos se presentaron delante del Señor.
24:2 Entonces Josué dijo a todo el pueblo: "Así
habla el Señor, el Dios de Israel: Sus antepasados, Téraj, el
padre de Abraham y de Najor, vivían desde tiempos antiguos al otro
lado del Río,
y servían a otros dioses.
24:3 Pero yo tomé a Abraham, el padre de ustedes, del otro lado
del Río,
y le hice recorrer todo el país de Canaán. Multipliqué
su descendencia, y le di como hijo a Isaac.
24:4 A Isaac lo hice padre de Jacob y de Esaú.
A
Esaú le di en posesión la montaña de Seir,
mientras que Jacob y sus hijos bajaron a Egipto.
24:5 Luego envié a Moisés y a Aarón, y castigué
a Egipto con los prodigios que realicé en medio de ellos.
Después los hice salir de Egipto, a ustedes
24:6 y a sus padres, y ustedes llegaron al mar. Los egipcios persiguieron
a sus padres, con carros y guerreros, hasta el Mar Rojo.
24:7 Pero ellos pidieron auxilio al Señor: él interpuso
una densa oscuridad entre ustedes y los egipcios, y envió contra ellos
el mar, que los cubrió. Ustedes vieron con sus propios ojos lo que
hice en Egipto.
Luego permanecieron en el desierto durante largo tiempo,
24:8 y después los introduje en el país de los amorreos,
que habitaban al otro lado del Jordán. Cuando ellos les hicieron la
guerra, yo los entregué en sus manos, y así pudieron tomar posesión
de su país, porque los exterminé delante de ustedes.
24:9 Entonces Balac hijo de Sipor, rey de Moab se levantó
para combatir contra Israel, y mandó llamar a Balaam, hijo de Beor,
para que los maldijera.
24:10 Pero yo no quise escuchar a Balaam, y él tuvo que bendecirlos.
Así los libré de su mano.
24:11 Después ustedes cruzaron el Jordán
y
llegaron
a Jericó. La gente de Jericó les hizo la guerra, y lo mismo
hicieron los amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los guirgasitas,
los jivitas y los jebuseos; pero yo los entregué en sus manos.
24:12 Hice cundir delante de ustedes el pánico,
que
puso en fuga a toda esa gente y a los dos reyes amorreos. Esto no se lo debes
ni a tu espada ni a tu arco.
24:13 Así les di una tierra que no cultivaron,
y ciudades que no edificaron, donde ahora habitan; y ustedes comen los frutos
de viñas y olivares que no plantaron.
24:14 Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con integridad
y lealtad; dejen de lado a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro
lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor.
24:15 Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan
hoy a quién quieren servir: si a los dioses a quienes sirvieron sus
antepasados al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en
cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia serviremos al Señor".
24:16 El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar
al Señor para servir a otros dioses.
24:17 Porque el Señor, nuestro Dios, es el que nos hizo salir
de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a nosotros y a nuestros padres, y el
que realizó ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios. Él
nos protegió en todo el camino que recorrimos y en todos los pueblos
por donde pasamos.
24:18 Además, el Señor expulsó delante de nosotros
a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. Por
eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él
es nuestro Dios".
24:19 Entonces Josué dijo al pueblo: "Ustedes no podrán
servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso,
que no soportará ni las rebeldías ni los pecados de ustedes.
24:20 Si abandonan al Señor para servir a dioses extraños,
él, a su vez, los maltratará y los aniquilará, después
de haberles hecho tanto bien".
24:21 Pero el pueblo respondió a Josué: "No; nosotros
serviremos al Señor".
24:22 Josué dijo al pueblo: "Son testigos contra ustedes
mismos, de que han elegido al Señor para servirlo". "Somos
testigos", respondieron ellos.
24:23 "Entonces dejen de lado los dioses extraños que hay
en medio de ustedes, e inclinen sus corazones al Señor, el Dios de
Israel".
24:24 El pueblo respondió a Josué: "Nosotros serviremos
al Señor, nuestro Dios y escucharemos su voz".
La
alianza de Siquém
24:25 Aquel día Josué estableció una alianza para
el pueblo, y les impuso una legislación y un derecho, en Siquém.
24:26 Después puso por escrito estas palabras en el libro de
la Ley de Dios. Además tomó una gran piedra y la erigió
allí, al pie de la encina que está en el Santuario del Señor.
24:27 Josué dijo a todo el pueblo: "Miren esta piedra:
ella será un testigo contra nosotros, porque ha escuchado todas las
palabras que nos ha dirigido el Señor; y será un testigo contra
ustedes, para que no renieguen de su Dios".
24:28 Finalmente, Josué despidió a todo el pueblo, y
cada uno volvió a su herencia.
La
muerte de Josué
Jueces
2, 6-10
24:29
Después de un tiempo, Josué, hijo de Nun, el servidor del Señor,
murió a la edad de ciento diez años.
24:30 Lo enterraron en el territorio que había recibido en herencia,
en Timnat Séraj,
en la montaña de Efraím, al norte del monte Gaás.
24:31 Israel sirvió al Señor mientras vivió Josué,
y durante toda la vida de los ancianos que le sobrevivieron y que habían
experimentado las obras del Señor en favor de Israel.
Los
restos de José
24:32 Los huesos de José, que los israelitas
trasladaron desde Egipto, fueron enterrados en Siquém, en la parcela
de campo que Jacob había comprado a los hijos de Jamor,
padre
de Siquém, por cien monedas de plata, y que había pasado a ser
propiedad de los hijos de José.
24:33 También murió Eleazar, hijo de Aarón, y
lo enterraron en Guibeá, ciudad situada en la montaña de Efraím,
que había sido entregada a su hijo Pinjás.