2° SAMUEL
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La
adhesión de Sibá a David
16:1 David acababa de pasar la cumbre,
cuando le salió al encuentro Sibá, el servidor de Meribaal,
con un par de asnos ensillados y cargados con doscientos panes, cien racimos
de pasas de uva, cien frutas frescas y un odre de vino.
16:2 El rey dijo a Sibá: "¿Qué
vas a hacer con eso?". Sibá respondió: "Los asnos
servirán de cabalgadura a la familia del rey; el pan y la fruta son
para que coman los jóvenes, y el vino, para que beban los que desfallezcan
en el desierto".
16:3 El rey le preguntó: "¿Dónde
está el hijo de tu señor?". Sibá respondió
al rey: "Se ha quedado en Jerusalén, diciendo: 'Hoy la casa de
Israel me devolverá el reino de mi padre'".
16:4 El rey dijo a Sibá: "Desde
ahora te pertenecen todos los bienes de Meribaal". Sibá respondió:
"¡A tus pies! ¡Quiera mi señor, el rey, dispensarme
siempre su favor!"
David
maldecido por Simei
16:5 Cuando el rey llegaba a Bajurím
salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl,
llamado Simei, hijo de Guerá.
Mientras salía, iba lanzando maldiciones,
16:6 y arrojaba piedras contra David y
contra sus servidores, a pesar de que todo el pueblo y todos los guerreros
marchaban a la derecha y a la izquierda del rey.
16:7 Y al maldecirlo, decía: "¡Fuera,
fuera, hombre sanguinario y canalla!
16:8 El Señor hace recaer sobre
ti toda la sangre de la casa de Saúl, a quien tú has usurpado
el reino. ¡El Señor ha puesto la realeza en manos de tu hijo
Absalón, mientras que tú has caído en desgracia, porque
eres un sanguinario!"
16:9 Abisai, hijo de Seruiá, dijo
al rey: "¿Cómo ese perro muerto va a maldecir a mi señor,
el rey? ¡Deja que me cruce y le cortaré la cabeza!"
16:10 Pero el rey replicó: "¿Qué
tengo que ver yo con ustedes, hijos de Seruiá? Si él maldice,
es porque el Señor le ha dicho: '¡Maldice a David!'. ¿Quién
podrá entonces reprochárselo?"
16:11 Luego David dijo a Abisai y a todos
sus servidores: "Si un hijo mío, nacido de mis entrañas,
quiere quitarme la vida, ¡cuánto más este benjaminita!
Déjenlo que maldiga,
si así se lo ha dicho el Señor.
16:12 Quizá el Señor mire
mi humillación y me devuelva la felicidad, a cambio de esta maldición
que hoy recibo de él".
16:13 David siguió con sus hombres
por el camino, mientras Simei iba por la ladera de la montaña, al costado
de él; y a medida que avanzaba, profería maldiciones, arrojaba
piedras y levantaba polvo.
16:14 David y su gente llegaron rendidos,
y allí retomaron aliento.
Absalón en Jerusalén
16:15 Mientras tanto, Absalón había
entrado en Jerusalén con todos los hombres de Israel, y Ajitófel
lo acompañaba.
16:16 Cuando Jusai, el arquita, el amigo
de David, llegó a donde estaba Absalón, le dijo: "¡Viva
el rey! ¡Viva el rey!"
16:17 Pero Absalón replicó
a Jusai: "¿Esa es tu lealtad hacia tu amigo? ¿Por qué
no te has ido con él?"
16:18 Entonces Jusai dijo a Absalón":
"¡No, de ninguna manera! Yo estoy con aquel a quien ha elegido
el Señor, y también esta gente y todos los hombres de Israel.
¡Con él me quedaré!
16:19 Después de todo, ¿a
quién voy a servir? ¿No es acaso a su hijo? Como estuve al servicio
de tu padre, así te serviré a ti".
16:20 Luego Absalón dijo a Ajitófel:
"¡Deliberen a ver qué nos conviene hacer!"
16:21 Ajitófel dijo a Absalón:
"Únete a las concubinas que dejó tu padre al cuidado de
su casa. Así todo Israel sabrá que has roto con tu padre, y
tus partidarios se sentirán fortalecidos".
16:22 Entonces le
instalaron a Absalón una carpa en la azotea, y él se unió
a las concubinas
de su padre, a la vista de todo Israel.
16:23 En aquella época, se buscaba
el consejo de Ajitófel como un oráculo divino: tal era la estima
que tenían por sus consejos tanto David como Absalón.
El
plan de Ajitófel frustrado por Jusai
17:1 Ajitófel dijo a Absalón:
"Déjame elegir doce mil hombres y saldré en persecución
de David esta misma noche.
17:2 Lo sorprenderé cuando esté
enteramente agotado y le infundiré terror. Toda la tropa que está
con él huirá, y entonces mataré al rey solo.
17:3 Así haré que todo el
pueblo se vuelva hacia ti como una esposa a su marido. Lo que tú quieres
es eliminar a un solo hombre; todos los demás quedarán a salvo".
17:4 La propuesta de Ajitófel le
pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.
17:5 Sin embargo, Absalón dijo:
"Llamen a Jusai, el arquita, y oigámoslo también a él,
a ver qué opina".
17:6 Jusai se presentó ante Absalón,
y este le dijo: "Ajitófel ha dicho esto y esto. ¿Debemos
hacer lo que él dice? En caso contrario, danos tu opinión".
17:7 Jusai respondió a Absalón:
"Esta vez, el consejo que ha dado Ajitófel no es acertado".
17:8 Luego añadió: "Tú
conoces a tu padre y a sus hombres: ellos son valientes y están exasperados
como una osa salvaje cuando le arrebatan sus cachorros. Además, tu
padre es un hombre de guerra y no va a pasar la noche con la tropa.
17:9 Seguro que ahora está escondido
en una quebrada o en cualquier otra parte. Y si al comienzo caen algunos de
los nuestros, el que se entere dirá: 'Ha habido un desastre entre los
secuaces de Absalón'.
17:10 Entonces, hasta el más valiente,
aunque tenga el ánimo de un león, se sentirá acobardado,
porque todo Israel sabe que tu padre es un héroe y que los hombres
que están con él son valerosos.
17:11 Por eso, yo aconsejo lo siguiente:
que todo Israel, desde Dan hasta Berseba, se concentre junto a ti en cantidad
innumerable como la arena de la playa, y que tú en persona vayas al
combate.
17:12 Así lo alcanzaremos allí
donde esté, caeremos sobre él como el rocío sobre el
suelo, y no quedará vivo nadie, ni él ni uno solo de sus hombres.
17:13 Y si se retira a una ciudad, todo
Israel hará que lleven cuerdas a esa ciudad, y la arrastraremos hasta
el torrente, a tal punto que allí no se encontrará más
ni una piedrita".
17:14 Absalón y todos los hombres
de Israel dijeron: "¡El consejo de Jusai, el arquita, es mejor
que el de Ajitófel!". El Señor, en efecto, había
decidido frustrar el acertado consejo de Ajitófel, para provocar la
ruina de Absalón.
El
repliegue de David hacia la Transjordania
17:15 Jusai dijo entonces a los sacerdotes
Sadoc y Abiatar: "Ajitófel ha aconsejado tal y tal cosa a Absalón
y a los ancianos de Israel, y yo les he dado este otro consejo.
17:16 Manden ahora mismo a informar a
David: 'No te quedes esta noche en los pasos del desierto. Cruza más
bien al otro lado, no vaya a suceder que sean aniquilados el rey y todo el
pueblo que lo acompaña'".
17:17 Jonatán y Ajimáas
estaban junto a la Fuente de Roguel. Una esclava fue a llevarles la noticia,
para que ellos, a su vez, fueran a informar a David, porque no podían
dejarse ver entrando en la ciudad.
17:18 Pero un joven los vio y fue a avisar
a Absalón. Entonces los dos partieron rápidamente y llegaron
a la casa de un hombre de Bajurím, que tenía un pozo en el patio.
Ellos bajaron al pozo,
17:19 y la mujer tomó un lienzo,
lo extendió sobre la boca del pozo y esparció encima grano machacado,
de manera que no se notaba nada.
17:20 Los servidores de Absalón
entraron en la casa de esa mujer y preguntaron: "¿Dónde
están Ajimáas y Jonatán?" La mujer les respondió:
"Pasaron por aquí en dirección a las aguas". Ellos
registraron, y al no encontrar nada, se volvieron a Jerusalén.
17:21 Apenas partieron, los jóvenes
salieron del pozo y fueron a informar al rey David: "Apresúrense
a cruzar las aguas, le dijeron, porque Ajitófel ha propuesto este plan
contra ustedes".
17:22 David y toda la tropa que iba con
él reanudaron la marcha y cruzaron el Jordán. Al despuntar el
día, no había quedado nadie sin pasar el Jordán.
El
suicidio de Ajitófel
17:23 Cuando Ajitófel vio que no
habían seguido su consejo, ensilló su asno y se fue a su casa,
a su ciudad. Puso en orden los asuntos de su casa y se ahorcó. Así
murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.
David
y Absalón en la Transjordania
17:24 David llegó a Majanaim, mientras
Absalón cruzaba el Jordán con todos los hombres de Israel.
17:25 Absalón había puesto
al frente del ejército a Amasá, en lugar de Joab. Amasá
era hijo de un hombre llamado Itrá, el ismaelita, que se había
unido a Abigail, hija de Jesé y hermana de Seruiá, la madre
de Joab.
17:26 Israel y Absalón acamparon
en la región de Galaad.
17:27 Y cuando David
llegó a Majanaim, Sobí, hijo de Najás, el de Rabá
de los amonitas, Maquir, hijo de Amiel, el de Lo Dabar, y Barzilai,
el galaadita de Roglím,
17:28 trajeron catres, mantas, jarras,
vasijas, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,
17:29 miel, leche cuajada y queso de oveja
y de vaca, y se los presentaron a David y a la gente que estaba con él,
para que comieran. Porque decían: "La gente está hambrienta,
cansada y sedienta de tanto caminar por el desierto".
El
enfrentamiento de David y Absalón
18:1 David pasó revista a sus tropas
y puso al frente de ellas jefes de mil y cien hombres.
18:2 Luego dio a la tropa la señal
de partida: un tercio iba a las órdenes de Joab, un tercio a las órdenes
de Abisai, hijo de Seruiá y hermano de Joab, y el otro tercio a las
órdenes de Itai, el de Gat. El rey dijo a la tropa: "Yo también
saldré con ustedes".
18:3 Pero la tropa respondió: "Tú
no vendrás con nosotros. Porque si tenemos que huir, eso no le importaría
a nadie; y aunque muriera la mitad de nosotros, tampoco nos tendrían
en cuenta. Tú, en cambio, vales ahora por diez mil de nosotros. Es
mejor que estés pronto a socorrernos desde la ciudad".
18:4 El rey les dijo: "Haré
lo que les parezca bien". Y permaneció al lado de la Puerta, mientras
toda la tropa salía en grupos de cien y mil hombres.
18:5 El rey hizo esta recomendación
a Joab, Abisai e Itai: "Trátenme con cuidado al joven Absalón".
Y toda la tropa oyó cuando el rey hacía a todos los jefes esa
misma recomendación.
18:6 La tropa salió al campo abierto
para enfrentarse con Israel, y se entabló batalla en el bosque de Efraím.
18:7 Allí el ejército de
Israel cayó derrotado ante los servidores de David, y aquel día
el desastre fue tan grande, que hubo veinte mil bajas.
18:8 Desde allí el combate se extendió
a toda la región, y el bosque devoró aquel día más
gente que la espada.
La
muerte de Absalón
18:9 De pronto, Absalón se encontró
frente a los servidores de David. Iba montado en un mulo, y este se metió
bajo el tupido ramaje de una gran encina, de manera que la cabeza de Absalón
quedó enganchada en la encina. Así él quedó colgado
entre el cielo y la tierra, mientras el mulo seguía de largo por debajo
de él.
18:10 Al verlo, un hombre avisó
a Joab: "¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!".
18:11 Joab replicó al hombre que
le dio la noticia: "Y si lo viste, ¿por qué no lo dejaste
tendido allí mismo? ¡Yo ahora te hubiera dado diez siclos de
plata y un cinturón!"
18:12 Pero el hombre dijo a Joab: "Aunque
pudiera pesar en la palma de mi mano mil siclos de plata, no atentaría
contra el hijo del rey. Porque en presencia nuestra el rey les impartió
esta orden, a ti, a Abisai y a Itai: '¡Cuídenme bien al joven
Absalón!'
18:13 Y si yo hubiera atentado alevosamente
contra su vida, como al rey no se le oculta nada, tú te habrías
puesto contra mí".
18:14 Entonces Joab replicó: "No
voy a perder más tiempo contigo". Y tomando en su mano tres dardos,
los clavó en el corazón de Absalón, que estaba todavía
vivo en medio de la encina.
18:15 Luego diez jóvenes, los escuderos
de Joab, rodearon a Absalón y lo acabaron de matar.
18:16 Joab hizo sonar el cuerno y la tropa
dejó de perseguir a Israel, porque Joab la retuvo.
18:17 Luego tomaron a Absalón,
lo arrojaron en un gran pozo, en plena foresta, y pusieron encima un enorme
montón de piedras. Mientras tanto, todo Israel huyó, cada uno
a su carpa.
El
monumento de Absalón
18:18 Absalón se había erigido
en vida una piedra conmemorativa, que está en el valle del Rey. Porque
él decía: "Yo no tengo un hijo para perpetuar mi nombre".
A esa estela la había llamado con su nombre, y se la llama "Monumento
de Absalón" hasta el día de hoy.
El
anuncio de la muerte de Absalón
18:19 Ajimáas, hijo de Sadoc, dijo:
"¡Iré corriendo a llevar al rey la buena noticia de que
el Señor le ha hecho justicia, librándolo de sus enemigos!"
18:20 Joab le respondió: "Hoy
no serás portador de buenas noticias. Otro día sí lo
serás, pero hoy no vas a llevar una buena noticia, porque ha muerto
el hijo del rey".
18:21 Luego Joab dijo a un cusita: "Ve
a informar al rey de lo que has visto". El cusita se postró delante
de Joab y salió corriendo.
18:22 Ajimáas volvió a decir
a Joab: "Pase lo que pase, yo también iré corriendo detrás
del cusita". Joab replicó: "¿Para qué vas a
correr, hijo mío? Esa buena noticia no te reportará nada bueno".
18:23 Pero él insistió:
"¡Pase lo que pase, iré corriendo!". Entonces Joab
le dijo: "Está bien, corre". Ajimáas fue corriendo
por el camino del Distrito y se adelantó al cusita.
18:24 David estaba sentado entre las dos
puertas. El centinela, que había subido a la azotea de la Puerta, encima
de la muralla, alzó los ojos y vio a un hombre que corría solo.
18:25 El centinela lanzó un grito
y avisó al rey. El rey dijo: "Si está solo, trae una buena
noticia". Mientras el hombre se iba acercando,
18:26 el centinela divisó a otro
que venía corriendo y gritó al portero: "¡Otro hombre
viene corriendo solo!". El rey comentó: "Ese también
trae una buena noticia".
18:27 Luego el centinela dijo: "Por
la manera de correr, me parece que el primero es Ajimáas, hijo de Sadoc".
Entonces el rey dijo: "Es una buena persona: seguro que viene con buenas
noticias".
18:28 Cuando Ajimáas se acercó,
dijo al rey: "¡Paz!". Y postrándose ante el rey con
el rostro en tierra, añadió: "¡Bendito sea el Señor,
tu Dios, que ha reprimido a los hombres que alzaron su mano contra el rey,
mi señor!"
18:29 El rey preguntó: "¿Está
bien el joven Absalón?" Ajimaás respondió: "Cuando
me envió Joab, el servidor del rey, vi un gran tumulto, pero no sé
de qué se trataba".
18:30 El rey le ordenó: "Retírate
y quédate allí". Él se retiró y se quedó
de pie.
18:31 En seguida llegó el cusita
y dijo: "¡Que mi señor, el rey, se entere de la buena noticia!
El Señor hoy te ha hecho justicia, librándote de todos los que
se sublevaron contra ti".
18:32 El rey preguntó al cusita:
"¿Está bien el joven Absalón?" El cusita respondió:
"¡Que tengan la suerte de ese joven los enemigos de mi señor,
el rey, y todos los rebeldes que buscan tu desgracia!"
El
dolor de David por la muerte de Absalón
19:1 El rey se estremeció, subió
a la habitación que estaba arriba de la Puerta y se puso a llorar.
Y mientras iba subiendo, decía: "¡Hijo mío, Absalón,
hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ah, si hubiera
muerto yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío!"
19:2 Entonces avisaron a Joab: "El
rey llora y se lamenta por Absalón".
19:3 La victoria, en aquel día,
se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque todos habían
oído que el rey estaba muy afligido a causa de su hijo.
19:4 Aquel día, el ejército
entró furtivamente en la ciudad, como lo hubiera hecho un ejército
avergonzado por haber huido del combate.
19:5 Mientras tanto, el rey se había
cubierto el rostro y gritaba: "¡Absalón, hijo mío!
¡Absalón, hijo mío, hijo mío!".
19:6 Joab fue adentro a ver al rey y le
dijo: "¡Hoy has cubierto de oprobio el rostro de tus servidores,
esos que hoy han salvado tu vida y la vida de tus hijos y tus hijas, de tus
mujeres y concubinas!
19:7 Porque tú amas a los que te
odian y odias a los que te aman. ¡Sí, hoy has puesto de manifiesto
que para ti no valen nada ni los jefes ni los soldados! Seguro que si hoy
Absalón estuviera vivo, y todos nosotros muertos, a ti te parecería
una cosa justa.
19:8 Ahora levántate y ve a dar
una palabra de aliento a tus servidores. Porque si no sales, ¡juro por
el Señor que esta noche no quedará nadie contigo! Y esa sí
que será para ti una desgracia peor que todas las que has soportado
desde tu juventud hasta ahora".
19:9 Entonces el rey se levantó
y fue a sentarse a la Puerta. Y cuando hicieron correr la noticia: "¡El
rey está sentado a la Puerta!", todo el pueblo acudió a
presentarse ante el rey.
El
retorno de David
Mientras tanto, los de Israel habían huido cada uno a su carpa.
19:10 Y en todas las tribus de Israel
había discusiones entre el pueblo: "El rey, decían, nos
libró de las manos de nuestros enemigos, nos liberó del poder
de los filisteos, ¡y ahora ha tenido que huir del país a causa
de Absalón!
19:11 Pero Absalón, al que habíamos
ungido para que fuera nuestro jefe, ha muerto en el combate. ¿Qué
esperan entonces para traer de vuelta al rey?"
19:12 Y lo que se decía en todo
Israel llegó a conocimiento del rey.
Entonces el rey David mandó decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar:
"Hablen en estos términos a los ancianos de Judá: '¿Por
qué van a ser ustedes los últimos en hacer que el rey vuelva
a su casa?
19:13 Ustedes son mis hermanos, de mi
propia sangre: ¡no pueden ser los últimos en hacer que vuelva
el rey!'
19:14 Y a Amasá le dirán:
'¿No eres tú de mi misma sangre? ¡Que Dios me castigue
una y otra vez, si tú no ocupas para siempre el lugar de Joab, como
jefe de mi ejército!'"
19:15 Así el rey se ganó
el corazón de todos los hombres de Judá como el de un solo hombre,
y ellos le mandaron decir al rey: "Vuelve, tú y todos tus servidores".
El
encuentro de David con Simei
19:16 El rey emprendió el camino
de regreso y llegó hasta el Jordán. Los de Judá, por
su parte, habían ido a Guilgal para recibirlo y ayudarlo a pasar el
Jordán.
19:17 Simei, hijo de Guerá,
el benjaminita de Bajurím, se apresuró a descender con los hombres
de Judá al encuentro del rey David,
19:18 llevando consigo a mil hombres de
Benjamín. Sibá, el servidor de la casa de Saúl, y con
él sus quince hijos y sus veinte servidores, bajaron prontamente al
Jordán antes que el rey,
19:19 y cruzaron el vado, para hacer pasar
a la familia del rey y complacer todos sus deseos.
En cuanto a Simei, se arrojó a los pies del rey cuando este iba a cruzar
el Jordán,
19:20 y exclamó: "¡Que
el rey no me tenga en cuenta la falta! ¡No te acuerdes de la falta que
cometió tu servidor, el día en que el rey, mi señor,
salía de Jerusalén! ¡No le des importancia,
19:21 ya que tu servidor reconoce su pecado!
Por eso hoy soy el primero de toda la casa de José que ha bajado al
encuentro de mi señor, el rey".
19:22 Entonces intervino Abisai, hijo
de Seruiá, y dijo: "¿No va a morir Simei por haber maldecido
al ungido del Señor?"
19:23 Pero David replicó: "¿Qué
tengo que ver yo con ustedes, hijos de Seruiá, para que hoy se comporten
como adversarios míos? Hoy nadie será condenado a muerte en
Israel.
¿No estoy acaso ahora seguro de ser el rey de Israel?"
19:24 Luego el rey dijo a Simei: "Tú
no morirás". Y se lo juró.
El
encuentro con Meribaal
19:25 También Meribaal, hijo de
Saúl,
bajó al encuentro del rey. No se había cuidado los pies, ni
arreglado el bigote, ni hecho lavar la ropa, desde el día en que el
rey partió de Jerusalén hasta que volvió sano y salvo.
19:26 Apenas llegó de Jerusalén
para recibir al rey, este le dijo: "¿Por qué no has venido
conmigo, Meribaal?"
19:27 Él respondió: "¡Rey,
mi señor, he sido traicionado por mi servidor! Porque yo había
pensado: 'Voy a ensillar el asno para montar en él e irme con el rey',
ya que estoy lisiado.
19:28 Pero él me calumnió
ante mi señor, el rey. Sin embargo, tú eres como un ángel
de Dios: trátame entonces como mejor te parezca.
19:29 Porque toda la casa de mi padre
no merecía de parte de mi señor, el rey, nada más que
la muerte. Y a pesar de todo, tú me has admitido entre tus comensales:
¿qué derecho tengo todavía de reclamar algo al rey?"
19:30 El rey le respondió: "¿Para
qué vas a añadir nuevas razones? Ya lo he decidido: tú
y Sibá se repartirán las tierras".
19:31 Meribaal dijo al rey: "¡Que
él se quede con todo, puesto que mi señor, el rey, ha vuelto
a su casa sano y salvo!"
El
encuentro con Barzilai
19:32 Barzilai,
el de Galaad, había bajado de Roglím y había pasado con
el rey el Jordán, para despedirlo junto al río.
19:33 Barzilai era muy anciano, tenía
ochenta años, y había abastecido de provisiones al rey durante
su permanencia en Majanaim, porque era un hombre de muy buena posición.
19:34 El rey le dijo: "Sigue adelante
conmigo, y yo me ocuparé de tu sustento en Jerusalén".
19:35 Pero Barzilai respondió al
rey: "¿Cuántos años más voy a tener de vida
para que suba contigo a Jerusalén?
19:36 ¡Ya tengo ochenta años!
No puedo distinguir lo bueno de lo malo, ni saborear lo que como o lo que
bebo, ni oír la voz de los cantores y cantoras. ¿Por qué
tu servidor va a ser una carga más para mi señor, el rey?
19:37 Tu servidor te acompañará
un corto trecho más allá del Jordán. ¿Para qué
me vas a conceder semejante recompensa?
19:38 Te ruego que me dejes volver, y
así moriré en mi ciudad junto a la tumba de mi padre y de mi
madre. Ahí tienes a tu servidor Quimhám: que él siga
adelante con mi señor, el rey, y trátalo como mejor te parezca".
19:39 El rey dijo entonces: "Que
Quimhám siga adelante conmigo; yo lo trataré como mejor te parezca
y haré por ti todo lo que quieras pedirme".
19:40 Todo el pueblo pasó el Jordán,
y también pasó el rey. Luego el rey besó a Barzilai y
lo bendijo, y él regresó a su casa.
Disensiones
entre Israel y Judá
19:41 El rey avanzó hasta Guilgal,
y Quimhám iba con él. Todo el pueblo de Judá acompañaba
al rey, y también la mitad del pueblo de Israel.
19:42 Entonces todos los hombres de Israel
se presentaron al rey y le dijeron: "¿Por qué te tienen
acaparado nuestros hermanos, los hombres de Judá, y han sido ellos
los que hicieron cruzar el Jordán al rey, a su familia y a todos los
hombres que estaban con David?"
19:43 Los hombres de Judá respondieron
a los de Israel: "Es porque el rey está más cerca de nosotros.
¿Por qué se van a irritar a causa de esto? ¿Acaso hemos
comido a costa del rey o él nos ha concedido algún privilegio?"
19:44 Pero los hombres de Israel replicaron
a los de Judá: "Nosotros tenemos sobre el rey, incluso sobre David,
diez veces más derechos que ustedes. ¿Por qué nos han
relegado? ¿No fuimos nosotros los primeros en proponer que volviera
nuestro rey?" A esto respondieron los hombres de Judá con palabras
aún más duras.
La
rebelión de Seba
20:1 Casualmente se encontraba allí
un malvado llamado Seba, hijo de Bicrí, un benjaminita. Él tocó
la trompeta y exclamó: "Nosotros no tenemos parte con David ni
herencia común con el hijo de Jesé.¡Cada uno a su carpa,
Israel!"
20:2 Todos los hombres de Israel se apartaron
de David para seguir a Seba, hijo de Bicrí; pero los hombres de Judá
se mantuvieron unidos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.
20:3 David entró a su casa en Jerusalén.
Entonces el rey tomó a las diez concubinas
que había dejado al cuidado de la casa y las puso en un recinto bien
custodiado. Él proveía a su mantenimiento, pero no tuvo más
relaciones con ellas, y así estuvieron recluidas, viviendo como viudas,
hasta el día de su muerte.
Amasá
asesinado por Joab
20:4 El rey dijo a Amasá: "Convócame
a los hombres de Judá en tres días. Luego preséntate
aquí".
20:5 Amasá fue a convocar a Judá,
pero se excedió del plazo que David le había fijado.
20:6 Entonces David dijo a Abisai: "Ahora
Seba, hijo de Bicrí, va a causarnos más daño que Absalón.
Recluta tú mismo a los servidores de tu señor y persíguelo,
no sea que ocupe algunas plazas fuertes y se nos escape".
20:7 Así partieron detrás
de Abisai los hombres de Joab, los quereteos, los peleteos y todos los Guerreros,
saliendo de Jerusalén en persecución de Seba, hijo de Bicrí.
20:8 Cuando estaban junto a la piedra
grande que hay en Gabaón, Amasá se presentó delante de
ellos. Joab, que iba vestido con su indumentaria militar, llevaba encima de
ella un cinturón con una espada envainada y ajustada a la cintura.
Y cuando se adelantó, se le cayó la espada.
20:9 Joab dijo a Amasá: "¿Estás
bien, hermano?", y le tomó la barba con la mano derecha para besarlo.
20:10 Pero Amasá
no había prestado atención a la espada que tenía Joab
en la mano izquierda, y este lo hirió en el bajo vientre, desparramando
sus entrañas por el suelo. Así murió Amasá, sin
que Joab tuviera que repetir el golpe. Luego Joab y su hermano Abisai se lanzaron
en persecución de Seba, hijo de Bicrí.
20:11 Uno de los jóvenes de Joab
se paró al lado de Amasá y exclamó: "El que es partidario
de Joab y está con David, ¡que siga a Joab!"
20:12 Mientras tanto, Amasá, bañado
en sangre, se revolcaba en medio del camino. Al ver que todos se detenían,
aquel hombre retiró a Amasá del camino y arrojó sobre
él un manto, porque veía que todos los que llegaban junto a
él se paraban.
20:13 Y una vez que lo apartó del
camino, todos siguieron adelante detrás de Joab, para perseguir a Seba,
hijo de Bicrí.
Fin
de la rebelión de Seba
20:14 Seba recorrió todas las tribus
de Israel hasta Abel Bet Maacá, y todos los del clan de Bicrí
se reunieron y también lo siguieron.
20:15 Pero los otros fueron a sitiarlo
en Abel Bet Maacá y levantaron contra la ciudad un terraplén
que llegaba al antemuro. Como toda la tropa que estaba con Joab se puso a
socavar el muro para hacerlo caer,
20:16 una mujer sagaz gritó desde
la ciudad: "¡Escuchen, escuchen! Díganle por favor a Joab
que se acerque aquí, para que yo le hable".
20:17 Él se le acercó y
la mujer le dijo: "¿Tú eres Joab?". "Sí,
soy yo", respondió él. Ella continuó diciendo: "¡Escucha
las palabras de tu servidora!". Joab respondió: "Te escucho".
20:18 Entonces la mujer habló en
estos términos: "Antes se solía decir: 'Que se consulte
a los de Abel, y asunto concluido'.
20:19 Nosotros somos de lo más
pacífico y leal en Israel. ¡Y tú pretendes destruir una
ciudad que es madre en Israel! ¿Por qué quieres aniquilar la
herencia del Señor?"
20:20 Pero Joab respondió: "¡Lejos
de mí destruir y arruinar!
20:21 No se trata de eso; lo que pasa
es que un hombre de la montaña de Efraím, llamado Seba, hijo
de Bicrí, ha alzado su mano contra el rey David. Entréguenlo
a él solo, y yo me retiraré de la ciudad". La mujer dijo
a Joab: "En seguida te arrojarán su cabeza por encima del muro".
20:22 La mujer se dirigió a todo
el pueblo con tanta cordura, que ellos le cortaron la cabeza a Seba, hijo
de Bicrí, y se la arrojaron a Joab. Este hizo sonar la trompeta y levantaron
el asedio, yéndose cada uno a su carpa. Joab, por su parte, se volvió
a Jerusalén, junto al rey.
Los
oficiales de la corte de David
2
Samuel 8, 15-18 / 1
Crónicas 18, 14-17
20:23
Joab comandaba todo el ejército de Israel; Benaías, hijo de
Iehoiadá, estaba al frente de los quereteos y peleteos;
20:24 Adorám era el encargado del
reclutamiento de trabajadores; Josafat, hijo de Ajilud, el archivista;
20:25 Seiá, el secretario; Sadoc
y Abiatar, los sacerdotes.
20:26 También Irá, el jairita,
era sacerdote de David.