JUECES
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Gedeón
y Abimélec: la opresión de los madianitas
6:1
Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor, y él
los entregó en manos de Madián durante siete años.
6:2 Los madianitas oprimieron a Israel,
y para librarse de ellos, los israelitas se hicieron escondites en las cuevas
de las montañas, en las cavernas y en los lugares escarpados.
6:3 Cada vez que Israel sembraba, venían
los madianitas, los amalecitas y los Orientales, y los invadían.
6:4 Acampaban frente a ellos y destruían
los productos del suelo hasta los confines de Gaza. No dejaban víveres,
ovejas, bueyes ni asnos en Israel,
6:5 porque subían con su ganado
y sus tiendas de campaña, y eran numerosos como langostas. Tanto ellos
como sus camellos eran incontables, y entraban en el país para devastarlo.
6:6 Israel quedó muy debilitado
a causa de Madián, y los israelitas clamaron al Señor.
Intervención
de un profeta
6:7 Cuando los israelitas clamaron al
Señor a causa de Madián,
6:8 el Señor les envió un
profeta, que les habló en estos términos: "Así habla
el Señor, el Dios de Israel: Yo los hice subir de Egipto y los saqué
de un lugar de esclavitud;
6:9 los libré del poder de los
egipcios y de las manos de sus opresores. Los expulsé a ellos para
entregarles a ustedes su territorio.
6:10 Y también les dije: 'Yo soy
el Señor, su Dios. No adoren a los dioses de los amorreos, en cuyo
territorio habitan'. Pero ustedes no escucharon mi voz".
Vocación
de Gedeón
6:11 El Ángel del Señor
fue a sentarse bajo la encina de Ofrá, que pertenecía a Joás
de Abiézer. Su hijo Gedeón
estaba moliendo trigo en el lagar, para ocultárselo a los madianitas.
6:12 El Ángel del Señor
se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo,
valiente guerrero".
6:13 "Perdón, señor,
le respondió Gedeón; pero si el Señor está con
nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde
están todas esas maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando
nos decían: 'El Señor nos hizo subir de Egipto'? Pero ahora
él nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián".
6:14 El Señor se volvió
hacia él y le dijo: "Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel
del poder de los madianitas. Soy yo el que te envío".
6:15 Gedeón le respondió:
"Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a salvar yo
a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el
más joven en la casa de mi padre?".
6:16 "Yo estaré contigo, le
dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si
fuera un solo hombre".
6:17 Entonces Gedeón respondió:
"Señor, si he alcanzado tu favor, dame una señal de que
eres realmente tú el que está hablando conmigo.
6:18 Te ruego que no te muevas de aquí
hasta que yo regrese. En seguida traeré mi ofrenda y la pondré
delante de ti". El Señor le respondió: "Me quedaré
hasta que vuelvas".
6:19 Gedeón fue a cocinar un cabrito
y preparó unos panes sin levadura con una medida de harina. Luego puso
la carne en una canasta y el caldo en una olla; los llevó debajo de
la encina y se los presentó.
6:20 El Ángel del Señor
le dijo: "Toma la carne y los panes ácimos, deposítalos
sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo". Así lo hizo Gedeón.
6:21 Entonces el Ángel del Señor
tocó la carne y los panes ácimos con la punta del bastón
que llevaba en la mano, y salió de la roca un fuego que los consumió.
En seguida el Ángel del Señor desapareció de su vista.
6:22 Gedeón reconoció entonces
que era el Ángel del Señor, y exclamó: "¡Ay
de mí, Señor, porque he visto cara a cara al Ángel del
Señor!".
6:23 Pero el Señor le respondió:
"Quédate en paz. No temas, no morirás".
6:24 Gedeón erigió allí
un altar al Señor y lo llamó: "El Señor es la paz".
Todavía hoy se encuentra ese altar en Ofrá de Abiézer.
Destrucción
del altar del Baal
25 Aquella misma noche, el Señor dijo a Gedeón: "Toma el
novillo de tu padre y otro toro de siete años. Luego destruirás
el altar del Baal que pertenece a tu padre y cortarás el poste sagrado
que está junto a él.
6:26 Después edificarás
al Señor, tu Dios, en la cima de esta altura escarpada, un altar muy
bien construido. Entonces tomarás el otro toro y lo ofrecerás
en holocausto, con la leña del poste sagrado".
6:27 Gedeón reunió a diez
de sus servidores e hizo lo que el Señor le había dicho. Pero
por temor a su familia y a la gente de la ciudad, en lugar de hacerlo de día,
lo hizo durante la noche.
6:28 A la mañana siguiente, toda
la gente vio que el altar del Baal estaba destruido y que habían cortado
el poste sagrado que estaba junto a él. Vieron también que un
novillo había sido ofrecido en holocausto sobre el altar que acababa
de ser edificado.
6:29 Entonces se preguntaron: "¿Quién
habrá hecho esto?". Después de averiguarlo, supieron que
había sido Gedeón, el hijo de Joás.
6:30 En seguida dijeron a Joás:
"Trae aquí a tu hijo. ¡Él debe morir, porque ha derribado
el altar del Baal y ha cortado el poste sagrado que estaba junto a él!".
6:31 Pero Joás respondió
a los que estaban delante de él: "¿Acaso a ustedes les
corresponde defender al Baal? ¿Son ustedes los que tienen que salvarlo?
Si Baal es Dios, que se defienda solo, ya que Gedeón derribó
su altar. El que pretenda defenderlo, morirá antes del amanecer".
6:32 Por eso, a partir de ese momento,
Gedeón se llamó Ierubaal, porque decían: "¡Que
Baal se defienda de él, ya que él derribó su altar!".
Preparativos para el combate
6:33 Todo Madián, Amalec y los
Orientales se reunieron de común acuerdo, cruzaron el Jordán
y acamparon en la llanura de Izreel.
6:34 Entonces el espíritu del Señor
descendió sobre Gedeón: él tocó la trompeta, y
los de Abiézer se reunieron detrás de él.
6:35 Envió mensajeros por todo
el territorio de Manasés, y ellos también se le unieron. Lo
mismo hizo en Aser, en Zabulón y en Neftalí, y todos ellos acudieron
al encuentro.
La
prueba del vellón de lana
6:36 Gedeón dijo a Dios: "Si
realmente vas a salvar a Israel por mi intermedio, como lo has prometido,
concédeme esto:
6:37 Yo voy a tender un vellón
de lana sobre la era; si cae rocío solamente sobre el vellón,
y todo el resto queda seco, sabré que tú salvarás a Israel
por mi intermedio, como lo has dicho".
6:38 Así sucedió: Gedeón
se levantó de madrugada, exprimió el vellón para sacarle
el rocío y llenó con él una copa de agua.
6:39 Después dijo a Dios: "No
te enojes conmigo si me atrevo a hablarte nuevamente. Quisiera hacer otra
prueba con el vellón: Que sólo el vellón quede seco y
todo el suelo se cubra de rocío".
6:40 Así lo hizo Dios aquella noche:
sólo el vellón quedó seco, mientras que el suelo estaba
cubierto de rocío.
La
reducción del ejército de Gedeón
7:1 A la mañana siguiente, Ierubaal
es decir, Gedeón se levantó de madrugada con la
gente que lo acompañaba, y acamparon en En Jaród. Madián
había acampado más al norte, al pie de la colina de Moré,
sobre el valle.
7:2 Entonces el Señor dijo a Gedeón:
"La gente que te acompaña es demasiado numerosa para que yo ponga
a Madián en sus manos. No quiero que Israel se gloríe a expensas
mías, diciendo: 'Es mi mano la que me salvó'.
7:3 Por eso, proclama a oídos del
pueblo: 'El que tenga miedo o tiemble, que se vuelva'".
Así Gedeón los puso a prueba, y veintidós mil hombres
se volvieron, quedando sólo diez mil.
7:4 Luego el Señor dijo a Gedeón:
"Hay todavía demasiada gente; ordénales que bajen hasta
el borde del agua, y allí te los pondré a prueba. Irán
contigo solamente los que yo te indique; los otros no te acompañarán".
7:5 Gedeón hizo que la gente bajara
hasta el agua, y el Señor le dijo: "A todos los que beban con
la lengua, como lamen los perros, los pondrás de un lado; y a todos
los que se arrodillen para beber, los pondrás del otro".
7:6 Los que lamieron el agua llevándosela
a la boca, fueron trescientos; el resto de la tropa, en cambio, se arrodilló
para beber.
7:7 El Señor dijo a Gedeón:
"Yo los voy a salvar con estos trescientos hombres y pondré a
Madián en tus manos. Que el grueso de la tropa regrese cada uno a su
casa".
7:8 Los trescientos hombres recogieron
los cántaros de toda la tropa, y también sus trompetas, mientras
Gedeón despedía a los otros israelitas, quedándose sólo
con esos trescientos. El campamento de Madián estaba en el valle, debajo
del suyo.
Presagio
de la victoria
7:9 Aquella noche, el Señor dijo
a Gedeón: "Baja ahora mismo contra el campamento de Madián,
porque lo he puesto en tus manos.
7:10 Si tienes miedo de atacar, baja tú
primero con tu servidor Purá
7:11 y escucha lo que dicen. Así
tendrás valor y atacarás el campamento". Gedeón
bajó acompañado de Purá, su servidor, hasta el extremo
del campamento, donde estaban los puestos de guardia.
7:12 Madián, Amalec y todos los
Orientales que habían irrumpido en el valle eran numerosos como langostas,
y sus camellos eran incontables, como la arena de la playa.
7:13 Cuando llegó Gedeón,
oyó que un hombre le estaba contando un sueño a su compañero.
"Tuve un sueño, le decía; vi que una galleta de cebada
venía rodando por el campamento de Madián. Al llegar a una carpa,
chocó contra ella y la volteó, de manera que la carpa cayó
por tierra".
7:14 Su compañero le respondió:
"Esto no significa otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de
Joás, el hombre de Israel. Dios ha puesto en sus manos a Madián
y todo su campamento".
7:15 Cuando Gedeón oyó el
relato del sueño y su interpretación, se postró para
adorar. Luego regresó al campamento de Israel, y dijo: "¡Arriba!
El Señor ha puesto en manos de ustedes el campamento de Madián".
Derrota
y persecución de Madián
7:16 Gedeón dividió a los
trescientos hombres en tres cuerpos, y distribuyó entre ellos trompetas
y cántaros vacíos, con antorchas dentro de los cántaros.
7:17 Después dijo: "Fíjense
bien en lo que yo hago, y hagan ustedes lo mismo. Cuando llegue al extremo
del campamento, hagan lo mismo que yo.
7:18 Yo y todos mis compañeros
tocaremos las trompetas; entonces también ustedes tocarán las
trompetas alrededor del campamento y gritarán: '¡Por el Señor
y por Gedeón!'".
7:19 Gedeón y los cien hombres
que lo acompañaban llegaron al extremo del campamento al comienzo de
la guardia de la medianoche. Cuando se acababa de hacer el relevo de los centinelas,
ellos tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que llevaban en
la mano.
7:20 Los tres cuerpos de la tropa hicieron
lo mismo. Tenían las antorchas en la mano izquierda, y con la derecha
tocaban las trompetas. Y todos gritaban: "¡Por el Señor
y por Gedeón!".
7:21 Cada uno permanecía quieto
en su respectivo lugar, alrededor del campamento. Entonces se despertó
todo el campamento, y se dieron a la fuga lanzando alaridos.
7:22 Mientras los trescientos hombres
tocaban las trompetas, el Señor hizo que en todo el campamento volvieran
la espada unos contra otros. La tropa huyó hasta Bet Sitá, hacia
Sartán, hasta la orilla de Abel Mejolá, frente a Tabat.
7:23 Entonces se reunieron los hombres
de Israel, procedentes de Neftalí, de Aser y de todo Manasés,
y persiguieron a Madián.
7:24 Gedeón envió mensajeros
por toda la montaña de Efraím, para que dijeran: "Bajen
al encuentro de Madián y ocupen antes que ellos los vados hasta Bet
Bará y el Jordán". Los hombres de Efraím se reunieron
y ocuparon los vados hasta Bet Bará y el Jordán.
7:25 Así tomaron
prisioneros a los dos jefes madianitas, Oreb y Zeeb;
al primero lo mataron en la peña de Oreb, y al segundo, en el lagar
de Zeeb. Luego de perseguir a Madián, presentaron a Gedeón,
que estaba al otro lado del Jordán, las cabezas de Oreb y Zeeb.
Reproche
de Efraím a Gedeón
8:1 La gente de Efraím dijo a Gedeón:
"¿Qué nos has hecho? ¿Por qué no nos llamaste
cuando fuiste a combatir contra Madián?". Y se lo reprocharon
violentamente.
8:2 Pero él les respondió:
"¿Qué hice yo comparado con lo que hicieron ustedes? Un
solo racimo de Efraím vale más que toda la vendimia de Abiézer.
8:3 Dios puso en manos de ustedes a los
jefes de Madián, Oreb y Zeeb. Comparado con esto, ¿qué
he logrado hacer yo?". Después que les dijo estas palabras, se
calmó su animosidad contra él.
Persecución
y derrota de Zébaj y Salmuná
8:4 Gedeón llegó hasta el
Jordán y lo cruzó. Él y los trescientos hombres que lo
acompañaban estaban cansados y hambrientos.
8:5 Entonces dijo a la gente de Sucot:
"Por favor, traigan un poco de pan para la tropa que me acompaña,
porque están agotados de cansancio, y yo estoy persiguiendo a Zébaj
y a Salmuná, reyes de Madián".
8:6 Pero los jefes de Sucot le respondieron:
"¿Acaso tienes prisioneros a Zébaj y a Salmuná para
que le demos pan a tu ejército?"
8:7 "Está bien, respondió
Gedeón; cuando el Señor ponga en mis manos a Zébaj y
a Salmuná, desgarraré la carne de ustedes con espinas y cardos
del desierto".
8:8 De allí subió a Penuel
y les hizo el mismo pedido. Pero la gente de Penuel le respondió lo
mismo que la gente de Sucot.
8:9 Entonces Gedeón dijo a los
de Penuel: "Cuando vuelva victorioso, derribaré esta torre".
8:10 Zébaj y Salmuná estaban
en Carcor con su ejército. Eran unos quince mil hombres, es decir,
todos los sobrevivientes del campamento de los Orientales. Los que habían
caído eran ciento veinte mil armados de espada.
8:11 Gedeón subió por el
camino de los nómadas, al este de Nóbaj y de Iogbohá,
y derrotó al ejército, cuando ya se creían seguros.
8:12 Zébaj y
Salmuná,
reyes de Madián, trataron de huir, pero Gedeón los persiguió,
los capturó a los dos y sembró el pánico en todo el ejército.
La
venganza de Gedeón
8:13 Después del combate, Gedeón,
hijo de Joás, regresó por la pendiente de Jares.
8:14 Entonces detuvo a un joven de Sucot,
lo interrogó, y él le dio por escrito los nombres de los jefes
y los ancianos de Sucot. Eran setenta y siete hombres.
8:15 Luego se presentó ante los
hombres de Sucot y les dijo: "Aquí están Zébaj y
Salmuná, los hombres por los que ustedes se burlaron de mí,
diciendo: '¿Acaso ya tienes en tu poder a Zébaj y Salmuná
para que les demos pan a tus tropas hambrientas?'"
8:16 Después tomó a los
ancianos de la ciudad, recogió espinas y cardos del desierto e hirió
con ellos a los hombres de Sucot.
8:17 También derribó la
torre de Penuel y mató a los hombres de la ciudad.
8:18 Gedeón dijo a Zébaj
y a Salmuná: "¿Cómo eran los hombres que ustedes
mataron en el Tabor?". "Se parecían a ti, respondieron ellos;
todos tenían aspecto de príncipes".
8:19 Gedeón les respondió:
"Ellos eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Juro por la vida
del Señor, que si ustedes les hubieran perdonado la vida, ahora no
los mataría!".
8:20 Entonces dijo a Iéter, su
hijo mayor: "Mátalos aquí mismo". Pero el muchacho
tuvo miedo de sacar la espada, porque todavía era muy joven.
8:21 Zébaj y Salmuná dijeron:
"Mátanos tú, porque un hombre se mide por su valor".
Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmuná,
y se guardó los adornos que sus camellos llevaban en el cuello.
Propuesta
de los israelitas a Gedeón
8:22 Los hombres de Israel dijeron a Gedeón:
"Gobiérnanos tú, y que después de ti nos gobiernen
tu hijo y tu nieto, porque nos salvaste del poder de Madián".
8:23 Pero Gedeón les respondió:
"Ni yo los gobernaré ni tampoco mi hijo; sólo el Señor
los gobernará".
8:24 Luego añadió: "Les
voy a pedir una cosa: que cada uno me dé un anillo de lo que le ha
tocado como botín". Porque los vencidos eran ismaelitas, y por
eso tenían anillos de oro.
8:25 "Te los daremos con mucho gusto",
respondieron ellos. Entonces él extendió su manto, y cada israelita
depositó en él un anillo de su botín.
8:26 El peso de los anillos que recogió
fue de mil setecientos siclos de oro, sin contar los prendedores, los aros
y los vestidos de púrpura que llevaban los reyes de Madián,
y sin contar tampoco los collares de los camellos.
8:27 Con todo eso, Gedeón hizo
un efod, y lo instaló en su ciudad, en Ofrá. Todo Israel fue
a prostituirse allí, delante del efod, que se convirtió en una
trampa para Gedeón y su familia.
Muerte
de Gedeón
8:28 Madián quedó humillado
delante de los israelitas, y no volvió a levantar cabeza. El país
estuvo tranquilo durante cuarenta años, mientras vivió Gedeón.
8:29 Ierubaal, hijo de Joás, se
fue y permaneció en su casa.
8:30 Gedeón tuvo setenta hijos
propios, porque tenía muchas mujeres.
8:31 La concubina que tenía en
Siquém también le dio un hijo, a quien puso el nombre de Abimélec.
8:32 Gedeón, hijo de Joás,
murió después de una feliz vejez, y fue enterrado en la tumba
de su padre Joás, en Ofrá de Abiézer.
Nuevas
infidelidades de Israel
8:33 Después de la muerte de Gedeón,
los israelitas volvieron a prostituirse ante los Baales y tomaron como dios
a Baal Berit.
8:34 Así se olvidaron del Señor,
su Dios, que los había librado de todos los enemigos de alrededor.
8:35 Y no agradecieron a la casa de Ierubaal
Gedeón todo el bien que él había hecho a Israel.
La
coronación de Abimélec
9:1 Abimélec, hijo de Ierubaal,
fue a Siquém, donde estaban los hermanos de su madre, y les dijo a
ellos y a todo el clan de la casa paterna de su madre:
9:2 "Digan a todos los señores
de Siquém: '¿Qué es mejor para ustedes, que los gobiernen
setenta hombres todos los hijos de Ierubaal o que los gobierne uno solo?
Recuerden además que yo soy de la misma sangre que ustedes'".
9:3 Los hermanos de su madre comunicaron
estas palabras de Abimélec a los señores de Siquém, y
estos se pusieron de parte de él, porque decían: "Es nuestro
hermano".
9:4 Luego le dieron setenta siclos de
plata del templo de Baal Berit, con los que Abimélec contrató
a unos hombres vagos y aventureros, que le sirvieron de escolta.
9:5 En seguida entró en la casa
de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los setenta hijos
de Ierubaal, sobre una misma piedra. Sólo escapó Jotám,
el hijo menor de Ierubaal, porque logró esconderse.
9:6 Entonces se reunieron todos los señores
de Siquém y todo Bet Miló, y fueron a proclamar rey a Abimélec,
junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en Siquém.
La
fábula de Jotám
9:7 Cuando le llevaron la noticia a Jotám,
este se puso en la cima del monte Garizím, y gritó con voz potente:
"Escúchenme, señores de Siquém, y que Dios los escuche
a ustedes:
9:8 Los árboles se pusieron en
camino
para ungir a un rey que los gobernara.
Entonces dijeron al olivo: 'Sé tú nuestro rey'.
9:9 Pero el olivo les respondió:
'¿Voy a renunciar a mi aceite
con el que se honra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme por encima de los árboles?'.
9:10 Los árboles dijeron a la higuera:
'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
9:11 Pero la higuera les respondió:
'¿Voy a renunciar a mi dulzura
y a mi sabroso fruto,
para ir a mecerme por encima de los árboles?'
9:12 Los árboles le dijeron a la
vid: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
9:13 Pero la vid les respondió:
'¿Voy a renunciar a mi mosto
que alegra a los dioses y a los hombres,
para ir a mecerme por encima de los árboles?'.
9:14 Entonces, todos los árboles
dijeron a la zarza:
'Ven tú a reinar sobre nosotros'.
9:15 Pero la zarza respondió a
los árboles:
'Si de veras quieren ungirme
para que reine sobre ustedes,
vengan a cobijarse bajo mi sombra;
de lo contrario, saldrá fuego de la zarza
y consumirá los cedros del Líbano'.
9:16 Y ahora, díganme: ¿Han
obrado ustedes con sinceridad y lealtad al proclamar rey a Abimélec?
¿Se han portado bien con Ierubaal y con su familia, y lo han tratado
como se merecía?
9:17 Mi padre combatió por ustedes,
arriesgó su vida y los libró del poder de Madián,
9:18 y ahora ustedes se han levantado
contra la familia de mi padre, han matado sobre una misma piedra a sus setenta
hijos, y han proclamado rey de los señores de Siquém a Abimélec,
el hijo de su esclava, aduciendo que es hermano de ustedes.
9:19 Si hoy han sido sinceros y leales
con Ierubaal y con su familia, que Abimélec sea para ustedes un motivo
de alegría, y ustedes para él.
9:20 De lo contrario, que salga fuego
de Abimélec para devorar a los señores de Siquém y de
Bet Miló, y que salga fuego de los señores de Siquém
y de Bet Miló, para devorar a Abimélec".
9:21 Después Jotám huyó
para ponerse a salvo, y se estableció en Beer, lejos de su hermano
Abimélec.
Rebelión de los siquemitas contra Abimélec
9:22 Abimélec gobernó tres
años en Israel.
9:23 Pero Dios envió un espíritu
de discordia entre Abimélec y los señores de Siquém,
y estos traicionaron a Abimélec.
9:24 Así debía ser castigado
el crimen cometido contra los setenta hijos de Ierubaal, y su sangre debía
recaer sobre su hermano Abimélec, que los había matado, y sobre
los señores de Siquém, que habían sido cómplices
en la matanza de sus hermanos.
9:25 Por eso, los señores de Siquém
preparaban emboscadas contra él en las cimas de los montes, y saqueaban
a todos los que pasaban por allí. Abimélec fue informado de
todo esto.
9:26 Una vez, Gaal, hijo de Ebed, pasó
por Siquém junto con sus hermanos, y se ganó la confianza de
los señores de Siquém.
9:27 Estos salieron al campo a vendimiar,
pisaron las uvas, hicieron festejos y entraron en el templo de su dios. Después
de comer y beber, maldijeron a Abimélec.
9:28 Entonces Gaal, hijo de Ebed, exclamó:
"¿Qué autoridad tiene Abimélec sobre Siquém
para que le estemos sometidos? ¿El hijo de Ierubaal, y Zebul, su lugarteniente,
no han estado sometidos a la gente de Jamor, el padre de Siquém? ¿Por
qué tenemos que estar sometidos a ellos?
9:29 ¡Si pusieran a este pueblo
en mis manos, yo expulsaría a Abimélec, desafiándolo
a que refuerce su ejército y salga a combatir!".
9:30 Zebul, el gobernador de la ciudad,
al enterarse de las palabras de Gaal, hijo de Ebed, se enfureció
9:31 y envió disimuladamente mensajeros
a Arumá, donde estaba Abimélec, para avisarle: "Gaal, hijo
de Ebed, ha llegado a Siquém con sus hermanos, y está sublevando
la ciudad contra ti.
9:32 Por eso, ven durante la noche con
toda la gente que tienes contigo y quédate al acecho en campo abierto.
9:33 Por la mañana temprano, apenas
brille el sol, irrumpirás contra la ciudad. Y cuando Gaal con su gente
salga a enfrentarse contigo, lo tratarás como más convenga".
9:34 Abimélec salió durante
la noche con toda su gente y se puso al acecho cerca de Siquém, con
su tropa dividida en cuatro grupos.
9:35 Cuando Gaal, hijo de Ebed, salió
y se detuvo a las puertas de la ciudad, Abimélec y la tropa que lo
acompañaba salieron de los lugares donde estaban al acecho.
9:36 Al ver las tropas, Gaal dijo a Zebul:
"Mira esa gente que baja de la cima de los montes". "Es la
sombra de los montes, y a ti te parecen hombres", le respondió
Zebul.
9:37 Pero Gaal insistió: "Es
gente que baja por la ladera del Ombligo de la Tierra, y otro grupo viene
por el camino de la Encina de los Adivinos".
9:38 Entonces Zebul le dijo: "¿No
eras tú el que te envalentonabas, diciendo: '¿Quién es
Abimélec para que le estemos sometidos?'. ¡Ahí está
la gente que tú despreciabas! ¡Ve ahora a combatir contra ellos!"
9:39 Gaal salió al frente de los
señores de Siquém y presentó batalla a Abimélec.
9:40 Abimélec lo persiguió:
Gaal emprendió la retirada y muchos cayeron muertos antes de llegar
a la puerta de la ciudad.
9:41 Abimélec regresó a
Arumá, y Zebul expulsó de Siquém a Gaal y a sus hermanos,
impidiéndoles habitar allí.
Destrucción
de Siquém
9:42 Al día siguiente, la gente
de Siquém se puso en campaña. Cuando Abimélec recibió
la noticia,
9:43 reunió sus tropas, las dividió
en tres grupos y se puso al acecho en el campo. Al ver que la gente salía
de la ciudad, irrumpió contra ellos y los derrotó.
9:44 Después, Abimélec y
el grupo que lo acompañaba volvieron a atacar, y tomaron posiciones
frente a la puerta de la ciudad. Mientras tanto, los otros dos grupos se lanzaron
contra los que estaban en el campo y los derrotaron.
9:45 Abimélec atacó la ciudad
durante todo el día. Cuando la tomó, mató a la población,
arrasó la ciudad y esparció sal sobre ella.
Destrucción
de Migdal Siquém
9:46 Al enterarse, los señores
de Migdal Siquém, se refugiaron en la cripta del templo de El Berit.
9:47 Cuando Abimélec recibió
la noticia de que todos los señores de Migdal Siquém estaban
en un solo lugar,
9:48 subió al monte Salmón
con todas sus tropas; y tomando un hacha, cortó una rama de árbol,
se la puso al hombro, y dijo a las tropas que lo acompañaban: "¡Apúrense!
Hagan lo mismo que yo".
9:49 Cada uno de sus hombres cortó
una rama y todos fueron detrás de Abimélec. Después cubrieron
la cripta con las ramas y les prendieron fuego. Así murieron también
los habitantes de Migdal Siquém, unos mil hombres y mujeres.
Asedio
de Tebes y muerte de Abimélec
9:50 Luego Abimélec marchó
contra Tebes, la asedió y la conquistó.
9:51 En medio de la ciudad había
una torre fortificada, y todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres,
se refugiaron en ella. La cerraron por dentro y se subieron a la parte más
alta de la torre.
9:52 Abimélec se adelantó
para atacar la torre y llegó hasta la puerta con la intención
de prenderle fuego.
9:53 Pero una mujer
le arrojó una rueda de molino sobre la cabeza y le partió el
cráneo.
9:54 Él llamó en seguida
a su escudero y le dijo: "Desenvaina tu espada y mátame, para
que no se pueda decir que me mató una mujer". Entonces el escudero
lo atravesó con su espada y él murió.
9:55 Al ver que Abimélec estaba
muerto, los hombres de Israel regresaron cada uno a su lugar.
9:56 Dios hizo recaer sobre Abimélec
el crimen que había cometido contra su padre, cuando mató a
sus setenta hermanos.
9:57 Y también hizo que toda la
maldad de la gente de Siquém recayera sobre ellos mismos. Así
se cumplió la maldición que Jotám, hijo de Ierubaal,
había pronunciado contra ellos.
Los
Jueces menores: Tolá
10:1 Después de Abimélec,
surgió Tolá, hijo de Puá, hijo de Dodó, para salvar
a Israel. Era de Isacar, pero vivía en Samir, en la montaña
de Efraím.
10:2 Él juzgó a Israel durante
veintitrés años. Cuando murió, fue sepultado en Samir.
Iaír
10:3 Después de él, surgió
Iaír, de Galaad. Él juzgó a Israel durante veintidós
años.
10:4 Tenía treinta hijos, que iban
montados en treinta asnos y tenían treinta ciudades. Estas últimas
se llaman todavía hoy los Poblados de Iaír, y se encuentran
en el territorio de Galaad.
10:5 Cuando murió Iaír,
lo sepultaron en Camón.
La
guerra de los amonitas contra Israel
10:6 Los israelitas volvieron a hacer
lo que es malo a los ojos del Señor, sirviendo a los Baales y a las
Astartés, a los dioses de Arám, de Sidón y de Moab, y
a los dioses de los amonitas y de los filisteos. Así abandonaron al
Señor y dejaron de servirlo.
10:7 Entonces la ira del Señor
se encendió contra Israel, y él los entregó en manos
de los filisteos y de los amonitas.
10:8 A partir de ese momento, los amonitas
oprimieron duramente a los israelitas que vivían al otro lado del Jordán,
en el país de los amorreos de Galaad. La opresión duró
dieciocho años.
10:9 Además, los amonitas cruzaron
el Jordán para atacar también a Judá, a Benjamín
y a la casa de Efraím. Israel se encontró así en un grave
aprieto.
El
arrepentimiento de los israelitas
10:10 Entonces los israelitas clamaron
al Señor, diciendo: "Hemos pecado contra ti, nuestro Dios, porque
te hemos abandonado para servir a los Baales".
10:11 Y el Señor dijo a los israelitas:
"Cuando los oprimieron los egipcios, los amorreos, los amonitas, los
filisteos,
10:12 los sidonios, los amalecitas y los
madianitas, ustedes clamaron hacia mí, y yo los salvé de su
poder.
10:13 A pesar de eso, ustedes me abandonaron
y sirvieron a otros dioses. Por eso, no volveré a salvarlos.
10:14 Vayan a invocar a los dioses que
ustedes se han elegido: que ellos los salven en el momento del peligro".
10:15 Los israelitas respondieron al Señor:
"Hemos pecado. Trátanos como quieras, pero por favor, sálvanos
en este día".
10:16 Ellos hicieron desaparecer a los
dioses extraños y sirvieron al Señor.
Y el Señor no pudo soportar por más tiempo el sufrimiento de
Israel.
Preparativos
de Israel para combatir contra los amonitas
10:17 Los amonitas se concentraron y fueron
a acampar en Galaad. También se reunieron los israelitas y pusieron
su campamento en Mispá.
10:18 Entonces el pueblo y los jefes de
Galaad se dijeron unos a otros: "¿Quién es el hombre que
dirigirá el combate contra los amonitas? Él quedará al
frente de todos los habitantes de Galaad".