Josué / Índice / 1° Samuel


JUECES


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LA PENETRACIÓN DE LOS ISRAELITAS EN CANAÁN

CAPÍTULO 1

La ocupación progresiva de Canaán: la campaña de Judá contra los cananeos
1:
1 Después de la muerte de Josué, los israelitas consultaron al Señor, diciendo: "¿Quién de nosotros será el primero en subir a luchar contra los cananeos?".
1:2 El Señor respondió: "Que suba Judá, porque yo he puesto el país en sus manos".
1:3 Entonces Judá dijo a su hermano Simeón: "Sube conmigo al territorio que me ha tocado en suerte. Atacaremos a los cananeos, y después yo iré contigo al territorio que te ha sido asignado". Y Simeón lo acompañó.
1:4 Cuando Judá subió, el Señor puso en sus manos a los cananeos y a los perizitas, y derrotaron en Bézec a diez mil hombres.
1:5 Allí se encontraron con Adoní Bézec, combatieron contra él y derrotaron a los cananeos y a los perizitas.
1:6 Adoní Bézec trató de escapar, pero ellos lo persiguieron, lo capturaron y le cortaron el dedo pulgar de las manos y de los pies.
1:7 Entonces Adoní Bézec exclamó: "Setenta reyes, con los pulgares de sus manos y de sus pies cortados, recogían migajas debajo de mi mesa. Y ahora Dios me retribuye de acuerdo con lo que hice". Luego lo llevaron a Jerusalén, y allí murió.
1:8 La tribu de Judá atacó a Jerusalén; la tomaron, pasaron a sus habitantes al filo de la espada e incendiaron la ciudad.

La conquista de Hebrón
Josué 15, 13-19

1:9 Luego la tribu de Judá fue a combatir contra los cananeos que habitaban en la Montaña, el Négueb y la Sefelá.
1:10 Judá avanzó contra los cananeos que habitaban en Hebrón —Hebrón se llamaba antiguamente Quiriat Arbá— y derrotó a Sesai, Ajimán y Talmai.

Otoniel conquista Debir y recibe a Acsa
Josué 15, 15-19

1:11 Desde allí subió contra los habitantes de Debir, que antes se llamaba Quiriat Séfer.
1:12 Entonces Caleb dijo: "Al que derrote y conquiste a Quiriat Séfer, yo le daré como esposa a mi hija Acsá".
1:13 El que la conquistó fue Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb, y este le dio como esposa a su hija Acsá.
1:14 Cuando ella llegó a la casa de su esposo, este le sugirió que pidiera un campo a su padre. Ella se bajó del asno, y Caleb le preguntó: "¿Qué quieres?"
1:15 "Quiero que me hagas un regalo, le respondió; ya que me has mandado al territorio del Négueb, concédeme al menos un manantial". Y él le dio el manantial de Arriba y el manantial de Abajo.

Fracaso de Judá en el litoral marítimo
1:
16 Los del clan de Jobab, el quenita, que había sido suegro de Moisés, subieron con la tribu de Judá desde la ciudad de las Palmeras hasta el desierto de Judá, al sur de Arad, y se establecieron entre los amalecitas.
1:17 Judá, por su parte, se fue con su hermano Simeón. Ellos derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat y consagraron la ciudad al exterminio total; por eso, la ciudad se llamó Jormá.
1:18 Pero Judá no pudo apoderarse de Gaza y su territorio, ni de Ascalón y su territorio, ni de Ecrón y su territorio.
1:19 El Señor estaba con Judá, y este pudo ocupar la Montaña, pero no logró desposeer a los habitantes de la llanura, porque estaban equipados con carros de hierro.
1:20 De acuerdo con lo establecido por Moisés, Hebrón fue asignada a Caleb, y él expulsó de allí a los tres hijos de Anac. Josué 15, 14
1:21 La tribu de Benjamín, en cambio, no pudo desposeer a los jebuseos que habitaban en Jerusalén. Por eso los jebuseos continúan habitando en Jerusalén con la tribu de Benjamín, hasta el día de hoy. Josué 15, 63 2 Samuel 5, 6 1 Crónicas 11, 4

La conquista de Betel
1:
22 La casa de José, por su parte, subió contra Betel, y el Señor estaba con ella.
1:23 La casa de José envió espías a Betel -la ciudad que antiguamente se llamaba Luz-
1:24 y cuando los espías vieron a un hombre que salía de la ciudad, le dijeron: "Muéstranos el acceso a la ciudad, y te perdonaremos la vida".
1:25 Él les indicó el acceso a la ciudad, y ellos pasaron a sus habitantes al filo de la espada, pero dejaron ir a aquel hombre con toda su familia.
1:26 El hombre se dirigió al país de los hititas, y fundó una ciudad, a la que llamó Luz. Este es el nombre que tiene hasta el día de hoy.

Conquistas y fracasos de las tribus del Norte
1:
27 Manasés, en cambio, no pudo adueñarse de Bet Seán y de Tanac con sus respectivas ciudades dependientes. Tampoco desposeyó a los habitantes Josué 17, 13 de Dor, de Ibleám y de Meguido, con sus respectivas ciudades dependientes, sino que los cananeos continuaron ocupando ese territorio.
1:28 Pero cuando Israel se hizo más fuerte, obligó a los cananeos a pagar tributo, aunque no llegó a desposeerlos.
1:29 Efraím no pudo desposeer a los cananeos que habitaban en Guézer, Josué 16, 10 de manera que estos continuaron viviendo en medio de él, en Guézer.
1:30 Zabulón no desposeyó a los habitantes de Quitrón ni a los de Nahalol: los cananeos continuaron viviendo en medio de él, pero fueron obligados a pagar tributo.
1:31 Aser no pudo desposeer a los habitantes de Acó, de Sidón, de Majleb, de Aczib, de Afric y de Rejob.
1:32 Por eso la tribu de Aser se estableció en medio de los cananeos que ocupaban el país, ya que no pudieron desposeerlos.
1:33 Tampoco Neftalí pudo desposeer a los habitantes de Bet Semes, ni a los de Bet Anát, y se estableció en medio de los cananeos que habitaban en el país. Pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anát fueron obligados a pagar tributo.
1:34 Los amorreos obligaron a la tribu de Dan a replegarse hacia la región montañosa, impidiéndole bajar hasta el llano.
1:35 Los amorreos pudieron permanecer en Har Jéres, en Aialón y en Salbím, pero cuando la casa de José afianzó su poder, fueron obligados a pagar tributo.
1:36 En cuanto a los edomitas, su frontera se extiende desde la cuesta de Acrabím, a partir de la Roca, y continúa hacia arriba.

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CAPÍTULO 2

Oráculo del Señor en Bojím
2:
1 El Ángel del Señor subió de Guilgal a Bojím y dijo: "Yo los hice subir de Egipto y los introduje en la tierra que prometí a sus padres con un juramento. También dije: 'Jamás quebrantaré mi alianza con ustedes.
2:
2 Pero ustedes no harán ninguna alianza con los habitantes de este país y destruirán sus altares'. Éxodo 23, 32 Éxodo 34, 12-13 Deuteronomio 7, 2 Josué 9, 7 A pesar de eso, no escucharon mi voz. ¿Por qué han obrado así?
2:
3 Por eso les digo: 'No expulsaré a esos pueblos delante de ustedes: ellos no dejarán de hostigarlos, y sus dioses serán una trampa para ustedes'". Jueces 3, 5-6 Salmo 106, 36
2:
4 Y mientras el Ángel del Señor dirigía estas palabras a los israelitas, el pueblo se puso a llorar a gritos.
2:
5 Por eso llamaron a aquel lugar Bojím —que significa "los que lloran"— y ofrecieron allí sacrificios al Señor.

VISIÓN DE CONJUNTO SOBRE EL PERÍODO DE LOS JUECES

La muerte de Josué y de su generación
Josué 24, 29-31

2:6 Josué despidió al pueblo, y los israelitas se fueron cada uno a su herencia, para tomar posesión del país.
2:7 El pueblo sirvió al Señor mientras vivió Josué, y durante toda la vida de los ancianos que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de Israel.
2:8 Josué, hijo de Nun, el servidor del Señor, murió a la edad de ciento diez años.
2:9 Lo enterraron en el territorio de su propiedad, en Timnat Séraj, Josué 19, 49-50 Josué 24, 30 en la montaña de Efraím, al norte del monte Gaás.
2:10 Y cuando toda aquella generación fue a reunirse con sus padres, surgió una nueva generación que no conocía al Señor ni la obra que había hecho en favor de Israel.

El castigo divino a la infidelidad de Israel
2:
11 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor Salmo 78, 56 y sirvieron a los Baales.
2:12 Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses —los dioses de los pueblos vecinos— y se postraron delante de ellos, provocando así la indignación del Señor.
2:13 Abandonaron al Señor para servir a Baal y a Astarté.
2:14 Por eso, la ira del Señor se encendió contra Israel: él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó a los enemigos Nehemías 9, 28 que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles resistencia.
2:15 En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así se encontraron en una situación muy angustiosa.

Los Jueces, salvadores de Israel
2:
16 Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban a los israelitas del poder de los salteadores.
2:17 Pero los israelitas no escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor. Ellos, en cambio, no hacían lo mismo.
2:18 Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez, porque se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y perseguidores.
2:19 Pero cuando moría el juez, volvían a pervertirse más aún que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta obstinada.

La permanencia de las naciones paganas
2:
20 La ira del Señor se encendió contra Israel, y él dijo: "Ya que este pueblo ha quebrantado mi alianza, la que yo prescribí a sus padres, y no ha escuchado mi voz,
2:21 tampoco yo arrojaré de su presencia a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió".
2:22 Esto lo hacía para probar a Israel por medio de ellas, y para ver si seguían el camino del Señor, como lo habían seguido sus padres.
2:23 Por eso el Señor, en lugar de expulsar inmediatamente a esas naciones, las dejó en paz y no las entregó en manos de Josué.

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CAPÍTULO 3

Los pueblos que subsistieron
3:
1 El Señor dejó que sobrevivieran algunas naciones, para poner a prueba por medio de ellas a Israel, a todos aquellos que no habían intervenido en las guerras de Canaán.
3:2 Lo hizo solamente para enseñar a combatir a los que no lo habían hecho antes, es decir, a las nuevas generaciones de israelitas.
3:3 Esas naciones son las siguientes: los filisteos con sus cinco príncipes y todos los cananeos, los sidonios y los hititas que habitaban en la montaña del Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta la Entrada de Jamat.
3:4 Estas naciones sirvieron para probar a Israel, y ver si era fiel a los mandamientos que el Señor había dado a sus padres por medio de Moisés.
3:5 Por eso los israelitas tuvieron que vivir en medio de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos.
3:6 Ellos se casaron con mujeres de estos pueblos, les dieron por esposas a sus propias hijas, y sirvieron a sus dioses. Jueces 2, 1-3 Salmo 106, 36

HISTORIA FRAGMENTARIA Y ANECDÓTICA DE LOS JUECES

Otniel, vencedor de Edóm
3:
7 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor: se olvidaron del Señor, su Dios, y sirvieron a los Baales y a las Aserás.
3:8 La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó a Cusán Riseataim, rey de Edóm, a quien estuvieron sometidos durante ocho años.
3:9 Los israelitas clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador que los libró. Este fue Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
3:10 El espíritu del Señor descendió sobre Otniel: él fue juez en Israel y salió a combatir. El Señor entregó en sus manos a Cusán Riseataim, rey de Edóm, y su mano prevaleció sobre él.
3:11 Así hubo paz en el país durante cuarenta años. Después murió Otniel, hijo de Quenaz.

Ehúd, vencedor de Moab
3:
12 Los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los ojos del Señor. Entonces el Señor dio poder a Eglón, rey de Moab, 1 Samuel 12, 9 sobre Israel, porque ellos hacían lo que es malo a los ojos del Señor.
3:13 Después de aliarse con los amonitas y los amalecitas, Eglón atacó y derrotó a Israel, y se apoderó de la ciudad de las Palmeras.
3:14 Así los israelitas estuvieron sometidos a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años.
3:15 Los israelitas clamaron al Señor, y él hizo surgir como salvador a Ehúd, hijo de Guerá, de la tribu de Benjamín, que era zurdo. Ellos le encargaron que llevara el tributo a Eglón, rey de Moab.
3:16 Ehúd se hizo un puñal de doble filo de un codo de largo, y se lo ciñó debajo de la ropa, sobre el lado derecho.
3:17 Luego fue a presentar el tributo a Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy obeso.
3:18 Apenas terminó de presentar el tributo, Ehúd despidió a la gente que había transportado la carga,
3:19 y él, al llegar a los Ídolos que están junto a Guilgal, volvió a presentarse delante del rey y le dijo: "Rey, tengo que comunicarte un asunto confidencial". El rey dijo: "Retírense todos". Y todos los que estaban con él salieron de su presencia.
3:20 Cuando entró Ehúd, el rey se encontraba en la habitación de arriba, que era más fresca y estaba reservada para él solo. Ehúd le dijo: "Tengo que comunicarte un oráculo divino". El rey se levantó de su trono.
3:21 Entonces Ehúd extendió su mano izquierda, tomó el puñal que llevaba sobre el lado derecho, y lo clavó en el vientre del rey.
3:22 La hoja se hundió hasta le empuñadura y quedó totalmente cubierta por la grasa, porque Ehúd no extrajo el puñal del vientre.
3:23 Después de atrancar las puertas de la habitación alta, Ehúd salió por la ventana.
3:24 En seguida, llegaron los servidores y vieron que las puertas de la habitación alta estaban atrancadas. Entonces dijeron: "Seguramente está haciendo sus necesidades en la habitación ventilada".
3:25 Esperaron hasta cansarse y al ver que no abría la puerta, tomaron la llave, abrieron y encontraron a su señor muerto en el suelo.
3:26 Mientras ellos esperaban ansiosamente, Ehúd había logrado escapar: después de pasar por el lugar llamado los Ídolos, se había puesto a salvo en Seirá.
3:27 Apenas llegó al territorio de Israel, tocó el cuerno en la montaña de Efraím y los israelitas bajaron de la montaña junto con él. Ehúd iba al frente,
3:28 y les dijo: "Síganme, porque el Señor les ha entregado a Moab, el enemigo de ustedes". Ellos lo siguieron, ocuparon los vados del Jordán que estaban en Moab, y no dejaron pasar a nadie.
3:29 En aquella ocasión derrotaron a los moabitas, que eran cerca de diez mil hombres, todos fuertes y aguerridos. No pudo escapar ni uno solo.
3:30 Así fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y hubo paz en el país durante ochenta años.
Samgar, vencedor de los filisteos
3:31 Después de él vino Samgar, hijo de Anat, que derrotó a seiscientos filisteos con una picana de bueyes. Él también salvó a Israel.

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CAPÍTULO 4

Débora y Barac: la opresión de los cananeos
4:
1 Después que murió Ehúd, los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los ojos del Señor,
4:2 y él los entregó en manos de Iabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor. El jefe de su ejército era Sísara, 1 Samuel 12, 9 que vivía en Jaróset Ha Goím.
4:3 Los israelitas clamaron al Señor, porque Iabín tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte años.
4:4 En aquel tiempo, juzgaba a Israel una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot.
4:5 Ella se sentaba debajo de la palmera de Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím, y los israelitas acudían a ella para resolver sus litigios.
4:6 Débora mandó llamar de Quédes de Neftalí a Barac, 1 Samuel 12, 11 Hebreos 11, 32 hijo de Abinóam, y le dijo: "El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: 'Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón.
4:7 Yo atraeré hacia ti, al torrente Quisón, Salmo 83, 10 a Sísara, jefe del ejército de Iabín, con sus carros y sus tropas, y los pondré en tus manos'".
4:8 Barac le respondió: "Si tú vienes conmigo, iré; pero si no vienes, no iré".
4:9 Ella le dijo: "Yo iré contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor pondrá a Sísara en manos de una mujer". Débora fue a Quédes junto con Barac,
4:10 y él convocó en Quédes a Zabulón y a Neftalí. Lo siguieron diez mil hombres, y también Débora subió con él.
4:11 Jéber, el quenita, se había separado de Caín, de los descendientes de Jobab, el suegro de Moisés, y había extendido su campamento hasta la encina de Saananím, cerca de Quédes.

La derrota y la muerte de Sísara
4:
12 Cuando informaron a Sísara que Barac, hijo de Abinóam, había subido al monte Tabor,
4:13 aquel reunió todos sus carros de guerra —novecientos carros de hierro— y a toda la gente de que disponía, y los condujo desde Jaróset Ha Goím hasta el torrente de Quisón.
4:14 Débora dijo a Barac: "Levántate, porque ha llegado el día en que el Señor pondrá en tus manos a Sísara. El Señor va delante de ti". Entonces Barac bajó del monte Tabor, al frente de los diez mil hombres,
4:15 y el Señor hizo que Sísara, todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de Barac. Sísara se bajó de su carro de guerra y huyó a pie.
4:16 Barac persiguió a los carros y al ejército hasta Jaróset Ha Goím, y todo el ejército de Sísara cayó al filo de la espada. No quedó ni un solo sobreviviente.
4:17 Mientras tanto, Sísara huyó a pie hasta la carpa de Jael, la esposa de Jéber, el quenita, porque Iabín, rey de Jasor, y el clan de Jéber, el quenita, estaban en buenas relaciones.
4:18 Jael le salió al encuentro y le dijo: "Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas". Él entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta.
4:19 Él le dijo: "Por favor, dame un poco de agua, porque tengo sed". Ella abrió un recipiente donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir.
4:20 Él le siguió diciendo: "Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y te pregunta: '¿Hay aquí algún hombre?', respóndele que no".
4:21 Pero Jael, la esposa de Jéber, sacó una estaca de la carpa, tomó en su mano un martillo y, acercándose a él sigilosamente, le clavó la estaca en la sien, hasta hundirla en la tierra. Sísara estaba profundamente dormido, agotado por el cansancio. Cuando ya estaba muerto,
4:22 llegó Barac, que venía persiguiendo a Sísara. Jael le salió al encuentro y le dijo: "Ven y te mostraré al hombre que buscas". Él entró junto con ella, y vio a Sísara que yacía muerto, con la estaca clavada en la sien.
4:23 Así humilló Dios aquel día a Iabín, rey de Canaán, delante de los israelitas.
4: 24 El dominio de los israelitas sobre Iabín, rey de Canaán, se fue haciendo cada vez más fuerte, hasta que lo exterminaron por completo.

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CAPÍTULO 5

El canto de Débora y Barac: Preludio
5:
1 Aquel día, Débora y Barac entonaron este canto:
5:2 "Porque en Israel van con los cabellos sueltos,
porque el pueblo se ofreció voluntariamente,
¡bendigan al Señor!
5:3 ¡Escuchen, reyes! ¡Presten oído, príncipes!
Yo voy a cantar, voy a cantar al Señor,
celebraré al Señor, el Dios de Israel.
5:4 Señor, cuando tú saliste de Seír,
cuando avanzabas desde las estepas de Edóm,
tembló la tierra, fluyeron los cielos,
y hasta las nubes se deshicieron en torrentes;
5:5 se diluyeron las montañas,
delante del Señor —el del Sinaí—
delante del Señor, el Dios de Israel. Éxodo 19, 18 Deuteronomio 4, 11-12 Salmo 68, 9 Hebreos 12, 18-19

La situación de Israel antes de la batalla
5:
6 En los días de Samgar, hijo de Anat,
en los días de Jael, estaban desiertos los caminos;
los que antes iban por los senderos
tomaban por sendas desviadas.
5:7 Ya no había más jefes,
no había ni uno solo en Israel,
hasta que te levantaste tú, Débora,
hasta que te levantaste tú, madre en Israel.
5:8 La gente elegía dioses nuevos,
la guerra ya estaba a las puertas;
no se veía ni un escudo ni una lanza
entre cuarenta mil hombres de Israel.

Invitación a celebrar la victoria
5:
9 Mi corazón está con los caudillos de Israel,
con los voluntarios del pueblo.
¡Bendigan al Señor!
5:10 Ustedes, los que cabalgan en asnas blancas,
montados sobre tapices,
y los que marchan por el camino, ¡atiendan bien!
5:11 ¡Escuchen a los arqueros
junto a los pozos de agua!
Allí se narran los actos de justicia del Señor,
las gestas de su dominio en Israel,
cuando el pueblo del Señor bajó a las Puertas.

Las tribus reunidas para el combate
5:
12 ¡Despierta, Débora, despierta!
¡Sí, despierta, entona un canto!
¡Arriba, Barac,
llévate a tus cautivos, hijo de Abinóam!
5:13 Entonces bajó el resto de los nobles,
el pueblo del Señor bajó en mi defensa con los héroes.
5:14 Lo mejor de Efraím está en el valle,
detrás de ti va Benjamín, entre tus tropas.
De Maquir bajaron los caudillos,
y de Zabulón, los que empuñan el bastón de mando.
5:15 Los príncipes de Isacar están con Débora:
sí, Isacar, firme junto a Barac,
se lanza tras sus pasos en el valle.
Junto a los arroyos de Rubén
hay grandes deliberaciones.

Reproches contra las tribus no combatientes
5:16 ¿Por qué estás sentado entre los corrales,
oyendo los silbidos de los que arrean los rebaños?
Junto a los arroyos de Rubén
se hacen muchas indagaciones.
5:17 Galaad vive tranquilo al otro lado del Jordán
y Dan ¿por qué se queda en las naves?
Aser habita a la orilla del mar
y vive tranquilo en sus embarcaderos.

Elogio de Zabulón y Neftalí
5:
18 Zabulón es un pueblo que desafía a la muerte,
igual que Neftalí, sobre las alturas del campo.

El relato de la batalla
5:
19 Llegaron los reyes al combate:
entonces combatieron los reyes de Canaán,
en Taanac, junto a las aguas de Meguido,
pero no recogieron plata como botín.
5:20 Desde el cielo combatieron las estrellas,
desde sus órbitas combatieron contra Sísara.
5:21 ¡El torrente Quisón los arrastró,
el antiguo torrente, el torrente Quisón!
¡Avanza, alma mía, con denuedo!
5:22 Los cascos de los caballos
martillaron el suelo, al galope, al galope de sus corceles.
5:23 ¡Maldigan a Meroz, dice el Ángel del Señor,
sí, maldigan a sus habitantes!
Porque no acudieron en auxilio del Señor,
en auxilio del Señor, junto a los héroes.

La muerte de Sísara
5:
24 ¡Bendita entre las mujeres sea Jael,
la mujer de Jéber, el quenita!
¡Bendita entre las mujeres que habitan en carpas!
5:25 Sísara pidió agua, ella le dio leche,
le ofreció cuajada en taza de príncipes.
5:26 Extendió su mano hacia la estaca,
y su derecha, hacia el martillo de los trabajadores;
martilló a Sísara, le partió la cabeza,
le machacó y le atravesó la sien.
5:27 Él se desplomó a sus pies,
cayó y quedó tendido;
se desplomó, cayó a sus pies,
allí donde se desplomó, yace aniquilado.

La consternación de la madre de Sísara
5:
28 La madre de Sísara se asoma por la ventana,
a través del enrejado, y se lamenta:
'¿Por qué tarda en llegar su carro?
¿Por qué se han retrasado sus carros de combate?'.
5:29 La más sagaz de sus princesas le responde,
y ella misma se repite estas palabras:
5:30 'Seguro que están recogiendo y repartiendo el botín;
una cautiva, dos cautivas para cada guerrero,
paños de colores como botín para Sísara,
una tela, dos telas recamadas para mi cuello'.

Conclusión
5:
31 ¡Que así desaparezcan todos tus enemigos, Señor,
y los que te aman sean como el sol
cuando despunta con toda su fuerza!".
Y hubo paz en el país durante cuarenta años.

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