JUECES
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Hazaña
de Sansón en Gaza
16:1 Sansón se dirigió a
Gaza. Allí vio a una prostituta y entró en su casa.
16:2 Cuando anunciaron a la gente de Gaza:
"¡Ha llegado Sansón!", lo cercaron y se pusieron al
acecho junto a la Puerta de la ciudad. Así estuvieron a la expectativa
toda la noche, diciendo: "Lo mataremos al despuntar el alba".
16:3 Pero Sansón estuvo acostado
sólo hasta la medianoche. Entonces se levantó, tomó las
hojas de la Puerta de la ciudad y el marco que la sostenía, los arrancó
con barrotes y todo, los cargó sobre sus espaldas, y los subió
hasta la cima del monte que está frente a Hebrón.
Sansón
y Dalila
16:4 Después de esto, Sansón
se enamoró en el valle de Sorec de una mujer llamada Dalila.
16:5 Los príncipes de los filisteos
fueron a verla y le dijeron: "Sedúcelo y averigua de dónde
le viene esa fuerza tan enorme, y qué podríamos hacer para atarlo
y tenerlo sometido. Te daremos cada uno mil cien siclos de plata".
Sansón
traicionado por Dalila
16:6 Dalila dijo a Sansón: "Vamos,
dime de dónde sacas tanta fuerza y con qué habría que
atarte para tenerte sometido".
16:7 Sansón le respondió:
"Si me atan con siete cuerdas de arco todavía frescas, que no
se han dejado secar, yo me debilitaría y sería un hombre como
cualquiera".
16:8 Los príncipes de los filisteos
le mandaron siete cuerdas de arco frescas, sin dejarlas secar, y Dalila lo
ató con esas cuerdas.
16:9 Y como ella tenía a unos hombres
emboscados en la habitación, le gritó: "¡Sansón,
los filisteos se te vienen encima!". Pero él rompió las
cuerdas de arco como se rompe un cordón de estopa al primer contacto
con el fuego. Y no se descubrió el secreto de su fuerza.
16:10 Entonces Dalila dijo a Sansón:
"Me has engañado y no me has dicho más que mentiras. Ahora
dime con qué habría que atarte".
16:11 Él le respondió: "Si
me atan fuertemente con cuerdas nuevas y sin usar, yo me debilitaría
y sería como un hombre cualquiera".
16:12 Dalila tomó unas cuerdas
nuevas y lo ató con ellas. Luego gritó: "¡Sansón,
los filisteos se te vienen encima!". En la habitación había
gente emboscada, pero el rompió las cuerdas de sus brazos como si fueran
un hilo.
16:13 Dalila dijo a Sansón: "Hasta
ahora me has estado engañando; no me has dicho más que mentiras.
Vamos, dime con qué habría que atarte". Sansón le
respondió: "Si entretejes las siete trenzas de mi cabellera con
la urdimbre de un tejido, y las fijas con una clavija de telar, yo me debilitaría
y sería como un hombre cualquiera".
16:14 Entonces ella lo hizo dormir, entretejió
las siete trenzas de su cabellera con la urdimbre de un tejido y las fijó
con la clavija. Luego le gritó: "¡Sansón, los filisteos
se te vienen encima!". Él se despertó de su sueño,
y arrancó la clavija y el tejido. Y no se descubrió el secreto
de su fuerza.
16:15 Entonces ella le dijo: "¿Cómo
puedes decir que me quieres, si tu corazón no está conmigo?
Ya me has engañado tres veces y no me has revelado de dónde
sacas tanta fuerza".
16:16 Y como todos los días lo
acosaba con sus palabras y no dejaba de importunarlo, fastidiado ya hasta
de la vida,
16:17 él le abrió todo su
corazón y le dijo: "La navaja no ha pasado nunca por mi cabeza,
porque estoy consagrado a Dios desde el seno de mi madre. Si me cortaran el
cabello, mi fuerza se apartaría de mí, me debilitaría
y sería como los demás hombres."
Sansón
en poder de los filisteos
16:18 Dalila comprendió que él
le había abierto todo su corazón, y mandó llamar a los
príncipes de los filisteos, diciendo: "Suban esta vez, porque
me ha revelado todo su secreto". Los príncipes de los filisteos
fueron a verla, llevando el dinero convenido.
16:19 Luego ella durmió a Sansón
sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, que le cortó las siete
trenzas de su cabellera. Así él comenzó a debilitarse
y su fuerza se apartó de él.
16:20 Dalila gritó: "¡Sansón,
los filisteos se te vienen encima!". Al despertar de su sueño,
Sansón pensó: "Saldré del paso como las otras veces
y me libraré". Pero no sabía que el Señor se había
apartado de él.
16:21 Los filisteos lo tomaron prisionero,
le vaciaron los ojos y lo hicieron bajar a Gaza. Allí lo ataron con
una doble cadena de bronce, y él hacía rodar el molino en la
cárcel.
16:22 Pero su cabello comenzó a
crecer apenas cortado.
Los
festejos de los filisteos
16:23 Los príncipes de los filisteos
se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y para
hacer grandes festejos. Ellos decían:
"Nuestro dios nos ha puesto en las manos a Sansón, nuestro enemigo".
16:24 Y al verlo, la gente alababa a su
dios, diciendo:
"Nuestro dios nos ha puesto en las manos a Sansón, nuestro enemigo,
al que devastaba nuestro país y multiplicaba nuestras víctimas".
16:25 Cuando todos estuvieron muy alegres,
dijeron: "Llamen a Sansón para que nos divierta". Entonces
trajeron a Sansón de la cárcel, y él estuvo haciendo
piruetas delante de todos. Después lo pusieron de pie entre las columnas.
Venganza
y muerte de Sansón
16:26 Sansón dijo al niño
que lo llevaba de la mano: "Déjame palpar las columnas que sostienen
la casa, para apoyarme en ellas".
16:27 El edificio estaba repleto de hombres
y mujeres. Allí estaban todos los príncipes de los filisteos,
y en la azotea había unos tres mil hombres y mujeres que se divertían
mirando a Sansón.
16:28 Entonces Sansón invocó
al Señor, con estas palabras: "Señor, acuérdate
de mí y devuélveme la fuerza por esta sola vez, para que pueda
vengarme de los filisteos, de un solo golpe, por la pérdida de mis
dos ojos".
16:29 Luego palpó las dos columnas
centrales que sostenían el edificio, y se apoyó contra ellas,
poniendo sobre una su brazo derecho y sobre la otra su brazo izquierdo.
16:30 Y exclamó: "¡Muera
yo junto con los filisteos!". Después empujó con toda su
fuerza, y el edificio se desplomó sobre los príncipes y sobre
toda la gente allí reunida. ¡Los que él mató al
morir fueron más numerosos que los que había matado en toda
su vida!
16:31 Sus hermanos y toda la familia de
su padre bajaron y se llevaron el cadáver. Luego subieron de nuevo
y lo sepultaron en la tumba de su padre Manóaj, entre Sorá y
Estaol. Él había juzgado a Israel durante veinte años.
LA MIGRACIÓN DE LA TRIBU DE DAN
El
santuario y el ídolo de Micá
17:1 Había un hombre de la
montaña de Efraím, llamado Miqueas.
17:2 Él dijo a su madre: "Esos
mil cien siclos de plata que te quitaron, y por los que te oí proferir
una imprecación, están en mi poder; yo te los quité,
pero ahora te los devuelvo". Su madre exclamó: "¡Que
el Señor te bendiga, hijo mío!".
17:3 Él le devolvió los
mil cien siclos de plata, y su madre dijo: "Yo había consagrado
solemnemente esa plata al Señor, en favor de mi hijo, para hacer una
estatua revestida de metal fundido".
17:4 Así, cuando él devolvió
la plata a su madre, ella tomó doscientos siclos de plata y se los
entregó al orfebre. Este hizo una estatua revestida de metal fundido,
y la pusieron en la casa de Miqueas.
17:5 Y como este hombre tenía un
lugar de culto, se hizo un efod y unos ídolos familiares, e invistió
a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.
17:6 En aquel tiempo no había rey
en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía bien.
El
levita de Belén, sacerdote de Micá
17:7 Había un hombre joven de Belén
de Judá, del clan de Judá, que era levita y residía allí
como forastero.
17:8 Este hombre había dejado la
ciudad de Belén de Judá, tratando de encontrar un sitio donde
residir. Llegó a la montaña de Judá y, mientras iba de
camino, dio con la casa de Micá.
17:9 Este le preguntó: "¿De
dónde vienes?". "Soy un levita de Belén de Judá,
le respondió él, y estoy tratando de encontrar un sitio donde
residir".
17:10 Entonces Micá le dijo: "Quédate
conmigo, y serás para mí un padre y un sacerdote. Yo te daré
diez siclos de plata al año, además de la ropa y la comida".
Ante su insistencia,
17:11 el levita accedió a quedarse
con aquel hombre, y el joven fue para él como uno de sus hijos.
17:12 Micá invistió al levita,
y así el joven se convirtió en su sacerdote y se quedó
en casa de Micá.
17:13 Entonces Micá exclamó:
"¡Ahora sé que el Señor me hará prosperar,
porque tengo a este levita como sacerdote!"
La
tribu de Danen busca de un territorio
18:1 En aquel tiempo no había rey
en Israel. Y por aquel entonces, la tribu de Dan buscaba un territorio donde
establecerse, porque hasta ese momento no le había tocado ninguna herencia
entre las tribus de Israel.
18:2 Por eso los danitas enviaron a cinco
hombres de sus clanes, hombres valientes de Sorá y Estaol, para recorrer
y explorar el país. "Vayan a explorar el país", les
dijeron. Los hombres llegaron a la montaña de Efraím, hasta
la casa de Micá, y se quedaron allí a pasar la noche.
18:3 Como estaban cerca de la casa de
Micá, reconocieron la voz del joven levita. Entonces se le acercaron
y le dijeron: "¿Quién te ha traído por aquí?
¿Qué haces en este lugar? ¿Qué es lo que tienes
aquí?".
18:4 Él les respondió: "Micá
me ha tratado así y así; me ha tomado a sueldo y yo soy su sacerdote".
18:5 Ellos le dijeron: "Consulta
entonces a Dios, para que sepamos si este viaje llegará a feliz término".
18:6 El sacerdote les respondió:
"Vayan en paz, porque el viaje que han emprendido está bajo la
mirada del Señor".
18:7 Los cinco hombres partieron y llegaron
a Lais. Allí vieron que la gente del lugar vivía segura, tranquila
y confiada, a la manera de los sidonios; nadie infligía el menor agravio
a la población, ejerciendo la autoridad despóticamente; además,
estaban alejados de los sidonios y no dependían de nadie.
18:8 Al regresar a Sorá y Estaol,
donde estaban sus hermanos, estos les dijeron: "¿Qué noticias
traen?".
18:9 "Subamos ahora mismo contra
ellos, les respondieron, porque la región que acabamos de ver es excelente.
¿Por qué se quedan quietos? No duden ni un instante en ir a
conquistar aquel país.
18:10 Apenas lleguen, encontrarán
gente tranquila y un terreno espacioso. Sí, Dios les ha puesto en las
manos un país donde no falta nada de lo que puede haber sobre la tierra".
La
migración de los danitas
18:11 Así partieron de Sorá
y Estaol seiscientos hombres del clan de los danitas, cada uno equipado con
armas de guerra.
18:12 Ellos subieron a acampar cerca de
Quiriat Iearím, en Judá, y por eso aquel lugar, que se encuentra
al oeste de Quiriat Iearím, se llama hasta el día de hoy "Campamento
de Dan".
18:13 De allí pasaron a la montaña
de Efraím y llegaron a la casa de Micá.
18:14 Entonces tomaron la palabra los
cinco hombres que habían ido a explorar la región de Lais, y
dijeron a sus hermanos: "¿Saben lo que hay en esas casas? Hay
un efod, unos ídolos familiares y una estatua de metal fundido. Ahora
vean lo que tienen que hacer".
18:15 Ellos se acercaron hasta allí,
entraron en la casa de Micá, donde estaba el joven levita, y lo saludaron.
18:16 Y mientras los seiscientos hombres
armados se quedaban de guardia ante la puerta de entrada,
18:17 los cinco hombres que habían
ido a explorar el país se introdujeron en la casa y tomaron la estatua
de metal fundido, el efod y los ídolos familiares. Mientras tanto,
el sacerdote permanecía de pie junto a la puerta de entrada, con los
seiscientos hombres armados.
18:18 Al ver que habían entrado
en la casa de Micá y habían tomado la estatua de metal fundido,
el efod y los ídolos familiares, el sacerdote les dijo: "¿Qué
están haciendo?".
18:19 Pero ellos replicaron: "¡Silencio!
No digas una sola palabra y acompáñanos: tú serás
para nosotros un padre y un sacerdote. ¿Qué vale más
para ti, ser sacerdote de la casa de un solo hombre o serlo de una tribu y
un clan en Israel?".
18:20 El sacerdote se puso muy contento;
tomó el efod, los ídolos familiares y la estatua, y se incorporó
a la tropa.
18:21 Así reanudaron la marcha
y se fueron, luego de poner al frente a las mujeres, los niños, los
rebaños y el equipaje.
18:22 Ya se habían alejado de la
casa de Micá, cuando este y sus vecinos dieron la alarma y persiguieron
de cerca a los danitas.
18:23 Como les iban gritando detrás,
los danitas se dieron vuelta y preguntaron a Micá: "¿Qué
te pasa para gritar de esa manera?".
18:24 Él replicó: "Me
quitan a mi dios, el que yo me hice, y se llevan a mi sacerdote; se van sin
dejarme nada, ¡y encima me preguntan qué me pasa!".
18:25 Pero los danitas respondieron: "¡No
nos levantes la voz! De lo contrario, algunos hombres irascibles acometerán
contra ustedes y entonces perderán la vida, tú y tu familia".
18:26 Luego los danitas siguieron su camino,
y Micá, viendo que eran más fuertes que él, dio la vuelta
y se volvió a su casa.
Fundación
de la ciudad de Dany de su santuario
18:27 Los danitas, por su parte, tomaron
lo que había hecho Micá, junto con el sacerdote que él
tenía a su servicio, y avanzaron contra Lais, contra una población
tranquila y confiada. La pasaron al filo de la espada y prendieron fuego a
la ciudad.
18:28 No había nadie que pudiera
librarla, porque estaba lejos de Sidón y no dependía de nadie.
La ciudad se encontraba en el valle de Bet Rejob. Los danitas la reconstruyeron
y se establecieron en ella.
18:29 Y le pusieron el nombre de Dan,
en memoria de su antepasado Dan,
que había nacido de Israel. Pero al principio la ciudad se llamaba
Lais.
18:30 Los danitas erigieron la estatua,
y Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, y sus hijos
después de él, fueron los sacerdotes de la tribu de Dan, hasta
el día en que fue deportada del país.
18:31 Ellos instalaron la estatua que
había hecho Micá, y allí permaneció todo el tiempo
que la Casa de Dios estuvo en Silo.
LA GUERRA CONTRA LOS BENJAMINITAS
El
levita de Efraím y su concubina
19:1
En aquel tiempo, cuando no había rey en Israel, un levita que vivía
como forastero en los confines de la montaña de Efraím, tomó
por concubina a una mujer de Belén de Judá.
19:2 Pero su concubina le fue infiel y
lo abandonó, yéndose a la casa de su padre en Belén de
Judá, donde permaneció unos cuatro meses.
19:3 Entonces su marido fue detrás
de ella, para hablarle al corazón y hacerla volver. Él llevaba
consigo un servidor y dos asnos. La joven lo hizo entrar en la casa de su
padre, y este, al verlo, le salió al encuentro lleno de alegría.
19:4 Su suegro, el padre de la joven,
lo retuvo en su casa, y el levita se quedó con él tres días:
comieron, bebieron y pasaron la noche allí.
19:5 Al cuarto día, se levantaron
de madrugada y el levita se dispuso a partir. Pero el padre de la joven dijo
a su yerno: "Repara tus fuerzas con un pedazo de pan, y luego partirán".
19:6 Entonces se sentaron a comer y beber
los dos juntos. El padre de la joven le dijo: "Te invito a quedarte esta
noche, para pasar un momento agradable".
19:7 El hombre se levantó para
ponerse en camino, pero su suegro le insistió tanto, que él
cambió de parecer y pasó la noche allí.
19:8 Al quinto día, se dispuso
a partir de madrugada, pero su suegro le dijo: "Repara antes tus fuerzas".
Y se entretuvieron, comiendo los dos juntos hasta muy avanzado el día.
19:9 Cuando el levita se levantó
para partir con su concubina y su servidor, el padre de la joven le dijo:
"Ya se está haciendo tarde. Quédate aquí esta noche
y pasarás un momento agradable. Mañana de madrugada se pondrán
en camino y regresarás a tu casa".
19:10 Pero el hombre no quiso quedarse,
sino que se levantó y partió. Así llegó frente
a Jebús o sea, Jerusalén llevando consigo los dos
asnos cargados, además de su concubina y su servidor.
La
llegada del levita a Guibeá
19:11 Cuando estaban cerca de Jebús,
ya era muy tarde, y el servidor dijo a su señor: "Apartémonos
del camino para entrar en esta ciudad jebusea y pasar la noche allí".
19:12 Pero su señor le respondió:
"No nos apartemos para entrar en una ciudad extranjera, que no pertenece
a los israelitas. Sigamos de largo hasta Guibeá".
19:13 Luego dijo a su servidor: "Vamos
a acercarnos a uno de esos poblados; pasaremos la noche en Guibeá o
en Ramá".
19:14 Siguieron de largo, y a la puesta
del sol estuvieron frente en Guibeá de Benjamín.
19:15 Entonces se apartaron del camino
para ir a pasar la noche en Guibeá. Al llegar, el hombre se quedó
en la plaza de la ciudad, pero nadie los invitó a su casa para pasar
la noche.
19:16 Entonces llegó un anciano,
que al atardecer volvía de trabajar en el campo. Era un hombre de la
montaña de Efraím y residía en Guibeá como forastero,
porque la gente del lugar era benjaminita.
19:17 El anciano alzó los ojos
y vio al viajero que estaba en la plaza de la ciudad. "¿De dónde
vienes y adónde vas?" le preguntó.
19:18 "Estamos de paso, le respondió
él; venimos de Belén de Judá y vamos hasta los confines
de la montaña de Efraím, porque yo soy de allí. Fui a
Belén de Judá, y ahora estoy de regreso. Pero no hay nadie que
me reciba en su casa,
19:19 aunque tenemos paja y forraje para
nuestros asnos, y también pan y vino para mí, para mi mujer
y para el servidor que me acompaña. No nos falta nada".
19:20 El anciano le dijo: "La paz
esté contigo. Yo proveeré a todas tus necesidades. No pases
la noche en la plaza".
19:21 Entonces lo llevó a su casa
y dio de comer a los asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.
El
crimen de los habitantes de Guibeá
19:22 Estaban pasando un momento agradable,
cuando los hombres de la ciudad, gente pervertida, rodearon la casa y comenzaron
a golpear la puerta, diciendo al anciano dueño de casa: "Trae
afuera al hombre que entró en tu casa para que tengamos relaciones
con él".
19:23 Pero el dueño de casa se
presentó ante ellos y les dijo: "No, hermanos míos, no
obren tan perversamente, porque ese hombre es mi huésped. ¡No
cometan esa infamia!
19:24 Yo tengo a mi hija, que es virgen:
se la traeré afuera, para que ustedes abusen de ella y la traten como
mejor les parezca. Pero no cometan semejante infamia con ese hombre".
19:25 Sin embargo, ellos no quisieron
escucharlo. Entonces el levita tomó a su concubina y la llevó
afuera. Los hombres se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche
hasta la madrugada, y al amanecer, la abandonaron.
19:26 La mujer llegó de madrugada
y se cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su marido.
Allí quedó hasta que fue el día.
19:27 Por la mañana, su marido
se levantó, abrió la puerta de la casa y salió para continuar
su camino. Al ver a la mujer, su concubina, que estaba tendida a la puerta
de la casa, con la mano sobre el umbral,
19:28 le dijo: "Levántate,
vamos". Pero no obtuvo respuesta. Entonces el hombre la cargó
sobre su asno y emprendió el camino hacia su pueblo.
19:29 Cuando llegó a su casa, tomó
el cuchillo y partió en doce pedazos el cuerpo de su concubina. Luego
los envió a todo el territorio de Israel.
19:30 El levita había dado esta
orden a sus emisarios: "Digan esto a todos los hombres de Israel: '¿Ha
sucedido una cosa igual desde que los israelitas subieron del país
de Egipto hasta el día de hoy? Reflexionen, deliberen y decidan'".
Y todos los que lo veían, exclamaban: "¡Nunca ha sucedido
ni se ha visto una cosa semejante, desde que los israelitas subieron de Egipto
hasta el día de hoy!"
La
venganza de los israelitas
20:1 Entonces todos los israelitas salieron
como un solo hombre, desde Dan hasta Berseba y hasta la región de Galaad,
y la comunidad se reunió delante del Señor, en Mispá.
20:2 Los dignatarios de todo el pueblo
y todas las tribus acudieron a la asamblea del pueblo de Dios: eran cuatrocientos
mil hombres de a pie, armados de espada.
20:3 Los benjaminitas, por su parte, oyeron
que los israelitas habían subido a Mispá.
Los israelitas dijeron: "Cuéntennos cómo ha sucedido el
crimen".
20:4 Entonces el levita, el marido de
la mujer asesinada, tomó la palabra y dijo: "Yo y mi concubina
llegamos a Guibeá de Benjamín para pasar la noche,
20:5 y los vecinos de Guibeá se
levantaron contra mí: durante la noche, rodearon la casa, intentaron
matarme y abusaron de mi concubina hasta hacerla morir.
20:6 Yo tomé a mi concubina, la
corté en pedazos y envié esos pedazos a todo el territorio de
la herencia de Israel, porque se había cometido una depravación
y una infamia en Israel.
20:7 Ahora les toca a ustedes, israelitas,
tomar aquí mismo una determinación".
20:8 Todo el pueblo se levantó
como un solo hombre y exclamó: "Ninguno de nosotros irá
a su campamento; nadie volverá a su casa.
20:9 Y con Guibeá haremos lo siguiente:
sortearemos a los que subirán a atacarla;
20:10 de entre todas las tribus de Israel,
tomaremos a diez hombres de cada cien, a cien de cada mil, y a mil de cada
diez mil. Ellos recogerán víveres para la tropa, es decir, para
los que irán a dar su merecido a Guibeá de Benjamín por
la infamia que ha cometido en Israel".
20:11 Así, todos los hombres de
Israel quedaron unidos como un solo hombre contra aquella ciudad.
El
empecinamiento de los benjaminitas
20:12 Las tribus de Israel enviaron emisarios
a toda la tribu de Benjamín para decirle: "¿Qué
explicación dan del crimen que se ha cometido entre ustedes?
20:13 Entreguen a esos hombres pervertidos
de Guibeá, para que los matemos y hagamos desaparecer el mal de Israel".
Pero los benjaminitas no quisieron escuchar la demanda de sus hermanos israelitas.
Los
preparativos para el combate
20:14 Los benjaminitas de todas las ciudades
se reunieron en Guibeá para salir a combatir contra los israelitas.
20:15 Aquel mismo día se hizo el
recuento de los benjaminitas provenientes de las diversas ciudades, y resultaron
en total veinticinco mil hombres armados de espada, sin contar a los habitantes
de Guibeá.
20:16 De toda esa tropa, setecientos hombres
eran guerreros adiestrados, ambidextros, y capaces de arrojar la piedra de
su honda contra un cabello, sin errar el tiro.
20:17 La gente de Israel también
hizo un recuento: descontando a Benjamín, eran cuatrocientos mil hombres
armados de espada, todos guerreros.
20:18 En seguida subieron a Betel y consultaron
a Dios para preguntarle: "¿Quién de nosotros será
el primero en subir a luchar contra los benjaminitas?". Y el Señor
respondió: "Judá será el primero".
Victoria
inicial de los benjaminitas
20:19 Los israelitas avanzaron de madrugada
para acampar frente a Guibeá
20:20 y salir a luchar contra Benjamín.
Los hombres de Israel se dispusieron en orden de batalla frente a la ciudad,
20:21 pero los benjaminitas salieron de
Guibeá y dejaron tendidos por tierra aquel día a veintidós
mil hombres de Israel.
20:22 Entonces los israelitas subieron
a lamentarse delante del Señor hasta la tarde. Luego consultaron al
Señor, diciendo: "¿Tenemos que entablar un nuevo combate
con los hijos de nuestro hermano Benjamín?". Y el Señor
respondió: "Suban a atacarlo".
20:23 De esta manera, la tropa israelita
recobró el valor y volvió a disponer sus filas para el combate
en el mismo lugar que el primer día.
20:24 Los israelitas se acercaron por
segunda vez a los benjaminitas,
20:25 pero también aquel segundo
día Benjamín les salió al encuentro desde Guibeá,
y dejó tendidos por tierra a dieciocho mil israelitas, todos ellos
armados de espada.
20:26 Entonces los israelitas subieron
a Betel con todo el pueblo y allí se lamentaron, sentados delante del
Señor: ayunaron todo el día hasta la tarde y ofrecieron al Señor
holocaustos y sacrificios de comunión.
20:27 Después consultaron al Señor,
porque en aquel tiempo el Arca de la Alianza de Dios se encontraba allí,
20:28 y Pinjás, hijo de Eleazar,
hijo de Aarón, estaba al servicio de ella. "¿Tenemos que
salir otra vez a luchar contra los hijos de nuestro hermano Benjamín,
o debemos desistir?", preguntaron al Señor. Y el Señor
respondió: "Suban, porque mañana los entregaré en
manos de ustedes".
La
derrota de Benjamín
20:29 Israel tendió una emboscada
alrededor de Guibeá.
20:30 Al tercer día, los israelitas
avanzaron contra Benjamín, y dispusieron sus filas contra Guibeá,
como las otras veces.
20:31 Los benjaminitas les salieron al
encuentro, dejándose arrastrar lejos de la ciudad, y comenzaron como
las otras veces a matar gente por los senderos que suben, uno a Betel y el
otro a Gabaón. Así mataron a unos treinta hombres de Israel,
sobre el campo raso.
20:32 Entonces los benjaminitas pensaron:
"Ya los tenemos derrotados como la primera vez". Pero los israelitas
habían dicho: "Vamos a simular que huimos, para atraerlos hasta
los caminos, lejos de la ciudad".
20:33 Todos los hombres de Israel se levantaron
de sus puestos y tomaron posiciones en Baal Tamar. Los israelitas que estaban
emboscados, atacaron desde sus posiciones al oeste de Gueba.
20:34 Diez mil guerreros adiestrados de
todo Israel llegaron frente a Guibeá. El combate se hizo muy encarnizado,
sin que los benjaminitas advirtieran el desastre que se les venía encima.
20:35 El Señor hizo que Benjamín
cayera derrotado delante de Israel, y aquel día los israelitas mataron
a veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos ellos armados de
espada.
20:36 Los benjaminitas se vieron derrotados.
Los hombres de Israel habían cedido terreno a Benjamín, porque
contaban con el apoyo de los que estaban emboscados contra Guibeá.
20:37 Estos, por su parte, se desplegaron
rápidamente y atacaron a Guibeá, pasando a todos sus habitantes
al filo de la espada.
20:38 La gente de Israel se había
puesto de acuerdo con los que estaban emboscados, para que estos levantaran
una humareda desde la ciudad,
20:39 y entonces ellos presentarían
batalla. Cuando Benjamín comenzó a matar a algunos israelitas,
unos treinta hombres en total, pensó: "Ya los tenemos completamente
derrotados, como en el primer combate".
20:40 Pero la columna de humo empezó
a levantarse desde la ciudad, y Benjamín, al mirar atrás, vio
que la ciudad entera subía en llamas hacia el cielo.
20:41 Entonces los hombres de Israel presentaron
batalla, y los benjaminitas temblaron al ver el desastre que se les venía
encima.
20:42 Los benjaminitas retrocedieron ante
los hombres de Israel en dirección al desierto, pero se vieron acosados
por los combatientes, y los que venían de la ciudad los atacaron tomándolos
entre dos frentes.
20:43 Así encerraron a Benjamín,
lo persiguieron sin darle tregua y siguieron derrotándolo hasta llegar
a Gueba por el oriente.
20:44 Cayeron dieciocho mil guerreros
de Benjamín.
20:36a Los benjaminitas vieron que habían
sido derrotados,
20:45 y los sobrevivientes volvieron la
espalda y huyeron al desierto, hacia la Roca de Rimón. Los israelitas
capturaron por los caminos a cinco mil hombres y, mientras perseguían
a Benjamín hasta Gueba, mataron a otros dos mil.
20:46 Aquel día cayeron en total
veinticinco mil benjaminitas, todos ellos guerreros armados de espada.
20:47 Seiscientos hombres, en cambio,
pudieron escapar al desierto, hasta la Roca de Rimón, y allí
estuvieron durante cuatro meses.
20:48 Los israelitas se volvieron contra
los benjaminitas y pasaron al filo de la espada a los varones de las ciudades,
al ganado y a todo lo que encontraron, y también incendiaron a su paso
todas las ciudades.
Compasión
de los israelitas por la tribu de Benjamín
21:1 Los hombres de Israel habían
pronunciado este juramento en Mispá: "Ninguno de nosotros dará
su hija en matrimonio a un benjaminita".
21:2 El pueblo se dirigió a Betel,
y allí estuvieron sentados delante del Señor hasta la tarde,
sollozando y derramando abundantes lágrimas.
21:3 "Señor, Dios de Israel,
decían, ¿por qué ha sucedido esto en Israel? ¡Hoy
le falta a Israel una de sus tribus!".
21:4 Al día siguiente, el pueblo
se levantó de madrugada, erigieron allí un altar y ofrecieron
holocaustos y sacrificios de comunión.
21:5 Luego los israelitas dijeron: "¿Cuál
entre todas las tribus de Israel no ha subido a la asamblea delante del Señor?".
Porque contra el que no se presentara ante el Señor en Mispá,
se había pronunciado este juramento solemne: "Morirá irremediablemente".
Las
jóvenes de Iabés de Galaad entregadas a los benjaminitas
21:6 Los israelitas se compadecieron de
su hermano Benjamín, y dijeron: "Hoy le ha sido arrancada una
tribu a Israel.
21:7 ¿Qué haremos para proveer
de mujeres a los que han sobrevivido, siendo así que hemos jurado por
el Señor no darles como esposas a nuestras hijas?".
21:8 Por eso preguntaron: "¿Hay
alguna entre las tribus de Israel que no ha subido a presentarse ante el Señor
en Mispá?". Y resultó que ningún hombre de Iabés
de Galaad había venido al campamento para la asamblea.
21:9 En efecto, cuando se pasó
revista al pueblo, vieron que allí no había ningún habitante
de Iabés de Galaad.
21:10 Entonces la comunidad envió
a doce mil de los guerreros, con esta orden: "Vayan y pasen al filo de
la espada a los habitantes de Iabés de Galaad, incluidas las mujeres
y los niños.
21:11 Ustedes actuarán de esta
manera: consagrarán al exterminio a todos los varones y a las mujeres
que hayan convivido con hombres, pero dejarán con vida a las vírgenes".
Así lo hicieron.
21:12 Entre los habitantes de Iabés
de Galaad encontraron cuatrocientas jóvenes vírgenes, que no
habían convivido con ningún hombre, y las llevaron al campamento
de Silo, que está en el país de Canaán.
21:13 Toda la comunidad de Israel envió
emisarios a los benjaminitas, que estaban en la Roca de Rimón, para
anunciarles la paz.
21:14 Entonces los benjaminitas volvieron,
y los hombres de Israel les dieron las mujeres que habían dejado con
vida en Iabés de Galaad, pero no alcanzaron para todos.
El
rapto de las jóvenes de Silo
21:15 El pueblo se compadeció de
Benjamín, porque el Señor había abierto una brecha entre
las tribus de Israel.
21:16 Los ancianos de la comunidad dijeron:
"¿Qué haremos para proveer de mujeres a los que han sobrevivido,
ya que las mujeres de Benjamín han sido exterminadas?".
21:17 Y agregaron: "¡Que los
sobrevivientes de Benjamín tengan herederos, para que no desaparezca
una tribu de Israel!
21:18 Porque nosotros no podemos darles
como esposas a nuestras hijas". Los israelitas, en efecto, habían
hecho este juramento: "¡Maldito sea el que entregue una mujer a
Benjamín!".
21:19 Entonces dijeron: "Está
cerca la fiesta del Señor que se celebra todos los años en Silo,
al norte de Betel, al este de la ruta que sube de Betel a Siquém, y
al sur de Leboná".
21:20 Y dieron estas instrucciones a los
Benjaminitas: "Vayan y tiendan una celada entre las viñas.
21:21 Estén alerta, y cuando las
jóvenes de Silo salgan a danzar en coros, ustedes saldrán de
las viñas y raptarán cada uno a una de las jóvenes de
Silo. Luego se irán al país de Benjamín.
21:22 Y si sus padres o hermanos vienen
a protestar contra nosotros, les diremos: 'Sean condescendientes con ellos,
ya que no hemos podido capturar en la guerra una mujer para cada uno. Además,
ustedes no hubieran podido dárselas, porque en ese caso se habrían
hecho culpables'".
21:23 Así lo hicieron los benjaminitas:
entre las jóvenes danzantes que habían secuestrado, tomaron
las mujeres que necesitaban. Después se fueron de vuelta a su herencia,
reedificaron las ciudades y se establecieron en ellas.
21:24 Al mismo tiempo, los israelitas
se reintegraron cada uno a su tribu y a su clan; partieron de allí,
y se fue cada uno a su herencia.
21:25 En aquel tiempo
no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía
bien.