1° REYES
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El reinado de Abías en Judá (915-913)
2
Crónicas 13, 1-12
15:1
El año decimoctavo del reinado de Jeroboám, hijo de Nebat, Abías
comenzó a reinar sobre Judá.
15:2 Él reinó tres años
en Jerusalén. Su madre se llamaba Maacá, y era hija de Abisalóm.
15:3 Él imitó todos los
pecados que su padre había cometido antes que él, y su corazón
no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el
de su padre David.
15:4 Sin embargo, por consideración
a David, el Señor, su Dios, le concedió una lámpara en
Jerusalén,
asegurándole una descendencia y manteniendo en pie a Jerusalén.
15:5 Porque David había hecho lo
que es recto a los ojos del Señor, sin apartarse jamás de lo
que él le había mandado, salvo en el caso de Urías, el
hitita
15:6 Abías y Jeroboán estuvieron
siempre en guerra.
Fin
del reinado de Abías
2
Crónicas 13, 22-23
15:7
El resto de los hechos de Abías y todo lo que él hizo, ¿no
está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
Entre Abías y Jeroboám hubo guerra.
15:8 Abías se fue a descansar con
sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Su hijo Asá reinó
en lugar de él.
El
reinado de Asá en Judá (912-871) y su reforma religiosa
2
Crónica 14, 1-7 / 2
Crónicas 15, 8-19
15:9
El vigésimo año de Jeroboám, rey de Israel, comenzó
a reinar Asá como rey de Judá.
15:10 Él reinó cuarenta
y un años en Jerusalén. Su abuela se llamaba Maacá, y
era hija de Abisalón.
15:11 Asá hizo lo que es recto
a los ojos del Señor, igual que su padre David.
15:12 Expulsó del país a
los que se dedicaban a la prostitución sagrada y retiró todos
los ídolos fabricados por sus antepasados.
15:13 Incluso despojó del rango
de reina madre a su abuela Maacá, por haber dedicado un horrendo fetiche
a la diosa Aserá. Asá eliminó ese fetiche, quemándolo
en el torrente Cedrón.
15:14 Sin embargo, no desaparecieron los
lugares altos, aunque el corazón de Asá perteneció íntegramente
al Señor durante toda su vida.
15:15 Él hizo llevar a la Casa
del Señor las ofrendas consagradas por su padre y las que él
mismo había consagrado: plata, oro y otros utensilios.
La
guerra de Asá contra Basá, rey de Israel
2
Crónicas 16, 1-10
15:16
Entre Asá y Basá, rey de Israel, hubo guerras continuas.
15:17 Basá, rey de Israel, subió
contra Judá y fortificó Ramá, para cortarle las comunicaciones
a Asá, rey de Judá.
15:18 Entonces Asá recogió
toda la plata y el oro que aún quedaban en los tesoros de la Casa del
Señor y en los de la casa del rey, y se los confió a sus servidores,
a los que envió luego a Ben Hadad, hijo de Tabrimón, hijo de
Jezión, rey de Arám, que residía en Damasco, con el siguiente
mensaje:
15:19 "Hay una alianza entre tú
y yo, como la hubo entre mi padre y el tuyo. Aquí te envío como
presente plata y oro. Rompe entonces tu alianza con Basá, rey de Israel,
para que se retire de mi territorio".
15:20 Ben Hadad le hizo caso y envió
a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel. Atacó
a Iyón, Dan, Abel Bet Maacá, toda la región de Quinéret
y todo el territorio de Neftalí.
15:21 Cuando se enteró Basá,
suspendió la fortificación de Ramá y regresó a
Tirsá.
15:22 El rey Asá convocó
luego a todos los habitantes de Judá, sin excepción, y se llevaron
las piedras y la madera con que Basá estaba fortificando Ramá.
Con ellas, el rey Asá fortificó Gueba de Benjamín y Mispá.
Fin
del reinado de Asá
2
Crónicas 16, 11-14
15:23
El resto de todos los hechos de Asá, su valentía, sus obras
y las ciudades que construyó, ¿no está escrito todo eso
en el libro de los Anales de los reyes de Judá? Cuando ya era anciano,
se enfermó de los pies.
15:24 Asá se fue a descansar con
sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Josafat
reinó en lugar de él.
El
reinado de Nadab en Israel (911-910)
15:25 Nadab, hijo de Jeroboám,
comenzó a reinar sobre Israel el segundo año de Asá,
rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
15:26 Él hizo lo que es malo a
los ojos del Señor; siguió el camino de su padre y persistió
en el pecado con que este hizo pecar a Israel.
15:27 Basá, hijo de Ajías,
de la casa de Isacar, conspiró contra él y lo ultimó
en Guibetón, que pertenecía a los filisteos, cuando Nadab y
todo Israel la estaban sitiando.
15:28 Basá dio muerte a Nadab en
el tercer año de Asá, rey de Judá, y se constituyó
rey en lugar de él.
15:29 Apenas comenzó
a reinar, masacró a toda la casa de Jeroboám, hasta exterminarla,
sin dejar a nadie con vida,
conforme a la palabra que había dicho el Señor por medio de
su servidor Ajías de Silo.
15:30 Esto sucedió a causa de los
pecados que Jeroboám cometió e hizo cometer a Israel, provocando
así la indignación del Señor, el Dios de Israel.
15:31 El resto de los hechos de Nadab,
todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de
los Anales de los reyes de Israel?
15:32 Asá y Basá, rey de
Israel, estuvieron siempre en guerra.
El
reinado de Basá en Israel (910-887)
15:33 El tercer año de Asá,
rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel Basá, hijo
de Ajías, y reinó veinticuatro años en Tirsá.
15:34 Él hizo lo que es malo a
los ojos del Señor; siguió el camino de Jeroboám y persistió
en el pecado con que este hizo pecar a Israel.
16:1
La palabra del Señor llegó entonces a Jehú, hijo de Jananí,
contra Basá, en estos términos:
16:2 "Yo te levanté del polvo
y te constituí jefe de mi pueblo Israel. Pero tú has seguido
el camino de Jeroboám y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome
así con sus pecados.
16:3 Por eso, voy a barrer hasta los últimos
restos de Basá y de su casa, y dejaré tu casa como la de Jeroboám,
hijo de Nebat.
16:4 Al de la familia de Basá que
muera en la ciudad, lo comerán los perros, y al que muera en descampado,
lo comerán las aves del cielo".
16:5 El resto de los hechos de Basá
y todo lo que él hizo, así como su valentía, ¿no
está escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
16:6 Basá se fue a descansar con
sus padres y fue sepultado en Tirsá. Su hijo Elá reinó
en lugar de él.
16:7 Además, por medio del profeta
Jehú, hijo de Jananí, la palabra del Señor fue dirigida
a Basá y a su casa, por todo el mal que este había hecho a los
ojos del Señor, provocando su indignación con la obra de sus
manos, hasta el punto de llegar a ser como la casa de Jeroboám, y también
por haber exterminado su estirpe.
El
reinado de Elá en Israel (887-886)
16:8 El vigésimo sexto año
de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel Elá,
hijo de Basá, y reinó dos años en Tirsá.
16:9 Su servidor Zimrí, jefe de
media división de los carros de guerra, conspiró contra él;
y mientras Elá estaba en Tirsá, bebiendo hasta embriagarse en
casa de Arsá, el mayordomo de palacio,
16:10 entró Zimrí, lo hirió
de muerte y reinó en lugar de él. Era el vigésimo séptimo
año de Asá, rey de Judá.
16:11 Apenas se proclamó rey y
se sentó en su trono, él acabó con toda la casa de Basá,
sin dejarle ningún varón, ni parientes cercanos ni amigos.
16:12 Zimrí exterminó a
toda la casa de Basá, conforme a la palabra que el Señor había
pronunciado contra él por medio del profeta Jehú,
16:13 a causa de todos los pecados que
Basá y su hijo Elá habían cometido y habían hecho
cometer a Israel, provocando con sus ídolos vanos la indignación
del Señor, el Dios de Israel.
16:14 El resto de los hechos de Elá
y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de
los Anales de los reyes de Israel?
El
reinado de Zimrí en Israel (886)
16:15 El vigésimo séptimo
año de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Zimrí,
y reinó siete días en Tirsá. Mientras tanto, el ejército
estaba acampado contra Guibetón, que pertenecía a los filisteos.
16:16 Cuando el ejército acampado
oyó decir: "Zimrí ha tramado una conspiración e
incluso ha matado al rey", ese mismo día, en el campamento, todo
Israel proclamó rey de Israel a Omrí, el jefe del ejército.
16:17 Omrí y todo Israel con él
subieron de Guibetón y sitiaron a Tirsá.
16:18 Cuando Zimrí vio que la ciudad
era tomada, entró en el torreón del palacio real, prendió
fuego al palacio y así murió.
16:19 Esto sucedió por el pecado
que había cometido, haciendo lo que es malo a los ojos del Señor,
siguiendo el camino de Jeroboám y persistiendo en el pecado que este
había cometido al hacer pecar a Israel.
16:20 El resto de los hechos de Zimrí
y la conspiración que él urdió, ¿no está
escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
16:21 Entonces, el pueblo de Israel se
dividió en dos: una mitad del pueblo siguió a Tibní,
hijo de Guinat, para hacerlo rey; la otra mitad, en cambio, siguió
a Omrí.
16:22 Pero el partido de Omrí prevaleció
sobre los partidarios de Tibní, hijo de Guinat. Tibní murió
y Omrí quedó como rey.
El
reinado de Omrí en Israel (886-875)
16:23 El trigésimo primer año
de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Omrí
sobre Israel, y reinó doce años. Reinó seis años
en Tirsá,
16:24 y luego le compró a Sémer
el monte de Samaría, por dos talentos de plata. Levantó edificaciones
en la montaña, y dio a la ciudad que había edificado el nombre
de Samaría, por el nombre de Sémer, el dueño del monte.
16:25 Omrí hizo lo que es malo
a los ojos del Señor, y obró peor aún que sus predecesores.
16:26 Siguió en todo el camino
de Jeroboám, hijo de Nebat, y persistió en los pecados con que
él hizo pecar a Israel, provocando con sus ídolos vanos la indignación
del Señor, el Dios de Israel.
16:27 El resto de los hechos de Omrí,
todo lo que él hizo y las proezas que realizó, ¿no está
escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
16:28 Omrí se fue a descansar con
sus padres y fue sepultado en Samaría. Su hijo Ajab reinó en
lugar de él.
El
reinado de Ajab en Israel (875-853)
16:29 Ajab,
hijo de Omrí, comenzó a reinar sobre Israel el trigésimo
octavo año de Asá, rey de Judá, y reinó sobre
Israel, en Samaría, durante veintidós años.
16:30 Ajab, hijo de Omrí, hizo
lo que es malo a los ojos del Señor, más que todos sus predecesores.
16:31 Y como si no le hubiera bastado
persistir en los pecados de Jeroboám, hijo de Nebat, tomó por
esposa a Jezabel,
hija de Etbaal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal y se postró
delante de él.
16:32 Erigió además un altar
a Baal en el templo que le había construido en Samaría.
16:33 Ajab hizo también el Poste
sagrado, y continuó provocando la indignación del Señor,
el Dios de Israel, más que todos los reyes que lo habían precedido.
16:34 En su tiempo,
Jiel de Betel reconstruyó Jericó: poner los cimientos le costó
la vida de Abirám, su primogénito, y asentar las puertas le
costó la vida de Segub, su hijo menor,
conforme
a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Josué,
hijo de Nun.
EL CICLO DE ELÍAS
El
anuncio de la gran sequía
17:1
Elías el tisbita, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab: "¡Por
la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá
estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!"
17:2 La palabra del Señor le llegó
en estos términos:
17:3 "Vete de aquí; encamínate
hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Querit, que está
al este del Jordán.
17:4 Beberás del torrente, y yo
he mandado a los cuervos que te provean allí de alimento".
17:5 Él partió y obró
según la palabra del Señor: fue a establecerse junto al torrente
Querit, que está al este del Jordán.
17:6 Los cuervos le traían pan
por la mañana y carne por la tarde, y él bebía del torrente.
Elías
y la viuda de Sarepta
17:7 Pero, al cabo de un tiempo, el torrente
se secó porque no había llovido en la región.
17:8 Entonces la palabra del Señor
llegó a Elías en estos términos:
17:9 "Ve a Sarepta, que pertenece
a Sidón,
y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que
te provea de alimento".
17:10 Él partió y se fue
a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba
juntando leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme
en un jarro un poco de agua para beber".
17:11 Mientras ella lo iba a buscar, la
llamó y le dijo: "Tráeme también en la mano un pedazo
de pan".
17:12 Pero ella respondió: "¡Por
la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un
puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas
recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí
y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos".
17:13 Elías le dijo: "No temas.
Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña
galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
17:14 Porque así habla el Señor,
el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de
aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga
llover sobre la superficie del suelo".
17:15 Ella se fue e hizo lo que le había
dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
17:16 El tarro de harina no se agotó
ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había
pronunciado el Señor por medio de Elías.
La
resurrección del hijo de la viuda
17:17 Después que sucedió
esto, el hijo de la dueña de casa cayó enfermo, y su enfermedad
se agravó tanto que no quedó en él aliento de vida.
17:18 Entonces la mujer dijo a Elías:
"¿Qué tengo que ver yo contigo, hombre de Dios? ¡Has
venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!"
17:19 "Dame a tu hijo", respondió
Elías. Luego lo tomó del regazo de su madre, lo subió
a la habitación alta donde se alojaba y lo acostó sobre su lecho.
17:20 E invocó al Señor,
diciendo: "Señor, Dios mío, ¿también a esta
viuda que me ha dado albergue la vas a afligir, haciendo morir a su hijo?"
17:21 Después se tendió
tres veces sobre el niño, invocó al Señor y dijo: "¡Señor,
Dios mío, que vuelva la vida a este niño!"
17:22 El Señor escuchó el
clamor de Elías: el aliento vital volvió al niño, y éste
revivió.
17:23 Elías tomó al niño,
lo bajó de la habitación alta de la casa y se lo entregó
a su madre. Luego dijo: "Mira, tu hijo vive".
17:24 La mujer dijo entonces a Elías:
"Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que
la palabra del Señor está verdaderamente en tu boca".
El
encuentro de Elías con Abdías
18:1 Mucho tiempo después, al tercer
año, la palabra del Señor llegó a Elías, en estos
términos: "Ve a presentarte a Ajab, y yo enviaré lluvia
a la superficie del suelo".
18:2 Entonces Elías partió
para presentarse ante Ajab.
Como apretaba el hambre en Samaría,
18:3 Ajab llamó a Abdías,
el mayordomo de palacio. -Abdías era muy temeroso del Señor,
18:4 y cuando Jezabel perseguía
a muerte a los profetas del Señor, él había recogido
a cien de ellos, los había ocultado en dos cuevas, cincuenta en cada
una, y los había provisto de pan y agua-.
18:5 Ajab dijo a Abdías: "Vamos
a recorrer todos los manantiales y torrentes del país. Tal vez encontremos
pasto para conservar con vida los caballos y las mulas, y así no tendremos
que sacrificar ganado".
18:6 Se repartieron el país para
recorrerlo: Ajab partió solo por un camino y Abdías, también
solo, se fue por otro.
18:7 Mientras Abdías iba por el
camino, le salió al encuentro Elías. Apenas lo reconoció,
cayó con el rostro en tierra y dijo: "¿Eres tú,
Elías, mi señor?"
18:8 "Soy yo, le respondió
él. Ve a decirle a tu señor que Elías está aquí".
18:9 Pero él replicó: "¿Qué
pecado he cometido para que pongas a tu servidor en manos de Ajab y él
me haga morir?
18:10 ¡Por la vida del Señor,
tu Dios!, no hay nación ni reino adonde mi señor Ajab no te
haya mandado buscar. Y cuando decían: No está aquí, él
hacía jurar a ese reino y a esa nación que no te habían
encontrado.
18:11 Y ahora tú dices: 'Ve a decirle
a tu señor que aquí está Elías'.
18:12 Pero en cuanto yo me aparte de ti,
el espíritu del Señor te llevará quién sabe adónde,
y cuando vaya a avisarle a Ajab, él no te encontrará y me matará.
Sin embargo, tu servidor teme al Señor desde su juventud.
18:13 ¿Acaso no te han contado
lo que hice cuando Jezabel mataba a los profetas del Señor, cómo
oculté a cien de ellos en dos cuevas, cincuenta en cada una, y los
proveí de pan y agua?
18:14 Y ahora tú me dices: 'Ve
a decirle a tu señor que aquí está Elías'. ¡Seguro
que me matará!"
18:15 Pero Elías replicó:
"¡Por la vida del Señor de los ejércitos, a quien
yo sirvo! Hoy mismo me presentaré a él".
El
encuentro de Elías con Ajab
18:16 Abdías fue al encuentro de
Ajab; le comunicó el mensaje, y Ajab fue a encontrarse con Elías.
18:17 Apenas vio a Elías, Ajab
le dijo: "¿Así que eres tú, el que trae la desgracia
a Israel?"
18:18 Elías respondió: "No
soy yo el que traigo la desgracia a Israel, sino tú y la casa de tu
padre, porque han abandonado al Señor y te has ido detrás de
los Baales.
18:19 Y ahora, manda que todo Israel se
reúna junto a mí en el monte Carmelo, con los cuatrocientos
profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Aserá que comen a
la mesa de Jezabel".
El
juicio de Dios en el monte Carmelo
18:20 Ajab mandó buscar a todos
los israelitas y reunió a los profetas sobre el monte Carmelo.
18:21 Elías se acercó a
todo el pueblo y dijo: "¿Hasta cuándo van a andar rengueando
de las dos piernas? Si el Señor es Dios, síganlo; si es Baal,
síganlo a él". Pero el pueblo no le respondió ni
una palabra.
18:22 Luego Elías dijo al pueblo:
"Como profeta del Señor, he quedado yo solo, mientras que los
profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta.
18:23 Traigamos dos novillos; que ellos
se elijan uno, que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin
prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo pondré
sobre la leña y tampoco prenderé fuego.
18:24 Ustedes invocarán el nombre
de su dios y yo invocaré el nombre del Señor: el dios que responda
enviando fuego, ese es Dios". Todo el pueblo respondió diciendo:
"¡Está bien!"
18:25 Elías dijo a los profetas
de Baal: "Elíjanse un novillo y prepárenlo ustedes primero,
ya que son los más numerosos; luego invoquen el nombre de su dios,
pero no prendan fuego".
18:26 Ellos tomaron el novillo que se
les había dado, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la
mañana hasta el mediodía, diciendo: "¡Respóndenos,
Baal!". Pero no se oyó ninguna voz ni nadie que respondiera. Mientras
tanto, danzaban junto al altar que habían hecho.
18:27 Al mediodía, Elías
empezó a burlarse de ellos, diciendo: "¡Griten bien fuerte,
porque es un dios! Pero estará ocupado, o ausente, o se habrá
ido de viaje. A lo mejor está dormido y se despierta".
18:28 Ellos gritaron a voz en cuello y,
según su costumbre, se hacían incisiones con cuchillos y punzones,
hasta chorrear sangre.
18:29 Y una vez pasado el mediodía,
se entregaron al delirio profético hasta la hora en que se ofrece la
oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que respondiera
o prestara atención.
18:30 Entonces Elías dijo a todo
el pueblo: "¡Acérquense a mí!". Todo el pueblo
se acercó a él, y él restauró el altar del Señor
que había sido demolido:
18:31 tomó
doce piedras, conforme al número de los hijos de Jacob, a quien el
Señor había dirigido su palabra, diciéndole: "Te
llamarás Israel",
18:32 y con esas piedras erigió
un altar al nombre del Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, como
un surco para dos medidas de semilla.
18:33 Luego dispuso la leña, despedazó
el novillo y lo colocó sobre la leña.
18:34 Después dijo: "Llenen
de agua cuatro cántaros y derrámenla sobre el holocausto y sobre
la leña". Así lo hicieron. Él añadió:
"Otra vez". Lo hicieron por segunda vez, y él insistió:
"Una vez más". Lo hicieron por tercera vez.
18:35 El agua corrió alrededor
del altar, y hasta la zanja se llenó de agua.
18:36 A la hora en que se ofrece la oblación,
el profeta Elías se adelantó y dijo: "¡Señor,
Dios de Abraham, de Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres
Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya hice todas estas
cosas.
18:37 Respóndeme, Señor,
respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor,
eres Dios, y que eres tú el que les ha cambiado el corazón".
18:38 Entonces cayó el fuego del
Señor: Abrazó el holocausto, la leña, las piedras y la
tierra, y secó el agua de la zanja.
18:39 Al ver esto, todo el pueblo cayó
con el rostro en tierra y dijo: "¡El Señor es Dios! ¡El
Señor es Dios!".
18:40 Elías les dijo: "¡Agarren
a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno!". Ellos los agarraron:
Elías los hizo bajar al torrente Quisón y allí los degolló.
El
fin de la sequía
18:41 Elías dijo a Ajab: "Sube
a comer y a beber, porque ya se percibe el ruido de la lluvia".
18:42 Ajab subió a comer y a beber,
mientras Elías subía a la cumbre del Carmelo. Allí se
postró en tierra, con el rostro entre las rodillas.
18:43 Y dijo a su servidor: "Sube
y mira hacia el mar". Él subió, miró y dijo: "No
hay nada". Elías añadió: "Vuelve a hacerlo
siete veces".
18:44 La séptima vez, el servidor
dijo: "Se eleva del mar una nube, pequeña como la palma de una
mano". Elías dijo: "Ve a decir a Ajab: Engancha el carro
y baja, para que la lluvia no te lo impida".
18:45 El cielo se
oscureció cada vez más por las nubes y el viento, y empezó
a llover copiosamente.
Ajab subió a su carro y partió para Izreel.
18:46 La mano del Señor se posó
sobre Elías; él se ató el cinturón y corrió
delante de Ajab hasta la entrada de Izreel.
El
viaje de Elías al monte Horeb
19:1 Ajab contó a Jezabel todo
lo que había hecho Elías y cómo había pasado a
todos los profetas al filo de la espada.
19:2 Jezabel envió entonces un
mensajero a Elías para decirle: "Que los dioses me castiguen si
mañana, a la misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste
con la de ellos".
19:3 Él tuvo miedo, y partió
en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó
allí a su sirviente.
19:4 Luego caminó un día
entero por el desierto, y al final se sentó bajo una retama. Entonces
se deseó la muerte y exclamó: "¡Basta ya, Señor!
¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!"
19:5 Se acostó y se quedó
dormido bajo la retama. Pero un ángel lo tocó y le dijo: ¡Levántate,
come!"
19:6 Él miró y vio que había
a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua.
Comió, bebió y se acostó de nuevo.
19:7 Pero el Ángel del Señor
volvió otra vez, lo tocó y le dijo: "¡Levántate,
come, porque todavía te queda mucho por caminar!"
19:8 Elías se levantó, comió
y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días
y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.
El
encuentro de Elías con Dios
19:9 Allí, entró en la gruta
y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
19:10 El Señor le dijo: "¿Qué
haces aquí, Elías?". Él respondió: "Me
consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque
los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a
tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:11 El Señor le dijo: "Sal
y quédate de pie en la montaña, delante del Señor".
Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado
que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del
Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después
del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
19:12 Después del terremoto, se
encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después
del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
19:13 Al oírla, Elías se
cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie
a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía:
"¿Qué haces aquí, Elías?"
19:14 Él respondió: "Me
consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque
los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a
tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
19:15 El Señor
le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando
llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.
19:16 A Jehú, hijo de Nimsí,
lo ungirás rey de Israel,
y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta
en lugar de ti.
19:17 Al que escape de la espada de Jazael,
lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú,
lo hará morir Eliseo.
19:18 Pero yo preservaré en Israel
un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante
Baal
y todas las bocas que no lo besaron".
La
vocación de Eliseo
19:19 Elías partió de allí
y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él
había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última.
Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
19:20 Eliseo dejó sus bueyes, corrió
detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre
y a mi madre; luego te seguiré".
Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué
hice yo para impedírtelo?"
19:21 Eliseo dio media vuelta, tomó
la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes,
asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después
partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.
Primera
campaña de los arameos: el asedio de Samaría
20:1 Ben Hadad, rey de Arám, reunió
todo su ejército, y acompañado de treinta y dos reyes, con caballería
y carros de guerra, subió a combatir contra Samaría y la sitió.
20:2 Entonces envió mensajeros
a la ciudad, a Ajab, rey de Israel,
20:3 para decirle: "Así habla
Ben Hadad: Tu plata y tu oro me pertenecen, y también me pertenecen
tus mujeres y tus hermosos hijos".
20:4 El rey de Israel respondió
diciendo: "¡A tus órdenes, rey, mi señor! A ti pertenecemos
yo y todos mis bienes".
20:5 Pero los mensajeros regresaron y
dijeron: "Así habla Ben Hadad: Mando a decirte que me entregues
tu plata y tu oro, tus mujeres y tus hijos.
20:6 Así que mañana, a esta
misma hora, te enviaré a mis servidores: ellos registrarán tu
casa y las casas de tus súbditos; se apoderarán de todo lo que
tú más quieres, y se lo llevarán".
20:7 El rey convocó a los ancianos
del país y les dijo: "¡Fíjense bien cómo ese
hombre trata de arruinarme! Porque cuando me reclamó mis mujeres y
mis hijos, mi plata y mi oro, yo no le negué nada".
20:8 Todos los ancianos y todo el pueblo
le dijeron: "¡No lo escuches! ¡No aceptes!"
20:9 Entonces él replicó
a los mensajeros de Ben Hadad: "Díganle al rey, mi señor:
Haré todo lo que me mandaste la primera vez; pero esto otro no lo puedo
hacer". Los mensajeros se fueron y llevaron la respuesta.
20:10 Ben Hadad le mandó a decir:
"Que los dioses me castiguen, si queda bastante polvo en Samaría
para que cada uno de mis hombres recoja un puñado".
20:11 Y el rey de Israel respondió:
"Díganle: ¡No hay que cantar victoria antes de tiempo!".
20:12 Apenas oyó esta palabra,
Ben Hadad, que estaba bebiendo con los reyes en las tiendas de campaña,
ordenó a sus servidores: "¡A sus puestos!". Y ellos
tomaron posiciones frente a la ciudad.
Intervención
de un profeta y victoria de Israel
20:13 Mientras tanto, un profeta se acercó
a Ajab, rey de Israel, y dijo: "Así habla el Señor: ¿Ves
toda esa gran multitud? Hoy mismo la voy a poner en tus manos. Así
sabrás que yo soy el Señor".
20:14 "¿Por medio de quién?",
preguntó Ajab. El profeta dijo: "Así habla el Señor:
Por medio de los cuerpos de cadetes que están a las órdenes
de los jefes de distritos". Ajab insistió: "¿Y quién
librará la batalla?" "Tú", respondió él.
20:15 Ajab pasó revista a los cadetes
de los jefes de distritos, y eran doscientos treinta y dos. A continuación
revistó a toda la tropa, a todos los israelitas, y sumaban siete mil.
20:16 Al mediodía comenzaron a
salir, mientras Ben Hadad se embriagaba en las tiendas de campaña,
junto con los treinta y dos reyes aliados.
20:17 Los cadetes de los jefes de distritos
salieron en primer lugar. Entonces le avisaron a Ben Hadad: "Unos hombres
han salido de Samaría".
20:18 Él ordenó: "Si
salieron en son de paz, captúrenlos vivos, y si salieron en plan de
guerra, también captúrenlos vivos".
20:19 Una vez que salieron de la ciudad
los cadetes de los jefes de distritos, con el ejército detrás
de ellos,
20:20 cada uno mató al que se le
puso delante. Los arameos huyeron, perseguidos por los israelitas. Ben Hadad,
rey de Arám, se salvó a caballo con algunos jinetes.
20:21 Entonces salió el rey de
Israel y se apoderó de los caballos y los carros, infligiendo a Arám
una gran derrota.
Nuevos
preparativos bélicos
20:22 El profeta se acercó al rey
de Israel y le dijo: "Refuerza tu ejército y piensa bien lo que
vas a hacer, porque el año que viene el rey de Arám volverá
a subir contra ti".
20:23 Por su parte, los servidores del
rey de Arám dijeron a este: "El Dios de los israelitas es un Dios
de las montañas; por eso nos han vencido. Pero luchemos contra ellos
en la llanura, y seguramente los venceremos.
20:24 Actúa de esta manera: destituye
a cada uno de esos reyes y reemplázalos por gobernadores.
20:25 Recluta además un ejército
tan numeroso como el que perdiste, con otros tantos caballos y carros. Luego
lucharemos contra ellos en la llanura, y seguramente los venceremos".
El rey escuchó su parecer y procedió así.
Segunda
campaña de los arameos y nueva victoria de los israelitas
20:26 Al año siguiente, Ben Hadad
pasó revista a los arameos y subió a Afec para librar batalla
contra Israel.
20:27 También los israelitas fueron
revistados y abastecidos de víveres, y partieron a su encuentro. Los
israelitas acamparon frente a ellos, como dos rebaños de cabras, mientras
que los arameos llenaban el país.
20:28 El hombre de Dios se acercó
y dijo al rey de Israel: "Así habla el Señor: Por haber
dicho Arám: 'El Señor es un Dios de las montañas y no
de las llanuras', yo pondré en tus manos esta gran multitud. Así
ustedes sabrán que yo soy el Señor".
20:29 Durante siete días estuvieron
acampados unos frente a otros. Al séptimo día se libró
la batalla, y los israelitas derrotaron a los arameos: ¡cien mil hombres
de a pie en un solo día!
20:30 Los demás huyeron a la ciudad
de Afec, pero la muralla se desplomó sobre los veinte mil hombres que
aún quedaban.
Ben Hadad se refugió en la ciudad, huyendo de un lugar a otro.
20:31 Pero sus servidores le dijeron:
"Mira, hemos oído decir que los reyes de la casa de Israel son
misericordiosos. Pongámonos un sayal y atémonos cuerdas a la
cabeza, y rindámonos al rey de Israel. Tal vez así te perdone
la vida".
20:32 Ellos se ciñeron un sayal
y se ataron cuerdas a la cabeza; luego se presentaron al rey de Israel y le
dijeron: "Tu servidor Ben Hadad ha dicho: Perdóname la vida".
Él respondió: "¿Vive todavía? ¡Es mi
hermano!"
20:33 Los hombres vieron en esto un buen
augurio, y se apresuraron a tomarle la palabra, diciendo: "¡Ben
Hadad es tu hermano!". El rey añadió: "Vayan a buscarlo".
Entonces salió Ben Hadad y él lo hizo subir a su propio carro.
20:34 Ben Hadad le dijo: "Restituiré
las ciudades que mi padre le quitó al tuyo, y tú podrás
instalar bazares en Damasco, como mi padre los había instalado en Samaría".
"Yo, por mi parte, replicó Ajab, mediante un pacto, te dejaré
partir". Ajab concluyó un pacto en favor de él, y lo dejó
partir.
Reprobación
profética del pacto de Ajab
20:35 Uno de la comunidad de los profetas
dijo a su compañero, por orden del Señor: "¡Golpéame!".
Pero el otro se negó a golpearlo.
20:36 Él le dijo: "Porque
no has escuchado la voz del Señor, apenas te alejes de mí te
matará el león". Y apenas el otro se alejó de su
lado, lo encontró el león y lo mató.
20:37 El profeta encontró a otro
hombre y le dijo: "¡Golpéame!". El hombre lo golpeó
y lo dejó maltrecho.
20:38 Luego el profeta fue a apostarse
en el camino, a la espera del rey, cubriéndose los ojos con una venda
para no ser reconocido.
20:39 Cuando el rey pasaba, le gritó:
"Tu servidor avanzaba para entrar en batalla, y de pronto un soldado,
abandonando las filas, me trajo un hombre y me dijo: 'Vigila a este hombre.
Si llega a faltar, responderás por él con tu vida, o bien pagarás
un talento de plata'.
20:40 Pero mientras yo estaba ocupado,
yendo de acá para allá, el hombre desapareció".
El rey le replicó: "¡Está clara tu sentencia! La
has pronunciado tú mismo".
20:41 Él se apresuró a quitarse
la venda de los ojos, y el rey de Israel reconoció que era uno de los
profetas.
20:42 Entonces dijo al rey: "Así
habla el Señor: Porque has dejado escapar al hombre que yo había
consagrado al exterminio, tu vida responderá por su vida y tu pueblo
por su pueblo".
20:43 El rey de Israel se fue a su casa
malhumorado y muy irritado, y entró en Samaría.
La
viña de Nabot
21:1 Después de esto, sucedió
lo siguiente: Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel,
al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría.
21:2 Ajab dijo a Nabot: "Dame tu
viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi
casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te
pagaré su valor en dinero".
21:3 Pero Nabot respondió a Ajab:
"¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!".
21:4 Ajab se fue a su casa malhumorado
y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: "No
te daré la herencia de mis padres". Se tiró en su lecho,
dio vuelta la cara y no quiso probar bocado.
21:5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel
y le preguntó: "¿Por qué estás tan malhumorado
y no comes nada?"
21:6 Él le dijo: "Porque le
hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: 'Véndeme tu viña
o, si quieres, te daré otra a cambio'. Pero él respondió:
'No te daré mi viña'".
21:7 Su esposa Jezabel le dijo: "¿Así
ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y
alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!".
21:8 En seguida escribió una carta
en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió
a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot.
21:9 En esa carta escribió: "Proclamen
un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila.
21:10 Hagan sentar enfrente a dos malvados,
que atestigüen contra él, diciendo: 'Tú has maldecido a
Dios y al rey'. Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas".
21:11 Los hombres de la ciudad, los ancianos
y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había
mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había
enviado.
21:12 Proclamaron un ayuno e hicieron
sentar a Nabot en primera fila.
21:13 En seguida llegaron dos malvados
que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: "Nabot
ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo sacaron fuera de la ciudad
y lo mataron a pedradas.
21:14 Y mandaron decir a Jezabel: "Nabot
fue apedreado y murió".
21:15 Cuando Jezabel se enteró
de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: "Ya puedes
tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba
a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto".
21:16 Apenas oyó Ajab que Nabot
estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar
posesión de ella.
La
intervención profética de Elías
21:17 Entonces la palabra del Señor
llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
21:18 "Baja al encuentro de Ajab,
rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot:
ha bajado allí para tomar posesión de ella.
21:19 Tú le
dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio,
y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor:
En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí
también lamerán tu sangre".
21:20 Ajab respondió a Elías:
"¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí,
repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo
que es malo a los ojos del Señor.
21:21 Yo voy a atraer la desgracia sobre
ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos
los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel.
21:22 Dejaré tu casa como la de
Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías,
porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel.
21:23 Y el Señor
también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán
la carne de Jezabel en la parcela de Izreel.
21:24 Al de la familia de Ajab que muera
en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado,
se lo comerán los pájaros del cielo".
21:25 No hubo realmente
nadie que se haya prestado como Ajab
para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa
Jezabel.
21:26 Él cometió las peores
abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían
hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante
de los israelitas.
21:27 Cuando Ajab oyó aquellas
palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y
ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno.
21:28 Entonces la palabra del Señor
llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
21:29 "¿Has visto cómo
Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante
de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino
que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo".
Preparativos
para la campaña contra Ramot de Galaad
2
Crónicas 18, 1-4
22:1
Durante tres años, no hubo guerra entre Arám e Israel.
22:2 Al tercer año, Josafat, rey
de Judá, bajó a visitar al rey de Israel.
22:3 Este dijo a sus servidores: "Ustedes
saben bien que Ramot de Galaad nos pertenece. Sin embargo, nosotros no hacemos
nada para quitársela al rey de Arám".
22:4 Luego preguntó a Josafat:
"¿Irías conmigo a combatir a Ramot de Galaad?" Josafat
respondió al rey de Israel: "Cuenta conmigo como contigo mismo,
con mi gente como con la tuya, con mis caballos como con los tuyos".
22:5 Pero añadió: "Consulta
primero la palabra del Señor".
La
intervención de los falsos profetas
2
Crónicas 18, 5-11
22:6
El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres,
y les preguntó: "¿Puedo ir a combatir contra Ramot de Galaad,
o debo desistir?". Ellos respondieron: "Sube, y el Señor
la entregará en manos del rey".
22:7 Pero Josafat insistió: "¿No
queda por ahí algún profeta del Señor para consultar
por medio de él?"
22:8 El rey de Israel dijo a Josafat:
"Sí, queda todavía un hombre por cuyo intermedio se podría
consultar al Señor. Pero yo lo detesto, porque no me vaticina nada
bueno, sino sólo desgracias: es Miqueas, hijo de Imlá".
"No hable el rey de esa manera", replicó Josafat.
22:9 Entonces el rey de Israel llamó
a un eunuco y ordenó: "Que venga en seguida Miqueas, hijo de Imlá".
22:10 El rey de Israel y Josafat, rey
de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, con sus vestiduras
reales, sobre la explanada que está a la entrada de la puerta de Samaría,
mientras todos los profetas vaticinaban delante de ellos.
22:11 Sedecías, hijo de Canaaná,
se había hecho unos cuernos de hierro y decía: "Así
habla el Señor: Con esto embestirás a Arám hasta acabar
con él".
22:12 Y todos los profetas vaticinaban
en el mismo sentido, diciendo: "¡Sube a Ramot de Galaad y triunfarás!
¡El Señor la entregará en manos del rey!"
La
intervención del profeta Miqueas
2
Crónicas 18, 12-27
22:13
El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo: "Mira que
las palabras de los profetas anuncian a una sola voz buena fortuna para el
rey. Habla tú también como uno de ellos, y anuncia la victoria".
22:14 Pero Miqueas replicó: "¡Por
la vida del Señor, sólo diré lo que el Señor me
diga!".
22:15 Cuando se presentó al rey,
este le dijo: "Miqueas, ¿podemos ir a combatir contra Ramot de
Galaad, o debemos desistir?". Él le respondió: "Sube
y triunfarás; el Señor la entregará en manos del rey".
22:16 Pero el rey le dijo: "¿Cuántas
veces tendré que conjurarte a que no me digas más que la verdad
en nombre del Señor?"
22:17 Miqueas dijo
entonces: "He visto a todo Israel disperso por las montañas, como
ovejas sin pastor.
El Señor ha dicho: Estos ya no tienen dueño; vuélvase
cada uno a su casa en paz".
22:18 El rey de Israel dijo a Josafat:
"¿No te había dicho que este no me vaticina el bien, sino
sólo desgracias?"
22:19 Miqueas siguió diciendo:
"Por eso, escucha la palabra del Señor: Yo vi al Señor
sentado en su trono, y todo el Ejército de los cielos estaba de pie
junto a él, a derecha e izquierda.
22:20 El Señor preguntó:
'¿Quién seducirá a Ajab, para que suba y caiga en Ramot
de Galaad?' Ellos respondieron, uno de una manera y otro de otra.
22:21 Entonces se adelantó el espíritu
y, puesto de pie delante del Señor, dijo: 'Yo lo seduciré'.
'¿Cómo?', preguntó el Señor.
22:22 Él respondió: 'Iré
y seré un espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas'.
Entonces el Señor le dijo: 'Tú lograrás seducirlo. Ve
y obra así'.
22:23 Ahora, el Señor ha puesto
un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas, porque él
ha decretado tu ruina".
22:24 Sedecías, hijo de Canaaná,
se acercó a Miqueas y le dio una bofetada, diciendo: "¿Por
dónde se me escapó el espíritu del Señor para
hablarte a ti?"
22:25 Miqueas repuso: "Eso lo verás
el día en que vayas de una habitación a otra para esconderte".
22:26
Entonces el rey de Israel ordenó: "Toma a Miqueas y llévalo
a Amón, el gobernador de la ciudad, y a Joás, el hijo del rey.
Tú les dirás:
22:27 Así habla el rey: Encierren
a este hombre en la cárcel
y
ténganlo a pan y agua, hasta que yo regrese victorioso".
22:28 Miqueas replicó: "Si
tú regresas victorioso, quiere decir que el Señor no ha hablado
por mi boca".
Muerte
de Ajab en Ramot de Galaad
2
Crónicas 18, 28-34
22:29
El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron a Ramot de Galaad.
22:30 Y el rey de Israel dijo a Josafat:
"Yo me voy a disfrazar para entrar en batalla, pero tú quédate
con tus vestiduras". El rey de Israel se disfrazó y entró
en combate.
22:31 El rey de Arám, por su parte,
había dado esta orden a los treinta y dos comandantes de sus carros
de guerra: "No ataquen a nadie, ni pequeño ni grande, sino sólo
al rey de Israel".
22:32 Cuando los comandantes de los carros
vieron a Josafat, dijeron: "Seguro que ese es el rey de Israel",
y se volvieron hacia él para atacarlo. Josafat lanzó un grito,
22:33 y los comandantes de los carros,
al ver que ese no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo.
22:34 Pero un hombre disparó su
arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la
coraza. El rey dijo al conductor de su carro: "Vuelve atrás y
sácame del campo de batalla, porque estoy malherido".
22:35 Aquel día, el combate fue
muy encarnizado. El rey debió ser sostenido de pie sobre el carro,
frente a los arameos, y murió al atardecer. La sangre de su herida
había chorreado hasta el fondo del carro.
22:36 A la puesta del sol, corrió
un grito por el campo de batalla: "¡Cada uno a su ciudad! ¡Cada
uno a su tierra!
22:37 ¡El rey ha muerto!" Así
entraron en Samaría y sepultaron allí al rey.
22:38 Y cuando lavaron el carro en el
estanque de Samaría, los perros lamieron su sangre y las prostitutas
se bañaron en ella, conforme a la palabra que había dicho el
Señor.
22:39 El resto de los hechos de Ajab y
todo lo que él hizo, la casa de marfil que edificó y las ciudades
que construyó, ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Israel?
22:40 Ajab se fue a descansar con sus
padres, y su hijo Ocozías reinó en lugar de él.
El
reinado de Josafat en Judá (870-846)
2
Crónicas 20, 3121, 1
22:41
Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar sobre Judá en
el cuarto año de Ajab, rey de Israel.
22:42 Tenía treinta y cinco años
cuando inició su reinado, y reinó veinticinco años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, hija de Siljí.
22:43 Siguió en todo el camino
de su padre Asá y no se apartó de él, haciendo lo que
es recto a los ojos del Señor.
22:44 Sin embargo, no desaparecieron los
lugares altos: el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso
en los lugares altos.
22:45 Josafat vivió en paz con
el rey de Israel.
22:46 El resto de los hechos de Josafat,
el valor que demostró y las guerras que hizo, ¿no está
escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
22:47 Él barrió del país
los restos de prostitución sagrada que habían quedado en tiempos
de su padre Asá.
22:48 No había entonces rey en
Edóm, sino un prefecto del rey.
22:49 Josafat construyó una flota
mercante, para ir a Ofir en busca de oro; pero no pudo ir, porque la flota
naufragó en Esión Guéber.
22:50 Entonces Ocozías, hijo de
Ajab, dijo a Josafat: "Que mis servidores vayan con los tuyos en las
naves". Pero Josafat no aceptó.
22:51 Josafat se fue a descansar con sus
padres, y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David, su padre. Su hijo
Jorám reinó en lugar de él.
El
reinado de Ocozías en Israel (853-852)
22:52 Ocozías, hijo de Ajab, comenzó
a reinar sobre Israel, en Samaría, el decimoséptimo año
de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
22:53 Él hizo lo que es malo a
los ojos del Señor, y siguió el camino de su padre y de su madre,
y el camino de Jeroboám, hijo de Nebat, que hizo pecar a Israel.
22:54 Sirvió a Baal y se postró
ante él, provocando así la indignación del Señor,
tal como lo había hecho su padre.