1° SAMUEL
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PREEMINENCIA DE DAVID Y DECADENCIA DE SAÚL
CAPÍTULO 16
La
unción de David
16:1
El Señor dijo a Samuel:
"¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl,
si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena
tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén,
porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey".
16:2 Samuel respondió: "¿Cómo
voy a ir? Si se entera Saúl, me matará". Pero el Señor
replicó: "Llevarás contigo una ternera y dirás:
'Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor'.
16:3 Invitarás a Jesé al
sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me ungirás
al que yo te diga".
16:4 Samuel hizo lo que el Señor
le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de
la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados, y le dijeron: "¿Vienes
en son de paz, vidente?"
16:5 "Sí, respondió
él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense
y vengan conmigo al sacrificio". Luego purificó a Jesé
y a sus hijos y los invitó al sacrificio.
16:6 Cuando ellos se presentaron, Samuel
vio a Eliab y pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él
a su ungido".
16:7 Pero el Señor dijo a Samuel:
"No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo
lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las
apariencias, pero Dios ve el corazón".
16:8 Jesé llamó a Abinadab
y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: "Tampoco a este ha elegido
el Señor".
16:9 Luego hizo pasar a Sammá;
pero Samuel dijo: "Tampoco a este ha elegido el Señor".
16:10 Así Jesé hizo pasar
ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: "El
Señor no ha elegido a ninguno de estos".
16:11 Entonces Samuel
preguntó a Jesé: "¿Están aquí todos
los muchachos?". Él respondió: "Queda todavía
el más joven, que ahora está apacentando el rebaño".
Samuel dijo a Jesé: "Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos
a la mesa hasta que llegue aquí".
16:12 Jesé lo hizo venir: era de
tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo
a Samuel: "Levántate y úngelo, porque es este".
16:13 Samuel tomó el frasco de
óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel
día, el espíritu del Señor descendió sobre David.
Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá.
David
al servicio de Saúl
16:14 El espíritu del Señor
se había retirado de Saúl, y lo atormentaba un mal espíritu,
enviado por el Señor.
16:15 Sus servidores le dijeron: "Un
mal espíritu de Dios no deja de atormentarte.
16:16 Basta que nuestro señor lo
diga, y los servidores que te asisten buscarán un hombre que sepa tocar
la cítara. Así, cuando te asalte el mal espíritu de Dios,
él tocará la cítara, y tú te sentirás aliviado".
16:17 Saúl respondió a sus
servidores: "Sí, búsquenme un hombre que toque bien y tráiganlo".
16:18 Entonces intervino uno de sus servidores,
diciendo: "Justamente he visto a un hijo de Jesé, el de Belén,
que sabe tocar. Además, es valiente y hábil guerrero; habla
muy bien, tiene buena presencia y el Señor está con él".
16:19 Entonces Saúl envió
unos mensajeros a Jesé para decirle: "Envíame a tu hijo
David, que está con el rebaño".
16:20 Jesé tomó un asno,
pan, un odre de vino y un cabrito, y se los envió a Saúl con
su hijo David.
16:21 David se presentó a Saúl
y se puso a su servicio. Saúl le tomó un gran afecto y lo hizo
su escudero.
16:22 Luego mandó decir a Jesé:
"Que David se quede a mi servicio porque me ha caído bien".
16:23 Y cuando un espíritu de Dios
asaltaba a Saúl, David tomaba la cítara y tocaba. Saúl
se calmaba y se sentía aliviado, y el mal espíritu se retiraba
de él.
Goliat,
el gigante filisteo
17:1 Los filisteos reunieron sus fuerzas
para el combate. Se concentraron en Socó de Judá y acamparon
entre Socó y Azecá, en Efes Damím.
17:2 También Saúl y los
hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle del Terebinto, y se
dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos.
17:3 Estos filisteos estaban apostados
en un monte, y los israelitas en el del lado opuesto, con el valle de por
medio.
17:4 Entonces salió del campo filisteo
un luchador llamado Goliat, de Gat, que medía casi tres metros de altura.
17:5 Llevaba en la cabeza un casco de
bronce e iba cubierto con una coraza escamada, también de bronce, que
pesaba más de medio quintal.
17:6 Tenía unas canilleras de bronce
en las piernas y una jabalina de bronce a la espalda.
17:7 El asta de su lanza era gruesa como
el palo de un telar
y el hierro de la punta pesaba unos seis kilos. Su escudero iba delante de
él.
17:8 El filisteo se detuvo y gritó
a las filas de Israel: "¿Para qué salen a presentar batalla?
¿No soy yo el filisteo y ustedes los esclavos de Saúl? Elijan
a un hombre, y que baje a enfrentarme.
17:9 Si él es capaz de combatir
conmigo y me derrota, seremos esclavos de ustedes. Pero si yo puedo más
que él y lo derroto, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán".
17:10 Y el filisteo añadió:
"Hoy lanzo un desafío a las filas de Israel. Preséntenme
un hombre y nos batiremos en duelo".
17:11 Saúl y todo Israel, al oír
estas palabras del filisteo, quedaron espantados y sintieron un gran temor.
David
en el frente de batalla
17:12 David era hijo de aquel Efrateo
de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho
hijos. En tiempos de Saúl, Jesé era ya un hombre viejo, de edad
avanzada,
17:13 y sus tres hijos mayores habían
ido a la guerra detrás de Saúl. El mayor de estos tres hijos
se llamaba Eliab, el segundo Abinadab y el tercero Sammá;
17:14 David era el más pequeño.
Los tres mayores habían seguido a Saúl,
17:15 mientras que David solía
ir al campamento de Saúl y luego volvía a Belén, para
apacentar el rebaño de su padre.
17:16 Mientras tanto, el filisteo se adelantaba
por la mañana y por la tarde, y así se presentó durante
cuarenta días.
17:17 Jesé dijo a su hijo David:
"Toma esta bolsa de grano tostado y estos diez panes, y corre a llevárselos
a tus hermanos al campamento.
17:18 Estos diez quesos se los entregarás
al comandante. Fíjate bien cómo están tus hermanos y
trae algo de ellos como prenda.
17:19 Saúl está con ellos
y con todos los hombres de Israel en el valle del Terebinto, combatiendo contra
los filisteos".
17:20 David se levantó de madrugada,
dejó el rebaño al cuidado de un guardián y partió
con su carga, como se lo había mandado Jesé. Cuando llegó
al cerco del campamento, el ejército avanzaba en orden de batalla,
lanzando el grito de guerra.
17:21 Israelitas y filisteos se alinearon
frente a frente.
17:22 Entonces David dejó las cosas
que traía en manos del encargado del equipaje, corrió hacia
las filas y fue a saludar a sus hermanos.
17:23 Mientras estaba hablando con ellos,
subió del frente filisteo el luchador llamado Goliat, el filisteo de
Gat. Pronunció las mismas palabras, y David lo escuchó.
17:24 Todos los israelitas, apenas vieron
al hombre, huyeron despavoridos delante de él.
17:25 Un hombre de Israel dijo: "¿Han
visto a ese hombre que sube? ¡Él viene a desafiar a Israel! Al
que lo derrote, el rey lo colmará de riquezas, le dará su hija
como esposa y eximirá de impuestos a su casa paterna en Israel".
17:26 David preguntó a los hombres
que estaban con él: "¿Qué le harán al hombre
que derrote a ese filisteo y ponga a salvo el honor de Israel? Porque ¿quién
es ese filisteo incircunciso para desafiar a las huestes del Dios viviente?"
17:27 La gente le repitió lo mismo:
"Al que lo derrote le harán tal y tal cosa".
17:28 Pero Eliab, su hermano mayor, al
oírlo hablar así con esos hombres, se irritó contra él
y exclamó: "¿Para qué has bajado aquí? ¿Y
con quién has dejado esas pocas ovejas en el desierto? Ya sé
que eres un atrevido y un mal intencionado: ¡tú has bajado para
ver la batalla!".
17:29 David replicó: "Pero
¿qué he hecho? ¿O ni siquiera se puede hablar?".
17:30 En seguida se apartó de él
y, dirigiéndose a otro, le hizo la misma pregunta. Y la gente le respondió
lo mismo que antes.
17:31 Los que habían oído
las palabras que dijo David se las comunicaron a Saúl, y este lo mandó
llamar.
17:32 David dijo a Saúl: "No
hay que desanimarse a causa de ese; tu servidor irá a luchar contra
el filisteo".
17:33 Pero Saúl respondió
a David: "Tú no puedes batirte con ese filisteo, porque no eres
más que un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud".
17:34 David dijo a Saúl: "Tu
servidor apacienta el rebaño de su padre, y siempre que viene un león
o un oso y se lleva una oveja del rebaño,
17:35 yo lo persigo, lo golpeo y se la
arranco de la boca; y si él me ataca, yo lo agarro por la quijada y
lo mato a golpes.
17:36 Así he matado leones y osos,
y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado
a las huestes del Dios viviente".
17:37 Y David añadió: "El
Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también
me librará de la mano de ese filisteo". Entonces Saúl dijo
a David: "Ve, y que el Señor esté contigo".
El
combate de David con Goliat
17:38 Saúl vistió a David
con su propia indumentaria, le puso en la cabeza un casco de bronce y lo cubrió
con una coraza.
17:39 Después, David se ciñó
la espada de Saúl por encima de su indumentaria, e hizo un esfuerzo
para poder caminar, porque no estaba entrenado. Entonces David dijo a Saúl:
"No puedo caminar con todas estas cosas porque no estoy entrenado".
Y David se las quitó.
17:40 Luego tomó en la mano su
bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las
puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó
hacia el filisteo.
17:41 El filisteo se fue acercando poco
a poco a David, precedido de su escudero.
17:42 Y al fijar sus ojos en David, el
filisteo lo despreció, porque vio que era apenas un muchacho, de tez
clara y de buena presencia.
17:43 Entonces dijo a David: "¿Soy
yo un perro para que vengas a mí armado de palos?". Y maldijo
a David invocando a sus dioses.
17:44 Luego le dijo: "Ven aquí,
y daré tu carne a los pájaros del cielo y a los animales del
campo".
17:45 David replicó al filisteo:
"Tú avanzas contra mí armado de espada, lanza y jabalina,
pero yo voy hacia ti en el nombre del Señor de los ejércitos,
el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has desafiado.
17:46 Hoy mismo el Señor te entregará
en mis manos; yo te derrotaré, te cortaré la cabeza, y daré
tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a los
pájaros del cielo y a los animales del campo. Así toda la tierra
sabrá que hay un Dios para Israel.
17:47 Y toda esta asamblea reconocerá
que el Señor da la victoria sin espada ni lanza. Porque esta es una
guerra del Señor, y él los entregará en nuestras manos".
17:48 Cuando el filisteo se puso en movimiento
y se acercó cada vez más para enfrentar a David, este enfiló
velozmente en dirección al filisteo.
17:49 En seguida metió la mano
en su bolsa, sacó de ella una piedra y la arrojó con la honda,
hiriendo al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente,
y él cayó de bruces contra el suelo.
17:50 Así venció David al
filisteo con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal, sin
tener una espada en su mano.
17:51 David fue corriendo
y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó
de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza.
Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron.
17:52 Inmediatamente, los hombres de Israel
y de Judá lanzaron el grito de guerra y persiguieron a los filisteos
hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos
cayeron heridos de muerte por el camino de Dos Puertas, hasta Gat y Ecrón.
17:53 Después, los israelitas volvieron
de su encarnizada persecución contra los filisteos y saquearon su campamento.
17:54 David tomó la cabeza del
filisteo y la llevó a Jerusalén, pero dejó las armas
en su propia carpa.
La
presentación de David a Saúl
17:55 Al ver que David salía al
encuentro del filisteo, Saúl le había preguntado a Abner, el
jefe del ejército: "Abner, ¿de quién es hijo ese
muchacho?". "¡Por tu vida, rey, no lo sé!", respondió
Abner.
17:56 Entonces el rey dijo: "Averigua
de quién es hijo ese muchacho".
17:57 Cuando David volvió de matar
al filisteo, Abner lo llevó a la presencia de Saúl con la cabeza
del filisteo en la mano.
17:58 Saúl le preguntó:
"¿De quién eres hijo, muchacho?". David respondió:
"Soy hijo de tu servidor Jesé, el de Belén".
La
amistad de Jonatán con David
18:1 Apenas David terminó de hablar
con Saúl, Jonatán se encariñó con él y
llegó a quererlo como a sí mismo.
18:2 Saúl lo hizo quedar con él
aquel día y no lo dejó volver a la casa de su padre.
18:3 Y Jonatán hizo un pacto con
David,
porque lo amaba como a sí mismo.
18:4 Él se despojó del manto
que llevaba puesto y se lo dio a David, y lo mismo hizo con su indumentaria
y hasta con su espada, su arco y su cinturón.
18:5 Siempre que salía de campaña,
enviado por Saúl, David tenía éxito. Entonces Saúl
lo puso al frente de sus hombres de guerra. David era bien visto por todo
el pueblo y también por los servidores de Saúl.
Los
celos de Saúl contra David
18:6 A su regreso, después que
David derrotó al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel
salían a recibir al rey Saúl, cantando y bailando, al son jubiloso
de tamboriles y triángulos.
18:7 Y mientras danzaban,
las mujeres cantaban a coro:
"Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles".
18:8 Saúl se puso furioso y muy
disgustado por todo aquello, pensó: "A David le atribuyen los
diez mil, y a mí tan sólo los mil. ¡Ya no le falta más
que la realeza!".
18:9 Y a partir de ese día, Saúl
miró con malos ojos a David.
18:10 Al día siguiente, un mal
espíritu que venía de Dios se apoderó de Saúl,
y él se puso a delirar en medio de su casa. David tocaba su instrumento
como los otros días, y Saúl tenía su lanza en la mano.
18:11 De pronto, Saúl empuñó
la lanza, pensando: "Voy a clavar a David contra la pared". Pero
David esquivó el golpe una y otra vez.
18:12 Entonces Saúl le tuvo miedo,
porque el Señor estaba con David y, en cambio, se había retirado
de él.
18:13 Por eso lo apartó de su lado,
constituyéndolo jefe de un millar de hombres. Así David iba
y venía al frente de las tropas.
18:14 El éxito lo acompañaba
en todas sus empresas y el Señor estaba con él.
18:15 Al ver que todo le salía
bien, Saúl le tuvo miedo,
18:16 pero todos en Israel y en Judá
amaban a David, porque él iba y venía al frente de ellos.
Los
planes de Saúl para deshacerse de David
18:17 Saúl dijo a David: "Ahí
tienes a Merab, mi hija mayor; te la voy a dar por esposa, pero tendrás
que servirme valerosamente y combatir en las guerras del Señor".
En realidad, Saúl pensaba: "Que sean los filisteos, y no yo, los
que pongan su mano sobre él".
18:18 Pero David respondió a Saúl:
"¿Quién soy yo y quién es mi estirpe, el clan de
mi padre en Israel, para que yo sea el yerno del rey?".
18:19 Y cuando llegó
el momento en que David debía casarse con Merab,
la hija de Saúl, se la dieron como esposa a Adriel de Mejolá.
18:20 Mientras tanto, Mical, la otra hija
de Saúl, se había enamorado de David. Cuando se lo contaron
a Saúl, este recibió con agrado la noticia,
18:21 porque pensó: "Se la
daré para tenerlo atrapado, y así caerá en manos de los
filisteos". Entonces Saúl dijo a David por segunda vez: "Hoy
vas a ser mi yerno".
18:22 Además, dio esta orden a
sus servidores: "Díganle a David confidencialmente: 'El rey te
aprecia y todos sus servidores te quieren; ahora es el momento de convertirte
en yerno del rey'".
18:23 Los servidores del rey repitieron
estas palabras a David, pero él les respondió: "¿Les
parece poca cosa ser yerno del rey? Yo soy un hombre pobre y de condición
humilde".
18:24 Cuando los servidores informaron
a Saúl de lo que había dicho David,
18:25 Saúl les dijo: "Háblenle
así a David: 'Como único precio a cambio de su hija, el rey
quiere cien prepucios de filisteos, para vengarse de sus enemigos'".
De esta manera, Saúl pensaba lograr que David cayera en manos de los
filisteos.
El
matrimonio de David con la hija de Saúl
18:26 Los servidores comunicaron estas
palabras a David, y a él le agradó la idea de convertirse en
yerno del rey. Antes que se cumpliera el plazo fijado,
18:27 David partió con sus hombres
y mató a doscientos filisteos. Luego trajo los prepucios y presentó
ante el rey el número completo, para poder ser su yerno. Entonces Saúl
le dio como esposa a su hija Mical.
18:28 Saúl, al ver esto, comprendió
que el Señor estaba con David y que su hija Mical lo amaba.
18:29 Por eso creció el miedo que
le tenía a David y fue su enemigo toda la vida.
18:30 Los jefes de los filisteos solían
hacer incursiones, y cada vez que salían, David tenía más
éxito que todos los servidores de Saúl. Así su nombre
se hizo célebre.
La
intervención de Jonatán en favor de David
19:1 Saúl habló a su hijo
Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a David. Pero
Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David,
19:2 y lo puso sobre aviso, diciéndole:
"Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado mañana
por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver.
19:3 Yo saldré y me quedaré
junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré
de ti, veré qué pasa y te lo comunicaré".
19:4 Jonatán habló a su
padre Saúl en favor de David, y le dijo: "Que el rey no peque
contra su servidor David, ya que él no ha pecado contra ti. Al contrario,
sus acciones te reportan grandes beneficios.
19:5 Él se jugó la vida
cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran victoria
a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas
a pecar con sangre inocente, matando a David sin motivo?".
19:6 Saúl hizo caso a Jonatán
y pronunció este juramento: "¡Por la vida del Señor,
no morirá!".
19:7 Jonatán llamó a David
y lo puso al tanto de todo. Luego lo llevó a la presencia de Saúl,
y David quedó a su servicio como antes.
Nuevo
atentado de Saúl contra David
19:8 Al reanudarse la guerra, David salió
a combatir contra los filisteos; les infligió una gran derrota y ellos
huyeron ante él.
19:9 Entonces, un mal espíritu
del Señor se apoderó de Saúl. Mientras él estaba
sentado en su casa, con la lanza en la mano, y David tocaba su instrumento,
19:10 Saúl trató de clavarlo
contra la pared con la lanza. Pero David esquivó el golpe de Saúl,
y la lanza se clavó en la pared. En seguida David huyó y se
puso a salvo, aquella misma noche.
David
salvado por su esposa Mical
19:11 Saúl envió unos emisarios
a la casa de David, para vigilarlo y darle muerte a la mañana.
Pero Mical, su esposa, le advirtió: "Si no salvas tu vida esta
noche, mañana estarás muerto".
19:12 Mical ayudó a David a bajar
por la ventana, y él huyó para ponerse a salvo.
19:13 Luego, Mical tomó el ídolo
familiar y lo colocó sobre la cama; puso en la cabecera un cuero de
cabra y lo cubrió con una manta.
19:14 Saúl envió emisarios
para que detuvieran a David, pero Mical les dijo: "Está enfermo".
19:15 Saúl los mandó de
nuevo a ver a David, con esta orden: "¡Tráiganmelo con cama
y todo, para que yo lo mate!".
19:16 Pero cuando los emisarios entraron,
no encontraron en la cama más que el ídolo, con el cuero de
cabra en la cabecera.
19:17 Saúl dijo a Mical: "¿Qué
manera de engañarme es esta? ¡Has dejado escapar a mi enemigo!".
Mical le respondió: "Él me dijo: 'O me dejas partir o te
mato'".
Saúl
y David con el profeta Samuel
19:18 Una vez que huyó y se puso
a salvo, David se presentó a Samuel en Ramá y le contó
todo lo que le había hecho Saúl. Luego, él y Samuel fueron
a alojarse en Naiot.
19:19 Cuando informaron a Saúl
de que David estaba en Naiot, en Ramá,
19:20 aquel envió emisarios para
que detuvieran a David. Ellos vieron a la comunidad de profetas, con Samuel
a la cabeza, en estado de trance profético. Entonces el espíritu
del Señor invadió a los emisarios de Saúl, y también
ellos entraron en trance.
19:21 Al enterarse de esto, Saúl
envió otros emisarios, pero también ellos entraron en trance.
Por tercera vez, Saúl volvió a enviar emisarios, y también
ellos entraron en trance.
19:22 Entonces fue él personalmente
a Ramá. Al llegar a la gran cisterna que está en Secú,
Saúl preguntó: "¿Dónde están Samuel
y David?". "Están en Naiot, cerca de Ramá", le
respondieron.
19:23 De allí
se dirigió a Naiot, en Ramá, y el espíritu del Señor
se apoderó de él, de manera que fue caminando en estado de trance
hasta Naiot, en Ramá.
19:24 También él se despojó
de su ropa y estuvo en trance delante de Samuel. Luego cayó rendido,
y estuvo desnudo todo aquel día y aquella noche. Por eso se suele decir:
"¿También Saúl está entre los profetas?"
El
encuentro de David con Jonatán
20:1 David huyó de Naiot, en Ramá,
y se presentó ante Jonatán. "¿Qué hice yo?,
le dijo. ¿Cuál es mi falta o mi pecado contra tu padre, para
que me persiga a muerte?"
20:2 Jonatán le respondió:
"¡Ni pensarlo! ¡Tú no morirás! Mira, mi padre
no hace absolutamente nada sin comunicármelo. ¿Por qué
entonces me habría de ocultar este asunto? ¡No hay nada de eso!"
20:3 Pero David insistió: "Tu
padre sabe muy bien que yo te he caído en gracia, y habrá pensado:
'Que Jonatán no se entere, no sea que se entristezca'. Sin embargo,
¡por la vida del Señor y por tu propia vida, estoy a un paso
de la muerte!"
20:4 Jonatán dijo a David: "Estoy
dispuesto a hacer por ti lo que tú me digas".
20:5 David le respondió: "Mañana
es la luna nueva, y tendré que compartir la mesa con tu padre. Tu me
dejarás partir, y yo me ocultaré al descampado hasta pasado
mañana por la tarde.
20:6 Si tu padre nota mi ausencia, tú
le dirás: 'David me insistió para que lo dejara ir de una corrida
hasta Belén, su ciudad, porque allí se celebra el sacrificio
anual de toda la familia'.
20:7 Si él dice: 'Está bien',
tu servidor podrá sentirse tranquilo. Pero si se pone furioso, sabrás
que él ha decidido mi ruina.
20:8 Sé leal con tu servidor, ya
que le has hecho contraer contigo un pacto en nombre del Señor. Si
en algo he faltado, mátame tú mismo. ¿Para qué
me harás comparecer ante tu padre?"
20:9 "¡Ni lo pienses!, le dijo
Jonatán. Si supiera realmente que mi padre está decidido a infligirte
algún mal, seguro que te lo comunicaría".
20:10 David le preguntó: "¿Quién
me avisará si tu padre te responde duramente?"
20:11 Jonatán dijo a David: "Vamos
al campo". Y los dos salieron al campo.
El
pacto de David con Jonatán
20:12 Jonatán dijo a David: "¡El
Señor, el Dios de Israel, es testigo! Mañana o pasado mañana,
a esta misma hora, trataré de averiguar las intenciones de mi padre.
Si todo marcha bien para ti y no te mando a nadie que te avise,
20:13 ¡que el Señor me castigue
una y otra vez! Y en caso de que mi padre quiera hacerte algún mal,
te avisaré también y te dejaré partir. Así podrás
irte en paz, y que el Señor esté contigo como lo estuvo con
mi padre.
20:14 Si entonces vivo todavía,
tú me demostrarás la fidelidad que el Señor exige. Y
si estoy muerto,
20:15 seguirás
siendo leal con mi casa para siempre,
aun cuando el Señor haya extirpado de la superficie del suelo a cada
uno de los enemigos de David".
20:16 Y Jonatán concluyó
un pacto con la casa de David, en estos términos: "Que el Señor
pida cuenta de esto a los enemigos de David".
20:17 Jonatán hizo prestar otra
vez juramento a David, a causa del amor que le tenía,
porque lo quería como a sí mismo.
La
intervención de Jonatán en favor de David
20:18 Jonatán dijo a David: "Mañana
es la luna nueva. Se advertirá tu ausencia, porque notarán que
tu puesto está vacío,
20:19 y lo mismo sucederá pasado
mañana. Por eso, desciende bien abajo, al lugar donde estuviste escondido
la otra vez, y quédate junto a aquel montón de piedras.
20:20 Yo, por mi parte, lanzaré
tres flechas en esa dirección, como quien tira al blanco.
20:21 Luego mandaré al servidor
a buscar la flecha. Si yo le digo: 'La tienes más acá, recógela',
entonces ven; puedes estar tranquilo y no hay ningún inconveniente,
¡por la vida del Señor!
20:22 Pero si yo digo al muchacho: 'La
tienes más allá', entonces vete, porque el Señor quiere
que te vayas.
20:23 En cuanto a la palabra que nos hemos
dado mutuamente, el Señor está entre tú y yo para siempre".
20:24 David se escondió en el descampado.
Al llegar la luna nueva, el rey se sentó a la mesa para comer.
20:25 Como lo hacía habitualmente,
ocupó su asiento contra la pared, Jonatán se puso enfrente y
Abner se sentó al lado de Saúl; pero el puesto de David quedó
vacío.
20:26 Ese día Saúl no dijo
nada, porque pensó: "Debe ser una casualidad; seguramente no se
ha purificado y se encuentra en estado de impureza".
20:27 Pero al día siguiente de
la luna nueva, el segundo día, el puesto de David aún estaba
vacío. Saúl dijo a su hijo Jonatán: "¿Por
qué el hijo de Jesé no ha venido al banquete ni ayer ni hoy?"
20:28 Jonatán respondió
a Saúl: "David me insistió para que lo dejara ir hasta
Belén.
20:29 'Por favor, me dijo, déjame
partir, porque se celebra el sacrificio familiar en la ciudad y mi propio
hermano me ha ordenado que vaya. Ahora, si quieres hacerme un favor, iré
de una escapada a ver a mis hermanos'. Por eso él no ha venido a la
mesa del rey".
20:30 Saúl se enfureció
contra Jonatán y le dijo: "¡Hijo de una mala mujer! ¿Acaso
yo no sé que tú estás de parte del hijo de Jesé,
para vergüenza tuya y deshonra de tu madre?
20:31 Porque mientras el hijo de Jesé
viva sobre la tierra, no habrá seguridad ni para ti ni para tu reino.
Manda ahora mismo que me lo traigan, porque merece la muerte".
20:32 Pero Jonatán replicó
a su padre Saúl: "¿Por qué va a morir? ¿Qué
ha hecho?".
20:33 Saúl empuñó
la lanza para atacarlo, y entonces Jonatán comprendió que su
padre ya tenía resuelto matar a David.
20:34 Jonatán se levantó
de la mesa muy enojado, y no comió nada el segundo día de la
luna nueva, porque estaba afligido a causa de David, a quien su padre había
injuriado.
20:35 A la mañana siguiente, Jonatán
salió al campo en compañía de un joven servidor, según
lo convenido con David,
20:36 y dijo a su servidor: "Corre
a buscar las flechas que voy a tirar". El servidor fue corriendo, y Jonatán
lanzó la flecha más allá de él.
20:37 Cuando el niño llegó
al lugar donde estaba la flecha que había tirado Jonatán, este
gritó detrás de él: "Ahí la tienes, más
allá".
20:38 Luego gritó otra vez detrás
de él: "¡Rápido, apúrate, no te quedes parado!".
El servidor recogió la flecha y volvió adonde estaba su señor,
20:39 sin darse cuenta de nada; sólo
Jonatán y David estaban al tanto de la cosa.
20:40 Luego Jonatán entregó
sus armas al niño y le dijo: "Ve y lleva esto a la ciudad".
La
despedida de David y Jonatán
20:41 Cuando el servidor partió,
David subió del lado del sur y se postró tres veces con el rostro
en tierra. Después, uno y otro se abrazaron llorando, hasta que la
pena de David creció más todavía.
20:42 Entonces Jonatán dijo a David:
"Vete en paz, ya que los dos nos hemos hecho un juramento en nombre del
Señor, diciendo: 'Que el Señor esté entre tú y
yo, entre mi descendencia y la tuya para siempre'".