JUECES
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LA PENETRACIÓN DE LOS ISRAELITAS EN CANAÁN
La
ocupación progresiva de Canaán: la campaña de Judá
contra los cananeos
1:1 Después de la muerte de Josué,
los israelitas consultaron al Señor, diciendo: "¿Quién
de nosotros será el primero en subir a luchar contra los cananeos?".
1:2 El Señor respondió:
"Que suba Judá, porque yo he puesto el país en sus manos".
1:3 Entonces Judá dijo a su hermano
Simeón: "Sube conmigo al territorio que me ha tocado en suerte.
Atacaremos a los cananeos, y después yo iré contigo al territorio
que te ha sido asignado". Y Simeón lo acompañó.
1:4 Cuando Judá subió, el
Señor puso en sus manos a los cananeos y a los perizitas, y derrotaron
en Bézec a diez mil hombres.
1:5 Allí se encontraron con Adoní
Bézec, combatieron contra él y derrotaron a los cananeos y a
los perizitas.
1:6 Adoní Bézec trató
de escapar, pero ellos lo persiguieron, lo capturaron y le cortaron el dedo
pulgar de las manos y de los pies.
1:7 Entonces Adoní Bézec
exclamó: "Setenta reyes, con los pulgares de sus manos y de sus
pies cortados, recogían migajas debajo de mi mesa. Y ahora Dios me
retribuye de acuerdo con lo que hice". Luego lo llevaron a Jerusalén,
y allí murió.
1:8 La tribu de Judá atacó
a Jerusalén; la tomaron, pasaron a sus habitantes al filo de la espada
e incendiaron la ciudad.
La
conquista de Hebrón
Josué
15, 13-19
1:9
Luego la tribu de Judá fue a combatir contra los cananeos que habitaban
en la Montaña, el Négueb y la Sefelá.
1:10 Judá avanzó contra
los cananeos que habitaban en Hebrón Hebrón se llamaba antiguamente
Quiriat Arbá y derrotó a Sesai, Ajimán y Talmai.
Otoniel
conquista Debir y recibe a Acsa
Josué
15, 15-19
1:11
Desde allí subió contra los habitantes de Debir, que antes se
llamaba Quiriat Séfer.
1:12 Entonces Caleb dijo: "Al que
derrote y conquiste a Quiriat Séfer, yo le daré como esposa
a mi hija Acsá".
1:13 El que la conquistó fue Otniel,
hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb, y este le dio como esposa a su hija
Acsá.
1:14 Cuando ella llegó a la casa
de su esposo, este le sugirió que pidiera un campo a su padre. Ella
se bajó del asno, y Caleb le preguntó: "¿Qué
quieres?"
1:15 "Quiero que me hagas un regalo,
le respondió; ya que me has mandado al territorio del Négueb,
concédeme al menos un manantial". Y él le dio el manantial
de Arriba y el manantial de Abajo.
Fracaso
de Judá en el litoral marítimo
1:16 Los del clan de Jobab, el quenita,
que había sido suegro de Moisés, subieron con la tribu de Judá
desde la ciudad de las Palmeras hasta el desierto de Judá, al sur de
Arad, y se establecieron entre los amalecitas.
1:17 Judá, por su parte, se fue
con su hermano Simeón. Ellos derrotaron a los cananeos que habitaban
en Sefat y consagraron la ciudad al exterminio total; por eso, la ciudad se
llamó Jormá.
1:18 Pero Judá no pudo apoderarse
de Gaza y su territorio, ni de Ascalón y su territorio, ni de Ecrón
y su territorio.
1:19 El Señor estaba con Judá,
y este pudo ocupar la Montaña, pero no logró desposeer a los
habitantes de la llanura, porque estaban equipados con carros de hierro.
1:20 De acuerdo con
lo establecido por Moisés, Hebrón fue asignada a Caleb, y él
expulsó de allí a los tres hijos de Anac.
1:21 La tribu de Benjamín,
en cambio, no pudo desposeer a los jebuseos que habitaban en Jerusalén.
Por eso los jebuseos continúan habitando en Jerusalén con la
tribu de Benjamín, hasta el día de hoy.
La conquista de Betel
1:22 La casa de José, por su parte,
subió contra Betel, y el Señor estaba con ella.
1:23 La casa de José envió
espías a Betel -la ciudad que antiguamente se llamaba Luz-
1:24 y cuando los espías vieron
a un hombre que salía de la ciudad, le dijeron: "Muéstranos
el acceso a la ciudad, y te perdonaremos la vida".
1:25 Él les indicó el acceso
a la ciudad, y ellos pasaron a sus habitantes al filo de la espada, pero dejaron
ir a aquel hombre con toda su familia.
1:26 El hombre se dirigió al país
de los hititas, y fundó una ciudad, a la que llamó Luz. Este
es el nombre que tiene hasta el día de hoy.
Conquistas
y fracasos de las tribus del Norte
1:27 Manasés, en cambio, no pudo
adueñarse de Bet Seán y de Tanac con sus respectivas ciudades
dependientes. Tampoco desposeyó a los habitantes
de Dor, de Ibleám y de Meguido, con sus respectivas ciudades dependientes,
sino que los cananeos continuaron ocupando ese territorio.
1:28 Pero cuando Israel se hizo más
fuerte, obligó a los cananeos a pagar tributo, aunque no llegó
a desposeerlos.
1:29 Efraím
no pudo desposeer a los cananeos que habitaban en Guézer,
de manera que estos continuaron viviendo en medio de él, en Guézer.
1:30 Zabulón no desposeyó
a los habitantes de Quitrón ni a los de Nahalol: los cananeos continuaron
viviendo en medio de él, pero fueron obligados a pagar tributo.
1:31 Aser no pudo desposeer a los habitantes
de Acó, de Sidón, de Majleb, de Aczib, de Afric y de Rejob.
1:32 Por eso la tribu de Aser se estableció
en medio de los cananeos que ocupaban el país, ya que no pudieron desposeerlos.
1:33 Tampoco Neftalí pudo desposeer
a los habitantes de Bet Semes, ni a los de Bet Anát, y se estableció
en medio de los cananeos que habitaban en el país. Pero los habitantes
de Bet Semes y de Bet Anát fueron obligados a pagar tributo.
1:34 Los amorreos obligaron a la tribu
de Dan a replegarse hacia la región montañosa, impidiéndole
bajar hasta el llano.
1:35 Los amorreos pudieron permanecer
en Har Jéres, en Aialón y en Salbím, pero cuando la casa
de José afianzó su poder, fueron obligados a pagar tributo.
1:36 En cuanto a los edomitas, su frontera
se extiende desde la cuesta de Acrabím, a partir de la Roca, y continúa
hacia arriba.
Oráculo
del Señor en Bojím
2:1 El Ángel del Señor subió
de Guilgal a Bojím y dijo: "Yo los hice subir de Egipto y los
introduje en la tierra que prometí a sus padres con un juramento. También
dije: 'Jamás quebrantaré mi alianza con ustedes.
2:2 Pero ustedes no harán ninguna
alianza con los habitantes de este país y destruirán sus altares'.
A pesar de eso, no escucharon mi voz. ¿Por qué han obrado así?
2:3 Por eso les digo: 'No expulsaré
a esos pueblos delante de ustedes: ellos no dejarán de hostigarlos,
y sus dioses serán una trampa para ustedes'".
2:4 Y mientras el Ángel del Señor
dirigía estas palabras a los israelitas, el pueblo se puso a llorar
a gritos.
2:5 Por eso llamaron a aquel lugar Bojím
que significa "los que lloran" y ofrecieron allí sacrificios
al Señor.
VISIÓN DE CONJUNTO SOBRE EL PERÍODO DE LOS JUECES
La
muerte de Josué y de su generación
Josué
24, 29-31
2:6
Josué despidió al pueblo, y los israelitas se fueron cada uno
a su herencia, para tomar posesión del país.
2:7 El pueblo sirvió al Señor
mientras vivió Josué, y durante toda la vida de los ancianos
que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor
en favor de Israel.
2:8 Josué, hijo de Nun, el servidor
del Señor, murió a la edad de ciento diez años.
2:9 Lo enterraron en el territorio de
su propiedad, en Timnat Séraj,
en la montaña de Efraím, al norte del monte Gaás.
2:10 Y cuando toda aquella generación
fue a reunirse con sus padres, surgió una nueva generación que
no conocía al Señor ni la obra que había hecho en favor
de Israel.
El
castigo divino a la infidelidad de Israel
2:11 Los israelitas hicieron lo que es
malo a los ojos del Señor
y sirvieron a los Baales.
2:12 Abandonaron al Señor, el Dios
de sus padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás
de otros dioses los dioses de los pueblos vecinos y se postraron
delante de ellos, provocando así la indignación del Señor.
2:13 Abandonaron al Señor para
servir a Baal y a Astarté.
2:14 Por eso, la ira del Señor
se encendió contra Israel: él los puso en manos de salteadores,
que los despojaron; los entregó a los enemigos
que
tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles resistencia.
2:15 En todas las campañas, la
mano del Señor se ponía en contra de ellos para hacerles mal,
como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así se encontraron
en una situación muy angustiosa.
Los
Jueces, salvadores de Israel
2:16 Entonces el Señor suscitaba
jueces, que salvaban a los israelitas del poder de los salteadores.
2:17 Pero los israelitas no escuchaban
a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros
dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del
camino seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos
del Señor. Ellos, en cambio, no hacían lo mismo.
2:18 Cuando el Señor les suscitaba
jueces, estaba con el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras
vivía el juez, porque se compadecía de los gemidos que les provocaban
sus opresores y perseguidores.
2:19 Pero cuando moría el juez,
volvían a pervertirse más aún que sus antepasados: iban
detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos,
sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta obstinada.
La
permanencia de las naciones paganas
2:20 La ira del Señor se encendió
contra Israel, y él dijo: "Ya que este pueblo ha quebrantado mi
alianza, la que yo prescribí a sus padres, y no ha escuchado mi voz,
2:21 tampoco yo arrojaré de su
presencia a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió".
2:22 Esto lo hacía para probar
a Israel por medio de ellas, y para ver si seguían el camino del Señor,
como lo habían seguido sus padres.
2:23 Por eso el Señor, en lugar
de expulsar inmediatamente a esas naciones, las dejó en paz y no las
entregó en manos de Josué.
Los
pueblos que subsistieron
3:1 El Señor dejó que sobrevivieran
algunas naciones, para poner a prueba por medio de ellas a Israel, a todos
aquellos que no habían intervenido en las guerras de Canaán.
3:2 Lo hizo solamente para enseñar
a combatir a los que no lo habían hecho antes, es decir, a las nuevas
generaciones de israelitas.
3:3 Esas naciones son las siguientes:
los filisteos con sus cinco príncipes y todos los cananeos, los sidonios
y los hititas que habitaban en la montaña del Líbano, desde
el monte de Baal Hermón hasta la Entrada de Jamat.
3:4 Estas naciones sirvieron para probar
a Israel, y ver si era fiel a los mandamientos que el Señor había
dado a sus padres por medio de Moisés.
3:5 Por eso los israelitas
tuvieron que vivir en medio de los cananeos, los hititas, los amorreos, los
perizitas, los jivitas y los jebuseos.
3:6 Ellos se casaron con mujeres de estos
pueblos, les dieron por esposas a sus propias hijas, y sirvieron a sus dioses.
HISTORIA FRAGMENTARIA Y ANECDÓTICA DE LOS JUECES
Otniel,
vencedor de Edóm
3:7 Los israelitas hicieron lo que es
malo a los ojos del Señor: se olvidaron del Señor, su Dios,
y sirvieron a los Baales y a las Aserás.
3:8 La ira del Señor se encendió
contra Israel, y los entregó a Cusán Riseataim, rey de Edóm,
a quien estuvieron sometidos durante ocho años.
3:9 Los israelitas clamaron al Señor,
y él hizo surgir un salvador que los libró. Este fue Otniel,
hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb.
3:10 El espíritu del Señor
descendió sobre Otniel: él fue juez en Israel y salió
a combatir. El Señor entregó en sus manos a Cusán Riseataim,
rey de Edóm, y su mano prevaleció sobre él.
3:11 Así hubo paz en el país
durante cuarenta años. Después murió Otniel, hijo de
Quenaz.
Ehúd,
vencedor de Moab
3:12 Los israelitas volvieron a hacer
lo que es malo a los ojos del Señor. Entonces el Señor dio poder
a Eglón, rey de Moab,
sobre Israel, porque ellos hacían lo que es malo a los ojos del Señor.
3:13 Después de aliarse con los
amonitas y los amalecitas, Eglón atacó y derrotó a Israel,
y se apoderó de la ciudad de las Palmeras.
3:14 Así los israelitas estuvieron
sometidos a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años.
3:15 Los israelitas clamaron al Señor,
y él hizo surgir como salvador a Ehúd, hijo de Guerá,
de la tribu de Benjamín, que era zurdo. Ellos le encargaron que llevara
el tributo a Eglón, rey de Moab.
3:16 Ehúd se hizo un puñal
de doble filo de un codo de largo, y se lo ciñó debajo de la
ropa, sobre el lado derecho.
3:17 Luego fue a presentar el tributo
a Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy obeso.
3:18 Apenas terminó de presentar
el tributo, Ehúd despidió a la gente que había transportado
la carga,
3:19 y él, al llegar a los Ídolos
que están junto a Guilgal, volvió a presentarse delante del
rey y le dijo: "Rey, tengo que comunicarte un asunto confidencial".
El rey dijo: "Retírense todos". Y todos los que estaban con
él salieron de su presencia.
3:20 Cuando entró Ehúd,
el rey se encontraba en la habitación de arriba, que era más
fresca y estaba reservada para él solo. Ehúd le dijo: "Tengo
que comunicarte un oráculo divino". El rey se levantó de
su trono.
3:21 Entonces Ehúd extendió
su mano izquierda, tomó el puñal que llevaba sobre el lado derecho,
y lo clavó en el vientre del rey.
3:22 La hoja se hundió hasta le
empuñadura y quedó totalmente cubierta por la grasa, porque
Ehúd no extrajo el puñal del vientre.
3:23 Después de atrancar las puertas
de la habitación alta, Ehúd salió por la ventana.
3:24 En seguida, llegaron los servidores
y vieron que las puertas de la habitación alta estaban atrancadas.
Entonces dijeron: "Seguramente está haciendo sus necesidades en
la habitación ventilada".
3:25 Esperaron hasta cansarse y al ver
que no abría la puerta, tomaron la llave, abrieron y encontraron a
su señor muerto en el suelo.
3:26 Mientras ellos esperaban ansiosamente,
Ehúd había logrado escapar: después de pasar por el lugar
llamado los Ídolos, se había puesto a salvo en Seirá.
3:27 Apenas llegó al territorio
de Israel, tocó el cuerno en la montaña de Efraím y los
israelitas bajaron de la montaña junto con él. Ehúd iba
al frente,
3:28 y les dijo: "Síganme,
porque el Señor les ha entregado a Moab, el enemigo de ustedes".
Ellos lo siguieron, ocuparon los vados del Jordán que estaban en Moab,
y no dejaron pasar a nadie.
3:29 En aquella ocasión derrotaron
a los moabitas, que eran cerca de diez mil hombres, todos fuertes y aguerridos.
No pudo escapar ni uno solo.
3:30 Así fue humillado Moab bajo
la mano de Israel, y hubo paz en el país durante ochenta años.
Samgar, vencedor de los filisteos
3:31 Después de él vino
Samgar, hijo de Anat, que derrotó a seiscientos filisteos con una picana
de bueyes. Él también salvó a Israel.
Débora
y Barac: la opresión de los cananeos
4:1 Después que murió Ehúd,
los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los ojos del Señor,
4:2 y él los entregó en
manos de Iabín, rey de Canaán, que reinaba en Jasor. El jefe
de su ejército era Sísara,
que vivía en Jaróset Ha Goím.
4:3 Los israelitas clamaron al Señor,
porque Iabín tenía novecientos carros de hierro y había
oprimido duramente a los israelitas durante veinte años.
4:4 En aquel tiempo, juzgaba a Israel
una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot.
4:5 Ella se sentaba debajo de la palmera
de Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím,
y los israelitas acudían a ella para resolver sus litigios.
4:6 Débora mandó
llamar de Quédes de Neftalí a Barac,
hijo
de Abinóam, y le dijo: "El Señor, el Dios de Israel, te
ordena lo siguiente: 'Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de
la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón.
4:7 Yo atraeré hacia ti, al torrente
Quisón,
a Sísara, jefe del ejército de Iabín, con sus carros
y sus tropas, y los pondré en tus manos'".
4:8 Barac le respondió: "Si
tú vienes conmigo, iré; pero si no vienes, no iré".
4:9 Ella le dijo: "Yo iré
contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender
no será para ti, porque el Señor pondrá a Sísara
en manos de una mujer". Débora fue a Quédes junto con Barac,
4:10 y él convocó en Quédes
a Zabulón y a Neftalí. Lo siguieron diez mil hombres, y también
Débora subió con él.
4:11 Jéber, el quenita, se había
separado de Caín, de los descendientes de Jobab, el suegro de Moisés,
y había extendido su campamento hasta la encina de Saananím,
cerca de Quédes.
La
derrota y la muerte de Sísara
4:12 Cuando informaron a Sísara
que Barac, hijo de Abinóam, había subido al monte Tabor,
4:13 aquel reunió todos sus carros
de guerra novecientos carros de hierro y a toda la gente de que
disponía, y los condujo desde Jaróset Ha Goím hasta el
torrente de Quisón.
4:14 Débora dijo a Barac: "Levántate,
porque ha llegado el día en que el Señor pondrá en tus
manos a Sísara. El Señor va delante de ti". Entonces Barac
bajó del monte Tabor, al frente de los diez mil hombres,
4:15 y el Señor hizo que Sísara,
todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de
Barac. Sísara se bajó de su carro de guerra y huyó a
pie.
4:16 Barac persiguió a los carros
y al ejército hasta Jaróset Ha Goím, y todo el ejército
de Sísara cayó al filo de la espada. No quedó ni un solo
sobreviviente.
4:17 Mientras tanto, Sísara huyó
a pie hasta la carpa de Jael, la esposa de Jéber, el quenita, porque
Iabín, rey de Jasor, y el clan de Jéber, el quenita, estaban
en buenas relaciones.
4:18 Jael le salió al encuentro
y le dijo: "Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas".
Él entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta.
4:19 Él le dijo: "Por favor,
dame un poco de agua, porque tengo sed". Ella abrió un recipiente
donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir.
4:20 Él le siguió diciendo:
"Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y te pregunta:
'¿Hay aquí algún hombre?', respóndele que no".
4:21 Pero Jael, la esposa de Jéber,
sacó una estaca de la carpa, tomó en su mano un martillo y,
acercándose a él sigilosamente, le clavó la estaca en
la sien, hasta hundirla en la tierra. Sísara estaba profundamente dormido,
agotado por el cansancio. Cuando ya estaba muerto,
4:22 llegó Barac, que venía
persiguiendo a Sísara. Jael le salió al encuentro y le dijo:
"Ven y te mostraré al hombre que buscas". Él entró
junto con ella, y vio a Sísara que yacía muerto, con la estaca
clavada en la sien.
4:23 Así humilló Dios aquel
día a Iabín, rey de Canaán, delante de los israelitas.
4: 24 El dominio de los israelitas sobre
Iabín, rey de Canaán, se fue haciendo cada vez más fuerte,
hasta que lo exterminaron por completo.
El
canto de Débora y Barac: Preludio
5:1 Aquel día, Débora y
Barac entonaron este canto:
5:2 "Porque en Israel van con los
cabellos sueltos,
porque el pueblo se ofreció voluntariamente,
¡bendigan al Señor!
5:3 ¡Escuchen, reyes! ¡Presten
oído, príncipes!
Yo voy a cantar, voy a cantar al Señor,
celebraré al Señor, el Dios de Israel.
5:4 Señor, cuando tú saliste
de Seír,
cuando avanzabas desde las estepas de Edóm,
tembló la tierra, fluyeron los cielos,
y hasta las nubes se deshicieron en torrentes;
5:5 se diluyeron las
montañas,
delante del Señor el del Sinaí
delante del Señor, el Dios de Israel.
La
situación de Israel antes de la batalla
5:6 En los días de Samgar, hijo
de Anat,
en los días de Jael, estaban desiertos los caminos;
los que antes iban por los senderos
tomaban por sendas desviadas.
5:7 Ya no había más jefes,
no había ni uno solo en Israel,
hasta que te levantaste tú, Débora,
hasta que te levantaste tú, madre en Israel.
5:8 La gente elegía dioses nuevos,
la guerra ya estaba a las puertas;
no se veía ni un escudo ni una lanza
entre cuarenta mil hombres de Israel.
Invitación
a celebrar la victoria
5:9 Mi corazón está con
los caudillos de Israel,
con los voluntarios del pueblo.
¡Bendigan al Señor!
5:10 Ustedes, los que cabalgan en asnas
blancas,
montados sobre tapices,
y los que marchan por el camino, ¡atiendan bien!
5:11 ¡Escuchen a los arqueros
junto a los pozos de agua!
Allí se narran los actos de justicia del Señor,
las gestas de su dominio en Israel,
cuando el pueblo del Señor bajó a las Puertas.
Las
tribus reunidas para el combate
5:12 ¡Despierta, Débora,
despierta!
¡Sí, despierta, entona un canto!
¡Arriba, Barac,
llévate a tus cautivos, hijo de Abinóam!
5:13 Entonces bajó el resto de
los nobles,
el pueblo del Señor bajó en mi defensa con los héroes.
5:14 Lo mejor de Efraím está
en el valle,
detrás de ti va Benjamín, entre tus tropas.
De Maquir bajaron los caudillos,
y de Zabulón, los que empuñan el bastón de mando.
5:15 Los príncipes de Isacar están
con Débora:
sí, Isacar, firme junto a Barac,
se lanza tras sus pasos en el valle.
Junto a los arroyos de Rubén
hay grandes deliberaciones.
Reproches
contra las tribus no combatientes
5:16
¿Por qué estás sentado entre los corrales,
oyendo los silbidos de los que arrean los rebaños?
Junto a los arroyos de Rubén
se hacen muchas indagaciones.
5:17 Galaad vive tranquilo al otro lado
del Jordán
y Dan ¿por qué se queda en las naves?
Aser habita a la orilla del mar
y vive tranquilo en sus embarcaderos.
Elogio
de Zabulón y Neftalí
5:18 Zabulón es un pueblo que desafía
a la muerte,
igual que Neftalí, sobre las alturas del campo.
El
relato de la batalla
5:19 Llegaron los reyes al combate:
entonces combatieron los reyes de Canaán,
en Taanac, junto a las aguas de Meguido,
pero no recogieron plata como botín.
5:20 Desde el cielo combatieron las estrellas,
desde sus órbitas combatieron contra Sísara.
5:21 ¡El torrente Quisón
los arrastró,
el antiguo torrente, el torrente Quisón!
¡Avanza, alma mía, con denuedo!
5:22 Los cascos de los caballos
martillaron el suelo, al galope, al galope de sus corceles.
5:23 ¡Maldigan a Meroz, dice el
Ángel del Señor,
sí, maldigan a sus habitantes!
Porque no acudieron en auxilio del Señor,
en auxilio del Señor, junto a los héroes.
La
muerte de Sísara
5:24 ¡Bendita entre las mujeres
sea Jael,
la mujer de Jéber, el quenita!
¡Bendita entre las mujeres que habitan en carpas!
5:25 Sísara pidió agua,
ella le dio leche,
le ofreció cuajada en taza de príncipes.
5:26 Extendió su mano hacia la
estaca,
y su derecha, hacia el martillo de los trabajadores;
martilló a Sísara, le partió la cabeza,
le machacó y le atravesó la sien.
5:27 Él se desplomó a sus
pies,
cayó y quedó tendido;
se desplomó, cayó a sus pies,
allí donde se desplomó, yace aniquilado.
La
consternación de la madre de Sísara
5:28 La madre de Sísara se asoma
por la ventana,
a través del enrejado, y se lamenta:
'¿Por qué tarda en llegar su carro?
¿Por qué se han retrasado sus carros de combate?'.
5:29 La más sagaz de sus princesas
le responde,
y ella misma se repite estas palabras:
5:30 'Seguro que están recogiendo
y repartiendo el botín;
una cautiva, dos cautivas para cada guerrero,
paños de colores como botín para Sísara,
una tela, dos telas recamadas para mi cuello'.
Conclusión
5:31 ¡Que así desaparezcan
todos tus enemigos, Señor,
y los que te aman sean como el sol
cuando despunta con toda su fuerza!".
Y hubo paz en el país durante cuarenta años.