1° REYES
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La
Dedicación del Templo: el traslado del Arca
2
Crónicas 5, 2-10
8:1
Entonces Salomón reunió junto a él en Jerusalén,
a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los príncipes
de las casas paternas de los israelitas, para subir el Arca de la Alianza
del Señor desde la Ciudad de David,
o sea, desde Sión.
8:2 Todos los hombres de Israel se reunieron
junto al rey Salomón en el mes de Etaním el séptimo
mes durante la Fiesta.
8:3 Cuando llegaron todos los ancianos
de Israel, los sacerdotes levantaron el Arca,
8:4 y subieron el Arca del Señor,
con la Carpa del Encuentro y todos los objetos sagrados que había en
la Carpa. Los que trasladaron todo eso fueron los sacerdotes y los levitas.
8:5 Mientras tanto, el rey Salomón
y toda la comunidad de Israel reunida junto a él delante del Arca,
sacrificaban carneros y toros, en tal cantidad que no se los podía
contar ni calcular.
8:6 Los sacerdotes introdujeron el Arca
de la Alianza en su sitio, en el lugar santísimo de la Casa el
Santo de los santos bajo las alas de los querubines.
8:7 Porque los querubines desplegaban
sus alas sobre el sitio destinado al Arca, y resguardaban por encima el Arca
y sus andas.
8:8 Las andas eran tan largas que sus
extremos se veían desde el Santo, por delante del lugar santísimo,
aunque no se las veía desde afuera. Allí han estado hasta el
día de hoy.
8:9 En el Arca se encontraban
únicamente las dos tablas de piedra que Moisés, en el Horeb,
había depositado allí: las tablas de la Alianza que el Señor
había hecho con los israelitas a su salida de Egipto.
La
Gloria del Señor en el Templo
2
Crónicas 5, 116, 2
8:10
Mientras los sacerdotes salían del Santo, la nube llenó la Casa
del Señor,
8:11 de manera que los sacerdotes no pudieron
continuar sus servicios a causa de la nube, porque la gloria del Señor
llenaba la Casa.
8:12 Entonces Salomón dijo: "El
Señor ha decidido habitar en la nube oscura.
8:13 Sí, yo te he construido la
Casa de tu señorío,
un lugar donde habitarás para siempre".
Alocución
de Salomón al pueblo
2
Crónicas 6, 3-11
8:14
Después el rey se volvió y bendijo a toda la asamblea de Israel,
mientras esta permanecía de pie.
8:15 Él dijo: "Bendito sea
el Señor, el Dios de Israel, que ha cumplido con su mano lo que su
boca había anunciado a mi padre David, cuando le dijo:
8:16 'Desde el día en que hice
salir de Egipto a mi pueblo Israel, no había elegido ninguna ciudad,
entre todas las tribus de Israel, para que allí se edificara una Casa
donde residiera mi Nombre, sino que elegí a David para que estuviera
al frente de mi pueblo Israel'.
8:17 Mi padre David pensó edificar
una Casa para el Nombre del Señor, el Dios de Israel.
8:18 Pero el Señor
dijo a mi padre David: 'Tú has pensado edificar una Casa para mi Nombre,
y has hecho bien al pensar así.
8:19 Sin embargo, no
serás tú el que edificará la Casa, sino un hijo nacido
de tus entrañas: él construirá la Casa para mi Nombre'.
8:20 Y el Señor cumplió
la palabra que había dicho: yo he sucedido a mi padre David, y me he
sentado en el trono de Israel, como lo había dicho el Señor.
Yo edifiqué la Casa para el Nombre del Señor,
8:21 y allí he asignado un lugar
para el Arca, donde se encuentra la Alianza que el Señor concluyó
con nuestros padres cuando los hizo salir del país de Egipto".
La
súplica de Salomón
2
Crónicas 6, 12-42
8:22
Salomón se puso ante el altar del Señor, frente a toda la asamblea
de Israel, extendió sus manos hacia el cielo
8:23 y dijo: "Señor, Dios
de Israel, ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú,
que mantienes la Alianza y eres fiel con tus servidores, cuando caminan delante
de ti de todo corazón.
8:24 Tú has cumplido, en favor
de mi padre David, la promesa que le habías hecho, y hoy mismo has
realizado con tu mano lo que había dicho tu boca.
8:25 Y ahora, Señor, Dios de Israel,
cumple en favor de tu servidor David, mi padre, la promesa que le hiciste,
diciendo: 'Nunca te faltará un descendiente que esté sentado
delante de mí en el trono de Israel, con tal que tus hijos vigilen
su conducta, caminando en mi presencia como has caminado tú'.
8:26 Y ahora, Dios de Israel, que se verifique
la promesa que hiciste a mi padre, tu servidor David.
8:27 Pero, ¿es
posible que Dios habite realmente en la tierra? Si el cielo y lo más
alto del cielo no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa
que yo he construido!
8:28 No obstante, Señor, Dios mío,
vuelve tu rostro hacia la oración y la súplica de tu servidor,
y escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu servidor.
8:29 Que tus ojos estén
abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre el lugar del que tú
dijiste: 'Allí residirá mi Nombre'.
¡Escucha la oración que tu servidor dirige hacia este lugar!
8:30 ¡Escucha la súplica
y la oración que tu servidor y tu pueblo Israel dirijan hacia este
lugar! ¡Escucha desde tu morada en el cielo, escucha y perdona!
8:31 Cuando un hombre peque contra su
prójimo, si se lo obliga a prestar el juramento imprecatorio, y él
viene a pronunciar la imprecación ante tu altar, en esta Casa,
8:32 escucha tú desde el cielo,
actúa y juzga a tus servidores: condena al culpable, dándole
su merecido, y absuelve al inocente, tratándolo según su justicia.
8:33 Cuando tu pueblo Israel sea derrotado
por el enemigo por haber pecado contra ti, si ellos se vuelven hacia ti y
celebran tu Nombre, si oran y te suplican en esta Casa,
8:34 escucha tú desde el cielo:
perdona el pecado de tu pueblo Israel y tráelo de nuevo a la tierra
que diste a sus padres.
8:35 Cuando se cierre el cielo y no haya
lluvia, porque ellos pecaron contra ti, si oran hacia este lugar, si celebran
tu Nombre y se convierten de su pecado, porque tú los humillaste,
8:36 escucha tú desde el cielo:
perdona el pecado de tus servidores y de tu pueblo Israel, mostrándoles
el buen camino que deben seguir, y envía lluvia a la tierra que diste
en herencia a tu pueblo.
8:37 Cuando haya hambre en el país,
o haya peste, quemazón o plaga en los sembrados, langosta o pulgón;
cuando el enemigo lo tenga sitiado en alguna de sus ciudades, o sobrevenga
un flagelo o epidemia,
8:38 cualquiera sea la oración
o la súplica que te dirija un miembro de tu pueblo Israel, sintiéndose
tocado en su corazón y con las manos extendidas hacia esta Casa,
8:39 escúchalas tú desde
el cielo, desde el lugar donde habitas; escucha y actúa: trátalo
a cada uno según su conducta, tú que conoces su corazón,
porque solo tú conoces el corazón de todos los humanos.
8:40 Así los israelitas sentirán
temor de ti mientras vivan en el suelo que diste a sus padres.
8:41 También al extranjero, que
no pertenezca a tu pueblo Israel, y llegue de un país lejano a causa
de tu Nombre
8:42 porque se oirá hablar de
tu gran Nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido cuando él
venga a orar hacia esta Casa,
8:43 escucha tú desde el cielo,
desde el lugar donde habitas, y concede al extranjero todo lo que te pida.
Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre, sentirán
temor de ti como tu pueblo Israel, y sabrán que esta Casa, que yo he
construido, es llamada con tu Nombre.
8:44 Cuando tu pueblo salga a combatir
contra su enemigo, por el camino que tú le señales, si ellos
oran al Señor y vueltos hacia la ciudad que tú has elegido y
hacia la Casa que yo edifiqué para tu Nombre,
8:45 escucha tú desde el cielo
esa oración y esa súplica, y hazles justicia.
8:46 Cuando pequen contra ti porque no
hay hombre que no peque y tú, irritado contra ellos, los pongas a
merced del enemigo, y sus vencedores los lleven cautivos a un país
enemigo, próximo o lejano,
8:47 si en el país al que han sido
deportados reflexionan y se convierten, si en el país de sus vencedores
te suplican, diciendo: '¡Hemos pecado, somos culpables, hemos cometido
el mal!';
8:48 si en el país de los enemigos
que los hayan deportado se vuelven hacia ti de todo corazón y con toda
el alma, si te suplican en dirección al país que diste a sus
padres, a la ciudad que tú has elegido y a la Casa que yo edifiqué
para tu Nombre,
8:49 escucha tú desde el cielo,
desde el lugar donde habitas, esa oración y esa súplica y hazles
justicia:
8:50 perdona a tu pueblo los pecados que
haya cometido contra ti y todas las rebeldías de las que se hizo culpable;
concédeles que sus enemigos se compadezcan de ellos,
8:51 porque son tu pueblo y tu herencia,
la que tú hiciste salir de Egipto, del horno de fuego.
8:52 Que tus ojos estén abiertos
a la súplica de tu servidor y de tu pueblo Israel, para escucharlos
cada vez que te invoquen,
8:53 porque tú los separaste para
ti de entre todos los pueblos, a fin de que fueran tu herencia, como lo dijiste
tú mismo, Señor, por medio de tu servidor Moisés, cuando
hiciste salir de Egipto a nuestros padres".
La
bendición de Salomón a la asamblea
8:54 Cuando Salomón terminó
de dirigir al Señor toda esta oración y esta súplica,
se levantó de delante del altar del Señor, donde estaba arrodillado
con las manos extendidas hacia el cielo.
8:55 Y puesto de pie, bendijo en voz alta
a toda la asamblea de Israel, diciendo:
8:56 "¡Bendito
sea el Señor, que ha dado a su pueblo el descanso, conforme a todo
lo que había dicho! No ha caído por tierra ninguna de las promesas
que él hizo por medio de su servidor Moisés.
8:57 ¡Que el Señor, nuestro
Dios, esté con nosotros como lo estuvo con nuestros padres, que no
nos abandone ni nos rechace!
8:58 ¡Que incline nuestro corazón
hacia él, para que vayamos por todos sus caminos y observemos sus mandamientos,
sus preceptos y sus leyes, que él dio a nuestros padres!
8:59 Que estas súplicas que yo
he pronunciado en presencia del Señor, nuestro Dios, estén presentes
ante él día y noche, para que haga justicia a su servidor y
a su pueblo Israel, según la necesidad de cada día.
8:60 Así sabrán todos los
pueblos de la tierra que el Señor es Dios, y no hay otro;
8:61 y el corazón de ustedes pertenecerá
íntegramente al Señor, nuestro Dios, para caminar según
sus preceptos y observar sus mandamientos, como en el día de hoy".
Los
sacrificios de la Dedicación del Templo
2
Crónicas 7, 1-10
8:62
El rey, y con él todo Israel, ofrecieron sacrificios delante del Señor.
8:63 Salomón inmoló, como
sacrificios de comunión en honor del Señor, veintidós
mil bueyes y ciento veinte mil carneros. Así, el rey y todos los israelitas
dedicaron la Casa del Señor.
8:64 Aquel día, el rey consagró
el centro del atrio que está delante de la Casa del Señor, ofreciendo
allí el holocausto, la oblación y la grasa de los sacrificios
de comunión, porque el altar de bronce que está delante del
Señor resultaba demasiado pequeño para contener los holocaustos,
las oblaciones y la grasa de los sacrificios de comunión.
8:65 En aquella ocasión, Salomón,
y con él todo Israel, celebró la Fiesta delante del Señor,
nuestro Dios, durante siete días. Se congregó una gran asamblea,
venida desde la Entrada de Jamat hasta el Torrente de Egipto.
8:66 Al octavo día, Salomón
despidió al pueblo. Ellos bendijeron al rey y se fueron a sus campamentos,
con el corazón desbordante de alegría por todo el bien que el
Señor había hecho a su servidor David y a su pueblo Israel.
Nueva
aparición del Señor a Salomón
2
Crónicas 7, 11-22
9:1
Cuando Salomón terminó de construir la Casa del Señor,
la casa del rey y todo lo que fue de su agrado,
9:2 el Señor se le apareció
por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón,
9:3 y le dijo: "He oído tu
oración y la súplica que has pronunciado en mi presencia. Yo
he consagrado esta Casa que tú has edificado a fin de poner allí
mi Nombre para siempre: mis ojos y mi corazón estarán allí
todos los días.
9:4 En cuanto a ti, si caminas en mi presencia
como lo hizo tu padre David, con integridad de corazón y rectitud,
practicando todo lo que te he mandado, observando mis preceptos y mis leyes,
9:5 entonces yo mantendré para
siempre tu trono real sobre Israel, según se lo prometí a tu
padre David, cuando dije: 'Nunca faltará uno de tus descendientes sobre
el trono de Israel'.
9:6 Pero si ustedes y sus hijos defeccionan,
si no observan los mandamientos y preceptos que puse delante de ustedes, si
van a servir a otros dioses y se postran delante de ellos,
9:7 entonces yo extirparé a Israel
del suelo que le di, y apartaré lejos de mi presencia la Casa que consagré
a mi Nombre. Así Israel será la burla y la irrisión de
todos los pueblos.
9:8 Esta Casa se convertirá
en un montón de ruinas, y todo el que pase junto a ella quedará
pasmado y silbará de estupor. Y se preguntará: '¿Por
qué el Señor ha tratado así a este país y a esta
Casa?'
9:9 Y le responderán: 'Porque abandonaron
al Señor, su Dios, que había hecho salir a sus padres del país
de Egipto, y porque siguieron a otros dioses, se postraron ante ellos y los
sirvieron: por eso el Señor atrajo sobre ellos esta calamidad'".
Las
ciudades cedidas por Salomón a Jirám
2
Crónicas 8, 1-6
9:10
Durante los veinte años que tardó Salomón en construir
los dos edificios la Casa del Señor y la casa del rey
9:11 Jirám, rey de Tiro, le proporcionó
madera de cedro, madera de ciprés y oro a discreción. Por eso,
al cabo de ese tiempo, Salomón cedió a Jirám veinte poblados
en la región de Galilea.
9:12 Jirám salió de Tiro
para ver los poblados que le había cedido Salomón. Y como no
le gustaron,
9:13 exclamó: "¿Son
estas las ciudades que me das, hermano mío?". Y se las llamó
"País de Cabul", hasta el día de hoy.
9:14 Jirám había enviado
al rey Salomón ciento veinte talentos de oro.
El
reclutamiento de trabajadores para las construcciones de Salomón
2
Crónicas 8, 7-10
9:15
Esta fue la manera como Salomón reclutó trabajadores para construir
la Casa del Señor, su propia casa, el Terraplén, el muro de
Jerusalén, Jasor, Meguido, Guézer,
9:17b Bet Jorón de Abajo,
9:18 Baalat y Tamar de la estepa, en el
país de Judá;
9:19 como asimismo los centros de aprovisionamiento
que tenía Salomón, las ciudades para los carros de guerra y
la caballería, y todas las demás construcciones que Salomón
quiso levantar en Jerusalén, en el Líbano y en todo el país
sometido a su dominio.
9:20 A los sobrevivientes de los amorreos,
los hititas, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, que no pertenecían
a Israel
9:21 es decir, a sus descendientes, que
habían quedado después de ellos en el país, porque los
israelitas no habían podido consagrarlos al exterminio total Salomón
les impuso trabajos forzados hasta el día de hoy.
9:22 Pero no sometió a esclavitud
a ningún israelita, sino que a ellos los empleó como soldados,
funcionarios, jefes, escuderos y comandantes de sus carros de guerra y su
caballería.
9:23 Los supervisores de los capataces
puestos al frente de las obras de Salomón eran ciento cincuenta hombres,
que dirigían al personal ocupado en los trabajos.
El
traslado de la hija del Faraón
2
Crónicas 8, 11
9:24
Una vez que la hija del Faraón pasó de la Ciudad de David a
la casa que le había edificado Salomón, este levantó
el Terraplén.
9:16 En cuanto a Guézer, el Faraón,
rey de Egipto, la había atacado y conquistado, la había incendiado
y matado a todos los cananeos que vivían en la ciudad, y luego se la
había entregado como dote a su hija, la esposa de Salomón.
9:17a Y Salomón reconstruyó
Guézer.
La
organización del culto
2
Crónicas 8, 12- 16
9:25
Tres veces al año, Salomón ofrecía holocaustos
y sacrificios de comunión sobre el altar que había erigido al
Señor, y quemaba incienso sobre el altar que estaba delante del Señor.
Así completó la construcción de la Casa.
La
flota de Salomón
2
Crónicas 8, 17-18
9:26
Salomón equipó también una flota en Esión Guéber,
que está cerca de Elat, a orillas del Mar Rojo, en el país de
Edóm.
9:27 Jirám envió como tripulantes,
junto con los servidores de Salomón, a algunos de sus súbditos,
todos ellos marinos y buenos conocedores del mar.
9:28 Ellos fueron a Ofir, y trajeron de
allí cuatrocientos veinte talentos de oro, que entregaron a Salomón.
La
visita de la reina de Sabá
2
Crónicas 9, 1-12
10:1
La reina de Sabá
oyó hablar de la fama de Salomón, y fue a ponerlo a prueba,
proponiéndole unos enigmas.
10:2 Llegó a Jerusalén con
un séquito imponente, con camellos cargados de perfumes, de muchísimo
oro y de piedras preciosas. Cuando se presentó ante Salomón,
le expuso todo lo que tenía pensado decirle.
10:3 Salomón respondió a
todas sus preguntas: no hubo para el rey ninguna cuestión tan oscura
que no se la pudiera explicar.
10:4 Cuando la reina
de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que
había construido,
10:5 los manjares de su mesa, los aposentos
de sus servidores, el porte y las libreas de sus camareros, sus coperos y
los holocaustos que ofrecía en la Casa del Señor, se quedó
sin aliento
10:6 y dijo al rey: "¡Realmente
era verdad lo que había oído decir en mi país acerca
de ti y de tu sabiduría!
10:7 Yo no lo quería creer, sin
venir antes a verlo con mis propios ojos. Pero ahora compruebo que no me habían
contado ni siquiera la mitad: tu sabiduría y tus riquezas superan la
fama que llegó a mis oídos.
10:8 ¡Felices tus mujeres, felices
también estos servidores tuyos, que están constantemente delante
de ti, escuchando tu sabiduría!
10:9 ¡Y bendito sea el Señor,
tu Dios, que te ha mostrado su favor poniéndote sobre el trono de Israel!
Sí, por su amor eterno a Israel, el Señor te estableció
como rey para que ejercieras el derecho y la justicia".
10:10 La reina regaló al rey ciento
veinte talentos de oro, una enorme cantidad de perfumes y piedras preciosas;
nunca más se recibieron tantos perfumes como los que la reina de Sabá
dio al rey Salomón.
10:11 La flota de Jirám, que había
transportado el oro de Ofir, trajo también de allí madera de
sándalo en gran cantidad y piedras preciosas.
10:12 Con la madera de sándalo,
el rey hizo unas balaustradas para la Casa del Señor y para la casa
del rey, y también cítaras y arpas para los músicos.
Nunca más se recibió una madera de sándalo como aquella,
ni se la vio más hasta el día de hoy.
10:13 Por su parte, el rey Salomón
dio a la reina de Sabá todo lo que a ella se le ocurrió pedir,
aparte de los regalos que le hizo como sólo podía hacerlo el
rey Salomón. Después, ella emprendió el camino de regreso
a su país, acompañada de su séquito.
Las
riquezas de Salomón
2
Crónicas 9, 13-24
10:14
El peso del oro que recibía Salomón en un solo año ascendía
a los seiscientos sesenta y seis talentos,
10:15 sin contar lo que aportaban el tránsito
de viajantes, el tráfico de mercaderes, todos los reyes de Arabia y
los gobernadores del país.
10:16 El rey Salomón hizo doscientos
grandes escudos de oro trabajado a martillo, empleando para cada uno seiscientos
siclos de oro,
10:17 y trescientos escudos más
pequeños, también de oro trabajado a martillo, empleando para
cada uno treinta minas de oro. Luego el rey los ubicó en la sala llamada
Bosque del Líbano.
10:18 El rey hizo, además, un gran
trono de marfil, al que recubrió de oro fino.
10:19 El trono tenía seis gradas,
unas cabezas de toros en la parte posterior, y brazos a ambos lados del asiento;
junto a los brazos había dos leones de pie,
10:20 y otros doce leones de pie sobre
las seis gradas, a uno y otro lado. En ningún reino se había
hecho nada igual.
10:21 Toda la vajilla del rey Salomón
era de oro, y todo el mobiliario de la sala llamada Bosque del Líbano,
de oro fino; no se usaba la plata, a la que en tiempos de Salomón no
se la tenía en cuenta para nada.
10:22 Porque el rey tenía en el
mar una flota mercante, junto con la flota de Jirám, y una vez cada
tres años las naves llegaban cargadas de oro, plata, marfil, monos
y pavos reales.
10:23 El rey Salomón
superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría.
10:24 Todo el mundo trataba de ver a Salomón
para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
10:25 Y cada uno aportaba sus presentes:
objetos de plata y oro, trajes, armas, perfumes, caballos y mulas. Así,
año tras año.
La
caballería real
2
Crónicas 1, 14-17 / 2
Crónicas 9, 25-28
10:26
Salomón reunió también carros y caballos: llegó
a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos,
que acantonó en las ciudades de guarnición y en Jerusalén,
junto a él.
10:27 El rey hizo
que la plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras,
y
que la madera de cedro fuera tan abundante como los sicómoros de la
Sefelá.
10:28 Los caballos de Salomón procedían
de Musrí y de Cilicia. Los agentes del rey los adquirían en
Cilicia, a un precio fijo.
10:29 Cada carro importado de Musrí
costaba seiscientos siclos de plata; cada caballo, ciento cincuenta. En las
mismas condiciones, por medio de esos agentes, se exportaban para todos los
reyes hititas y para los reyes de Arám.
Las
mujeres de Salomón y el culto tributado a sus dioses
11:1 El rey Salomón amó
a muchas mujeres, además de la hija del Faraón: mujeres moabitas,
amonitas, edomitas, sidonias e hititas,
11:2 es decir, de esas naciones de las
que el Señor había dicho a los israelitas: "No se unan
a ellas, y que ellas no se unan a ustedes; seguramente les desviarán
el corazón
hacia
otros dioses".
Pero Salomón se enamoró de ellas.
11:3 Tuvo setecientas mujeres con rango
de princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres le pervirtieron el corazón.
11:4 Así, en la vejez de Salomón,
sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón
ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como
el de su padre David.
11:5 Salomón fue detrás
de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm,
el abominable ídolo de los amonitas.
11:6 Él hizo lo que es malo a los
ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como
lo había hecho su padre David.
11:7 Fue entonces cuando
Salomón erigió, sobre la montaña que está al este
de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable
ídolo de Moab,
y a Milcóm, el ídolo de los amonitas.
11:8 Y lo mismo hizo para todas sus mujeres
extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
El
anuncio de la división del reino
11:9 El Señor se indignó
contra Salomón, porque su corazón se había apartado de
él, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces
11:10 y le había prohibido ir detrás
de otros dioses. Pero Salomón no observó lo que le había
mandado el Señor.
11:11 Entonces el Señor dijo a
Salomón: "Porque has obrado así y no has observado mi alianza
ni los preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se
lo daré a uno de tus servidores.
11:12 Sin embargo, no lo haré mientras
tú vivas, por consideración a tu padre David: se lo arrancaré
de las manos a tu hijo.
11:13 Pero no le arrancaré todo
el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por consideración
a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí".
Los
enemigos externos de Salomón
11:14 El Señor le suscitó
a Salomón un adversario: Hadad, el edomita, de la estirpe real de Edóm.
11:15 En efecto, después que David
derrotó a Edóm, Joab, el general del ejército, al subir
para enterrar a las víctimas, ultimó a todos los varones de
Edóm.
11:16 Porque Joab se quedó allí
seis meses, con todo Israel, hasta acabar con todos los varones de Edóm.
11:17 Pero Hadad, que entonces era muy
joven, logró huir con algunos edomitas servidores de su padre, para
ir a Egipto.
11:18 Partieron de Radian y llegaron a
Parán, donde se les agregaron algunos hombres de Parán. Luego
entraron en Egipto y se presentaron ante el Faraón, rey de Egipto,
que dio a Hadad una casa, le aseguró el sustento y le concedió
tierras.
11:19 Hadad se ganó a tal punto
el favor del Faraón, que este le dio por esposa a su cuñada,
la hermana de Tajfenés, la reina madre.
11:20 La hermana de Tajfenés le
dio un hijo, llamado Guenubat, al que Tajfenés crió en la casa
del Faraón. Así Guenubat permaneció en la casa del Faraón,
entre los hijos de este.
11:21 Pero cuando Hadad se enteró
en Egipto de que David se había ido a descansar con sus padres, y que
también había muerto Joab, el general del ejército, dijo
al Faraón: "Déjame ir a mi país".
11:22 El Faraón le respondió:
"¿Qué te falta junto a mí para que ahora trates
de ir a tu país?". "Nada, dijo él, pero déjame
partir".
11:25b Y este es el mal que hizo Hadad:
aborreció a Israel y reinó sobre Edóm.
11:23 Dios le suscitó además
a Salomón otro adversario: Rezón, hijo de Eliadá. Él
había huido de Hadadézer, rey de Sobá, su señor;
11:24 había agrupado a unos cuantos
hombres en torno de él y se había convertido en jefe de una
banda. Como David los perseguía a muerte, fue a establecerse en Damasco,
y allí reinó.
11:25a Él fue adversario de Israel
durante toda la vida de Salomón.
La
profecía de Ajías y la rebelión de Jeroboám
11:26 Jeroboám, hijo de Nebat,
el efraimita, natural de Seredá cuya madre, una viuda, se llamaba
Seruá estaba al servicio de Salomón y se sublevó contra
él.
11:27 La ocasión en que se sublevó
contra el rey fue la siguiente: Salomón estaba construyendo el Terraplén
y cubría el desnivel que había en la Ciudad de David, su padre.
11:28 Jeroboám era un hombre de
gran valía, y Salomón, al ver cómo el joven ejecutaba
la obra, lo puso al frente de los servicios que debía prestar la casa
de José.
11:29 En cierta ocasión, Jeroboám
salió de Jerusalén y lo encontró en el camino el profeta
Ajías, de Silo; este iba cubierto con un manto nuevo, y los dos estaban
solos en el campo.
11:30 Ajías tomó el manto
que llevaba encima y lo desgarró en doce pedazos.
11:31 Luego dijo a Jeroboám: "Toma
para ti diez pedazos, porque así habla el Señor, el Dios de
Israel: Yo voy a desgarrar el reino que Salomón tiene en su mano, y
te daré las diez tribus.
11:32 Una sola tribu será para
él, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén,
la ciudad que yo elegí entre todas las tribus de Israel.
11:33 Porque él me abandonó
y se postró delante de Astarté, la diosa de los sidonios, delante
de Quemós, el dios de Moab, y delante de Milcóm, el dios de
los amonitas, y porque no siguió mis caminos haciendo lo que es recto
a mis ojos y practicando mis preceptos y mis leyes como su padre David.
11:34 Pero no le quitaré el reino
de su mano, sino que lo mantendré como jefe todos los días de
su vida, por consideración a mi servidor David, a quien elegí
y que observó mis mandamientos y preceptos;
11:35 quitaré el reino de manos
de su hijo y te lo daré a ti. A ti te daré diez tribus
11:36 y a su hijo
una sola, a fin de que mi servidor David tenga siempre una lámpara
ante mí en Jerusalén,
la ciudad que yo me elegí para poner mi Nombre en ella.
11:37 En cuanto a ti, yo te constituiré,
tú reinarás conforme a tus deseos y serás rey de Israel.
11:38 Si obedeces en todo lo que yo te
ordene y sigues mis caminos, si haces lo que es recto a mis ojos, observando
mis preceptos y mis mandamientos, como lo hizo mi servidor David, yo estaré
contigo y te edificaré una dinastía estable, como la edifiqué
para David. Te entregaré a Israel
11:39 y humillaré a la estirpe
de David a causa de esto, aunque no para siempre".
11:40 Salomón trató de dar
muerte a Jeroboám, pero este huyó y se refugió en Egipto,
junto a Sisac, rey de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón.
Fin
del reinado de Salomón
2
Crónicas 9, 29-31
11:41
El resto de los hechos de Salomón y todo lo que él hizo, lo
mismo que su sabiduría, ¿no está escrito en el libro
de los Anales de Salomón?
11:42 Salomón reinó sobre
todo Israel durante cuarenta años.
11:43 Luego se fue a descansar con sus
padres, y fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Roboám
reinó en lugar de él.
EL CISMA POLÍTICO Y RELIGIOSO
La
asamblea de Siquém (933)
2
Crónicas 10, 1-19
12:1
Roboám se dirigió a Siquém, porque allí había
ido todo Israel para proclamarlo rey.
12:2 Cuando se enteró Jeroboám,
hijo de Nebat que estaba todavía en Egipto, adonde había huido
del rey Salomón se volvió de Egipto.
12:3 Lo mandaron llamar, y él se
presentó con toda la asamblea de Israel. Entonces hablaron así
a Roboám:
12:4 "Tu padre hizo muy penoso nuestro
yugo. Alivia tú ahora la dura servidumbre y el penoso yugo que él
nos impuso, y te serviremos a ti".
12:5 Él les replicó: "Váyanse
y vuelvan a verme dentro de tres días". Y el pueblo se retiró.
12:6 El rey Roboám fue a consultar
a los ancianos que habían asistido a su padre Salomón, cuando
este aún vivía, y les preguntó: "¿Qué
respuesta me aconsejan dar a este pueblo?"
12:7 Ellos le hablaron así: "Si
hoy te comportas como servidor de este pueblo, si te pones a su servicio y
les respondes con buenas palabras, serán siempre tus servidores".
12:8 Pero él desechó el
consejo que le habían dado los ancianos, y fue a consultar a los jóvenes
que se habían criado con él y lo servían como asistentes.
12:9 Les preguntó: "Y ustedes,
¿qué aconsejan? ¿Qué debemos responder a este
pueblo que me ha dicho: 'Alivia el yugo que nos impuso tu padre'?"
12:10 Los jóvenes que se habían
criado con él le dijeron: "A ese pueblo que te ha dicho: 'Tu padre
nos impuso un yugo pesado, pero tú alívianos la carga', diles
esto: '¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de
mi padre!
12:11 Si mi padre los cargó con
un yugo pesado, yo lo haré más pesado aún; si él
los castigó con látigos, yo usaré lonjas con puntas de
hierro'".
12:12 Al tercer día, Jeroboám
y todo el pueblo comparecieron ante Roboám, según lo que había
indicado el rey cuando dijo: "Vuelvan a verme al tercer día".
12:13 Pero el rey respondió al
pueblo duramente; desechó el consejo que le habían dado los
ancianos
12:14 y, siguiendo el consejo de los jóvenes,
les habló así: "Mi padre les impuso un yugo pesado, y yo
lo haré más pesado aún; mi padre los castigó con
látigos, y yo usaré lonjas con puntas de hierro".
12:15 Así el rey no escuchó
al pueblo, porque ese era el medio de que se valía el Señor
para cumplir la palabra que él había dicho a Jeroboám,
hijo de Nebat, por boca de Ajías de Silo.
12:16 Y cuando todo
Israel vio que el rey no los había escuchado, el pueblo le respondió:
"¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos
herencia común con el hijo de Jesé! ¡A tus carpas, Israel!
¡Ahora, ocúpate de tu casa, David!" Israel se fue a sus
campamentos,
12:17 pero Roboám siguió
reinando sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.
12:18 El rey Roboám envió
a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero todos los israelitas
lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir precipitadamente
a su carro y huir a Jerusalén.
12:19 Fue así como Israel se rebeló
contra la casa de David hasta el día de hoy.
La
división del reino
2
Crónicas 11, 1-12
12:20
Cuando todo Israel se enteró de que había vuelto Jeroboám,
lo mandaron llamar a la asamblea y lo proclamaron rey de todo Israel. No hubo
nadie que siguiera a la casa de David, fuera de la tribu de Judá.
12:21 Mientras tanto, Roboám llegó
a Jerusalén y convocó a toda la casa de Judá y a la tribu
de Benjamín ciento ochenta mil guerreros adiestrados para ir a combatir
contra la casa de Israel y restituir el reino a Roboám, hijo de Salomón.
12:22 Pero la palabra del Señor
llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos:
12:23 "Di a Roboám, hijo de
Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín
y al resto del pueblo:
12:24 Así habla el Señor:
No suban a combatir contra sus hermanos, los israelitas; vuelvan cada uno
a su casa, porque esto ha sucedido por disposición mía".
Ellos escucharon la palabra del Señor, y tomó cada uno el camino
de regreso, conforme a la palabra del Señor.
12:25 Jeroboám, por su parte, fortificó
Siquém, en la montaña de Efraím, y se estableció
en ella. Luego salió de allí y fortificó Penuel.
El
culto cismático de Israel
12:26 Pero Jeroboám pensó:
"Tal como se presentan las cosas, el reino podría volver a la
casa de David.
12:27 Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios
a la Casa de Dios en Jerusalén, terminarán por ponerse de parte
de Roboám, rey de Judá, su señor; entonces me matarán
a mí y se volverán a Roboám, rey de Judá".
12:28 Y después
de haber reflexionado, el rey fabricó dos terneros de oro
y dijo al pueblo: "¡Basta ya de subir a Jerusalén! Aquí
está tu Dios, Israel, el que te hizo subir del país de Egipto".
12:29 Luego puso un ternero en Betel
y
el otro en Dan.
12:30 Aquello fue una ocasión de
pecado, y el pueblo iba delante de uno de ellos hasta Dan.
12:31 Jeroboám
erigió templetes en los lugares altos, e instituyó sacerdotes
de entre el común de la gente, que no eran hijos de Leví.
12:32 Además, celebró una
fiesta el día quince del octavo mes, como la fiesta que se celebraba
en Judá, y subió al altar. Esto lo hizo en Betel, donde ofreció
sacrificios a los terneros que había fabricado. En Betel estableció
a los sacerdotes de los lugares altos que había erigido.
12:33 El día
quince del octavo mes fecha que había elegido arbitrariamente
subió al altar que había levantado en Betel.
Así celebró una fiesta para los israelitas, y subió al
altar para quemar incienso.
El
altar de Betel reprobado por un profeta
13:1 Un hombre de Dios vino de Judá
a Betel, por orden del Señor, mientras Jeroboám estaba de pie
junto al altar para quemar incienso.
13:2 Y gritó contra el altar, por
orden del Señor: "¡Altar! ¡Altar! A la casa de David
le nacerá un hijo su nombre será Josías y
él inmolará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que
queman incienso sobre ti, y hará arder sobre ti huesos humanos".
13:3 Ese mismo día, el hombre de
Dios dio una señal, diciendo: "Esta es la señal de que
ha hablado el Señor: el altar se va a resquebrajar, y se desparramará
la ceniza grasienta que hay sobre él".
13:4 Al oír la palabra que el hombre
de Dios proclamaba contra el altar de Betel, Jeroboám extendió
su brazo desde encima del altar, diciendo: "¡Deténganlo!".
Pero el brazo que había extendido hacia el hombre de Dios le quedó
paralizado, y no pudo volverlo atrás.
13:5 El altar se resquebrajó y
se desparramó la ceniza grasienta que había en él, conforme
a la señal que había dado el hombre de Dios por orden del Señor.
13:6 Entonces el rey tomó la palabra
y dijo al hombre de Dios: "Aplaca, por favor, el rostro del Señor,
tu Dios, y ruega por mí, para que pueda doblar mi brazo". El hombre
de Dios aplacó el rostro del Señor, y el rey pudo doblar el
brazo como antes.
13:7 El rey dijo entonces al hombre de
Dios: "Entra conmigo en la casa para reconfortarte, y te haré
un regalo".
13:8 Pero el hombre de Dios respondió
al rey: "Aunque me des la mitad de tu casa, no iré contigo. No
comeré pan ni beberé agua en este lugar,
13:9 porque esto es lo que se me ha mandado
por orden del Señor: No comerás pan ni beberás agua,
ni regresarás por el mismo camino".
13:10 Y se fue por otro camino, sin retomar
el que había recorrido para venir a Betel.
El
hombre de Dios y el profeta de Betel
13:11 Había un viejo profeta que
vivía en Betel. Sus hijos fueron a contarle todo lo que el hombre de
Dios había hecho aquel día en Betel, y también le contaron
a su padre las palabras que había dicho al rey.
13:12 Su padre les preguntó: "¿Por
qué camino se fue?". Los hijos le indicaron el camino que había
tomado el hombre de Dios venido de Judá,
13:13 y él les dijo: "Ensíllenme
el asno". Le ensillaron el asno y él se montó.
13:14 Luego se fue detrás del hombre
de Dios y lo encontró sentado bajo el terebinto. "¿Eres
tú el hombre de Dios que vino de Judá?", le preguntó.
"Así es", respondió él.
13:15 Entonces el profeta le dijo: "Ven
conmigo a casa a comer algo".
13:16 Pero el otro replicó: "No
puedo volver contigo ni acompañarte. No comeré pan ni beberé
agua contigo en este lugar,
13:17 porque esta es la orden que recibí
del Señor: No comerás pan ni beberás agua cuando estés
allí, ni regresarás por el camino que tomaste a la ida".
13:18 El otro le dijo: "Yo también
soy profeta como tú, y un ángel me dijo, por orden del Señor:
Tráelo contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua". Pero
en realidad le estaba mintiendo.
13:19 Así el hombre de Dios regresó
con él, y comió y bebió en su casa.
13:20 Mientras estaban sentados a la mesa,
la palabra del Señor llegó al profeta que lo había hecho
volver,
13:21 y este gritó al hombre de
Dios venido de Judá: "Así habla el Señor: Porque
has sido rebelde a la orden del Señor y no has observado el mandato
que te dio el Señor, tu Dios;
13:22 porque has regresado y has comido
pan y bebido agua en el lugar del que te había dicho: 'No comas pan
ni bebas agua allí', por eso, tu cadáver no entrará en
la tumba de tus padres".
13:23 Después que él comió
y bebió, el profeta le ensilló el asno,
13:24 y el hombre de Dios emprendió
el camino de regreso. Pero un león lo encontró en el camino
y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el camino, y el
asno y el león permanecieron de pie al lado de él.
13:25 Unos hombres que pasaban por ahí
vieron el cadáver tendido sobre el camino y al león parado junto
a él, y fueron a dar la noticia a la ciudad donde vivía el viejo
profeta.
13:26 Cuando se enteró el profeta
que lo había hecho volver atrás, dijo: "¡Es el hombre
de Dios que se rebeló contra la orden del Señor! El Señor
lo entregó al león, que lo destrozó y lo mató,
según la palabra que le había dicho el Señor".
13:27 Luego dijo a sus hijos: "Ensíllenme
el asno". Cuando se lo ensillaron,
13:28 él partió y encontró
el cadáver tendido sobre el camino, mientras que el asno y el león
estaban de pie junto al cadáver; el león no había devorado
el cadáver ni había despedazado al asno.
13:29 El viejo profeta recogió
el cadáver del hombre de Dios, lo cargó sobre el asno y lo llevó
a la ciudad para hacer duelo por él y enterrarlo.
13:30 Puso el cadáver
en su propia tumba, y le entonaron la lamentación: "¡Ay,
hermano mío!"
13:31 Después que lo enterraron,
el profeta habló así a sus hijos: "Cuando yo muera, me
enterrarán en la tumba donde ha sido sepultado el hombre de Dios; depositen
mis huesos junto a los suyos,
13:32 porque ciertamente se cumplirá
la palabra que él proclamó, por orden del Señor, contra
el altar de Betel
y contra todos los santuarios de los lugares altos que están en las
ciudades de Samaría".
Las
consecuencias de la apostasía de Jeroboám
13:33 Después que sucedió
esto, Jeroboám no se convirtió de su mala conducta. Volvió
a instituir como sacerdotes de los lugares altos a personas tomadas del común
de la gente; todo el que lo deseaba era investido por él y se convertía
en sacerdote de los lugares altos.
13:34 Esto fue una ocasión de pecado
para la casa de Jeroboám, y provocó su destrucción y
su exterminio de la faz de la tierra.
LOS REINOS DE ISRAEL Y DE JUDÁ HASTA LOS TIEMPOS DE ELÍAS
Predicción
de la ruina de Jeroboám
14:1
En aquel tiempo, cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboám.
14:2 Entonces este dijo a su esposa: "Disfrázate
para que nadie sepa que eres la mujer de Jeroboám, y ve a Silo. Allí
habita Ajías, el profeta que predijo que yo reinaría sobre este
pueblo.
14:3 Toma contigo diez panes, unas tortas
y un tarro de miel, y ve a su casa: él te va a anunciar qué
le sucederá a nuestro hijo".
14:4 Así lo hizo la mujer de Jeroboám:
partió hacia Silo y entró en la casa de Ajías. Este ya
no podía ver, porque había perdido la vista a causa de su vejez.
14:5 Pero el Señor le había
dicho: "Mira que la mujer de Jeroboám viene a consultarte acerca
de su hijo, porque está enfermo. Tú le dirás esto y esto.
Cuando ella entre, se hará pasar por otra".
14:6 Apenas oyó el ruido de los
pasos de la mujer, mientras ella entraba por la puerta, Ajías dijo:
"Entra, mujer de Jeroboám. ¿Por qué te haces pasar
por otra? Yo he sido enviado para hablarte duramente.
14:7 Ve y dile a Jeroboám: Así
habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te elevé de en medio del
pueblo y te constituí jefe de mi pueblo Israel.
14:8 Arranqué la realeza a la casa
de David para dártela a ti. Pero tú no has sido como mi servidor
David, que observó mis mandamientos y me siguió de todo corazón,
haciendo únicamente lo que es recto a mis ojos.
14:9 Tú, en cambio, has obrado
peor que todos tus predecesores; has ido a fabricarte otros dioses, ídolos
de metal fundido, para provocar mi indignación, y me has arrojado a
tus espaldas.
14:10 Por eso, yo
voy a atraer la desgracia sobre la casa de Jeroboám: extirparé
a la familia de Jeroboám todos los varones, esclavos o libres en Israel,
y barreré hasta los últimos restos de su casa, como se barre
el estiércol, bien a fondo.
14:11 Al de la familia de Jeroboám
que muera en la ciudad, lo comerán los perros, y al que muera en descampado,
lo comerán las aves del cielo, porque ha hablado el Señor.
14:12 En cuanto a ti, vete ahora mismo
a tu casa: apenas pongas tus pies en la ciudad, el niño morirá.
14:13 Todo Israel se lamentará
por él, y le darán sepultura: él es el único en
la familia de Jeroboám que entrará en una tumba, porque sólo
en él se ha encontrado algo bueno para el Señor, el Dios de
Israel, en la casa de Jeroboám.
14:14 El Señor suscitará
para Israel un rey que habrá de extirpar la casa de Jeroboám.
14:15 El Señor golpeará
a Israel, y este se agitará como el junco en las aguas. Arrancará
a Israel de este hermoso suelo que dio a sus padres, y los dispersará
al otro lado del Río, porque erigieron sus postes sagrados, provocando
así la indignación del Señor.
14:16 Él entregará a Israel
por los pecados que cometió Jeroboám y por los que hizo cometer
a Israel".
14:17 La mujer de Jeroboám partió
y se fue a Tirsá. Y cuando franqueaba el umbral de su casa, murió
el niño.
14:18 Lo sepultaron, y todo Israel se
lamentó por él, conforme a la palabra que había dicho
el Señor, por medio de su servidor, el profeta Ajías.
14:19 El resto de los hechos de Jeroboám,
sus batallas y su reinado, todo eso está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel.
14:20 Jeroboám reinó durante
veintidós años, y se fue a descansar con sus padres. Su hijo
Nadab reinó en lugar de él.
El
reinado de Roboám en Judá (933-916)
1
Reyes 14, 29-31 /
2
Crónicas 12, 13-16
14:21
Roboám, hijo de Salomón, reinó en Judá. Tenía
cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete
años en Jerusalén, la ciudad que había elegido el Señor
entre todas las tribus de Israel para poner allí su Nombre. Su madre
se llamaba Naamá, la amonita.
14:22 Judá hizo lo que es malo
a los ojos del Señor, provocando sus celos más que todos sus
antepasados, con los pecados que cometieron.
14:23 También
ellos se erigieron lugares altos, piedras conmemorativas y postes sagrados,
en cualquier colina elevada y bajo todo árbol frondoso.
14:24 Incluso se llegó
a tener en el país hombres dedicados a la prostitución sagrada.
Así imitaron todas las costumbres abominables de las naciones que el
Señor había desposeído delante de los israelitas.
La
invasión de Sisac, rey de Egipto
2
Crónicas 12, 2-12
14:25
El quinto año del reinado de Roboám, subió Sisac, rey
de Egipto, contra Jerusalén,
14:26 y se apoderó de los tesoros
de la Casa del Señor y de la casa del rey. Se apoderó de todo,
incluso de los escudos de oro que había hecho Salomón.
14:27 En lugar de ellos, el rey Roboám
hizo unos escudos de bronce, y se los confió a los jefes de los guardias
que custodiaban el acceso a la casa del rey.
14:28 Cada vez que el rey iba a la Casa
del Señor, los guardias los llevaban, y luego los volvían a
dejar en la sala de guardia.
Fin
del reinado de Roboám
1
Reyes 14, 21-24 / 2
Crónicas 12, 13-16
14:29
El resto de los hechos de Roboám y todo lo que él hizo, ¿no
está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
14:30 Entre Roboám y Jeroboám
hubo guerras continuas.
14:31 Roboám se fue a descansar
con sus padres, y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David. Su madre
se llamaba Naamá, la amonita. Su hijo Abías reinó en
lugar de él.